El nacimiento del terrorismo en Occidente. Nihilismo y violencia revolucionaria

  • la primera gran oleada de terrorismo, en el sentido que definiremos a continuación, no fue exclusivamente anarquista, pues en ella desempeñaron un gran papel los narodniki rusos y algunos grupos nacionalistas, como los irlandeses. A pesar de ello, no cabe negar que el terrorismo anarquista fue el que más contribuyó a que en el conjunto de Occidente se difundiera el temor ante ese nuevo fenómeno.
  • ¿Qué es terrorismo? ¿Por qué surge?
  • Propaganda por el hecho. Anarquismo

Avilés, Juan y Herrerín, Ángel (Coords.): El nacimiento del terrorismo en Occidente. Nihilismo y violencia revolucionaria.

 

  • El tema preocupaba ya hace más de un siglo, y en 1898 se celebró en Roma una conferencia internacional para abordarlo. De manera significativa, esa conferencia se denominó «antianarquista»,
  • presidente francés Carnot y al jefe de Gobierno español Cánovas del Castillo.

¿QUÉ ES TERRORISMO?

  • Se trata de una violencia ejercida a través de una serie de asesinatos selectivos, cuyo objetivo es amedrentar a los agentes del Estado, a la sociedad en su conjunto o a una parte de la misma, con el fin de crear un ambiente favorable a los fines que los terroristas persiguen. En ese sentido el terrorismo se diferencia de otras formas de violencia política como la guerra, la insurrección, el golpe de Estado o la guerrilla.
  • Existe, sin embargo, una definición universal del acto terrorista, contenida en la Convención Internacional para la Supresión de la Financiación del Terrorismo, que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en diciembre de 1999 y que entró en vigor en abril de 2002. De acuerdo con esta definición, que ha sido luego retomada en otros documentos, se considera terrorista cualquier acto «destinado a causar la muerte o lesiones corporales graves a un civil o a cualquier otra persona que no participe directamente en las hostilidades en una situación de conflicto armado, cuando el propósito de dicho acto, por su naturaleza o contexto, sea intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo»
  • Dos aspectos de esta definición merecen ser subrayados. En primer lugar, la exclusión de la misma de los ataques dirigidos contra combatientes en una situación de conflicto armado: las acciones de guerra quedan al margen del concepto, independientemente de que las lleven a cabo ejércitos o fuerzas irregulares. En segundo lugar, la distinción entre dos posibles objetivos del terrorismo, el de aterrorizar a una población y el de forzar una decisión de un gobierno u organización internacional. Sin embargo, esta definición resulta un tanto imprecisa, en la medida en que no deja claro si deben considerarse terroristas los ataques contra la población civil perpetrados por agentes regulares de un Estado, ya sea en el contexto de una guerra o de una acción represiva. En otras palabras, estamos ante el problema del llamado terrorismo de Estado. En realidad, hay buenas razones para incluir en el concepto de terrorismo los crímenes contra la población civil realizados por agentes clandestinos de un Estado, a veces muy difíciles de distinguir de los terroristas comunes, pero en cambio conviene excluir los crímenes cometidos por agentes regulares del mismo.
  • En realidad, lo que caracteriza al terrorismo, tal como habitualmente lo entendemos, es la acción clandestina.
  • Definición muy adecuada es la que utiliza el Departamento de Estado americano, según la cual el terrorismo consiste en una «violencia premeditada, con motivación política, perpetrada contra objetivos no combatientes por grupos no estatales o por agentes clandestinos, habitualmente con el propósito de influir en una audiencia»4.
  • OBJETIVO: el propósito de un atentado terrorista no es tanto matar a unas personas en concreto como lanzar un mensaje a un público más amplio, al que se pretende atemorizar o incitar a la rebelión.
  • La historia del terrorismo en inseparable de la historia de la comunicación.
  • No es por tanto sorprendente que el nacimiento del terrorismo, tal como hoy lo entendemos, coincidiera con el de la prensa de masas.
  • Es cierto que el descontento social ante una situación percibida como injusta favorece el arraigo de un movimiento terrorista, pero para entender el fenómeno, más que considerarlo en términos de respuesta a una injusticia, resulta conveniente analizarlo en términos de sus objetivos. Los terroristas han matado siempre para imponer su visión ideológica del mundo, entendida como una gran causa que todo lo justifica.

¿POR QUÉ SURGE?

  • cuáles son las circunstancias que favorecen la adopción de esta extrema forma de violencia. Una cuestión que es posible analizar desde dos enfoques, el de la estrategia de un movimiento que se enfrenta a enemigos poderosos, y el del contagio de las actitudes. Llamaremos al primer enfoque estratégico, y al segundo epidemiológico.
  • compensar la asimetría de fuerza
  • Marta Crenshaw mencionó varias circunstancias que pueden incrementar la inclinación de un grupo por la vía terrorista, tres de las cuales resultan pertinentes para el análisis del caso anarquista. La primera se da cuando la posición ideológica de un grupo resulta demasiado radical para que pueda lograr un amplio apoyo popular, la segunda cuando el grupo opera en el marco de un Estado autoritario, en el que las posibilidades de una acción política y propagandística son muy limitadas, y la tercera responde simplemente a la convicción del grupo de que la movilización popular resulta una vía demasiado lenta13.
  • beneficios estratégicos que proporciona el terrorismo a quienes lo practican, Crenshaw señala tres que son significativos para nuestro análisis. El primero es, por supuesto, el de captar rápidamente la atención de la opinión pública, es decir, lo que los anarquistas denominaban propaganda por el hecho. El segundo es el de acostumbrar a las masas a la idea de la violencia, de cara a preparar una insurrección popular, algo que sin duda estaba en la mente de muchos anarquistas. Y el tercero es el de provocar al Estado para que tome medidas represivas indiscriminadas que incrementen el descontento popular.
  • propaganda por la represión,
  • Dan Sperber ha denominado epidemiología de las representaciones.
  • no suelen ser psicópatas —pues éstos son demasiado individualistas para convertirse en miembros fiables de una organización— ni paranoicos, ni personas que se dejen dominar por la ira. Suelen ser fanáticos, que han abrazado una ideología en virtud de la cual no sienten reparos en matar a los supuestos enemigos de su causa1S.
  • La raíz etimológica de la palabra mártir —que proviene del griego m arty s, mártir os— alude al testigo, en el sentido judicial del término, porque el mártir es el que testimonia la verdad de su fe al morir por ella. Y ese mismo es el significado del término árabe sháhid que hoy aplican a los terroristas suicidas sus admiradores.
  • magnicidas como Caserío, Angiolillo o Bresci,
  • el intento de asesinato del rey Humberto I en Nápoles, el 17 de noviembre. El autor del atentado, el joven cocinero Giovanni Passanante,

