Terry Pratchett : Hombres de Armas

  • El laberinto era tan pequeño que la gente se perdía buscándolo.
  • –Vetinari siempre dice que si va a haber crimen, al menos que sea crimen organizado –dijo lord Îxido.
  • A veces es mejor encender un lanzallamas que maldecir la oscuridad.

 

  • Ahí es donde se equivoca la gente. Los individuos no son en principio miembros de pleno derecho de la raza humana, excepto en el sentido biológico. Necesitan ir rebotando de un lado a otro por el movimiento browniano de la sociedad, que es un mecanismo mediante el que los seres humanos se recuerdan constantemente unos a otros que son… bueno… seres humanos.
  • ¿Qué hay de difícil en eso de sacar una espada de una piedra? El trabajo de verdad ya está hecho. Lo que deberías hacer es moverte y buscar al hombre que clavó la espada en la piedra en un principio, ¿eh?
  • –¿Qué ha sido del honor, Blenkin? –Pues no lo sé, señor. Le aseguro que yo no lo he cogido.
  • tabaleó
  • Vimes hubiese querido decir que a él le gustaba dar vueltas por oscuras callejas mojadas, pero no habría servido de nada. En realidad tampoco le gustaba tanto. Simplemente era lo que siempre había hecho.
  • Un par de Asesinos vestidos de negro le cortaron el paso, de una manera muy cortés que aun así indicaba claramente que la descortesía era una opción futura.
  • –A la gente no le gusta nada la palabra «chantaje» –dijo. –No es la única palabra que no les gusta –dijo el perro–. Tomemos mi caso, por ejemplo. Tengo inteligencia crónica. ¿Le sirve eso de algo a un perro? ¿Pedí tenerla? Pues no, créeme. Da la casualidad de que encontré un sitio cómodo donde pasar mis noches junto al edificio de Magia de Altas Energías en la Universidad. Nadie me dijo nada acerca de toda aquella dichosa magia que se iba filtrando fuera todo el rato y cuando abro los ojos, lo primero que noto es que la cabeza me empieza a sisear como una dosis de sales digestivas, oh-oh, pienso yo, ya estamos otra vez, hola conceptualización abstracta y vamos allá con lo del desarrollo intelectual… ¿De qué demonios me sirve eso a mí? La última vez que ocurrió, terminé salvando el mundo de unos horribles comosellamen llegados de las Dimensiones Mazmorra, ¿y alguien me dio las gracias por ello? ¿Qué Perro Tan Bueno, Dadle Un Hueso? Jua, jua. –Extendió una pata pelada–. Me llamo Gaspode. Algo por el estilo suele ocurrirme una vez a la semana. Aparte de eso, solo soy un perro.
  • La realeza le ensucia la mente a las personas, muchacho. Los hombres honestos empiezan a inclinarse y a hacer reverencias por el mero hecho de que el abuelo de alguien fue un bastardo asesino más grande que el de ellos. ¡Escúchame bien! ¡Probablemente hubo un tiempo en el que tuvimos buenos reyes! ¡Pero los reyes engendran otros reyes! ¡Y al final la sangre siempre impone su ley, y terminas teniendo una pandilla de bastardos arrogantes y asesinos! ¡Que le cortan la cabeza a una reina y luchan con sus primos cada cinco minutos! ¡Y tuvimos siglos enteros de eso! ¡Y entonces un día un hombre dijo «No más reyes», y nos levantamos en armas y luchamos contra los putos nobles y sacamos a rastras al rey de su trono, y lo llevamos a rastras hasta la plaza Sator y le cortamos la maldita cabeza! ¡Un trabajo bien hecho, créeme!
  • necesitaban tener dioses como una especie de equivalente sobrenatural al casco de seguridad. Además, cuando te dabas en el pulgar con un martillo de cuatro kilos siempre resultaba agradable poder blasfemar. Hay que ser un tipo de ateo muy especial y tener mucha voluntad para dar saltos con una mano metida debajo del otro sobaco mientras gritas «¡Oh, dichosas fluctuaciones-aleatorias-en-el-continuo-espacio-temporal!», o «¡Aaargh, condenado concepto-primitivo-y-pasado-de-moda-sin-ninguna-base-lógica!».
  • Cuando hubo llegado al blanco virginal, Cuddy ya se había convertido en una mancha borrosa. Un instante después hubo un sonido de desgarro y el maniquí estalló como un montón de paja nuclear. Los otros dos reclutas fueron hacia allí e inspeccionaron el resultado, mientras algunas briznas de paja revoloteaban por el aire para terminar cayendo al suelo. –Sí, muy bien –dijo Angua–. Pero dijo que se suponía que luego tenías que poder hacerles preguntas. –Pero no dijo que tuvieran que poder responder a esas preguntas –replicó
  • Venga, vayamos a tomar una copa y… El momento transitorio de camaradería ante la adversidad se evaporó por completo. –¿Beber con un troll? –¿Beber con un enano? –De acuerdo, de acuerdo –dijo Angua–. ¿Qué os parece si tú y tú venís y os tomáis una copa conmigo?
  • las opiniones humildes no existían.
  • El conde de Eorle apagó su puro antes de hablar. –Vienen aquí y se hacen con todo –dijo–. Y trabajan corno hormigas durante todas esas horas en las que las personas de verdad deberían poder dormir un poco. No es natural.
  • –Yo pensaba que los enanos no creían en los diablos, los demonios y todo ese tipo de cosas. –Es cierto, pero… no estamos seguros de si ellos lo saben. –Oh.
  • El aire olía a una esperanza de vida bastante limitada.
  • Lo que le pasaba era que tenía una mente tan afilada que siempre se cortaba con ella,
  • patulea
  • Estoy en el buen camino, pensó. No necesito saber adónde conduce. Lo único que he de hacer es seguirlo.
