Melodrama patriarcal en viñetas: Susy secretos del corazón

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Teratologia

Estudio de las anomalías y malformaciones en organismos animales y vegetales, en especial las de origen embrionario.

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Hamartia

Hamartia (en griego antiguo: αμαρτία) es un término usado en la Poética de Aristóteles,1 que se traduce usualmente como “error trágico”, o “error fatal” defecto, fallo o pecado. Es el error fatal en que incurre el “héroe trágico” que intenta “hacer lo correcto” en una situación en la que lo correcto simplemente no puede hacerse.

En griego, la palabra hamartia tiene sus raíces en la noción de errar el tiro, no dar en el blanco (hamartanein) e incluye un amplio espectro de cimientos, desde el accidente hasta el error,2 así como el dolo o el pecado.3 Incluso un accidente puede ser considerado una traducción apropiada de hamartia, puesto que “en ambos casos uno puede no dar en el blanco.”4 En Ética a Nicómaco hamartia se describe por Aristóteles como una de las tres clases de ofensas que un hombre puede infligir a otro. Hamartia es una ofensa cometida por ignorancia (cuando la persona afectada o el resultado no son lo que el agente suponía que eran).5 Esto implica que el personaje incurre en un error fatal basándose en un autoconocimiento incompleto. Por ejemplo, la hamartia de Edipo fue matar a su padre porque, aunque sabía que estaba perpetrando un asesinato, ignoraba que el hombre era un rey y su padre. Él “erró el tiro” en el asesinato, porque pretendía matar a un extraño y mató a alguien con quien estaba íntimamente ligado.

Acápite

  1. Párrafo aparte, especialmente de un texto legal.

acápite. Del lat. a capĭte ‘desde el principio’.1. m. Am. párrafo (‖ fragmento de un texto).2. m. Arg. y Cuba. Título, capítulo, epígrafe.3. m. Ur. Texto breve, posterior al título, que aclara el contenido del artículo que encabeza.punto acápite

Origen: DLE: acápite – Diccionario de la lengua española – Edición del Tricentenario

Por dentro estoy yo

Si quieres puedes follarme.

Pero ten cuidado.

Porque por dentro.

Joder, por dentro estoy yo.

Yo.

Que no sé qué soy.

Pero te prometo que estoy.

Al fondo a la derecha.

Escondido detrás de todos esos nombres

de ciudades,

de políticos,

de vinos.

Sepultado por esa víscera a la que algunos llaman personalidad.

Asfixiado por un estómago encogido por el miedo.

Estoy.

Yo.

Me ha costado mucho llegar hasta aquí.

Me ha costado una madre.

Me ha costado trescientas cuarenta lágrimas sin que nadie me viera.

Y una docena en público.

Me ha costado miles de horas de estudio, de memorizar palabras en mi mente, para luego hacerlas desfilar por la garganta hasta el trampolín de la lengua y el salto.

Sobresaliente.

Me ha costado equivocarme tantas veces.

Me ha costado muchas disculpas.

Pero aquí estoy, abierto en canal.

Con un cartel luminoso que me señala directamente a mí.

A ese que casi nadie conoce.

Si quieres, malabarista, puedes saltar de la f a la g y llegar a la h.

Y hollarme.

Que es mucho mejor.

Hóllame a golpes secos.

Deja tu huella en mí.

Cristaliza la sangre de mis venas.

Y chupa.

Si quieres puedes despedirte con un hola.

Pero sé responsable con mi amor.

Es lo único que tengo.

Lo único que es enteramente mío.

Lo único que me sobrevivirá.

Vale, nuestros padres la jodieron bien.

Nos jodieron bien.

A ti.

A mí.

A todas.

Vale, la educación nos jodió bien.

No vamos muy allá de autoestima.

Y el que diga lo contrario, miente.

Estamos desnudos con la espalda apoyada en un colchón fabricado a más de tres mil kilómetros.

Desnudos en una ciudad en la que ahora está muriendo alguien.

Y naciendo.

Ahora una mujer se recoge el pelo para dar de mamar.

Y ahora alguien abraza a su padre.

Ahora una niña caza un Pokémon.