1. PROPAGANDA POR EL HECHO Y REGICIDIO EN ITALIA JUAN AVILÉS *

  • El concepto de la propaganda por el hecho, en su acepción primera de acción insurreccional con propósito propagandístico,
  • La interpretación terrorista de la propaganda por el hecho fue adoptada por un congreso revolucionario internacional que tuvo lugar en Londres en julio de 1881.
  • la acción contra las instituciones más simple hablaba a las masas con más elocuencia que miles de impresos y ríos de palabras,
  • Es difícil saber sí el crimen de Angiolillo representó realmente un éxito de la propaganda por el hecho, pero no hay duda de que el de Luccheni resultó contraproducente para la causa anarquista. La emperatriz Isabel, la encantadora Sissi de sus años jóvenes, era muy popular en toda Europa, y sus responsabilidades políticas eran nulas, por lo que su muerte fue vista como una manifestación de la furia homicida que estaba engendrando la propaganda anarquista.
  • La Conferencia Internacional de Roma para la defensa social contra el anarquismo tuvo lugar entre los días 24 de noviembre y 21 de diciembre de 1898, con asistencia de 54 delegados —diplomáticos, altos funcionarios y mandos policiales— de 21 países europeos. Representó 40 Ibid., 15 de agosto de 1897. 41 Ibid., 15 de octubre de 1897. 42 Masiní (19 8 1:116 ). 13 E l n a c im ie n t o d e l t e r r o r ism o en O c c id e n te una iniciativa sin precedentes en el campo de la cooperación internacional en temas de seguridad interior, por lo que ha sido considerada como un primer paso hacia la creación de Interpol, que se fundaría en 1923 y se relanzaría en 1946. Las delegaciones de Rusia, Alemania y Austria-Hungría fueron las más decididas a la hora de impulsar la represión internacional del anarquismo, mientras que la de Gran Breta ña se mostró reticente frente a todo acuerdo que pudiera ser nocivo para las libertades públicas y la de Francia se situó en un punto intermedio, que terminó por imponerse.
  • Las posiciones moderadas se impusieron en la definición de la amenaza. En contra de los deseos rusos y alemanes no se llegó a una definición general del anarquismo, sino sólo del «acto anarquista», entendido como «todo acto encaminado a la destrucción, por medios violentos, de toda organización social». A efectos de las resoluciones de la conferencia se consideraría por ello anarquista tan sólo a quien cometiera ese tipo de actos44. La importancia que tenía haber adoptado este enfoque la explicó muy bien en su memoria el delegado espa ñol Félix de Aramburu, catedrático de Derecho penal, quien subrayó que la fórmula adoptada respondía al propósito de diferenciar lo que no podía menos de diferenciarse: «el Anarquismo teórico y pa cífico y el Anarquismo que se manifiesta en lo que viene llamándose la propaganda p o r e l h ech o ; esto es el anarquismo de la dinamita, del puñal, etc.».
  • La conferencia recomendó a los países participantes que tomaran medidas legislativas contra la violencia anarquista, es decir, contra la preparación de tales actos, especialmente mediante explosivos, contra las asociaciones que tuvieran ese fin, contra la incitación a cometerlos y la apología de los mismos, y contra la propaganda anarquista en las fuerzas armadas. Recomendó también que, junto a las penas de pri45 AMAE, Madrid, H 2750, «Conferencia internacional de Roma para la defensa social contra el anarquismo, 1898: memoria del Delegado técnico de España D. Félix de Aramburu y Zuloaga». 46 Bachjensen (1981:325-326). 1 5 El n a c im ie n t o d e l t e r r o r i s m o e n O c c id e n t e sión, se recurriera frente a los anarquistas a la prohibición de residencia en determinados lugares, a fin de limitar su libertad de movimientos. Respecto a la pena de muerte, recomendó que no fuera aplicada públicamente, sin duda para reducir el efecto propagandístico que para los anarquistas tenía la ejecución de uno de los suyos. También se recomendó que se prohibiera la reproducción de las actas de los procesos contra los anarquistas, en especial las declaraciones de los procesados, e incluso que se pusieran límites a la información sobre el anarquismo en la prensa, aunque esta última recomendación fue aprobada por muy estrecho margen. En cuanto a la cooperación internacional, se estableció que las autoridades de los distintos países se comunicaran recíprocamente toda la información útil, y que los anarquistas extranjeros expulsados de un país fueran enviados a su país de origen. Se adoptó también el principio de que los actos anarquistas no fueran considerados delitos políticos, para evitar que quedaran excluidos de los acuerdos de extradición y, en particular, que los actos contra los soberanos y jefes de Estado o sus familias fueran siempre incluidos entre los delitos para los que estaba prevista la extradición47. Los efectos prácticos de esta conferencia parecen haber sido bastante limitados. No era fácil impulsar la cooperación judicial y policial internacional en un momento de creciente tensión entre las potencias europeas,
  • Difícil, sino impracticable, es impedir a la prensa periódica que divulgue las noticias y pormenores concernientes a los atentados anárquicos y a las sesiones de los tribunales por ellos promovidas; […] aunque comparto en mucho las opiniones de aquellos escritores (el doctor Aubray particularmente) que han demostrado la influencia de la prensa en la criminalidad mediante el relato minucioso de los delitos, que provoca un contagio moral y un poder sugestivo harto sensibles […] Hay en el anarquista […] una jactancia y un afán de notoriedad evidentes. Decidido a ser héroe y mártir, conforta su decisión la esperanza de que su nombre correrá el mundo circundado de esa aureola y se repetirá con gratitud y admiración por los que le sigan en la campaña redentora y terrorista. A la prensa amiga y enemiga, siempre curiosa y vocinglera, confía aquella misión de asegurar su fama ( AMAE, Madrid, H2750, «Conferencia…».)
  • Desde esa perspectiva, cabe suponer que el atentado contra Humberto I, como los que luego sufriría Alfonso XIII, pretendía abrir una crisis en la monarquía que favoreciera la insurrección. Pero si ése era el proyecto, su fracaso fue total, pues lo que el magnicidio suscitó en Italia fue una oleada de lamentos por la muerte del monarca y de indignación contra su asesino. Toda la prensa, incluida la socialista, condenó duramente el atentado.
  • A algunos anarquistas, como Malatesta, esto les preocupó desde el primer momento, desde que vieron el entusiasmo que en muchos camaradas despertaba Ravachol. En una entrevista concedida a Le Fígaro en octubre de 1892, el anarquista italiano se mostró de acuerdo con algunos de los atentados cometidos por el francés, pero deploró que se pudiera haber herido a gente inocente y admitió que otros de sus actos no le gustaron (se refería al asesinato de un anciano para robarle). Con todo, la responsabilidad moral de lo ocurrido se la atribuía a los ricos, cuya opresión hacía que los pobres recurrieran en su rebelión a medios incluso feroces61.
  • Tras recordar que la sociedad burguesa se mantenía mediante la fuerza de las armas, y que para crear una sociedad nueva era indispensable una revolución violenta, lamentaba que algunos anarquistas hubieran olvidado que la violencia era sólo una dura necesidad y la hubieran convertido en el fin mismo de la lucha. Le parecía increíble que quienes negaban, con buenos motivos, el derecho del juez a condenar, proclamaran que tenían derecho a matar a quienes no pensaban como ellos.
  • Ninguna razón de lucha, ninguna excusa, nada: ¡es heroico haber matado a mujeres, niños, hombres inermes porque eran católicos! Esto es ya peor que la venganza: es el furor morboso de unos místicos sanguinarios, es el holocausto sangriento en el altar de un dios…, o de una idea, que para el caso es lo mismo. ¡OhTorquemada! ¡OhRobespierre! (L’Anarcbia, agosto de 1896, en Adamo (2004: 195))
  • la mística de la violencia,
  • A la altura de 1900, la teoría de la propaganda mediante el atentado había perdido pues atractivo, y los magnicidios comenzaban a ser concebidos como un instrumento para desencadenar la revolución,
  • intelectuales que en realidad no abrazaron las ideas anarquistas, y en su gran mayoría pasaron a defender poco tiempo después tesis diametralmente opuestas. Se sentían atraídos por la belleza de la rebelión, no por sus fines,
  • Las formas estéticas y paradójicas de la literatura anarquizante han tenido una enorme repercusión en el mundo anarquista, que ha contribuido no poco á que se perdiera de vista el lado socialista y humanitario del anarquismo, y que ha contribuido poderosamente a que se desarrollara su lado terrorista.
  • 1894 Emile Henry lanzó una bomba en un café, todos los anarquistas a los que yo entonces trataba encontraron el hecho ilógico e inútilmente cruel, y no escondían su desaprobación y su descontento por lo ocurrido. Pero cuando durante el proceso Henry pronunció su célebre autodefensa, que es una auténtica joya literaria, […] y cuando tras su decapitación
  • el convulso ambiente de la primera posguerra mundial, en el que por un tiempo pareció posible una revolución proletaria, y en realidad se gestó el triunfo del fascismo.
  • Aunque la policía no lograría esclarecer los entramados de la conspiración, este segundo atentado permitió llevar a cabo lo que Bismarck había intentado, pero no logrado, a raíz del primero: combatir frontalmente el movimiento socialista, considerado por el canciller como altamente peligroso para el orden social del Imperio. La repetición del intento de magnicidio y la lesión grave que había sufrido el emperador provocaron un temor generalizado en la sociedad, y se temió que se llegara a una situación parecida a la que se estaba viviendo en Rusia, con lo que Bismarck tuvo manos libres para actuar. Si bien, como quedaría claro en las investigaciones policiales, el partido socialista como organización no había tenido nada que ver con los atentados,
  • Los grupos de oposición de talante revolucionario fueron considerados por el socialismo mayoritario como elementos de discordia que impedían la consecución de logros sociales y que sólo servirían a los grupos reaccionarios en su afán de mantener el control del poder y de la sociedad. La «política de desesperación», según el argumento utilizado en aquel momento, quizá pudiera ser conveniente para Rusia, pero no para Alemania. El partido socialista, evidentemente, temía por su porvenir, y en consecuencia cerraría filas en tomo a sus líderes.
  • Esta «guerra entre hermanos» completaría todo aquello que la ley antisocialista, la ley sobre el uso de la dinamita, la represión policial y la ejecución de varios anarquistas habían iniciado.
  • ANARCOSINDICALISMO
  • repudiaron la propaganda por el hecho y preconizaron la utilización de nuevos medios, como la huelga general.
  • Cobró en cambio mayor peso el anarcosindicalismo, con la creación de sindicatos y cooperativas locales, una evolución que chocaba con los principios del anarquismo revolucionario y terrorista que preconizaba la destrucción inmediata del Estado. La confianza en la posibilidad de una revolución social a corto plazo, tal y como había sido propagada por Most, Reinsdorf y muchos otros anarquistas de primera hora, había desaparecido.
  • El francés Pierre-Joseph Proudhon fue el primer pensador que se definió como anarquista y su influencia en el desarrollo ulterior del movimiento fue muy grande. La Comuna de París de 1871 se convirtió en un gran mito para los anarquistas, aunque sólo una minoría de sus protagonistas fueran verdaderamente tales. Y, treinta años más tarde, Francia fue el lugar de nacimiento del anarcosindicalismo, la principal corriente libertaria en las primeras décadas del siglo XX.
  • SOBRE LOS NOMBRES DE LOS GRUPOS ANARQUISTAS. En un primer momento, cuando el «partido anarquista» pasaba por la fase idílica en la que cada uno se veía protagonista de la Gran Revolución que reconciliaría a la humanidad, existían el «Círculo de la Flor y de la concordia» en Vauclus, o el «Círculo de la Aurora» en Marsella. Pero enseguida llegó la desilusión y comprendieron que la lucha sería dura. Entonces el «Círculo de los Amigos reunidos» cambió el nombre por el menos pacífico «La Plebe anarquista revolucionaria». Desde 1882 los miembros manifestaron un espíritu salvaje y firmaban: «un amigo de Robespierre», «un incendiario», «un cortador de cabezas», «un partidario de la dinamita». En 1884 los grupos adoptaron nombres de guerra, como «Los indignados» en Vienne, «Los insurrectos», «La Pantera», «Los Miserables» en París, «Los Terribles» en La C io tat…5. Luego comprendieron que un nombre no es suficiente para llegar a la revolución.
  • Los nombres de los grupos eran reveladores. En un primer momento, cuando el «partido anarquista» pasaba por la fase idílica en la que cada uno se veía protagonista de la Gran Revolución que reconciliaría a la humanidad, existían el «Círculo de la Flor y de la concordia» en Vauclus, o el «Círculo de la Aurora» en Marsella. Pero enseguida llegó la desilusión y comprendieron que la lucha sería dura. Entonces el «Círculo de los Amigos reunidos» cambió el nombre por el menos pacífico «La Plebe anarquista revolucionaria». Desde 1882 los miembros manifestaron un espíritu salvaje y firmaban: «un amigo de Robespierre», «un incendiario», «un cortador de cabezas», «un partidario de la dinamita». En 1884 los grupos adoptaron nombres de guerra, como «Los indignados» en Vienne, «Los insurrectos», «La Pantera», «Los Miserables» en París, «Los Terribles» en La C io tat…5. Luego comprendieron que un nombre no es suficiente para llegar a la revolución.

