Vladimir Bartol. Alamut

  • «La historia de Alí y del Mahdi sólo es un espejismo destinado al común de los creyentes que veneran el nombre del yerno del Profeta y odian Bagdad.[28] Pero al que puede comprender nosotros le explicamos, tal como el califa Al-Hakim,[29] que el Corán es fruto de cerebros perturbados. Tienes que saber que nadie debe saber la verdad. Por consiguiente no creemos en nada… y podemos hacer cualquier cosa». Me sentía como golpeado por el rayo. El Profeta… alguien con el cerebro perturbado. Su yerno Alí, un imbécil puesto que creía. Y lo que me habían enseñado sobre la misión sagrada del Mahdi, la magnífica doctrina llena de misterio sobre la venida de un salvador, sólo era una fábula inventada para las multitudes de gente sencilla.
  • «¿No te das cuenta de que nos hemos convertido en esclavos de los turcos? ¿Qué Bagdad se ha puesto de su lado y que las muchedumbres están descontentas? Ésta es la razón de que el nombre de Alí es santo. Nos hemos servido de él para sublevar al pueblo contra el sultán y el califa. Nada más».

  • Spinoza: «No se trata de juzgar, se trata de comprender».
  • Lo único que ha cambiado son los conformismos, y pocos son quienes se atreven a oponerse a las modas. Quizás ello se deba a que, en los países occidentales, la mayor parte de los intelectuales están integrados en el establishment, y no tienen ninguna urgencia en cortar la rama sobre la que se han posado.
  • Omar Kayyam,
  • heteróclito,
  • en forma asaz inconveniente.
  • bodoques
  • Quería saber de su boca si verdaderamente la doctrina ismaelita sólo era un librepensamiento disfrazado…
  • «Así han sido siempre las multitudes», seguía Omar. «Temen la incertidumbre, por eso prefieren una mentira bien servida que cualquier conocimiento, por elevado que sea, que no les ofrezca un punto de apoyo sólido. En esto no se puede hacer nada El que quiera ser un profeta para las multitudes debe actuar con ellas como los padres con sus hijos: debe alimentarías de leyendas y de cuentos. Ésta es la razón pan que el sabio se mantenga lejos de ellas».
  • «También envejecen los pueblos», respondía él, «la idea del paraíso se ha difuminado en el espíritu de la gente y ya no suscita la exaltación de antaño. La gente ya sólo cree por pereza, por temor a tener que aferrarse a algo nuevo». «¿Entonces piensas que en la actualidad, si un profeta anunciara el paraíso a las muchedumbres para ganar su adhesión, fracasaría?». Omar sonreía: «Ciertamente. Pues una misma antorcha no arde dos veces, de igual manera como no florece el tulipán marchito. El pueblo se contenta con sus pequeñas comodidades. Si tú no tienes la llave que les abra el paraíso en vida, mejor es que abandones toda esperanza de convertirte en profeta».
  • —¡No chochees! —dijo Hassan guiñando los ojos con humor—. Te he llamado por cosas importantes. Dejemos el pasado, de todos modos nadie puede quitárnoslo.
  • poco importa la intención, puesto que el engaño y la astucia le son de todos modos indispensables al que quiera llevar a las multitudes hacia un objetivo claro para él,
  • objetivo que éstas seguirán siendo incapaces de comprender. Entonces ¿por qué no convertir ese engaño y esa impostura en una institución concertada?
  • —¡Mirad! —siguió—, cuando uno ha reconocido de verdad, tal como yo lo he hecho, que no se puede fiar de nada de lo que existe alrededor, de lo que se siente, de lo que se percibe, cuando uno está traspasado por la conciencia de estar rodeado por todos lados de incertidumbre y oscuridad, de ser constantemente víctima de ilusiones, entonces uno ya no considera a estas últimas como un mal para el hombre sino como una necesidad de la vida, necesidad a la que hay que acomodarse tarde o temprano. La ilusión, elemento de todo lo vivo, factor de satisfacción y móvil, entre mil otros, de toda acción y todo progreso… Tal es en mi opinión el único punto de vista posible para los que han alcanzado un nivel elevado de conocimiento. Heráclito veía en el universo un amontonamiento caótico que el tiempo organizaba: para él, el tiempo era semejante a un niño que juega con guijarros multicolores, que junta y dispersa según le parece. ¡Qué comparación más sublime! Esa pasión constructiva, creativa, ¿no se confunde con la absurda voluntad que dirige los mundos? Primero los llama a la vida y luego los reduce a la nada. Pero durante el tiempo que existen, son únicos y completos, y se destruyen según leyes que les son propias. Y también nosotros estamos en un mundo semejante. Estamos sometidos a las leyes que reinan en él. Constituimos parte de él y no tenemos escape. A lo sumo podemos estar seguros de que el error y la ilusión son en realidad los motores esenciales de ese mundo.
