EL TONTO DEL PUEBLO.

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo. Un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía de pequeñas dádivas y limosnas.
Diariamente ellos llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 400 reales y otra menor, de 2000 reales.
Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Sigue leyendo

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Neil Gaiman: American Gods

 

  • Libertad —exclamó Wednesday con voz de trueno— es una zorra a la que hay que follarse en un colchón de cadáveres. —¿Sí? —Citaba —respondió Wednesday —. Citaba a un francés.
  • Una de las primeras cosas que aprendió en la cárcel era que cada uno debía cumplir su condena. No podías cumplir la de otro.
  • «Todas las horas hieren. La última mata». ¿Dónde había oído aquello?
  • Es más difícil matar a las ideas que a la gente, pero, al final, también se pueden matar.
  • el poder surgía de los rituales, no de los dioses.

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Lipemanía

Este vocablo se define (en psicología y medicina) a un estado de tipo patológico que se asocia continuamente con la depresión y acompañado de algunas alteraciones físicas, conducta y así mismo las afecciones de tipo moral y de tristeza, este se le conoce como melancolía.
Etimología
Este vocabulario viene del griego “λυπη” (lypē) tristeza y del sufijo “manía” del griego “μανια” (mania) que indica como impulso obsesivo o hábito patológico.

“Calibán y la bruja”: Reseña de Amparo Moreno Sardà |

El proceso revolucionario desarrollado a lo largo de la Edad Media llegó a su fin, dice, con la implantación del capitalismo como respuesta a la crisis del poder feudal, a la derrota de las revueltas campesinas que se agravaron con la caza de brujas, y a la expansión colonial. En menos de tres siglos, la clase dominante europea lanzó una ofensiva que cambió la historia del planeta, estableciendo las bases del sistema capitalista mundial, en un intento sostenido de apropiarse de nuevas fuentes de riqueza, expandir su base económica y poner bajo su mando un mayor número de trabajadores.

La violencia fue el principal medio en este proceso de acumulación primitiva. Sostiene que “éste es el contexto histórico en el que se debe ubicar la historia de las mujeres y de la reproducción en la transición del feudalismo al capitalismo, en Europa y América”. Sigue leyendo

Guillem Martí: ¡Quemad Barcelona!

  • Pero el problema no es que no se dé cuenta de la que se avecina. El problema es que ya le da igual.
  • No existen motivos para no cumplir con tu deber. Sólo excusas.
  • Els pobles obliden els perills que han passat i viuen el present. Si algunes gestes recorden són les bàrbares, no les humanes. MIQUEL SERRA I PÀMIES
  • Sabe perfectamente cuánto había llegado a quererlo. Pero también sabe que se enamoró del hombre que fue. Y lo asusta que ahora la decepcione tanto esta sombra en la que se ha convertido, que ya no sea capaz de amarlo más. La idea lo aterroriza. No soportaría leer la decepción en sus ojos. Tener que admitir que, después de todo, la ha perdido. Que sobrevivir no ha sido suficiente. Que hay lugares a los cuales no se puede volver jamás, por mucho que se desee o se necesite volver.
  • Hace tiempo que aprendió que lo que cuenta no es estar siempre de acuerdo con tus amigos. Lo que cuenta es no estarlo, y poder continuar siéndolo.
  • Herbert Lionel Matthews, corresponsal del The New York Times en España, hace
  • «No soy comunista ni fascista, ni radical ni conservador, ni católico ni anticlerical, pero me descubro ante esta gente. Están luchando, bregando y sufriendo para mejorar la vida que han tenido hasta ahora, y espero que ganen».
  • Ellos sólo querían un mundo mejor y se atrevieron a combatir para hacerlo realidad. ¿De verdad merecen el castigo que se aproxima?
  • Ilyá Ehrenburg,
  • Cuando las clases sencillas entran por la puerta para otra cosa que no sea pagar los plazos, ya no nos gusta tanto recibirlas, ¿verdad que no?
  • EL VANIDOSO Yo sería un gran muerto. Mis vicios entonces lucirían como joyas antiguas con esos deliciosos colores del veneno. Habría flores de todos los aromas en mi tumba e imitarían los adolescentes mis gestos de júbilo, mis ocultas palabras de congoja. Tal vez alguien diría que fui leal y fui bueno. Pero solamente tú recordarías mi manera de mirar a los ojos.

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Katja Kettu: La Comadrona

  • Ya no se puede salir. Es por culpa de la puerta.    «Las puertas de los soberbios se abren hacia fuera», dijo una vez Iso-Lamperi, y tenía razón. En las cercanías del Ártico nunca se les debiera poner a las puertas bisagras que abriesen hacia fuera.
  • Trabajo había para dar y tomar, porque, como dijo Aune al llegar los primeros boches:    —Si dejas sueltos y sin cencerro a doscientos mil bigardos por esos montes de Dios, na bueno pue pasar más que el ganao mengüe, lo mismo que las doncellas virtuosas. Sigue leyendo

Acedia

acedía1 .

Tb. acedia.

Del lat. acidĭa, y este del gr. ἀκηδία akēdía ‘negligencia’.

1. f. Pereza, flojedad.

2. f. Tristeza, angustia, amargura.

acedía2 .

1. f. Cualidad de acedo.

2. f. Acidez o agrura del estómago.

3. f. platija.

4. f. Desabrimiento, aspereza de trato.

5. f. Amarillez que toman las plantas cuando se acedan.

Se denomina propiamente acedia o acidia a la pereza en el plano espiritual y religioso.