Y ahora alguien se queda sin piernas.

Desnudos en un planeta suspendido en el negro.

Si quieres puedes no volver a verme.

No volver a mirar estos ojos suspendidos en el blanco.

Es lo de menos.

Pero trátame bien.

Cuídame.

Durante este rato.

Estamos compartiendo historia.

Haciendo taxidermia de un sentimiento común.

Escupe mi cuerpo si quieres.

Pero recuérdame agazapado por dentro.

No soy reversible.

Y no salgo nunca.

Tú me has visto.

No me delates.

Solo manda una carta de vez en cuando.

Cuéntame de ti.

Para no sentirme tan solo.

Aquí.
Roy Galán

PARA UN CONSENSO CLÍNICO DEL TDAH | Coordinadora Antiprivatización da Sanidade Pública – A Coruña

Sobre la gobernanza de la clínica de las sintomatologías psíquicas a través de la llamada Medicina Basada en la Evidencia, aportamos la revisión crítica de un neuropsiquiatra de prestigio mundial, el profesor Germán Berríos de la Universidad de Cambridge: “Desde que la MBE entró en escena, su propio concepto ha sido objeto de análisis. Se ha adoptado sin reservas por aquellos que creen que para ser científica, y ética, la práctica clínica, debe gobernarse exclusivamente por guías clínicas. Desde las perspectivas etimológica y semántica su estudio demuestra que el significante “evidencia” remite a un significado ambiguo, convirtiéndola en una moda confusa que lleva a confusión”. “Nos enfrentamos con una situación paradójica en la que se les pide a los clínicos que acepten un cambio radical en la forma de desarrollar su labor, (ej. abandonar los consejos de su propia experiencia y seguir los dictados de datos estadísticos impersonales) cuando en realidad, las bases actuales de la ‘evidencia’ no son otras que lo que dicen los estadísticos, los teóricos, los gestores, las empresas (como el instituto Cochrane) y los inversores capitalistas, que son precisamente aquellos que dicen donde se pone el dinero”. “Dado que no se sabe casi nada de las causas del trastorno mental, la idea de que es posible crear un sistema de evaluación basado en etiologías especulativas es ridículo, peligroso y carente de ética”.

https://defensasanidade.wordpress.com/mgsm/para-un-consenso-clinico-del-tdah/

El secreto del único animal que hace la fotosíntesis

“Elysia” se alimenta de un alga llamada Vaucheria litorea, que sí es autótrofa, es decir que lleva a cabo la fotosíntesis de la que obtiene comida gracias a la luz del sol y un puñado de nutrientes que obtiene del agua. La mayor aspiración de Elysia. El alga, igual que las plantas, puede hacerlo gracias a sus cloroplastos, las estructuras donde se lleva a cabo la fotosíntesis. Así que Elysia ha decidido robárselos.

Empeñada en facilitarse el avituallamiento diario, la babosa ha aprendido a digerir al alga sin dañar los preciados cloroplastos, capaces de transformar la luz del sol en comida. Así que los trata con sumo cuidado y las integra en sus células digestivas. Gracias a esta estrategia sus aspiraciones se han visto cumplidas y se las arregla para vivir durante meses sin probar bocado, simplemente alimentándose de la luz del sol. Esta rebuscada estrategia ha hecho famosa a Elysia como el primer animal capaz de realizar la fotosíntesis.

Resulta que este molusco de apenas seis centímetros tiene en su cromosoma genes del alga indispensables para mantener en buen estado los cloroplastos que le roba. De forma que se ha convertido también en el primer caso de transferencia de genes funcionales de una especie multicelular a otra para envidia de muchos investigados…

Y esta es la primera vez que se ha visto este proceso entre seres más complejos y además de dos reinos diferentes. Este “envidiable” proceso se denomina transferencia horizontal de genes. Y a este excepcional hecho hay que unirle otro no menos llamativo, mencionado antes, su capacidad para establecer una simbiosis con un orgánulo celular, en lugar de con otro ser vivo, como es lo habitual.

http://www.abc.es/ciencia/20150204/abci-babosa-secreto-terapia-genica-201502041746.html