Seth Grahame Smith. Orgullo y prejuicio y zombis

  • —Déjalos que ardan —dijo—, así sabrán lo que significa la eternidad.
  • —No tengo el talento que poseen otras personas —dijo Darcy— de conversar fácilmente con quienes no conozco. No sé captar su tono de conversación, o mostrarme interesado en lo que les interesa a ellos, como observo a menudo que hacen otros.
  • —¡Me he comportado de forma despreciable! — exclamó—. ¡Yo, que me ufano de mi discernimiento! ¡Yo, que me enorgullezco del dominio de mi mente y mi cuerpo! ¡Que me he burlado a menudo de la generosidad de mi hermana, y he satisfecho mi vanidad desconfiando inútilmente de las personas! ¡Qué humillante es este descubrimiento! ¡Ay, ojalá estuvieran aquí mis maestros para azotarme en la espalda con una vara húmeda de bambú!
  • las cuatro semanas siguientes transcurrieron lentamente, pero transcurrieron,
  • —Qué mala suerte que siempre tengas una respuesta razonable, ¡y que yo sea tan razonable que la acepte!

    – Subrayado en la página 61 | Pos. 922  | Añadido el jueves 6 de octubre de 2016 00H59′ GMT+02:00

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