Juan Villoro: El testigo

 

  • Regresaba al pasado como a un dolor elegido, como si lo peor de esa tristeza fuera la posibilidad de perder su recuerdo.
  • —Siempre pintaba el mar, ¿no? —¿Qué más se puede pintar en el desierto?
  • la prueba de que nunca haría nada tan definitivo como no estar con ella.
  • La prensa chilanga es mendiga, jacobina. Nos van a acusar de mochos, retrógrados y cuantimás.
  • Alguna vez me dijo, con una de esas frases que le venían de pronto, que él era un accidente tratando de ocurrir.

  • Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo…
    KONSTANTIN CAVAFIS
  • Sólo algunos llegan a nada, porque el trayecto es largo.
    ANTONIO PORCHIA
  • ¿y qué más haría sino seguir y no parar y seguir?
    FERNANDO PESSOA
  • (¿ya Pavese?, ¿todavía Cortázar?).
  • La prima de Julio se había convertido en una mujer asombrosamente normal, del todo ajena al destino que presagiaban su risa y sus impulsos juveniles. Esto le dolía a Julio, como si fuese responsable de esa medianía, por más que fue ella quien faltó a la cita para huir juntos.
  • la lógica artificial de todo destino que se piensa hacia atrás.
  • lo atajó con un albur: «Lo que a esta mujer le falta es precisamente meollo.»
  • «Los mexicanos no saben emigrar; todos quieren regresar el próximo jueves a ver a su abuelita», le decía Jean-Pierre Leiris,
  • «archipiélago de soledades»
  • como si sufrir los malestares sin paliativos fuera una forma de mantenerlos a raya.
  • Ignoraba si entonces era taciturno. El capataz sólo hablaba para ejecutar una acción; ignoraba las conversaciones en las que se reproducen escenas que no se pueden modificar.
  • Cuando el presidente Calles prohibió el culto, Dios se fue a la sierra. El deber de los sacerdotes era seguirlo, pero la mayoría se arrugó.
  • Cuénteme de usted, don Julio, ¿cómo le sienta la patria?
  • Fue progresista en la política pero entrañablemente reaccionario en los recuerdos.
  • La nostalgia mejora las alacenas de compotas y los dulces de la infancia. Sin ese viaje no hubiera extrañado «el santo olor de la panadería» ni «la picadura del ajonjolí». Fue progresista en la política pero entrañablemente reaccionario en los recuerdos.
  • —Me buscaron por imparcial. Los que aman lo mismo se odian entre sí. —¡Has dicho un apotegma! —se rió el tío—. También se odian los que no quieren lo mismo. Todos nos odiamos, sobre todo en este páramo donde las espinas se pasan al alma. «Posesión por pérdida»,
  • —¿Qué sería de los poetas amorosos sin los límites morales? Los obstáculos fomentan raras soluciones. Piense nomás en lo que se ha dicho gracias al soneto, que obliga a ser libre entre catorce rejas. Lo mismo se puede decir de la moral, ¡es la métrica del cielo!
  • Se convirtió para él en el reverso de las cosas, donde nada ocurre y todo importa, la oportunidad que perdió y no podía olvidar.
  • Pícale o nos agarra la algarada. Cerraron las puertas de la pick-up entre un viento cargado de arena. —Cada vez que vengo se arma la reboruca. Las plegarias se alebrestan cuando las escuchan. ¿Qué esperas, Eleno?
  • la cabeza llena de tiliches.
  • tósigo y cauterio».
  • La gente andaba muy alebrestada,
  • en un desierto distante.
  • El viaje de Los Cominos al DF, en tres autobuses distintos, lo puso en contacto con demasiadas películas de karatekas
  • «A veces pienso que te saqué del agua para ver si valía la pena salvarte.»
  • Si tenía amigos de verdad, como el Flaco Cerejido, ¿qué necesidad lo llevó a acampar con alguien que quizá sólo necesitaba sus defectos?
  • Ahí estuvimos todos. Todos los que después no sucedimos