 

  • Por lo tanto rechazó toda responsabilidad, culpando de sus actos a la sociedad con un alegado que terminaba: «¡Juzgadme, señores jurados! Pero, si me habéis comprendido, juzgándome, juzgáis a todos los desgraciados que la miseria, junto con la natural dignidad, ha hecho criminales. ¡Los que la riqueza, el bienestar, les habría hecho gentes honradas. Que una sociedad inteligente les habría hecho personas como todas las demás! » 18. Fue condenado a muerte y recibió la sentencia al grito de ¡Viva la anarquía! El 11 de julio de 1892, ya
  • Ravachol
  • «La cabeza de Ravachol ha rodado a sus pies, ahora temen que pueda explotar como una bomba».
  • Vaillant tomó la palabra para justificar sus actos, tratando de demostrar lo necesario que era el cambio de la sociedad. Terminó su alocución con la frase: «Ahora podéis vengaros en mi persona, como hicisteis con otros que me precedieron»29.
  • Dijo que amaba mucho a su familia, pero que la dejó porque su gran familia era la humanidad.
  • 49 Desde la cárcel le escribió una emotiva carta, cuyo texto se puede leer en El Despertar, Nueva York, núm. 9 1 ,2 0 de agosto de 1894, p. 1.
  • Como había escrito Kropotkin ya en 1891: «Un edificio que se basa en siglos de historia, no se destruye con unos kilos de explosivos»58.
  • El término «propaganda por el hecho» significó al principio para los anarquistas un llamamiento a la acción y no sólo a las palabras, como eficaz forma de propaganda \ Acción en el sentido de agitación, de revuelta, incluyendo las huelgas espontáneas, la sedición y el sabotaje. En el último cuarto del siglo XIX, sin embargo, se había convertido ya en sinónimo de atentados y actos terroristas2.
  • Entre 1850 y 1890, unos cuatro millones de alemanes se unieron al millón que ya estaba en Norteamérica. En 1900, los americanos nativos de padres alemanes sumaban más de cinco millones.
  • la comunidad alemana de Estados Unidos que suponía el 10 % de la población.
  • Grandes escritores como Henry James (La princesa Casamáxima) y Joseph Conrad (El Agente secreto) se inspiraron en Most y en los clubes y salones donde él y sus camaradas daban conferencias, como el Club Social Revolucionario de Nueva York, para describir en sus novelas el anarquismo de finales del siglo XIX en Estados Unidos. Carecía
  • Entre los mártires de Haymarket había también un inglés, Samuel Fielden. El único que no era inmigrante era Albert Parsons, un americano nacido en Alabama, orador carísmático, director del periódico anarquista Alarm de Chicago, agitador de 38 anos, de buena familia, que repudió su origen, luchó por los derechos de los negros y se casó con una mujer afroamericana, Lucy Parsons, que tras la ejecución de su marido, cogió el testigo de su lucha y se convirtió en una persuasiva oradora que convocaba a miles de personas que iban a escucharla y no dudó en manifestarse a favor de actos de terrorismo e incluso en alguna ocasión sugirió que había que dinamitar Westmins- ter Abbey.
  • Spies dijo: «¡Q ue el mundo sepa que en 1886 en el estado de Illinois ocho hombres fueron condenados a muerte porque creían en un futuro mejor!», «Sí la muerte es la condena por proclamar la verdad, entonces con orgullo y decisión pagaré ese alto precio. ¡Llamen a sus verdugos!». Y, ya en el patíbulo, bajo el capuchón que ocultaba el rostro de los que estaban a punto de morir colgados, se escuchó a Spies decir: «Llegará un tiempo en que nuestro silencio será mucho más poderoso que las voces que hoy estranguláis».

