Wu Ming: Manituana

  • IROQUIRLANDA 1775
  • Joseph leyó en voz alta. Tradujo el texto del mensaje, intentando reproducir las formalidades y cortesías. El inglés era un idioma mucho más tosco y conciso: al pasar de sus ojos a la boca las palabras se acortaron, perdieron resonancia, dejaron en la hoja parte de su significado. En la lengua del Imperio, a cada causa le seguía una consecuencia; a cada acción correspondía un solo fin; a cada situación, la conducta más adecuada. Por el contrario, la lengua de los mohawks estaba llena de detalles, salpicada de dudas, completada con numerosas aclaraciones. Cada palabra se extendía y alargaba para capturar cada uno de los sentidos y sonar en los oídos de la manera más apropiada. En la carta, los sachems y Joseph se dirigían a los oneidas en calidad de hermanos mayores; las palabras habían sido escogidas de forma que conciliaran las posiciones de los mohawks de Canajoharie y Fuerte Hunter; expectativas y certidumbres de Guy Johnson habían sido descritas de manera que confirmaran su amistad con los mohawks sin generar dudas sobre la independencia de estos últimos. Guy era nombrado solo por su nombre, sin otra añadidura, ninguna frase generosa que exaltara su reputación.
  • El camino hacia atrás te lleva a lo que eras, no a lo que serás. Ve y aquello que debas hacer, hazlo pronto. O no habrá arco iris, ni buenos presagios, ni cosecha.
  • Se sintió confusa. Que el Diablo era fuerte siempre lo había sabido. Podía también ser galante y gentil, para agradar a los hombres. Pero que podía llorar, eso nunca lo había oído.

