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Gustau Nerin: Blanco bueno busca negro pobre

  • De esta forma, la cooperación se ha convertido en un icono incuestionable. Los políticos dedicados a temas de cooperación, las instituciones internacionales, las ONG y los «expertos» son intocables, porque se supone que encarnan todas las bondades de Occidente. Ante este papanatismo, es imprescindible decir algunas cosas bien claras: la historia de la cooperación al desarrollo en África es la historia de un fracaso. Nunca tanta gente con tan buenas intenciones había dedicado tantas energías a una causa tan inútil.
  • Eslóganes como «depende de ti». Con esta lógica, se oculta el problema mundial de la dependencia y de las relaciones desiguales, y se sustituye por un simple ejercicio de generosidad individual.
  • cuando las ONG tienen acceso a los medios de comunicación no suelen utilizarlos para sensibilizar a la población del Norte sobre los problemas del Sur, sino para hacerse propaganda mediante una presentación mitificada de sus proyectos.

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¿Qué legaron la confianza, la tributación progresiva y el estado intervencionista a las sociedades occidentales en las décadas que siguieron a 1945? La sucinta repuesta es seguridad, prosperidad, servicios sociales y mayor igualdad en diversos grados. En los últimos años nos hemos acostumbrado a la afirmación de que el precio pagado por esos beneficios -en ineficiencia económica, insuficiente innovación, asfixia del espíritu empresarial, deuda pública y pérdida de la iniciativa privada- era demasiado alto. Los datos muestran la falsedad de la mayoría de esas críticas.

Tony Judt: Algo va mal.

 

Se pensaba que el mercado no era lo más adecuado para definir los objetivos colectivos: el estado tendría que intervenir y llenar el vacío.

Tony Judt: Algo va mal.

 

Para 1945 no quedaban muchas personas que creyeran en la magia del mercado. Esto representaba una revolución intelectual. La economía clásica asignaba un papel insignificante al estado en la elaboración de la política económica y el ethos liberal predominante en la Europa y la Norteamérica decimonónicas favorecía una legislación social de no intervención, que en general debía limitarse a regular las injusticias y riesgos más clamorosos del industrialismo competitivo y la especulación financiera. Pero las dos guerras mundiales habían habituado a casi todo el mundo a la inevitabilidad de la intervención gubernamental en la vida cotidiana.

Tony Judt: Algo va mal.