  • Te tiene ojeriza, te odia sabroso, pero todavía no te quiere dar el arponazo.
  • —Es un tipo muy cuidadoso. Sabe desconfiar —Félix dijo esto último con enorme admiración.
  • Estudió en Austria algo incierto que básicamente lo facultó para tener recuerdos del extranjero.
  • También él había cambiado para los demás. En cierta forma, la lejanía lo mejoraba.
  • Magnavoz
  • No me veas así, pendejo, este país sólo tiene una división geográfica importante: los cárteles.
  • La cosa no es tan fácil. Es jodido aceptarlo, pero los narcos han ayudado a un chingo de gente, gente que no tenía el menor chance de hacer algo. Cuando no son padrinos de una boda es porque son padrinos de una comunión, dan limosnas por todas partes, préstamos, le pagan el hospital a tu madre, el entierro a tu padre, le dan trabajo a tu pinche primo vago que en su puta vida había hecho algo. ¿Y sabes qué es lo más increíble? Que se creen inocentes. Yo me siento culpable todo el tiempo, por cualquier chingaderita, hasta por lo que no he hecho. Ellos no. Después de tantos sobornos, torturas, putas, asesinatos, traiciones y mierda y media, cualquier narco es capaz de sentirse como un Robin Hood místico porque ha ayudado a más gente de la que ha jodido y supone que Dios lo quiso así.
  • Entre las fotos de los cristeros, le sorprendió una en que se fusilaban relojes para detener el tiempo de la historia. El pueblo en armas de Cristo Rey fue dueño de su tiempo por tres años. Luego desapareció de la memoria oficial. Seguramente, la vocación de martirio facilitó la derrota. Julio leyó en la carta de un combatiente: «¡Qué fácil está el cielo ahora!» Una frase celebratoria, escrita por alguien más dispuesto a morir que a luchar. La vida ultraterrena era recompensa suficiente.
  • un luido traje gris.
  • Ramón López Velarde
  • Alicia no insistió en que Julio le hablara de su madre. En alguna de las tardes detenidas en que miraban el cielo lapislázuli, ella dijo: «me falta», y tocó tímidamente la mano de su tío. Habían perdido a Nieves de distinto modo. Alicia apenas la conoció, una mano protectora en las noches, una sonrisa necesaria. Era lo que le faltaba. Julio, en cambio, recordaba demasiadas cosas, su ausencia llegaba como algo que sobraba, datos invisibles que determinaban, y a veces parecían ahogar, un presente imposible de compartir con su sobrina.
  • mi cabeza es una tilichera.
  • A él le molestaba que su pasado recibiera esa comprensión de filmoteca. Recuerdos rayados por el tiempo y la mala producción.
  • alguien que adquiría lógica retrospectiva.
  • «probo»
  • Leí un poemita de su amigo. No me gustó. Soy anticuado. Necesito entender.
  • águila. No era valiente, lo sabía muy bien. Si acaso, podía estar muy desesperado, acumular la fuerza de sus errores.
  • rechazaba sus tenues pero sostenidos flirteos de un modo altamente prometedor. No quería con él por ahora pero necesitaba que él se siguiera acercando para tal vez querer con él durante el próximo congreso.
  • Julio no estaba en condiciones de saber si había derrochado una obra posible, apenas conoció sus primeros pasos en la poesía, versos fulgurantes, destellos de una mente que parecía original y quizá sólo fuese incontrolada. Tal vez había dejado una descomunal producción inédita o tal vez tampoco sucedió a solas,
  • que el poeta hubiese olido a rancio y a atarjea sin que eso significara un peaje para obtener visiones de magnífico maldito.
  • Carecía del sencillo heroísmo de los que se atreven a quedar mal.
