María Rojo: En el desierto de la soledad. Cuaderno de viaje a Chiapas

  • —Tal vez no hemos cambiado el mundo pero al menos el mundo no nos ha cambiado a nosotros.
  • esa otra guerra de la pulga que es la vida diaria…
  • No puedo dormirme sin entender por qué a lo largo de este año y medio ninguno de los dos hemos conseguido nunca dejar de estar solos.
  • la santa trinidad del auténtico viajero: mercados, transportes públicos y casas particulares.

  • María Rojo, Madrid, verano de 2005
  • En todo caso, y aunque en el fondo en la reproducción del mural late siempre un sentimiento común de simpatía y apoyo a la causa zapatista, lo realmente mágico es que cada uno de los espejos cobra vida propia, que cada grupo que se decide a reproducirlo vive experiencias inolvidables, afloran en él, sin duda nutridas por el tra- bajo y los objetivos compartidos, fuertes sentimientos de camaradería, solidaridad, esperanza…
  • un mural, un espejo, que también reproduce la vida y los sueños de quien le da color en algún rincón del planeta y en el que todo aquel que se mira ve reflejada una persona mejor, capaz de creer todavía que es posible un mundo también mejor; un mundo en el que quepan otros mundos.
  • el mural de Taniperla,
  • Ramón me había permitido asomarme a su caparazón y descubrir que bajo aquella piel dura y ás- pera hacía calor, un calor suave y acogedor, y que allá dentro palpitaba un corazón desbocado y puro, pero ahora me daba cuenta también de que, allá dentro, no había sitio, no había aire para dos personas —o al menos de que yo no era la persona apropiada para acomodarme en sus huecos—.
  • y esa rebeldía inocente de quien todavía no se ha acos- tumbrado a perder batallas.
  • el chicle, “que no lo inventaron ni extendieron por el mundo los marines yankis; los aztecas lo obtenían de la savia de un planta llamada chitcli y lo mascaban para lavarse los dientes y también para engañar la sed y el hambre”,
  • Un silencio se ha apoderado de todos nosotros al recorrer todas esas barriadas. Un sentimiento en el que he reconocido cierta culpabilidad. Nos sentimos culpables de nuestros privilegios, de no ser una de esas cien mil personas que mueren cada día de hambre; culpables de disponer en nues- tras casas de agua corriente y electricidad, culpables de haber sobrevolado — 35 — un océano para plantarnos en el Zócalo mientras el 60% de los habitantes del DF —según un estudio de la Universidad Autónoma de México— des- conoce siquiera la existencia de éste… Y he reconocido también, por otra parte, todo lo contrario: el terror, ese terror que yo misma experimenté las primeras veces que me encontré con la pobreza de frente, en las barriadas de squatters de Manila, o en La Habana de principios de los 90, ese terror que removió con un temblor todo mi concepto de la solidaridad, porque era el terror a ser uno de ellos, a ser pobre y desesperada, capaz de disparar a una actriz en un semáforo para robarle los pendientes.
  • Chiapas, por ejemplo, genera el 30% de la luz eléctrica de México, sin embargo el 80% de los chiapanecos carece de ella.
  • los caracoles son la — 61 — nueva estructura de autogobierno de las comunidades zapatistas, que se crearon en 2003 y que en ellas tienen su sede las Juntas del Buen Gobier- no, formadas de manera rotativa por autoridades civiles de cada muni- cipio autónomo (cada caracol puede comprender hasta treinta de ellos). Los caracoles son, pues, una especie de centros administrativos civiles, donde se resuelven conflictos, se promueven la realización de proyectos y tareas comunitarias o se guía a la sociedad civil nacional e internacional en sus visitas.
  • la guerra de la pulga,
  • Bernard Traven, el autor anarquista de “El tesoro de la sierra madre”,
  • la mitad de las casas tienen piso de tierra, tres cuartas partes de las viviendas son de un solo cuarto y la mitad de éstos albergan a nueve o más personas. Chiapas ocupa el primer puesto nacional en producción de café, el segundo en producción de ganado, el tercero en producción de maíz, pero tiene el récord del primer lugar en índices de desnutrición (y además otros curiosos y sospechosos récords como el de velocidad de votación: en 1988 en una urna electoral se recontaron una cantidad de votos tal a favor del PRI que suponía una papeleta introducida en ella cada 10 segundos).
  • vivir el sueño zapatista. — El sueño zapatista, eso es: vosotros sois sólo una pandilla de soñadores ridículos —ha dicho.
  • tendré, en definitiva, que levantarme una vez más de mí misma y pelear para obtener la suerte que me merezco.

– Subrayado en la página 6 | Pos. 86-90  | Añadido el viernes 23 de diciembre de 2016 19H39′ GMT+01:59

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