La palabra griega avkhdi,a o avkhdei,a, aparece tres veces en la versión de los LXX (Sl 118,28; Sr 29,5; Is 61,3), traducida en la Vulgata por taedium (tedio) y maeror (tristeza profunda); no aparece en la versión griega del Nuevo Testamento. Se la encuentra entre los autores paganos, como por ejemplo, en Empédocles, Hipócrates, Luciano y Cicerón.

El término griego, con el sentido de tedio, tristeza, pereza espiritual, se latinizó como acedia, acidia o accidia.

Los Santos Padres y los autores eclesiásticos le dieron una gran importancia en la lucha espiritual. Fue estudiada por Casiano, San Juan Clímaco, San Juan Damasceno, Isidoro de Sevilla, Alcuino, etc.

• Casiano la define como: ¨tedio y ansiedad del corazón que afecta a los anacoretas y a los monjes que vagan en el desierto¨.

• Los Padres del desierto la llamaron “terrible demonio del mediodía, torpor, modorra y aburrimiento”.

• Guigues el Cartujo la describió de la siguiente manera: “Cuando estás solo en tu celda, a menudo eres atrapado por una suerte de inercia, de flojedad de espíritu, de fastidio del corazón, y entonces sientes en ti un disgusto pesado: llevas la carga de ti mismo; aquellas gracias interiores de las que habitualmente usabas gozosamente, no tienen ya para ti ninguna suavidad; la dulzura que ayer y antes de ayer sentías en ti, se ha cambiado ya en grande amargura”.

• Santo Tomás de Aquino la define con precisión como tristeza del bien espiritual; indicando que su efecto propio es el quitar el gusto de la acción sobrenatural. Es una desazón de las cosas espirituales que prueban a veces los fieles e incluso las personas adentradas en los caminos de la perfección; es una flaccidez que los empuja a abandonar toda actividad de la vida espiritual, a causa de la dificultad de esta vida.

• Garrigou-Lagrange la definía como “cierto disgusto de las cosas espirituales, que hace que las cumplamos con negligencia, las abreviemos o las omitamos por fútiles razones. La acidia es el principio de la tibieza”.

• No menos importancia se le dio entre los autores del renacimiento espiritual español. La Puente dice que es “una tristeza o tedio de todas las obras de la vida espiritual, así de la vida activa como de la contemplativa, de donde procede que a todo lo bueno resiste y para todo inhabilita, y es lastimoso el estrago que hace”. • Podemos encontrarla retratada en la “desolación” ignaciana; decía Ignacio: “Llamo desolación… [a] oscuridad de alma, turbación de ella, moción a las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones, moviendo a infidencia, sin esperanza, sin amor, hallándose toda perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador y Señor”. La acidia voluntaria (ya sea buscada, ya sea no combatida) es elemento culpable dispositivo de la desolación. La descripción que nos han dejado los Santos Padres, es detallada y precisa.

• Evagrio Póntico describía al acedioso diciendo: “La acedia es la debilidad del alma que irrumpe cuando no se vive según la naturaleza ni se enfrenta noblemente la tentación. El flujo de la acedia arroja al monje de su morada, mientras que aquel que es perseverante está siempre tranquilo. El acedioso aduce como pretexto la visita a los enfermos, cosa que garantiza su propio objetivo. El monje acedioso es rápido en terminar su oficio y considera un precepto su propia satisfacción…

• San Juan Clímaco le dedica uno de los “escalones” de su “Escala Espiritual” describiéndola con términos semejantes.

El pecado de acedia

La acedia es pecado. San Juan Damasceno definió la acedia como “una especie de tristeza deprimente”; Santo Tomás la describe como “tristeza mundana” San Gregorio Magno la denomina como la apatía en torno a los preceptos. Santo Tomás afirma que siempre es algo malo; ya sea por sí misma o por sus efectos. Es mala en sí misma cuando la tristeza es causada por un bien verdadero, pues el bien espiritual sólo debería alegrar. Es mala en sus efectos, cuando la tristeza es causada por algo que verdaderamente es un mal (y por tanto, tendría razón de entristecer) pero entristece al punto de abatir el ánimo y alejar de toda obra buena. En este sentido San Pablo, hablando del pecador, dice a los corintios: Perdonadlo y animadlo, no sea que se vea hundido en una excesiva tristeza (2 Cor 2,7)

La acedia es vicio especial cuando se opone al gozo que debería procurar el bien espiritual en cuanto bien divino. Este gozo es un efecto propio de la caridad; por eso, entristecerse del bien divino es un pecado contra la virtud teologal de la caridad: “entristecerse del bien divino, del cual goza la caridad, pertenece al vicio especial que es llamado acedia”. Este “entristecerse” ha de entenderse como: descontentar, sentir hastío, pereza, aburrimiento, desgana, apatía, displicencia. Propiamente consiste en la repugnancia a la virtud cuando ésta no va acompañada de consuelo; antipatía a la “virtud crucificada”. En la cuestión De malo explica más en detalle que la acidia, en cuanto pecado especial, “produce tristeza del bien interno y divino”, así como “amar este bien lo hace la caridad como virtud específica”. La acidia tiene su raíz en el desorden de la carne y domina cuando domina en el hombre el afecto carnal.

La acedia, pecado capital

La acedia no sólo es un pecado sino un pecado capital. “Pecado capital” significa etimológicamente el pecado que es principio, cabeza o madre de otros pecados. Los pecados capitales son origen de otros pecados en el género de la causalidad final, pues éste es el único modo de causalidad que entraña una influencia específica de ciertos pecados respecto de otros; las demás influencias causales son muy genéricas: “el pecado capital es aquel del que nacen otros vicios en razón de causa final”

http://www.corazones.org/diccionario/acedia.html