  • Siempre hay un crimen, si buscas lo suficiente.
  • –¿No tenía una ballesta? –preguntó–. Eso de ir a cazar mariposas raras e interesantes con una ballesta es un poquito raro, ¿verdad? Zorgo reajustó la colocación de la parrilla que cubría la calva cabeza de su paciente. –No sé –dijo–. Supongo que al menos impide que las mariposas vayan por ahí creando todas esas malditas tormentas.
  • 1 Funciona de la siguiente manera. La frenología, como todo el mundo sabe, es una manera de leer el carácter, la aptitud y las capacidades de alguien examinando las protuberancias y oquedades de su cabeza. Por consiguiente –según la clase de pensamiento lógico que caracteriza a la mentalidad predominante en Ankh-Morpork–, debería ser posible moldear el carácter de alguien proporcionándole bultos cuidadosamente graduados en todos los lugares apropiados. De esa manera, puedes entrar en la consulta de un retrofrenólogo y encargar un temperamento artístico con una tendencia a la introspección y un complemento de histeria. Lo que recibes en realidad son unos cuantos golpes en la cabeza asestados con una selección de martillitos de distintos tamaños, pero crea empleo y mantiene el dinero en circulación, y eso es lo principal.
  • El capitán no sabía gran cosa sobre las gárgolas. En una ocasión Zanahoria había dicho algo acerca de lo maravillosas que eran, una especie de troll urbano que había llegado a desarrollar una relación simbiótica con los desagües, y había admirado la manera en que llevaban el agua al interior de sus orejas para luego expulsarla a través de finos cedazos situados dentro de sus bocas. Probablemente fuesen la especie más extraña del Disco.2
  • Y luego, naturalmente, estaban las leyes del azar. Dichas leyes tienen un papel mucho más grande en el procedimiento policial de lo que le gustaría tener que admitir a la causalidad narrativa. Por cada asesinato resuelto a través del cuidadoso descubrimiento de una pisada vital o una colilla de cigarrillo, había cien asesinatos que no se resolvían porque el viento había empujado unas cuantas hojas en la dirección equivocada o no había llovido la noche anterior. Por eso muchos crímenes se resuelven gracias a un accidente afortunado: porque un coche se detiene por casualidad, por una observación que se escucha por azar, porque resulta que alguien de la nacionalidad apropiada se encuentra a menos de diez kilómetros de la escena del crimen sin tener coartada…
  • una existencia intensa y coruscante.
  • A Escurridizo le gustaba pensar en Crysoprase como un amigo, porque nadie que estuviera en su sano juicio querría pensar en él como un enemigo.
  • –Y luego están los magos. Trastear, trastear, trastear. Nunca se lo piensan dos veces antes de agarrar un hilo de la textura de la realidad y darle un buen tirón. –Un auténtico escándalo, cierto. –¿Los alquimistas? Su idea del deber cívico es mezclar las cosas para ver qué ocurre. –Oigo las explosiones, incluso aquí.
  • Cuando un enano se mostraba así de amable y educado, eso significaba que estaba ahorrando y acumulando para ser desagradable dentro de un rato.
  • –Somos guardias –dijo Cuddy–. Nuestro trabajo consiste en mantener la paz. –Perfecto –dijo Fuerteenelbrazo–. Pues entonces id a mantenerla a salvo en algún otro sitio hasta que la necesitemos.
  • –Me parece que está un poquito borracho –dijo Zanahoria. –¿Brracho? ¡Nostoy b’rracho! ¡No t’atreverías a llamarme b’orracho sistuviera sobrio!
  • –Solo bebe cuando se deprime –dijo Zanahoria. –¿Y por qué se deprime? –A veces es porque no se ha tomado una copa.
  • –Pero ya ha resuelto el caso –dijo Nobby–. Oí hablar de ello cuando fui a por el café. Ha arrestado a Caradecarbón el troll. Ya sabe a quién me refiero, ¿verdad, capitán? El que limpia las letrinas. Alguien lo vio cerca de la calle Escarcha justo antes de que mataran al enano. –Pero Caradecarbón es inmenso –dijo Zanahoria–. No podría haber pasado por esa puerta. –Tiene un motivo –dijo Nobby. –¿Sí? –Sí. Martillogrande era un enano. –Eso no es un motivo. –Lo es para un troll. Y en todo caso, si no hizo eso, probablemente haya hecho algo. Hay montones de evidencias contra él. –¿Como cuáles? –quiso saber Angua. –Es un troll. –Eso no es ninguna evidencia. –Para el capitán Quirke sí que lo es –dijo el sargento. –Tiene que haber hecho algo –repitió Nobby. Al decir aquello se estaba haciendo eco de la visión del crimen y el castigo que tenía el patricio. Si había habido un crimen, entonces debería haber un castigo. Que el criminal en cuestión debiera verse involucrado en el proceso del castigo era una feliz casualidad, pero en el caso de que no fuera así entonces cualquier criminal serviría, y dado que todo el mundo era sin duda culpable de algo, el resultado final era que, en términos generales, se hacía justicia.
  • ¿A quién le importa que sea una mujer-loba? ¡Eso no te molestó hasta que te enteraste!
  • –Te cogí –jadeó Vimes–. Quedas arrestado. Haz el favor de estar bajo arresto, ¿quieres?
  • Los días se extendían ante él, llenándose como si nada de comités y obras de caridad y… como si nada.

 

– Subrayado en la página 6 | Pos. 86-89  | Añadido el viernes 21 de octubre de 2016 15H03′ GMT+01:59

Mundodisco 15

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