  • ¿Estáis tan sedientos de sangre que olvidáis nuestras costumbres? Hoy muchas mujeres han perdido hijos y maridos. Deben ser recompensadas con nuevos brazos. —Miró al joven tamborilero de arriba abajo—. Adoptaremos a los prisioneros como nuevos hijos y hermanos, según la tradición.
  • furente por la presión del bocado.
  • Cuidado, a los muertos la libertad no les sirve de nada.
  • Quién sabe, quizá se habían escapado al oeste, ahora eran vagabundos, maldecían cada día el momento en que se habían emborrachado, y para olvidar volvían a beber.
  • Y había aprendido la forma correcta de despertar. Abrir los párpados, agradecer al Dueño de la Vida, contar tres respiros y levantarse rápido, antes que la pereza del cuerpo enturbie la mente: así la cabeza permanece despejada, los sueños no escapan, los males del alma pueden ser curados.
  • lo que queremos decir es que las guerras tienen un defecto que obliga a escoger de qué parte estar.
  • «Si mi casa arde, mi vecino está en peligro.»
  • Hermanos, si las tierras del Rey estuvieran amenazadas por un ejército extranjero, las Seis Naciones combatirían para defenderlas, como ya lo hicieron en el pasado.
  • Guy Johnson evocaba la fuerza del lugar. Aquella que los mohawks llamaban orenda.
  • Titubeaba, incapaz de repetir lo que había escuchado. La orenda de las palabras no sabe de distinciones de idiomas. Traducir un conjuro puede ser tan peligroso como lanzarlo.
  • Ese era el verdadero motivo para reunir un consejo a ciento cincuenta millas de casa. Defender Canadá, no las Seis Naciones.
  • Aún furente de miedo,
  • Montreal, 5 de septiembre de 1775
  • El estuario del San Lorenzo era una respuesta inesperada. Detrás de Guy, sentada en la paja, Nancy Claus entretenía a las niñas. Explicaba que el río, miles y miles de años atrás, se había abierto paso hacia el mar. Había erosionado el granito, arrancado tierra de las orillas, abatido bosques. Guy pensó que, dicho de ese modo, parecía que el río hubiera decidido por dónde pasar. En realidad, el San Lorenzo había erosionado el granito que la corriente le había permitido, ni un grano más. Había abatido bosques hasta donde las crecidas habían logrado subir y arrancado la tierra que se había dejado arrancar. Mirándolo bien, a pesar de toda la fuerza de sus aguas, el San Lorenzo se había tenido que contentar con el único lecho posible. La decisión solo era un modismo, un punto de vista estrecho, que no tenía en cuenta ciertos detalles. Del mismo modo, pensó, los hombres creen poder elegir, pero el camino que recorren siempre es el único que tienen a su disposición. Guy era el río. Pensó que había tomado la mejor decisión, pero solo porque era la única posible. El río tenía que abrirse paso hasta el mar, para no enarenarse y morir.
  • Tal vez el malestar tenía que ver con la velocidad: la diligencia viajaba más rápido que el espíritu del pasajero, y este último se veía obligado a perseguirla.
  • Se suele describir Londres como «el corazón del Imperio», pero un corazón bombea sangre al resto del cuerpo, mientras que aquí es todo lo contrario: las colonias son las que bombean la sangre que mantiene con vida a Londres.
  • y demás demases,
  • Extracto del Daily Courant del 5 de enero de 1776: SOBRE LOS CRIMINALES DISFRAZADOS DE INDIOS QUE VUELVEN A IMPERAR EN LAS CALLES DE LONDRES En el último número del año recién pasado, publicamos la carta de un caballero de Mayfair,
  • el tristemente célebre mohock club,
  • —Los nobles de Londres piensan que las mejores plazas de un teatro son las de los palcos. Cuestan más que las otras, por tanto, tienen que ser mejores. Si todos los niveles tuvieran el mismo precio, ninguno de ellos sabría dónde sentarse. Tendrían que elegir, ponderar, exponerse al error. No la calidad de los objetos, sino el sueño de la razón es lo que hace nacer el lujo.
  • Un enano con una peluca desproporcionada se subió a un banco, sacó una hoja del bolsillo del chaleco y se puso a leer con fervor, la voz forzada en falsete al término de cada frase. —Es el Riot Act —explicó Warwick, mientras fingía que quería proteger a Philip y en realidad lo usaba como escudo—. Aquí en Inglaterra, la libertad del individuo nos es tan cara que los guardias no pueden cargar contra la multitud si no hacen una advertencia previa leyendo estas líneas.
  • —¿En verdad cree que nuestro ejército puede ser derrotado? —Yo no sé nada de asuntos militares, señores. Con seguridad no puede ser derrotado el progreso.
  • Lo que hemos visto de esta ciudad es lo que nos han mostrado.
  • Cada cual, pordiosero o cochero, sirviente o señor, parecía ocupado en una actividad de importancia vital. Pero solo se trataba de prolongar por tiempo indefinido la existencia: comer lo suficiente para no morir de hambre, beber lo suficiente para no pensar, abrigarse con los suficientes trapos para no morir.
  • la costumbre de sí mismo como único consuelo.
  • Sabía que tenía un papel, y no se sentía actor.
  • Consideraba los instrumentos de sir William como intérpretes, capaces de describir la Naturaleza en el idioma de los blancos. Molly estaba interesada en la relación entre los microbios y las enfermedades, la electricidad como cura, las prácticas de los doctores ingleses. «Es una buena medicina —decía—, pero deja enfermos los sueños.»
  • Sintió que tedio y fatiga estaban apoyados en algo más profundo. Miedo. Hijo de la incertidumbre, pero también de la conciencia de sí mismo.
  • —No podemos vencer, Molly —dijo Philip—. Puedes detener sus enfermedades, pero no la infección que llevan en el ánimo. Los blancos nos destruirán como se destruyen a sí mismos. No importa cuál sea la bandera. Son una vorágine que se extiende y hunde todo.
  • Había elegido. Se sentía más ligero, pero no mejor.
  • —Parece que Benjamin Franklin la ha tomado de ustedes, los iroqueses, esa idea de una confederación —le había dicho sonriendo el alemán. —Si el Congreso solo quisiera robarnos las ideas —había respondido Molly—, el hacha de guerra de los mohawks todavía estaría enterrada.
  • un singulto de dolor cegador.
  • Un campamento de desplazados, donde hasta el espíritu de los hombres se volvía precario.
  • del lema que Sullivan llevaba en los estandartes: «Civilización o muerte».
  • la orden de Washington. Devastar de manera definitiva el territorio de las Seis Naciones,
  • pensaba que estas semanas te habían desvezado.
  • «No habéis hecho nada por vosotros mismos. ¿Cómo podría hacer yo algo por vosotros?»
  • y llamó a su hijo—: Isaac, ven a echar una mano. Aprende a enterrar a los muertos.

 

 

 

– Subrayado en la página 16 | Pos. 245-47  | Añadido el miércoles 28 de diciembre de 2016 04H06′ GMT+01:59

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