 

  • Había, sí, un discurso, una retórica de la violencia, que no había llegado a materializarse en actos.

 

  • Junto a Emma Goldman y Lucy Parsons, Voltairine de Cleyre (1866-1912) es la más destacada oradora anarquista de principios del siglo XX. Fue víctima de un intento de asesinato por parte de un ex alumno en 1902. A pesar de haber sido gravemente herida, se negó a denunciar a su agresor, igual que habían hecho Malatesta y Louise Michel (1830-1905) al ser atacados. Se hicieron colectas para costear su tratamiento médico, pero ya nunca se recuperó. Véase Berkman, Selected Works o f Voltairine de Cleyre, 1914.

 

  • En un país sin conciencia proletaria —afirmó— el terrorismo era inútil porque los obreros no lo entendían. Este repudio de Most
  • donde la propaganda por la palabra era posible, eran cada vez más los anarquistas que creían que el terrorismo estaba fuera de lugar.
  • León Czolgosz. A una de aquellas conferencias en que Goldman glorificaba el heroísmo de los anarquistas comprometidos en actos de violencia selectivos, asistió un joven que quedó totalmente fascinado y deslumbrado por el ímpetu de aquella mujer, a la que tuvo el atrevimiento de presentarse y pedirle recomendación sobre lecturas anarquistas y de la que se convirtió desde entonces en gran admirador (y quizá enamorado). Cuando un par de meses después, a principios de septiembre de 1901, Emma Goldman fue a comprar el periódico y leyó que un anarquista había disparado hiriendo de muerte al presidente de los Estados Unidos, William McKinley, reconoció en el retrato del asesino a uno de sus seguidores. No es nada probable que de forma intencionada Emma Goldman enviase, o quisiera lanzar a alguno de los que la escuchaban, a matar al presidente de la nación, pero no cabe duda de que a León Czolgosz, el asesino de McKinley, le impactaron las palabras de Goldman de exaltación del attentater como mártir de una causa elevada. La palabra alemana attentater era usada por los anarquistas para denominar al autor de un atentado ‘(attentat), un acto de violencia político, un asesinato selectivo destinado a despertar la conciencia de los obreros contra sus opresores. El attentater era un idealista de la violencia, por lo general desconocido o poco conocido en el movimiento anarquista, pero con un extraordinario coraje. Habitualmente autodidacta, no bebía una gota de alcohol, no fumaba, comía frugalmente y estaba por entero dedicado a la causa revolucionaria. Orgulloso de su misión, la llevaba a cabo a la luz del día, en público, tras la cual no trataba de escapar sino que asumía toda la responsabilidad de su acto y aceptaba su inevitable destino de cárcel, tortura y muerte, ya fuese mediante suicidio o ejecución, como supremo sacrificio por la causa. Era normal que mostraran una actitud estoica en el patíbulo. León Czolgosz (pronunciado Cholgosh) era un joven de veintiocho ..años listo e infeliz que vivía en Cleveland, Ohio, cuarto de los ocho hijos de padres inmigrantes polacos. Callado, introvertido, muy solitario, de pocos amigos, no bebía ni fumaba, siempre comía solo, nunca en la mesa con su familia, y no mantenía contactos sexuales; había estado o se creía enfermo, se especuló con que fuera un hipocondríaco o bien que padeciese sífilis. Probablemente creía que iba a morir pronto. Se quedaba de noche hasta muy tarde devorando panfletos y libros sobre anarquismo. Sólo había ido al colegio cinco años, había tenido que entrar a trabajar en una fábrica para contribuir a sostener la economía familiar. Su madre murió al dar a luz a su último hijo cuando él tenía doce años, su padre se volvió a casar y él desarrolló un odio tremendo hacia su madrastra. En realidad, era un historial común y normal entre las familias de los inmigrantes, que tenían muchos más hijos que los americanos nativos. Czolgosz usó el alias de Fred Nieman, apellido que significa Nadie y, en efecto, era un don Nadie, un perfecto desconocido. Quedó tremendamente impactado y seducido por Bresci, el inmigrante italiano, estampador de seda en Paterson, New Jersey, que embarcó rumbo a Italia y allí asesinó de un disparo al rey Humberto el 29 de julio de 1900 21. Estaba tan excitado con este asesinato que no podía dormir. Se dio cuenta de que era posible que alguien como él, un obrero corriente, asestase un golpe tremendo al sistema en aras de la justicia social. Guardó el recorte sobre el asesinato del rey de Italia y lo leía con frecuencia. La policía lo encontró entre sus pertenencias cuando lo detuvo. Leyó también en un periódico que el presidente McKinley iba a visitar la Exposición Pan-Americana en Buffalo, Nueva York, y consideró que ésa era una gran oportunidad para repetir la hazaña de Bresci. McKinley —que acababa de iniciar su segundo mandato en un país donde la industria y los negocios estaban en expansión, que tenía ya la economía más poderosa del mundo— era un hombre amigable al que le encantaba mezclarse con la gente, estrechar la mano de los ciudadanos y eso es lo que hacía el 6 de septiembre de 1901 en el Templo de la Música, un auditorio de la Exposición, donde una larga cola de miles de personas esperaba pacientemente el turno para saludarle. Tres agentes del Servicio Secreto escrutaban los movimientos de todos cuantos se acercaban al presidente22 pero en el momento en que le tocaba el turno a Czolgosz, estaban al parecer ocupados prestando atención a otro individuo que habían considerado sospechoso, lo que les distrajo del verdadero peligro. Czolgosz llevaba vendada la mano derecha con un pañuelo blanco en el que escondía una pistola igual a la usada por Bresci, pequeña y compacta, con la que disparó dos veces desde muy cerca al presidente. Durante ocho días McKínley se mantuvo con vida y al principio se creyó que se recuperaría de las heridas, pero los disparos, en el pecho y el estómago, le acabaron provocando una gangrena mortal23. El asesino, que había sido detenido en el acto, fue sometido a duros interrogatorios. La policía hizo una exhaustiva investigación en su entorno familiar y laboral para determinar sí estaba loco, pero no pudo dictaminarse nada concluyente. Czolgosz aseguró con orgullo que era anarquista; que, lejos de arrepentirse, creía haber cumplido con un deber, y que había actuado completamente solo, que nadie le contrató ni le pagó ni le dijo que lo hiciera, aunque Emma Goldman le había servido de inspiración. Los periódicos publicaron la foto de Goldman y afirmaron que habían sido sus palabras las que habían decidido al asesino a cometer el atentado. La policía aseguró que el asesino tenía cómplices y que detrás del atentado había un «complot» clandestino internacional. En Europa, siempre que ocurría un atentado anarquista, tanto la prensa como los gobiernos fomentaban esa idea del complot internacional, que les servía para emprender con más facilidad la persecución contra los anarquistas y, en muchas ocasiones, contra miembros de la oposición que distaban mucho de ser anarquistas. En realidad, todo indica que el asesinato de McKinley fue un acto aislado cometido por un solo individuo. No obstante, se habló mucho de una conspiración y las sospechas gubernamentales llevaron inmediatamente a Chicago, una de las ciudades de Estados Unidos con más tradición anarquista, donde se detuvo a los anarquistas más significados, unos cincuenta. Al conocer la suerte de sus camaradas de Chicago y saber que estaba siendo buscada por más de doscientos policías, Goldman fue hasta allí dispuesta a dar la cara. Fue detenida e interrogada durante dos semanas pero, al no disponerse de pruebas sobre su complicidad, fue puesta en libertad. También se detuvo y se condenó a un año de cárcel a Johann Most que tuvo la mala suerte de publicar el día antes en su periódico un artículo a favor del tiranicidio que, al enterarse del asesinato del presidente, no pudo, aunque lo intentó, retirar de la circulación

