Antonio Orejudo. Ventajas de viajar en tren

 

  • Todos los esquizofrénicos acaban estrellándose contra su propio pensamiento.
  • Los cambios se habían ido produciendo tan poquito a poco, que no me di cuenta de que me había convertido en una perra; que había cedido un terreno que no iba a recuperar jamás, y que difícilmente volvería a ser una persona. Eso sucede muchas veces en la vida, sobre todo si no haces nada al principio.

  • la personalidad no es otra cosa que lo que nos cuentan de alguien, lo que alguien nos cuenta de sí mismo, lo que nosotros nos contamos de alguien o lo que nosotros nos contamos de nosotros.
  • Lo que hacemos, lo que sentimos, lo que experimentamos es simplemente un impulso electromecánico que sólo adquiere sentido cuando lo contamos.
  • distimias alegres y depresivas
  • Él está orgulloso de la humanidad, del hombre, y considera que la locura es el refugio del individuo frente a la alienación social. Esta idea, que afortunadamente ya ha pasado de moda, ha sido catastrófica. Catastrófica no sólo para los enfermos, sino para la filosofía de la disciplina psiquiátrica. ¿Ha oído hablar de la antipsiquiatría? La antipsiquiatría fue un movimiento que negaba la esquizofrenia. Negaba la esquizofrenia y cualquier otro trastorno de la personalidad. La antipsiquiatría negaba la enfermedad mental. Durante los años en los que se nos obligó, sí, digo bien, se nos obligó a aplicar sus principios, el número de enfermos disminuyó. Claro; los soltábamos a todos. No había enfermos, sólo alienados.
  • y no quiso nunca que su trabajo se confundiese con la caridad, que de todos los egoísmos, solía repetir, es el más perverso porque se disfraza de altruismo y generosidad.
  • y en ninguno de esos cambios encuentra el estado literario de la felicidad, sino que topa siempre con su propia melancolía.
  • —Vaya, parece que me he equivocado con usted también; bueno es saber que el examen de la mierda no es perfecto; la soberbia de sus certezas, don Ángel, le impide escuchar a la gente, como a casi todo el mundo. Le digo: —Venga, vale, no me río más. Dice: —¿Va a tener usted la humildad suficiente para escucharme por lo menos? Digo: —Te lo prometo. Dice: —A ver si es verdad.
  • piensa que los dilemas morales a la hora de ganar dinero son las trampas que la burguesía coloca en el camino de los escritores con la esperanza de que caigan en ellas y sigan siendo pobres y espirituales hay que negarse a colaborar en la construcción de ese espejismo Ander de ese implante que necesitan los poderosos para no sentir vértigo cuando se miran al espejo y ven que son lo que son en realidad: pedazos de carne putrefacta ávida del dinero que tú rechazas.
  • Adinamia
  • ¿Qué puedo decir? La vida real pareció mucho más monótona, monocorde e insustancial que esa otra vida que reflejaba la literatura. Eso es lo que dicen los escritores, ¿no? Pues es verdad.
  • Una vez allí, ella me ayudó solícita a quitarme la ortopedia de mis brazos y mis piernas. Sin ellas me sentía mucho más desnudo que desnudo y, además, inútil, desestructurado como una babosa postmoderna, casi líquido.
  • A todos nos han hipnotizado para identificar el amor con el verdadero amor, con la pasión, con un sentimiento que te lleva a la muerte y a la vida, al frío y al calor, al placer y al dolor. En ningún lugar había leído, ni nadie me había dicho, escritor en prosa o en verso, que aquello que yo acabé sintiendo por Rosita mientras me cuidaba, mientras la veía entrar y salir renqueante, balanceándose de un lado para otro, y que sólo ahora reconozco, era, no también, sino únicamente, el verdadero amor. Yo esperaba estremecerme, agitarme con espasmos interiores, sudar, sufrir, debatirme y sentirme pleno y simultáneamente vacío. Todo eso. Y como no sentí nada de lo que sienten los enamorados de la ficción, sino un cariño fundado, una difusa ternura, un estado de ánimo más cercano a la melancolía que a la vesania, entonces, me dije, tú no sientes amor, Gárate, sino piedad. Y cuando Rosita me pidió que me acostara con ella, yo, que me había prometido a mí mismo hacerlo por primera vez sólo con quien me hiciera sentir lo que he mencionado más arriba, le dije que no. Tranquilos, le dije que no, pero al final acabamos haciéndolo.

– Subrayado en la página 3 | Pos. 35-36  | Añadido el martes 5 de julio de 2016 02H52′ GMT+02:00

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