Amin Maalouf: Samarcanda

 

  • ¡Qué solo estabas, Jayyám, junto a tu amada! Ahora que se ha ido, podrás refugiarte en ella.
  • «¡Mi árbol genealógico sería, pues, derribado para construir una balsa de fugitivos!»

  • Dime ¿qué hombre no ha transgredido jamás tu Ley? Dime ¿qué placer tiene una vida sin pecado? Si castigas con el mal el mal que te he hecho, Dime ¿cuál es la diferencia entre Tú y yo? Omar Jayyám
  • ¡Olvidarse en la contemplación, nombrar una a una las estrellas,
  • Remeda una profunda zalema.
  • «No odiaré esta ciudad. Aunque mi bañista sólo sea un espejismo. Aunque la realidad tenga el rostro del de la cicatriz. Aunque esta noche fuera para mi la última».
  • emasculado,
  • —Omar, hijo de Ibrahim, fabricante de tiendas de Nisapur, ¿sabes reconocer a un amigo?
  • —No soy de aquellos cuya fe sólo es terror al juicio, cuya oración sólo es prosternación.
  • —¿Tendré que esperar a ser viejo para expresar lo que pienso? —El día en que puedas expresar todo lo que piensas, los descendientes de tus descendientes habrán tenido tiempo de envejecer. Estamos en la edad del secreto y del miedo, debes tener dos caras y mostrar una de ellas a la multitud y la otra a ti mismo y a tu Creador. Si quieres conservar tus ojos, tus oídos y tu lengua, olvida que tienes ojos, oídos y lengua.
  • —Muchas ciudades pretenden ser las más hospitalarias de todas las tierras del Islam, pero sólo los habitantes de Samarcanda merecen semejante título. Que yo sepa, jamás ningún viajero ha tenido que pagar para alojarse o alimentarse, y conozco a familias enteras que se han arruinado para honrar a los visitantes o a los necesitados. Sin embargo, nunca las oirás enorgullecerse y vanagloriarse por ello. Como has podido observar, en esta ciudad hay más de dos mil fuentes colocadas en cada esquina de una calle, hechas de barro cocido, cobre o porcelana y constantemente llenas de agua fresca para apagar la sed de los transeúntes. Todas ellas han sido regaladas por los habitantes de Samarcanda. ¿Crees que algún hombre grabaría allí su nombre para granjearse el agradecimiento de alguien?
  • Nuestra fe se ve acosada por todas partes: por los karmates de Bahrein, los imaníes de Qom, que esperan la hora del desquite, las setenta y dos sectas, los rum de Constantinopla, los infieles de todas denominaciones y, sobre todo, los ismaelíes de Egipto, cuyos adeptos son una multitud hasta en el pleno corazón de Bagdad e incluso aquí en Samarcanda. No olvides jamás lo que son nuestras ciudades del Islam. La Meca, Medina, Ispahán, Bagdad, Damasco, Bujara, Merv, El Cairo, Samarcanda: nada más que oasis que un momento de abandono devolvería al desierto.
  • una mirada insuficientemente contrita,
  • El tiempo tiene dos caras, se dice Jayyám, tiene dos dimensiones; la longitud va al ritmo del sol, la densidad al ritmo de las pasiones.
  • —¿Has olvidado el proverbio que reza así: «El mar no tiene vecinos, el príncipe no tiene amigos»?
  • Para presentar la incógnita en ese tratado de álgebra, Jayyám utiliza el término árabe shay, que significa «cosa»; esta palabra, escrita xay en las obras científicas españolas, ha sido reemplazada progresivamente por su primera letra, «x», que se ha convertido en el símbolo universal de la incógnita.
  • —Entremos y cerremos la puerta, podrían oír nuestra felicidad.
  • ejército selyuquí.
  • ¡Los muslos de una virgen! ¿Es ése el único territorio por el que aún está dispuesto a luchar?».
