Mary W. Shelley, Frankenstein

 

  • Para mí el mundo era un secreto que anhelaba descubrir, para ella era un vacío que se afanaba por poblar
  • ¡Ay, Víctor! Cuando la mentira se parece tanto a la verdad, ¿quién puede creer en la felicidad?anatomy3
  •  el que el sufrimiento es más una costumbre que una necesidad
  • No creo que la búsqueda del saber sea una excepción. Si el estudio al que te consagras tiende a debilitar tu afecto y a destruir esos placeres sencillos en los cuales no debe intervenir aleación alguna, entonces ese estudio es inevitablemente negativo, es decir, impropio de la mente humana. Si se acatara siempre esta regla, si nadie permitiera que nada en absoluto empañara su felicidad doméstica, Grecia no se habría esclavizado, César habría protegido a su país, América se habría descubierto más pausadamente y no se hubieran destruido los imperios de México y Perú.

  • While my companion contemplated with a serious and satisfied spirit the magnificent appearances of things, I delighted in investigating their causes. The world was to me a secret which I desired to divine.
  • la amargura del dolor no comienza hasta que el transcurso del tiempo demuestra la realidad de la pérdida.
  • Se me pedía que trocara quimeras de infinita grandeza por realidades de escaso valor.
  • al fatuo hombrecillo pronunciando sentencias desde la cátedra,
  • «¡Queridas montañas! ¡Mi hermoso lago! ¿Cómo recibís al caminante? Vuestras cimas centellean, el lago y el cielo son azules… ¿Es esto una promesa de paz o es una burla a mi desgracia?»
  • Todos los jueces prefieren condenar a diez inocentes antes de que se escape un culpable.
  • y la certeza que nos privan tanto del miedo como de la esperanza.
  • Antes consideraba los relatos de maldad e injusticia, de los cuales oía hablar o sobre los que leía en los libros, como historias de tiempos pasados o como fantasías; al menos, estaban muy alejados y pertenecían más a la razón que a la imaginación; pero ahora el dolor se cierne sobre nuestra casa, y los hombres me parecen monstruos sedientos de sangre.
  • Yo era el causante si bien no el autor.
  • ¿Por qué presume el hombre de una sensibilidad mayor a la de las bestias cuando esto sólo consigue convertirlos en seres más necesitados? Si nuestros instintos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres. Pero nos conmueve cada viento que sopla, cada palabra al azar, cada imagen que esa misma palabra nos evoca.
  • ¿Acaso no he sufrido bastante que buscáis aumentar mi miseria? Amo la vida, aunque sólo sea una sucesión de angustias, y la defenderé.
  • en la investigación científica siempre hay materia por descubrir y de la cual asombrarse.
  • Aprenda de mí, si no por mis advertencias, sí al menos por mi ejemplo,
  • cuánto más feliz es el hombre que considera su ciudad natal el centro del universo,
  • Yo sugiero que se haga granjero; ya sabes, primo, que esto ha sido un sueño que siempre ha acariciado. La vida del granjero es sana y feliz y es la profesión menos dañina, mejor dicho, más beneficiosa de todas. Mi tío pensaba en la abogacía para que, con su influencia, pudiera luego hacerse juez. Pero, aparte de que no está capacitado para ello en absoluto, creo que es más honroso cultivar la tierra para sustento de la humanidad que ser el confidente e incluso el cómplice de sus vicios, que es la tarea del abogado.
  • Distinguía otras palabras, que ni entendía ni podía emplear, tales como bueno, querido, triste.
    No así Félix. Siempre era el más triste del grupo; e incluso yo, con mi inexperiencia, me daba cuenta de que parecía haber sufrido más que los otros. Pero si sus facciones reflejaban mayor tristeza, su tono de voz era más alegre que el de su hermana, en especial cuando se dirigía a su padre.
  • Pero mi sometimiento no será el del abatido esclavo. Me vengaré de mis sufrimientos; si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo; y especialmente a ti, mi supremo enemigo, por ser mi creador, te juro odio eterno. Ten cuidado: me dedicaré por entero a la labor de destruirte, y no cejaré hasta que te seque el corazón, y maldigas la hora en que naciste.
  • —Tengo la intención de razonar contigo. Esta rabia me es perjudicial, pues tú no entiendes que eres el culpable. Si alguien tuviera para conmigo sentimientos de benevolencia, yo se los devolvería centuplicados; conque existiera este único ser, sería capaz de hacer una tregua con toda la humanidad. Pero ahora me recreo soñando dichas imposibles.