  • La periodista se acercó y se sentó en la silla que había dejado Constantino. —Me pregunto de qué hablaban. Es rarísima la forma en que se reparte la fortuna. Las guerras, las reputaciones, los amores, todo depende de chiripas. Eso ha sido mi vida en el periódico: seguir chiripas. ¿Hay otra cosa? —Sí, lo que viene después: jugar mal y saberlo, perder una oportunidad pero recordarlo. —Eso ya no le interesa al periódico, es literatura.
  • Tardaron un capuchino en ponerse al corriente de sus vidas.
  • —No seas menso.
  • el misticismo de botica que se respiraba en todas partes.
  • destanteado con el regreso.
  • La imagen fue insondable para algunos de sus amigos más próximos, que lo desafiaron a explicarse, pero el poeta no cayó en pecado de aclaración; había que entenderlo así.
  • —También lo que no se entiende comunica.
  • Años atrás, confundieron su dificultad para vivir con ideas para escribir; ya estaban a salvo de esa ilusión;
  • —La verdad —intervino Olga—, sobraban motivos para rechazar a Ramón. Nos cuesta creer eso desde la veneración de su poesía, pero cualquier mujer inteligente le hubiera dado calabazas. Era un histérico, un inmaduro, un putañero. Se estudiaba a sí mismo el día entero, se fascinaba de un modo masoquista, con «intensidades corrosivas». Eso es interesante en la poesía pero no en el desayuno.
  • El diálogo no avanzaba. Entonces ocurrió un pequeño horror de plaza pública: Julio vio a un hombre encorvado por un cilindro. No soportaba la música desvencijada de los organilleros. Se puso de pie y alcanzó al cilindrero antes de que enderezara su instrumento. Al hombre se le había caído la gorra. Julio la recogió y depositó ahí un billete de diez pesos. Le pidió que no tocara, sin prepotencia, con la desesperada y temible sinceridad de los psicóticos. El hombre agradeció en forma untuosa, inclinó su espalda lastimada de tanto cargar el aparato, dijo «sí, mi jefe». Dejó a Julio en silencio, lleno de culpa.
  • «Un pinche orate.»
  • Amílcar Rayas sonrió: —Roma gana las guerras pero nosotros hacemos los refranes. El último testigo es un cartaginés. Le parecerá petulante pero hemos resuelto algunos casos, temas pequeños, arrugas en la historia, pero ahí están.
  • la infinita cadena de las normalidades que se filman y registran para mostrar después que en esa secuencia sin relieve anida el mal.
  • ¡Porfavorcito!
  • Es curioso que la posteridad de Jesús dependa sobre todo de su final, el suplicio en la cruz, como en el drama cristero.
  • «La idolatría quita menos botones que la insistencia», otra frase del Flaco,
  • —Un malestar del alma —explicó Donasiano—:… del almanaque. Demasiados días tiene esta mano.
  • los fuereños,
  • Un aire de pesadilla recorría el país y sin embargo, al hablar con su mujer o las niñas, se asombraba de que la vida fuera tan posible.
  • De pronto se saturó de noticias que parecían escombros; no pudo seguir leyendo reportajes.
  • Una noche ella le dijo «estoy con luna», para referirse a la menstruación.
  • pensó en algo que habían discutido tantas veces, la curiosa forma en que la gente se divide entre los que se van y los que se quedan, los que viven para una constancia y una repetición y los que necesitan un aire siempre extranjero, un idioma en el que encajan palabras inseguras, la falta de pertenencia como mayor seguridad.
  • De algo podía estar seguro: de haber vivido con ella, nada hubiera sido tan importante como no haber vivido con ella.
  • alguna otra Patagonia
  • parecían no importarle nada las historias ajenas. Sucedían, eso era todo, como el clima.
  • tiliches
  •  

    – Subrayado en la página 2 | Pos. 20-24  | Añadido el lunes 10 de abril de 2017 21H13′ GMT+01:59

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