  • Alp Arslan acaba de lograr, en el pequeño pueblo de Malazgerd, en Anatolia, una clamorosa victoria sobre el Imperio Bizantino, cuyo ejército fue diezmado a la vez que era capturado el emperador.
  • —Has cambiado, Omar; no sabría decir en qué, pero hay en tu forma de mirarme y de hablarme un tono que no podría definir. Como si sospecharas que he cometido una mala acción, como si me guardaras rencor por alguna razón. No te comprendo, pero de pronto me siento profundamente triste. El trata de atraerla hacia sí, pero ella se separa vivamente. —¡No es así como puedes tranquilizarme! Nuestros cuerpos pueden prolongar nuestras palabras, pero no pueden sustituirlas ni desmentirlas. ¡Dime qué pasa!
  • exacción,
  • verdadero calvero en la jungla.
  • —¡Así que estoy doctamente rodeado! ¿No dicen que el príncipe que frecuenta a los sabios es el mejor de los príncipes? Es Hassan quien contesta: —También dicen que el sabio que frecuenta a los príncipes es el peor de los sabios.
  • Ahora bien, las palabras, buenas o malas, son como flechas; cuando se disparan varias siempre hay alguna que alcanza el blanco.
  • cualquier veleidad de rebeldía
  • —Dile que las cualidades que se necesitan para gobernar no son las que se necesitan para acceder al poder. Para dirigir bien los asuntos hay que olvidarse de uno mismo, no interesarse más que por los demás, sobre todo por los más desgraciados; para llegar al poder hay que ser el más ambicioso de los hombres, no pensar más que en uno mismo, estar dispuesto a aplastar a los amigos más íntimos, ¡y yo no aplastaré a nadie!
  • la felicidad se embosca en la monotonía.
  • sus sueños no viven siempre bajo el mismo techo.
  • —Para vosotros los sunníes no hay, efectivamente, ninguna prueba. Pensáis que Mahoma murió sin designar un heredero, que dejó abandonados a los musulmanes y que entonces se dejaron gobernar por el más fuerte o el más astuto. Eso es absurdo. Nosotros pensamos que el Mensajero de Dios nombró un sucesor, un depositario de sus secretos: el imán Alí, su yerno, su primo, casi su hermano. A su vez, Alí designó un sucesor. Así se ha perpetuado el linaje de los imanes legítimos
  • No abandona una ciudad o un pueblo sin haber designado un representante que deja rodeado de un círculo de adeptos, chiíes cansados de esperar y de padecer, sunníes, persas o árabes hartos de la dominación de los turcos, jóvenes con deseos de rebelión, creyentes a la búsqueda de rigor. El ejército de Hassan aumenta cada día. Se les llama «batinis», la gente del secreto. Se les trata de herejes, de ateos. Los ulemas lanzan anatema tras anatema: «¡Ay del que se alíe con ellos, ay del que se siente a su mesa, ay del que se una a ellos por el matrimonio! Derramar su sangre es tan legítimo como regar el jardín».
  • La verdad es otra. Según los textos que nos han llegado de Alamut, a Hassan le agradaba llamar a sus adeptos Asasiyun, los que son fieles al Asás, al «Fundamento» de la fe, y fue esa palabra, mal comprendida por los viajeros extranjeros, la que parecía tener efluvios de haxix.
  • entroja
  • las palabras del Predicador: «No estáis hechos para este mundo sino para el otro. ¿Tendría miedo un pez si se le amenazara con tirarlo al mar?».
  • Pero se olvida con demasiada frecuencia que fue en Alamut principalmente donde reinó el terror. ¿Qué reinado es peor que el de la virtud militante? El Predicador supremo quiso reglamentar cada instante de la vida de sus adeptos. Desterró todos los instrumentos de música; si descubría la más pequeña flauta, la rompía en público y la tiraba al fuego; al culpable se le cargaba de cadenas y se le apaleaba antes de expulsarlo de la comunidad. El consumo de bebidas alcohólicas estaba aún más severamente castigado. El propio hijo de Hassan, sorprendido una noche por su padre en estado de embriaguez, fue condenado a muerte inmediatamente; a pesar de las súplicas de su madre, fue decapitado al alba del día siguiente. Para dar ejemplo. Nadie se atrevió nunca más a beber un trago de vino.