 

21 Bresci afirmó que su acción era un acto reparador que vengaba los trágicos sucesos de Milán de mayo de 1898 tras los cuales el rey había condecorado al general Fiorenzo Bava Beccaris, comandante de la plaza y responsable de la brutal represión y masacre de muchos civiles inermes (80 muertos y 450 heridos), agradeciéndole los servicios prestados «a las instituciones y la ciudadanía». Bresci dijo también que había actuado solo y sin cómplices, pero resulta poco probable. Aunque no se sabe con certeza, muchos indicios apuntan a que tuvo ayuda. Desde luego, el incentivo logístico e ideológico lo encontró en Paterson, la capital del anarquismo italiano en Estados Unidos, donde trabó amistad con Malatesta y el grupo que editaba el famoso periódico anarquista La Questione Sociale. 22 Dos presidentes norteamericanos habían sido asesinados por disparos antes de McKínley, Abraham Lincoln (1865) y James A. Garfield (1881), en una época en que no existían aún medidas de seguridad en torno al presidente. 23 Fisher, Stolen Glory. The McKínley Assassination, 2001. El autor, médico de profesión, presta mucha atención a las decisiones tomadas por el equipo médico local de Buífalo que le operó de urgencia y que, cuando el presidente murió, fue muy criticado por parte de la prensa y de otros colegas médicos por una actuación que se juzgó errónea.

  1. La mayoría de los anarquistas, dada la psicología nerviosa y compulsiva de Czolgosz, lo consideraron un lunático sin un verdadero compromiso con el anarquismo y sin ninguna preparación anarquista sólida
  2. Era un hombre al que nadie en el movimiento anarquista conocía, aunque en alguna ocasión había hecho comentarios cuya ingenuidad había suscitado el recelo de algún camarada que había llegado a sospechar que fuese un espía. Incluso Alexander Berkman consideró que el atentado contra el presidente carecía de necesidad social y no podía ser entendido por las masas, utilizando el mismo argumento de Most para referirse al atentado del propio Berkman unos años antes.

 

  • Berkman escribió una autobiografía apasionante, titulada Memorias de un anarquista en prisió n 26, en la que muestra cómo con el paso del tiempo ha ido cambiando su compromiso con la violencia y su visión del terrorismo como instrumento político. Explicó que cuando decidió atentar contra Frick en 1892, no lo hizo pensando en él como hombre sino como símbolo de las fuerzas represivas del capitalismo, y él mismo, al llevar a cabo el atentado, no actuó como hombre, con sus propios sentimientos, sino como un instrumento de la causa revolucionaria. Pero en 1901, Berkman había cambiado de perspectiva y ya no compartía ese idealismo abstracto y frío en el que, tanto el que atenta como el que es objeto del atentado, son sólo símbolos y están privados de su individualidad y su humanidad. Seguía haciendo una distinción, muy típica por lo demás del anarquismo, entre el crimen y el asesinato político, y reivindicaba su propia tentativa de asesinato, quizá por la necesidad de creer que sus años en la cárcel no habían sido en vano, ya que aún seguía confinado en la penitenciaría del estado de Pensilvania, haciendo esfuerzos por sobrevivir física y mentalmente a las brutales y degradantes condiciones carcelarias.

 

  • aunque lo cierto es que no se circunscribe sólo y exclusivamente a las acciones violentas. Incluía también formas pacíficas que llevaban implícitas la desobediencia ante el poder, la negación de cualquier autoridad o el ejemplo de una actuación cotidiana que implicara la ruptura con las pautas de vida burguesa. Como ejemplos significativos podemos señalar: la oposición a incorporarse al servicio militar, el impago de alquileres o la celebración de nacimientos y defunciones civiles alejadas de cualquier ritual religioso que, en muchos casos, suponía un choque no sólo con las autoridades municipales y religiosas, sino también con la incomprensión del pueblo
  • En Jerez, el 8 de enero de 1892, varios centenares de campesinos ocuparon la ciudad a los gritos de ¡Viva la anarquía! ¡ Abajo la explotación! En la acción murieron dos paisanos de la localidad y un asaltante. Los detenidos denunciaron casos de tortura y la represión contra el movimiento obrero fue excepcional. Se detuvo a más de 3 00 personas, de las cuales cerca de 7 0 fueron juzgadas y 4 ejecutadas2.
  • Pallás reconocía que esta conversación le impresionó y que dejó en él dos ideas: «Una, que no hay héroes ni traidores, pues son hijos de las circunstancias. Otra, que la muerte de unos cuantos no debe influir en nada para dejar de llevar adelante una idea regeneradora si ésta se cree buena y justa».
  • Varias cuestiones se pueden señalar en el contenido de estas cartas que pueden ayudar a entender los móviles, ya no sólo de Pallás sino de otros anarquistas que actuaban de acuerdo a la versión violenta de la propaganda por el hecho. En primer lugar, la idea de que la sociedad estaba tan corrompida que sólo mediante su destrucción, lo que implicaba un gran «baño de sangre», sería posible construir algo nuevo y puro. Era necesario hacer desaparecer lo existente para que, cual ave Fénix, renaciera de sus cenizas una sociedad más justa e igualitaria. Este fin, por sí mismo y según su criterio, justificaba la realización de atentados. En segundo lugar, Pallás destacaba que atentó contra Martínez Campos por ser un pilar de esa sociedad «gangrenada». En el fondo, como él mismo señalaba, no atentaba contra el individuo, al que según sus palabras respetaba, sino al símbolo que encamaba en su doble papel de representante del Estado y militar, al ostentar el cargo de Capitán General de Cataluña. Por último, Pallás pertenecía al grupo de anarquistas que
  • estaban dispuestos a dar su vida por «la Idea». No pretendía escapar con vida tras la realización de su acción, más bien al contrario, aceptaba y hasta se puede decir que deseaba su muerte a modo de inmolación. Estos «mártires de la idea» ofrecían el sacrificio de sus vidas en pro de unos ideales, de

 

