En 1905, el joven William Beveridge -cuyo informe de 1942 sentó las bases del estado del bienestar británico- pronunció una conferencia en Oxford en la que preguntó por qué la filosofía política había sido oscurecida en los debates públicos por la economía clásica.

Tony Judt: Algo va mal.

 

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También están los factores culturales, en particular la notoria desconfianza estadounidense hacia el gobierno central. Mientras que algunas unidades territoriales muy vastas y diversas -China, por ejemplo, o Brasil- dependen de las competencias e iniciativas de un estado distante, Estados Unidos, que en este sentido es inconfundiblemente una criatura del pensamiento angloescocés del siglo XVIII, se construyó sobre la premisa de que el poder de la autoridad central debía estar delimitado por todas partes. A lo largo de siglos, generaciones de colonos e inmigrantes han internalizado el supuesto de la declaración de derechos de Estados Unidos -que lo que no esté explícitamente en manos del gobierno nacional es prerrogativa de los estados individuales- como una licencia para mantener a Washington «fuera de nuestras vidas». Esta desconfianza hacia las autoridades públicas, que periódicamente elevan a culto los know nothings, los defensores a ultranza de los derechos de los estados, los antiimpuestos y -más recientemente- los demagogos de las tertulias radiofónicas de la derecha republicana, es exclusivamente estadounidense. Convierte una suspicacia distintiva hacia los impuestos (con o sin representación) en un dogma patriótico. De ahí que en Estados Unidos los impuestos se suelan considerar una pérdida de renta sin compensación. Rara vez se considera la idea de que (también) podrían ser una aportación a la provisión de bienes colectivos que los individuos aislados no podrían permitirse nunca (carreteras, bomberos, policías, colegios, alumbrado, oficinas de correos, por no mencionar soldados, barcos de guerra y armas).

Tony Judt: Algo va mal.

 

 

De nuevo creemos exclusivamente en los incentivos, el «esfuerzo» y la recompensa -y en el castigo para las deficiencias-.

Tony Judt: Algo va mal.

 

Bernard Mandeville escribió en 1732, la fábula de las abejas. Los trabajadores, en opinión de mandeville, «no tienen nada que les induzca a ser útiles más que sus necesidades, que es prudente mitigar, pero absurdo eliminar»,

Tony Judt: Algo va mal.

 

 

Por el contrario, la ética del voluntarismo victoriano y los criterios de selección punitivos fueron sustituidos por la provisión social universal,

 Tony Judt: Algo va mal.

 

La profunda indecencia de definir la condición cívica en función de la buena fortuna económica.

Tony Judt: Algo va mal.

 

El bienestar adquirió un estigma explícito. Ser receptor de asistencia pública, tanto en forma de ayuda para los hijos, cupones para alimentos o seguro de desempleo, era una marca de Caín: un signo de fracaso personal, la muestra de que, de alguna forma, esa persona se había escurrido por las grietas de la sociedad.

Tony Judt: Algo va mal.