  • —¿Qué tenemos en común ese hombre y yo? Yo soy un adorador de la vida y él un idólatra de la muerte. Yo escribo: «Si no sabes amar ¿para qué te sirve que el sol salga y se ponga?». Hassan exige de sus hombres que ignoren el amor, la música, la poesía, el vino, el sol. Desprecia lo más bello de la creación y se atreve a pronunciar el nombre del Creador. ¡Se atreve a prometer el paraíso!
  • la más severa ascesis era el sino permanente de los miembros de la comunidad.
  • descarrío,
  • Pero la mayoría de ellos eran cada vez más refractarios; la vida recobraba sus derechos.
  • el Manuscrito de Samarcanda
  • Gota de agua que cae y se pierde en el mar, mota de polvo que se mezcla con la tierra, ¿Qué significa nuestro paso por este mundo? Un vil insecto aparece y luego desaparece. Omar Jayyám
  • Y cuando el padre murió, en 1162, el hijo rebelde le sucedió sin la menor dificultad. Por primera vez, desde hacía mucho tiempo, estalló una verdadera alegría en las grises callejuelas de Alamut. Pero ¿se trata realmente del Redentor esperado?,uno de los discursos más asombrosos que jamás haya resonado en nuestro planeta: —¡A todos los habitantes del mundo, genios, hombres y ángeles! —dijo—, El imán del Tiempo os ofrece su bendición y os perdona todos vuestros pecados, pasados y futuros. Os anuncia que la Ley sagrada es abolida, porque ha sonado la hora de la Resurrección. Dios os había impuesto la ley para que merecierais el paraíso. Lo habéis merecido. Desde hoy, el paraíso os pertenece. Por lo tanto, estáis liberados del yugo de la Ley. ¡Todo lo que estaba prohibido, está permitido, y todo lo que era obligatorio está prohibido! Las cinco oraciones cotidianas están prohibidas —continuó el Redentor—. Puesto que ya estamos en el paraíso, en permanente unión con el Creador, no necesitamos dirigirnos a Él a determinadas horas; aquellos que se, obstinaron en efectuar las cinco oraciones, manifestarían con ello su poca fe en la Resurrección. Rezar se ha convertido en un acto de incredulidad. Por el contrario, el vino, considerado por el Corán como la bebida del paraíso, fue autorizado desde ese momento; no beberlo era la señal manifiesta de una falta de fe. «Una vez proclamado esto», relata un historiador persa de la época, «la asamblea se puso a tocar el arpa y la flauta y a beber ostensiblemente vino en los mismos escalones de la tribuna». Reacción desproporcionada, a la medida de los excesos practicados por Hassan Sabbah en nombre de la ley coránica. Pronto se ocuparían los sucesores del Redentor de atenuar su ardor mesiánico, pero Alamut no volvería a ser jamás esa cantera de mártires deseada por el Predicador supremo.
  • ,
  • Henri Rochefort, marqués y comunero, antiguo diputado,
  • la tahur Marie Petit, que había sido recibida por el Shah de Persia haciéndose pasar por la embajadora de Luis XIV, y la historia de ese primo de
  • «Me presentaron a un proscrito, célebre en todo el Islam como reformador y revolucionario, el jeque Yamaleddín, un hombre con rostro de apóstol.
  • ¡si no hubierais transformado nuestros hermosos países en prisiones, no necesitaríamos buscar refugio entre los europeos!