  • En definitiva, la instrucción del sumario y la vista presencial estuvieron repletas de irregularidades que deberían haber supuesto la anulación de todas las actuaciones y el inicio de un nuevo procedimiento, siempre que el objetivo del juicio hubiera sido impartir justicia y no fuera más importante —como opinaba el director del Diario d e B arcelona— acabar con el movimiento anarquista que identificar exactamente a los autores del terrible atentado78.
  • 78 Diario de Barcelona, 10 de enero de 1897, en Abelló (1992): 47-60.
  • abrogado
  • Cicerón, por ejemplo, escribió que matar a un tirano no era un crimen, sino la más noble de las acciones, y Plutarco trazó un retrato muy favorable de Bruto, el asesino de César. En el siglo XII Juan de Salisbury, obispo de Chartres, recurrió a ejemplos bíblicos para demostrar que estaba justificado el asesinato de un tirano que violara la ley de Dios. Sus argumentos influyeron más tarde en los escritos de algunos protestantes franceses, los llamados monarcómacos, el más destacado de los cuales fue Duplessis Mornay, autor de Vindiciae contra tyrannos (1579). Veinte años después, pero en el mismo contexto de las guerras de religión, el jesuíta español Juan de Mariana recurrió a precedentes tanto bíblicos como grecorromanos para justificar el asesinato a traición de un tirano, una tesis que contribuiría a la oscura reputación de que la Compañía de Jesús gozó durante siglos entre sus enemigos l.
  • un «terrorismo estratégico» que iba más allá de la propaganda por el hecho, pues pretendía favorecer un estallido revolucionario inmediato46.
  • Romero Maura, La Romana del diablo: ensayos sobre la violencia política en España, 1900-1950, Madrid, Marcial Pons, 2000.
  • Los grupos anarquistas solían tener en general un número de miembros reducido, y más reducidos solían ser los recursos económicos de que disponían. Habitualmente estaban compuestos por unas pocas personas en torno a un periódico; el núcleo lo constituían los individuos que formaban parte de la redacción de una publicación anarquista, normalmente un semanario. Los grupos, que recibían nombres alusivos a su ideario —Acción Libre, Idea y Acción, Sin Dios ni Patria, Agrupación Directa, Abajo la Tiranía, La Luz10..,— trataban de irradiar y propagar «la Idea» mediante la difusión de prensa anarquista, y organizando periódicamente viajes o giras de propaganda que consistían en dar conferencias y promover reuniones en los centros obreros. Sufragaban sus actividades y editaban sus publicaciones mediante colectas entre los simpatizantes para el beneficio de la causa. Era constante el contacto entre los diferentes grupos y el trasiego de anarquistas, que se movían de acá para allá, no sólo dentro de Europa, sobre todo entre España, Italia, Francia e Inglaterra, sino, cada vez más, cruzando el Océano hasta América (principalmente a los Estados Unidos, Cuba y Argentina). Los documentación sobre vigilancia de anarquistas existente en los archivos demuestra ese constante ir y venir de anarquistas de un lado a otro, bien en busca de trabajo, bien para conspirar, reunirse con correligionarios, o tratar de escapar al sentirse vigilados por la policía.
  • El libro fundamental sobre Ybor City y las fábricas de tabaco de Tampa es Mor- mino y Poz2etta, The Immigrant World ofYbor City. Italians and their Latin Neighbors in Tampa, 1885-1985, 1987. En 1900, Ybor City era conocida como la capital de cigarros del mundo. Su calidad llegó a considerarse superior a los de La Habana. Véase, también, Cooper, Once a CigarMaker. Men, Women and Work Culture in American Ci- gar Faetones, 1900-1919, 1987. 174 E l a se sin a t o d e C a n a l e ja s y l o s a n a r q u ist a s e s p a ñ o l e s … da era ideal para la fabricación de cigarros. Tampa era una comunidad multiétnica donde había sobre todo obreros cubanos, españoles e italianos (fundamentalmente sicilianos) que trabajaban en las múltiples fábricas de cigarros, la mayoría de ellos con una fuerte militancia socialista o anarquista. Existía la tradición de los «lectores» que leían en alto a los torcedores capítulos de libros y noticias de periódicos, muchos de ellos radicales, mientras éstos enrollaban y cortaban los puros a mano. Los obreros tabaqueros elegían a los lectores y las lecturas, y les pagaban sus honorarios mediante colectas que se realizaban los domingos. Eran habituales las lecturas de textos de Marx, Kropotkin, Bakunin, Malatesta, así como de periódicos anarquistas, como Tierra y Libertad de Barcelona, o El Despertar que se publicaba en Key West. Los lectores eran objeto de un respeto reverencial, los obreros discutían luego lo que habían oído en la fábrica con sus familias, y de esta forma iba ampliándose su conciencia de clase. Los obreros de Tampa, la mayoría inmigrantes, crearon sus clubes de debate, como el Centro Español o L’Unione italiana, así como cooperativas, sociedades de ayuda mutua, imprentas donde se editaban periódicos y panfletos… Era un mundo de obreros revolucionarios, con una fuerte tradición de agitación.
  • Pedro Esteve

¿QUÉ ES EL NIHILISMO?

