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Por dentro estoy yo

Si quieres puedes follarme.

Pero ten cuidado.

Porque por dentro.

Joder, por dentro estoy yo.

Yo.

Que no sé qué soy.

Pero te prometo que estoy.

Al fondo a la derecha.

Escondido detrás de todos esos nombres

de ciudades,

de políticos,

de vinos.

Sepultado por esa víscera a la que algunos llaman personalidad.

Asfixiado por un estómago encogido por el miedo.

Estoy.

Yo.

Me ha costado mucho llegar hasta aquí.

Me ha costado una madre.

Me ha costado trescientas cuarenta lágrimas sin que nadie me viera.

Y una docena en público.

Me ha costado miles de horas de estudio, de memorizar palabras en mi mente, para luego hacerlas desfilar por la garganta hasta el trampolín de la lengua y el salto.

Sobresaliente.

Me ha costado equivocarme tantas veces.

Me ha costado muchas disculpas.

Pero aquí estoy, abierto en canal.

Con un cartel luminoso que me señala directamente a mí.

A ese que casi nadie conoce.

Si quieres, malabarista, puedes saltar de la f a la g y llegar a la h.

Y hollarme.

Que es mucho mejor.

Hóllame a golpes secos.

Deja tu huella en mí.

Cristaliza la sangre de mis venas.

Y chupa.

Si quieres puedes despedirte con un hola.

Pero sé responsable con mi amor.

Es lo único que tengo.

Lo único que es enteramente mío.

Lo único que me sobrevivirá.

Vale, nuestros padres la jodieron bien.

Nos jodieron bien.

A ti.

A mí.

A todas.

Vale, la educación nos jodió bien.

No vamos muy allá de autoestima.

Y el que diga lo contrario, miente.

Estamos desnudos con la espalda apoyada en un colchón fabricado a más de tres mil kilómetros.

Desnudos en una ciudad en la que ahora está muriendo alguien.

Y naciendo.

Ahora una mujer se recoge el pelo para dar de mamar.

Y ahora alguien abraza a su padre.

Ahora una niña caza un Pokémon.

Y ahora alguien se queda sin piernas.

Desnudos en un planeta suspendido en el negro.

Si quieres puedes no volver a verme.

No volver a mirar estos ojos suspendidos en el blanco.

Es lo de menos.

Pero trátame bien.

Cuídame.

Durante este rato.

Estamos compartiendo historia.

Haciendo taxidermia de un sentimiento común.

Escupe mi cuerpo si quieres.

Pero recuérdame agazapado por dentro.

No soy reversible.

Y no salgo nunca.

Tú me has visto.

No me delates.

Solo manda una carta de vez en cuando.

Cuéntame de ti.

Para no sentirme tan solo.

Aquí.
Roy Galán

Tres poemas. Zagajewski

Tu llamada telefónica

Tu llamada telefónica entró

mientras estaba escribiéndote una carta.

No me molestes mientras

hablo contigo, que nuestras dos

ausencias se cruzan

y uno de los amores se desgarra

como una venda. Sigue leyendo

La vida en juego. Ángel González

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

Fire-Poem

“TO WAKE UP AND BE LIKE THE WEATHER TO BE NO LONGER THE BROKEN HEARTED SERVANTS OF MAD KINGS” Robert Burns

Si aquí no están mis sueños cómo puedo dormir aquí.

Mi padre enfermo de sueños, Miriam Reyes

La tierra prometida es cosa de otros.

Para nosotros la arena: un paisaje que cambia con el viento.

Miriam Reyes

Soy como un conjunto de muros que rodea lo que soy

Casa Ajena: POEMAS (casajena.blogspot.com.es)