  • virtuoso del «zarb»
  • una secta disidente, los babis, que preconizaban la abolición de la poligamia, la igualdad absoluta entre hombres y mujeres y el establecimiento de un régimen democrático.
  • Los médicos de los tiempos pasados atribuían todas las enfermedades a las conjunciones de los astros. Sólo el cáncer ha conservado, en todas las lenguas, su nombre astrológico. El pavor está intacto.
  • apenas el tiempo de oliscar, rozar o entrever.
  • una mojigata circunspección,
  • el zoroastrismo, el maniqueísmo, el islam sunní y chií, la variante ismaelí de Hasan Sabbah y, más cerca de nosotros, los babis, los xeijis, los bahais,
  • y no omití recordar que nuestro «paraíso» tenía por origen una antigua palabra persa, «paradaeza», que quiere decir «jardín».
  • dio un rugido y haciendo hilarante viraje engarabitó los dedos como si fueran las garras de un monstruo.
  • evicción
  • Howard  C. Baskerville, estudiante de la Universidad de Princeton Nueva Jersey. Acababa de obtener su diploma de Bachelor of Arts y deseaba ir a Persia para observar de cerca los acontecimientos que yo describía. Una de sus frases impresionó: «Tengo la profunda convicción, en este comienzo de siglo, de que si Oriente no consigue despertarse, pronto Occidente no podrá dormir más».
  • —Cuando llegué a este país no conseguía comprender que unos hombretones barbudos sollozaran y se afligieran por un crimen cometido hace mil doscientos años. Ahora he comprendido. Si los persas viven en el pasado, es porque el pasado es su patria, porque el presente es para ellos una región extranjera donde nada les pertenece. Todo lo que para nosotros es símbolo de vida moderna, la expansión liberadora del hombre, es para ellos símbolo de dominación extranjera: las carreteras son Rusia, el tren, el telégrafo, la banca, son Inglaterra; Correos es Austria-Hungría…
  • —Yo no he dicho eso. Llorar no es un remedio. Ni una habilidad. Es sólo un gesto puro, ingenuo, compasivo. Nadie debe forzarse a derramar lágrimas: lo único importante es no despreciar la tragedia de los demás. Cuando me vieron llorar, cuando me vieron desprenderme de mi soberana indiferencia de extranjero, vinieron a decirme en tono confidencial que llorar no sirve de nada, que Persia no necesita más plañideros y que lo mejor que podía hacer era prodigar a los hijos de Tabriz la enseñanza adecuada.
  • la «porción congrua»;
  • los «hijos de Adán»
  • —Hay que olvidarse de los litros, los kilos, las onzas y las pintas —me decía—. Aquí se habla en yaw, en mixal, en syr y en jarvar, que es el cargamento del asno. Intentaba instruirme: —La unidad básica es el yaw, que es un grano de cebada de mediano grosor y con la cascarilla, pero al que se le habrían cortado en las dos puntas los pelillos que sobresalen.
  • —El peso de un grano de cebada equivale al de setenta granos de mostaza, o si se prefiere, a seis crines de la cola de una mula.
  • el coronel Liakhoy, gobernador militar de Teherán, artífice del golpe de Estado,
  • mis compatriotas, que sólo esperan ya la liberación venga de donde venga. Sé incluso que el fin del asedio es una derrota para el shah. —¿No era ésa la meta de tu lucha? —¡Pues bien, ya ves que no! Puedo execrar a este shah, pero no es contra él contra quien lucho. Triunfar sobre un déspota no puede ser el objetivo último; lucho para que los persas tengan conciencia de ser hombres libres, «hijos de Adán» como decimos aquí, que tengan fe en sí mismos, en su fuerza, que encuentren un lugar en el mundo de hoy.
  • Partir, partir, diría ella con desaliento, ¿no puedes contentarte con ser feliz?

– Subrayado en la página 5 | Pos. 67-70  | Añadido el viernes 18 de diciembre de 2015 18H25′ GMT+02:00

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