  • Si al despertar nuestros fedayines se convencen de que han ido al paraíso, quiere decir que han ido realmente. Pues entre el paraíso verdadero y el falso no hay ninguna diferencia. Allí donde somos conscientes de haber estado, hemos estado de verdad.
  • Pues nuestro gozo no depende sólo de nuestras sensaciones corporales. Gozar no es un asunto sencillo…, es una actividad sometida a mil influencias.
  • ¿No son felices? ¿Cuál puede ser la diferencia entre su felicidad y la supuesta felicidad auténtica del que se complace en ignorar las verdaderas premisas de la existencia? Yo sé lo que te molesta. Lo que te molesta es que los tres sabemos lo que ellos no saben. Sin embargo, no por eso llevan la mejor parte, una parte mejor que la mía, por ejemplo.
  • Nada es más terrible que permanecer aquí abajo para aquel que ha intentado medirse, allá arriba, con Alá. —Sólo ahora te comprendo, Ibn Sabbah —exclamó Abu Alí no sin malicia—. Entonces, ¿quieres ser en la tierra lo que Alá es en el cielo? —¡Gracias a Alá! También la luz se ha hecho en tu cabeza —lo felicitó Hassan—. Ya era hora.
  • —También tengo la impresión de que me tomas por loco, como en el pasado Abul Fazel. Y todo porque siempre has recorrido la realidad por caminos ya transitados. Por el contrario, ¡cuánto más positivo debe parecemos el que se fija un plan nunca experimentado antes, y sin embargo lo lleva a cabo!
  • parasangas
  • Nosotros gozamos, ellos conocen.
  • No soy poeta… no puedo daros nada.
  • —¿Así que comenzáis a comprender? Sabemos que sólo somos amos de un punto infinitamente pequeño de la realidad visible y esclavos de la inmensa masa de lo desconocido.
  • Si no nos ha puesto al comente es que tiene sólidas razones para hacerlo».
  • ¿Sabes quién es Iblis? —Iblis es el espíritu del mal que sedujo al primer hombre. —Iblis es mucho más que eso. Iblis es el que ha renegado de su amo, el enemigo jurado de Dios. Ibn Tahír asintió con un movimiento de cabeza. —Todo apóstata y todo enemigo de la verdadera doctrina es pariente de Iblis.
  • Cada persona sólo puede ser feliz a su manera.
  • —Un perro vivo vale más que un rey muerto —murmuró Abu Alí.
  • —En realidad, el hombre es la criatura más extraña del mundo —murmuró—. Quiere volar como el águila, pero no tiene alas. Le gustaría tener la fuerza de un león pero no tiene garras. ¡Qué incompleto lo has creado, Señor!, y para castigarlo le has dado además la razón y la facultad de comprender su propia miseria…
  • defección
  • Vosotros habéis olvidado que sois descendientes de Rostam y de Suhrab, de Minutcheher y de Feridum,[41] que sois los herederos de los reyes de la antigua Persia, de los Josrow, los Ferhad, los príncipes partos. Habéis olvidado que vuestra lengua es la de Firdusi, Ansari y tantos otros poetas. Os habéis sometido a la religión de los árabes, a su dominio espiritual. Y ahora os arrodilláis ante los turcos, esos ladrones de caballos llegados de las estepas. Desde hace medio siglo toleráis que esos perros selyúcidas os gobiernen, a vosotros, los hijos de Zaratustra.
  • ¿Crees acaso que la mayoría de la gente se preocupa por la verdad? ¡En modo alguno! Quieren tranquilidad y algunas fábulas para alimentar la imaginación. ¿Piensas, acaso, que se preocupan por la justicia? Les importa un rábano con tal de que se satisfagan sus intereses personales. Ya no quería hacerme ilusiones. Puesto que la humanidad es así, explotemos entonces sus debilidades para alcanzar nuestro elevado objetivo, que sirve asimismo a sus intereses… pero que es incapaz de comprender. Toqué a la puerta de la estupidez y la credulidad humana. Aposté por los apetitos de gozo y por los deseos egoístas de los hombres. Las puertas se abrieron de par en par delante de mí.
  • —¿Sabes lo que es Al-Araf? —Tienes muchas razones para saber que lo sé, oh, Seiduna. Es el muro que separa el paraíso del infierno.
  • —¿Reconoces tu culpa, hijo de Hassan? —No reconozco ninguna culpa. Sólo reconozco los hechos de los que se me acusa.
  • —Todas las comarcas del norte están en manos de los chiitas, los cuales consideran que los ismaelitas son sus hermanos.
  • Ahora quiero contentarme con este mundo tal como es. Su mediocridad me dicta la única conducta posible: inventar fábulas, lo más coloreadas posibles, que destinaremos a nuestros fieles hijos…
  • primavera del año mil noventa y dos de la era cristiana,

 

– Subrayado en la página 3 | Pos. 38  | Añadido el martes 17 de mayo de 2016 23H54′ GMT+02:00

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