Quemar el instante

La persuasión, ha escrito Michelstaedter, es la posesión presente de la propia vida y de la propia persona, la capacidad de vivir a fondo el instante sin la maniática angustia de quemarlo pronto, de atraparlo y utilizarlo con vistas a un futuro que llegue cuanto antes, y por lo tanto de destruirlo en la espera de que la vida, toda la vida, pase velozmente.  La vida como carencia, como deesse, aniquilada continuamente en la esperanza de que la difícil hora presente ya haya transcurrido, a fin de que haya terminado la gripe, se haya superado el examen […] Se espera esperando / que llegará la hora / de acabar en mala hora / para ya no esperar más).

MAGRIS, Claudio: El Danubio, Anagrama, Barcelona, 2007

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