  • El punto de partida casi inevitable para delimitar intelectual o filosóficamente el nihilismo es la famosa referencia de Jacobi de 1799 en su Carta a Fíchte, primera alusión explícita al concepto que tanto juego daría en los dos siglos siguientes. El nihilismo era para Jacobi la deriva filosófica subsiguiente al idealismo trascendental kantiano, en la medida en que se destruye la certeza tradicional sobre la realidad del mundo y con ello termina haciéndose superflua la existencia de un Dios —garantía del orden moral. En efecto, la realidad, antes consistente por sí misma, se convierte en una construcción del yo, mero artificio de aquella «subjetividad trascendental» que postulaba el pensador prusiano. El problema entonces es que quien «crea» el mundo no es ya Dios sino la razón humana, que no tiene por qué reconocer ninguna realidad ajena a sí misma. Aunque el preceptor de Kónigsberg no se atreviera a dar más pasos hacia el abismo, las consecuencias eran inevitables, del idealismo trascendental al idealismo absoluto de Hegel y sus afines. De este modo, al negar el mundo en sí, el hombre se encuentra ante el precipicio del nihilismo: al fin y al cabo, no queda nada más allá de la razón * Doctor en Historia. Profesor de Filosofía.
  • porque, lejos de ser todo resultado de un Dios creador, es el mismo Ser Supremo quien se ha convertido, junto con el mundo pretendidamente «objetivo», en una mera creación del hombre. Tras una primera recreación del concepto en algunos artistas e intelectuales del romanticismo germano, es sin duda Nietzsche el pensador que da un impulso decisivo al término, al asignarle un lugar privilegiado en su concepción filosófica2. ¿Qué significa el nihilismo para el iconoclasta alemán? El mismo se encarga de explicitarlo meridianamente: que los valores supremos (la verdad, el bien, Dios…) dejan de tener vigencia. Toda la metafísica occidental desde Platón se nos viene abajo. Por decirlo en términos todavía más sintéticos, es la «muerte de Dios» a manos del hombre. Pero el nihilismo, Jano contemporáneo, tiene dos caras, y además de esa faceta negativa o destructiva, presenta una faz distinta que es todo lo contrario del lamento o la pasividad: es acción, es fuerza, es pasión incontenible. Como no hay nada dado de antemano, ni siquiera una realidad previamente establecida, todo depende del individuo que se atreva a desarrollar su capacidad creadora. Ello implica la ruptura absoluta con los lazos del pasado. Ruptura por ejemplo con la concepción lineal (cristiana) del tiempo, sustituida por un eterno retorno que significa decir sí a este mundo sin esperar salvación alguna, sin ningún tipo de trascendencia, fundiéndonos con la tierra, con lo contingente, con la única vida que realmente existe. Y ello implica, por otra parte, que se desemboque en un nuevo tipo de actitud humana, la representada por el Superhombre, el ser que se atreve a romper con las falsas certezas y con las creencias consoladoras para instaurar unos nuevos valores. Dicho más claramente aún, para colocarse más allá del bien y del mal, de la absurda contraposición entre la verdad y la mentira que hasta ahora ha encadenado a los espíritus débiles. Por expresarlo con la claridad que lo hace D. Sánchez Meca, no habría límites morales para la singularidad individual: «Si el bien y el mal no funcionan ya como principios en sí, si todo comportamiento humano es expresión de una voluntad de poder, ¡ qué más da entonces que esa voluntad se exprese en el ejercicio del bien o en ejercicio del mal! A un criminal no se le podría exigir 2 Sobre la lectura nietzscheana de Kant y Schopenhauer, véase Ferrarís, Nietzsche y el nihilismo, 2000, pp. 29-37. 190 L a INFLUENCIA NIHILISTA EN EL ANARQUISMO ESPAÑOL que reformase su conducta para adaptarse a la norma de una economía pulsional mediocre y rebañizada»3.
  • el nihilismo no se solaza en la mera negación, como sí ocurre con el decadentismo de la época, el más característico «mal del siglo». Ya en Nietzsche, como hemos reiteradamente señalado, es pasión, vigor, impulso creador. De ahí que, trasladado al ámbito sociopolítico, el nihilismo resulte, desde entonces hasta hoy, inseparable de la violencia, pues el nihilista trata de cambiar aquello que no le gusta y, a tono con la radicalidad de su análisis y sus objetivos, no duda en acudir a los métodos más contundentes o expeditivos9.
  • Como dice Paul Avrich, a pesar de su influencia indudable en la acracia rusa, el nihilismo no es propiamente anarquismo. El «más dramático discípulo de Bakunin dentro de Rusia», Necháiev (1847-1882), «era más un apóstol de la dictadura revolucionaria que un anarquista genuino, mucho más preocupado por los medios de conspiración y terrorismo que por los excelsos objetivos de la sociedad sin Estado». Resulta innegable sin embargo que todos estos movimientos irracionales y violentos dejaron su huella en el anarquismo, en especial en un país como Rusia, sometido a uno de los despotismos más feroces del momento. La desesperación no ayuda precisamente a proponer fórmulas graduales de mejora.
  • 15 Un relato novelado, escrito en primera persona por un tal Antón Préhznev, narra de modo dramático cómo se hizo nihilista como respuesta a la brutalidad represiva del zarismo. Le Queux, Los nihilistas rusos. Memorias de un miembro del comité ejecutivo, 1919.
  • una cierta fascinación del mal, la atracción del torbellino violento. Un halo romántico, un destino trágico parece que acompaña al nihilista como si fuera su inseparable sombra: «la era del nihilismo sanguinario, en ese país apasionado e idealista, la abre una mujer, la Carlota Corday del nihilismo: Vera Zasulitch».
  • Hay unanimidad en este sentido en atribuir su popularización a Turguéniev, aunque el concepto fuera empleado por autores anteriores como Royer Collard, Víctor Hugo y De Maistre. Recordemos el famoso pasaje de Padres e hijos donde se presenta al nihilista Bazárov: —N ihilista—balbució Nikolai— . Eso viene del latín nihil, «nada», por cuanto puedo juzgar; entonces, esta palabra define a un hombre que… ¿que no reconoce nada? —Di mejor: que no respeta nada —se apresuró a decir Pável […] —Que lo considera todo desde el punto de vista crítico —puntualizó Ar- kadi. — ¿Y no es lo mismo? —preguntó Pavel Pietróvich. —No, no es lo mismo. El nihilista es un hombre que no se doblega ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe, por grande que sea el respeto que se dé a este principio20. Es verdad que el personaje que dibuja Turguéniev es más un teórico que un hombre volcado a la acción, pero lo esencial está ya puesto sobre la mesa. El paso siguiente es el más fácil de dar. Es interesante tener en cuenta que la novela se publicó originalmente en 1862
  • desembocadura ganivetiana en la nada más absoluta: «Yo pongo el centro en el espíritu. ¿Qué soy? Nada. ¿Qué apetezco? Nada. ¿Qué represento? Nada. ¿Qué poseo? Nada. Ahora estoy en camino de ser un verdadero hombre»32.
  • Además, las cosas son más complejas porque las concomitancias con una sensibilidad nihilista no procedían exactamente de una influencia concreta y detectable de éste u otro autor, sino que eran el resultado de la coincidencia en un determinado estado de ánimo. Un juego de espejos, podríamos decir y no una relación de influjo, seguimiento o imitación. En palabras de un fino analista del ambiente de la España finisecular, «las poses de la juventud decadente asumían las formas de la sensibilidad dolorosa de los místicos. Como ellos, hallaban un voluptuoso placer en el sufrimiento, y su hambruna y sus padecimientos bohemios —verdadera “noche del sentido”— venían acompañados de la no menos oscura “noche del espíritu”, pródigas ambas en dolorosas sintomatologías, en tanto que los lejanos resplandores del Ideal les cegaban con su luz inalcanzable»54.
  • De ahí que no haya tanta distancia entre actitudes aparentemente desconectadas como la müitancia violenta y la bohemia finisecular, pues ambas nacían de un hontanar común: en lo más obvio, el rechazo visceral (no sólo intelectual) de la sociedad burguesa y del conformismo; en último extremo, una impaciencia que llevaba a cortar aparatosamente amarras con lo establecido, a automarginarse y, en ocasiones, hasta vivir peligrosamente, como nuevos héroes románticos35.
  • 34 Calvo, La cara oculta del 98. Místicos e intelectuales en la España delfín del siglo (1895-1902), 1998, p. 188. 35 Núñez Florencio, «Otra vertiente del 98: la bohemia finisecular», Tiempo y Tierra, núm. 5,1997, pp. 141-154.
  • Baroja es su atracción por el mismo fondo del asunto. Uno de sus primeros relatos, significativamente titulado «Nihil» es
  • «No quiero derechos, ni preeminencias, ni placeres. Quiero un ideal adonde dirigir mis ojos turbios por la tristeza; un ideal en donde pueda descansar mi alma herida y fatigada por las impurezas de la vida.»
  • la narración autobiográfica de Vera Figner — Rusia en las tinieblas (Memorias de una nihilista)— contiene
  • 45 Remito simplemente, para una visión resumida, a mi artículo: «El terrorismo en España hace un siglo», Claves de razón práctica, núm. 82, mayo de 1998, pp. 52-58.
  • lo que debía servir de chispa para un pavoroso incendio, quedó en mero fuego de artificio
  • Martínez Fiol y Tavera, «Corporativismo y revolución: los límites de las utopías proletarias en Cataluña (1936- 1939)», 1998.
  • incorporando al mutual! sm o proudhoniano y al colectivismo bakuninista originarios, el anarcocomunismo kropotkiano, las justificaciones italianas de la propaganda por el hecho y, llegado el siglo XX, el individualismo y el sindicalismo, ambos de origen fundamentalmente francés, así como un larguísimo etcétera en el que destacan Malatesta y otros anarquistas europeos7.