  • —Tengo la intención de razonar contigo. Esta rabia me es perjudicial, pues tú no entiendes que eres el culpable. Si alguien tuviera para conmigo sentimientos de benevolencia, yo se los devolvería centuplicados; conque existiera este único ser, sería capaz de hacer una tregua con toda la humanidad. Pero ahora me recreo soñando dichas imposibles. Lo que te pido es razonable y justo; te exijo una criatura del otro sexo, tan horripilante como yo[72]: es un consuelo bien pequeño, pero no puedo pedir más, y con eso me conformo. Cierto es que seremos monstruos, aislados del resto del mundo, pero eso precisamente nos hará estar más unidos el uno al otro. Nuestra existencia no será feliz, pero sí inofensiva, y se hallará exenta del sufrimiento que ahora padezco. ¡Creador mío!, hazme feliz; dame la oportunidad de tener que agradecer un acto bueno para conmigo; déjame comprobar que inspiro la simpatía de algún ser humano; no me niegues lo que te pido.
  • Si no estoy ligado a nadie ni amo a nadie, el vicio y el crimen deberán ser, forzosamente, mi objetivo.
  • No obstante, poco a poco, estos sentimientos se fueron calmando. De nuevo me incorporé a la vida cotidiana, si no con interés, sí al menos con cierto grado de tranquilidad.
  • [72] Ante la pregunta de por qué, si Víctor es el brillante científico que se nos ha presentado, no remodela las horrendas facciones de la criatura, hay una respuesta clara: la fealdad de la criatura es la base psicológica sobre la que descansa la obra. En primer lugar, es la metáfora para el aislamiento de la criatura, y, en segundo lugar, es una pista sobre el origen de sus desgracias: nació en «un laboratorio de repulsiva creación».
  • Él respondía vivamente ante cualquier paraje nuevo; se emocionaba con las hermosas puestas de sol, y aún más con el amanecer cuando se estrenaba un nuevo día; me señalaba los cambios de colorido en el paisaje y el aspecto del cielo. —¡Esto es lo que yo llamo vivir! —exclamaba—. ¡Cómo me gusta existir! ¿Pero por qué estás tú, querido Frankenstein, tan apenado y abatido?
  • no soy más que un árbol destrozado[88], corroído hasta la médula, y ya entonces presentí que sobreviviría hasta convertirme en lo que pronto dejaré de ser: una miserable ruina humana, objeto de compasión para los demás y de repugnancia para mí mismo.
  • Pero descubrió que la vida de un viajero incluye muchos pesares entre sus satisfacciones. El espíritu se encuentra siempre en tensión; y justo cuando empieza a aclimatarse, se ve obligado a cambiar aquello que le interesa por nuevas cosas que atraen su atención y que también abandonará en favor de otras novedades.
  • Tú eres mi creador, pero yo soy tu dueño: ¡obedece!
  • —La hora de mi debilidad ha pasado, y con ella la de tu poder. Tus amenazas no me obligarán a cometer tamaña equivocación;
  • —¿Y cuál será la muerte que ponga fin a esta tragedia? —grité—. Padre, no permanezcamos más tiempo en este horrible país; llévame donde pueda olvidarme de mí mismo, de mi propia existencia, del mundo entero.
  • Mediante la más atroz represión, acallé la imperiosa voz de la amargura, que a veces ansiaba confiarse al mundo entero.
  • —¡Mortal! —exclamé—, está endiosado con su sabiduría, mas cuánta ignorancia demuestra. ¡Calle!; no sabe lo que dice.
  • —¡Estoy satisfecho, miserable criatura! Has decidido vivir, y eso me satisface.
  • «Mi reinado aún no ha acabado —estas eran las palabras que se leían en una de las inscripciones—; sigues viviendo y mi poder es total. Sígueme; voy hacia el norte en busca de las nieves eternas, donde padecerás el tormento del frío y el hielo al que yo soy insensible. Si me sigues de cerca, encontrarás no lejos de aquí una liebre muerta; come y recupérate. ¡Adelante, enemigo!; aún nos queda luchar por nuestra vida; pero hasta entonces te esperan largas horas de sufrimiento.»
  • Parece tener conocimiento de su propia valía, y de la magnitud de su ruina.
  • En verdad que para esto no se hubieran requerido tantos preparativos; no teníais por qué haberos aventurado hasta aquí, ni hacer pasar a vuestro capitán por la vergüenza del fracaso, para demostrar que sois unos cobardes. ¡Sed hombres!, ¡sed más que hombres! Sed fieles a vuestros propósitos, firmes como las rocas. Este hielo no está hecho del mismo material del que podrían estar hechos vuestros corazones; es vulnerable, no puede venceros si os empeñáis en que no lo haga. No volváis a vuestras familias con la frente marcada por el estigma de la vergüenza. Regresad como héroes que lucharon y vencieron y que desconocen lo que es darle la espalda a su enemigo.
  • —¡Miserable! —grité—, ¿ahora vienes a lamentarte de la desolación que has creado? Lanzas una antorcha encendida en medio de los edificios y, cuando han ardido, te sientas a llorar entre las ruinas. ¡Engendro hipócrita!, si aún viviera éste a quien lloras, volvería a ser el objeto de tu maldita venganza. ¡No es pena lo que sientes!; sólo gimes porque la víctima de tu maldad escapó ya a tu poder.
  • es así; el ángel caído se convierte en pérfido demonio.
  • Pues, aunque destruía sus esperanzas, no por ello satisfacía mis propios deseos, que seguían ardientes e insatisfechos.

    Subrayado en la página 22 | Pos. 336-37  | Añadido el martes 29 de marzo de 2016 23H40′ GMT+02:00

     

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