Julio Cortázar: 62 Modelo Para Armar

October 29, 2012

“no puede ser que una vez más me ocurra ser el centro de esto que viene de otra parte, y quedarme a la vez como expulsado de lo más mío”.

Apenas intente analizar meteré todo en la consabida fiambrera reticular y lo falsearé insanablemente. A lo sumo puedo tratar de repetir en términos mentales esto que ha ocurrido en otra zona, procurando distinguir entre lo que formaba parte de ese brusco conglomerado por derecho propio y lo que otras asociaciones pudieron incorporarle parasitariamente. Pero en el fondo sé que todo es falso, que estoy ya lejos de lo que acaba de ocurrirme y que como tantas otras veces se resuelve en este inútil deseo de comprender, desatendiendo quizá el llamado o el signo oscuro de la cosa misma, el desasosiego en que me deja, la instantánea mostración de otro orden en el que irrumpen recuerdos, potencias y señales para formar una fulgurante unidad que se deshace en el mismo instante en que me arrasa y me arranca de mí mismo. Ahora todo eso no me ha dejado más que la curiosidad, el viejo tópico humano: descifrar. Y lo otro, la crispación en la boca del estómago, la oscura certidumbre de que por allí, no por esta simplificación dialéctica, empieza y sigue un camino. Claro que no basta, finalmente hay que pensar y entonces el análisis, la distinción entre lo que forma verdaderamente parte de ese instante fuera del tiempo y lo que las asociaciones le incorporan para atraerlo, para hacerlo más tuyo, ponerlo más de este lado. Y lo peor será cuando trates de contarlo a otros, porque siempre llega un momento en que hay que tratar de contarlo a un amigo, digamos a Polanco o a Calac, o a todos a la vez en la mesa del Cluny, esperando quizá vagamente que el hecho de contarlo desencadene otra vez el coágulo, le dé por fin un sentido.

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“Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”
Edward R. Murrow
(1908-1965), periodista estadounidense, locutor de noticias en la CBS para radio y televisión (via miniyo)

Writing comes more easily if you have something to say.

Sholem Asch

el saber y la sabiduría

No confundamos sabiduría con saber; a diferencia del castellano o del  portugués, el idioma francés distingue savant (o el hombre de ciencia o el que sabe mucho sobre algo) y sage (el que ha alcanzado, a través de sus actos y de sus pensamientos, una especie de armonía moral y mental que le otorga la inefable capacidad de sustraerse de las contingencias del mundo). Es evidente que si el saber ha venido ocupando un lugar central y cada vez más grande en la historia humana, la sabiduría, en cambio, ha estado siempre relegada y mantenida a distancia por el poder político.

 

Así, la política de los sesenta desembocó en un agregado de reivindicaciones individuales a la sociedad y el estado. La «identidad» empezó a colonizar el discurso público: la identidad individual, la identidad sexual, la identidad cultural. Desde ahí sólo mediaba un pequeño paso para la fragmentación de la política radical y su metamorfosis en multiculturalismo. Curiosamente, la nueva izquierda siguió siendo exquisitamente sensible a los atributos colectivos de las personas en países distantes, donde sí se las podía agrupar en categorías sociales anónimas como «campesino», «poscolonial», «subordinado», etcétera, mientras que, en casa, el individuo predominaba sobre todo. Con independencia de lo legítimas que sean las reivindicaciones de los individuos y de lo importantes que sean sus derechos, darles prioridad tiene un precio inevitable: se debilita el sentido de un propósito común.

Tony Judt: Algo va mal.

 

 

La nueva izquierda se presentaba conscientemente como oposición no sólo a las injusticias del orden capitalista, sino sobre todo a la «tolerancia represiva» de sus formas más avanzadas: precisamente aquellos benevolentes administradores que habían sido los responsables de que se liberalizasen los antiguos constreñimientos y mejorase la condición de todos.

Tony Judt: Algo va mal.

Sobre todo, la nueva izquierda, y su base mayoritariamente joven, rechazaba el colectivismo heredado de sus predecesores. Para la generación anterior de reformadores, de Washington a Estocolmo, había sido evidente que «justicia», «igualdad de oportunidades» o «seguridad económica» eran objetivos comunes que sólo podían alcanzarse mediante la acción colectiva. Cualesquiera que fuesen las deficiencias de la regulación y el control desde arriba, eran el precio de la justicia social, un precio que sin duda merecía la pena pagar. La generación siguiente veía las cosas de otra manera. La justicia social ya no preocupaba a los radicales. Lo que unió a la generación de la década de 1960 no fue el interés de todos, sino las necesidades y los derechos de cada uno. El «individualismo».

Tony Judt: Algo va mal.

Las prioridades del estado tradicional eran la defensa, el orden público, prevenir las epidemias y evitar el malestar entre las masas. Pero tras la II guerra mundial, el gasto social, que no dejó de aumentar hasta 1980 aproximadamente, se convirtió en la principal responsabilidad presupuestaria de los estados modernos.

 

Tony Judt: Algo va mal.