  • Cronológicamente, la violencia del anarquismo español superó, pues, los estrictos límites de la propaganda por el hecho. Con posterioridad a este período, hubo en Cataluña otros ciclos en los que su
  • utilización se intensificó, introduciendo significativos y evidentes cambios: en los primeros años del siglo y hasta 1909, el agotamiento de la violencia popular espontánea de características decimonónicas en, por ejemplo, la Semana Trágica barcelonesa; en los anos 1918- 1923, la introducción de la «violencia sindical»; y, en 1931-1936, la de la «violencia insurreccional» antirrepublicana. Cabe señalar que, situando el inicio del segundo ciclo, el la «violencia sindical», en 1918 y no en 1919, como de hecho se acostumbra, pretendo superar los límites estrictos de quan mataven pels carrers y de cuando la violencia era, por tanto, un patrimonio cruzado de sectores patronales, sindicales y policiales. La intención está en asumir que la intimidación sindical fue ampliamente utilizada tras el Congreso de Sants de 1918 en el proceso de refundación, implantación y consolidación de los Sindicatos Unicos de la CNT catalana10. Tal intimidación era, en definitiva, expresión de la voluntad de transformarse en la primera organización de masas de la historia de Cataluña o, incluso, de España; pero, también, de aprovechar la crisis del sistema canovista para avanzar en la construcción de una sociedad corporativa y síndicalizada. No todo era, pues, que los Sindicatos Unicos les plantaran cara a los patronos mediante la acción directa para llegar a ser reconocidos como una fuerza activa en el mercado de trabajo y en las relaciones so- ciolaborales u. Como anarquistas o anarcosindicalistas, los dirigentes de la CNT catalana también aspiraban a sustituir el conjunto del orden social por otro de inspiración obrerista, no democrático y gestionado por los sindicatos de trabajadores, fueran estos obreros manuales o campesinos, ya que todos ellos estaban ampliamente representados entonces en la Regional catalana12. De ahí, arranca la visión que esta
  • blece cierta relación entre Sindicatos Únicos y las closed shops, por más que tal conexión nunca fuera aceptada por los anarquistas.
  • 14 «Destruido el capitalismo y el estado, conseguida por el pueblo la posesión de los medios de producción, intercambio y transporte, el problema más grande, puede que el único problema, sea el de organizar la producción y la distribución; y esto pueden hacerlo mejor las organizaciones sindicales que los partidos, por más que algunos se autodenominen partidos de clase». Peiró, Escrits, 1917-1939, 1975.
  • en enero de 1933, en pleno proceso insurreccional, las regionales de la CNT cubrían la totalidad del territorio español:
  • Diluida quedaría, sin embargo, en las fuentes anarquistas, la relación entre el insurreccíonaiismo anarquista de los años 1932-1933, y la aguda crisis de efectivos sufrida por la CNT en los años 1932-1936. Muy retóricamente se refirió a ella Federica Montseny poco después del segundo levantamiento insurreccional de diciembre de 1933. Según ella, se trataba de consecuencias no deseadas: «los que siempre hemos formado las guerrillas de la Confederación Nacional del Traba 44 Peirats (1973-1974), libro cuarto. 45 lbid. 236 L a o t r a c a s a d e l a s o l id a r id a d .., jo, los que la hemos alimentado con nuestra sangre, ofreciendo nuestras cabezas al sacrificio y nuestras vidas a las cárceles y a los presidios, nos hemos quedado también solos para defenderla y para intentar traducir en hechos los principios confederales»46. Tanta retórica no puede ocultar, sin embargo, su gravedad y alcance. Una de las primeras consecuencias del pleito interno sostenido por sindicalistas moderados y anarquistas radicales en el marco de la regional catalana de la CNT fue el desplazamiento de los llamados «trentistas», y luego su posterior expulsión, así como la de todos aquellos sindicatos y federaciones locales que les habían dado apoyo. Unos fueron a parar a los Sindicatos de Oposición Confederal liderados por la Federación Sindicalista Libertaria que encabezaban Peiró y Pestaña, entre otros47. Otros militantes cenetistas se diseminaron entre otras ofertas sindicales catalanas y, especialmente, los obreros no manuales fueron a parar a la Federación Obrera de Unidad Sindical y a la UGT, que en 1936 iniciaría una expansión sin precedentes en la historia del sindicalismo catalán más reciente43. Y, por supuesto, puede que algunos se perdieran por el camino49. Pero, fuera el que fuera el destino de los trabajadores, lo cierto es que los Sindicatos Únicos de la CNT catalana perdieron un importante volumen de afiliación obrera, pudiendo comprobarse nuevamente la tendencia histórica manifestada por los trabajadores catalanes hacia las organizaciones que estaban o no en condiciones de defender sus intereses corporativos50.
  • Por ello y contra las previsiones anarquistas más optimistas, el coste del insurreccionalismo fue extraordinariamente alto para los Sindicatos Unicos de la CNT. Las posibilidades reales de organización obrera y defensa corporativa retrocedieron al mismo ritmo que se afianzaba una violencia insurreccional que contaba, como hemos visto, con una clara dimensión sindical51. A principios de 1935, tras la insurrección de Asturias, ni tan siquiera la represión generalizada permitía ocultar las auténticas dimensiones de la crisis confederal: el 95 % de los Sindicatos Unicos de toda España estaban cerrados y una vez reabiertos, en la primavera de 1936, la CNT catalana no conseguía superar las cifras de marzo de 1933. Contaba sólo con 136.163 adherentes, distribuidos mayoritariamente por tres comarcas principalmente industriales, cuando en 1919 ocupaban de manera más o menos regular la totalidad de los espacios, incluso los principalmente agrarios; había perdido el 50% de la afiliación de 1931, las dos terceras partes de la de 1919 y su presencia era menor en el conjunto de la geografía catalana52.
  • Sin que neguemos la evidente incidencia que sobre el funcionamiento sindical y la resolución de los conflictos planteados tuvo la crisis económica de los años treinta, preferimos insistir aquí sobre la evidente relación causal que ligó el insurreccionalismo político al retroceso de la afiliación sindical53.
  • Joaquín Romero Maura hace más de tres décadas en un trabajo que ha sido recientemente reeditado54. Este historiador planteaba entonces una «explicación hipotética» de las causas que le habían permitido a la CNT transformarse en una verdadera «organización de masas» y, a continuación, de las que la habían mantenido alejada e indemne respecto a posibles inoculaciones del «reformismo socialdemócrata o, alternativamente comunista»55. La respuesta se centraba en diversos momentos y, en el caso de los años republicanos, subrayaba la fuerza que había dado a la solidaridad la «lógica de la máxima dramatiza- ción» protagonizada por los Comités Pro-Presos de la CNT56. En movimientos que se caracterizaban por constituir tina potente subcultura «el obrerismo [se transformaba así] no sólo en un slogan sino en una realidad» potenciada por la «comunicación interpersonal no sólo entre los líderes sino también entre éstos y los obreros que constituían el rank and file de los sindicatos57. Los argumentos derivados de la caracterización del movimiento anarquista como una subcultura fueron presentados como una reflexión derivada de importantes estudios criminológicos5S. Estos han cedido hoy ante las reflexiones que entroncan con estudios psicológicos o psicoterapéuticos y, en concreto, Ucelay-Da Cal ha establecido la directa relación entre las tradicionales formas de sociabilidad regional catalana (la peña y la cuadrilla) y los «grupos de afinidad» que han estructurado históricamente la implantación y movilización de los ácratas: el «grupo», más o menos abierto y a menudo dividido en subgrupos, ha potenciado la rica y heterogénea diversidad de fórmulas propias del movimiento libertario. Los grupos podían de hecho establecerse en cafés, ateneos o sindicatos, trasladarse además de unos a otros, adoptar en solitario o en alianza con otros grupos las funciones de comités sindicales, y, por último, constituirse en 54 Romero Maura (2000). 33 Ibid., pp. 85,104. 56 Ibid., pp. 101-103. 57 Romero (1970:457-458 y 472). 58 Ibid., p. 473. Del mismo autor, aunque refiriéndose a grupos republicanos radicales (1995): 448, núm. 393-394. 239 E l n a c im ie n t o d e l t e r r o r ism o en O ccid e n te función de perfiles tan diferenciados como la acción, en el caso de los «grupos específicos», la práctica del naturismo, o el aprendizaje de destrezas neomalthusiasnas y esperantistas en el de los de afinidad cultural59. Plantear la naturaleza «grupal» del movimiento ácrata es, de hecho, colocar la reflexión en un modelo dinámico que analiza el funcionamiento y los mecanismos reales de la afinidad, y no sus razones o fundamentos ideológicos60.
  • 61 Tavera y Ucelay-Da Cal, Amigos anarquistas, amigos periodistas: la prensa libertaria como sucedáneo departido, 1930-1939, 2002, mecanografiado.

Tavera, Susanna y Ucelay-Da Cal, Enríe «Grupos de afinidad, disciplina bélica y periodismo libertario, 1936-1938», Historia Contemporánea núm. 9, 1993, pp. 167-190. El insurreccionalismo y sus consecuencias en Ucelay-Da Cal, Enríe y Tavera, Susanna «Una revolución dentro de otra: la lógica insurreccional en la política española, 1924-1934», Ayer; núm. 13, 1994,

 

 

 

– Subrayado en la página 8 | Pos. 115-17  | Añadido el miércoles 30 de marzo de 2016 18H24′ GMT+02:00

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