David Foenkinos:La delicadeza

Subrayado en la página 4 | Pos. 49 | Añadido el domingo 14 de diciembre de 2014 01H05′ GMT
  • Basta respirar para que el tiempo pase.
  • —Pero ¿por qué me hablas de mi mujer? ¡Es una sombra! Ni nos tocamos siquiera, apenas nos rozamos. —Nadie lo diría. —Porque para ella es muy importante aparentar. Cuando viene a la oficina, es sólo para pavonearse. Pero si supieras lo patéticos que somos, si supieras… —Entonces déjala. —Por ti, la dejo ahora mismo. —Por mí no… Por ti.
  • A menudo la verdad se parecía mucho a un iceberg.

  • un hombre romántico, que pensaba que el mundo de las mujeres podía resumirse a una sola.
  • Ahí era donde se dirigía Nathalie: a una novela.
  • Quizá haya una dictadura de lo concreto que contraría siempre las vocaciones.
  • Hay una jerarquía en la obligación de la alegría,
  • Hay que dar vueltas y vueltas sin parar, decía él, dar vueltas hasta que no sepas adónde ir.
  • Había asistido a numerosas escenas dramáticas. Pero esa vez, sin que pudiera explicar por qué, sentía como un grado superior en la jerarquía del drama.
  • ¿Acaso sabe uno cómo sobrevivir a una tragedia así? No hay fórmulas. Cada uno lee lo que escribe su cuerpo.
  • Todo volverá a ser como antes, pensó Charlotte, uno busca tranquilizarse. Pero no, qué va, nada podía ser como antes. Algo, en el movimiento de los días, se había roto de manera brutal. Ese domingo estaba siempre presente: en el lunes y en el jueves. Y seguía sobreviviendo el viernes o el martes. Ese domingo no terminaba nunca, iba adoptando un aire de cochina eternidad, espolvoreándose por doquier sobre el futuro. Charlotte sonreía, Charlotte comía, pero Charlotte tenía una sombra en el rostro.
  • Y ahora era hoy.
  • el placer venía de la acción; más todavía: le apetecía cierta ebriedad. Sin embargo, algo la mantenía con los pies en la tierra. Nunca podía escapar del todo de su propia condición. Podía beber cuanto quisiera, ello no cambiaría nada. Estaba ahí sin más, con una lucidez absoluta, viéndose a sí misma interpretar un papel, como una actriz en un escenario.
  • Sobre todo, seguía incapaz de vivir el momento presente. Quizá el dolor sea eso: una forma permanente de estar desarraigado de lo inmediato.
  • Quería estar loco, lo cual era la prueba de que no lo estaba.
  • Reflexión de un pensador polaco: Hay gente fantástica a la que se conoce en mal momento. Y hay gente que es fantástica porque se la conoce en el momento adecuado.
  • —Pero… pero bueno, ya está bien. No hay nada que hacer. Ya me he disculpado. No hay que hacer tanta historia de un simple incidente. —¿Y por qué no? A mí no me importaría leer una historia así.
  • Era del todo normal que las cosas no fueran siempre perfectas. La vida son sobre todo momentos de borrador, tachones y espacios en blanco.
  • Alain Souchon.
  • Tienen una manera de no hablarse de lo más elocuente, pensó.
  • Pensó sobre todo que ya no debía tener miedo, que había sido ridículo por su parte replegarse así, protegerse. Uno nunca debería tratar de evitarse un dolor potencial.
  • En una historia de amor, el alcohol acompaña dos momentos opuestos: cuando se descubre al otro y hay que narrarse uno mismo, y cuando ya no hay nada que decirse.
  • Las veladas pueden ser extraordinarias, las noches, inolvidables, y, sin embargo, todas desembocan siempre en mañanas normales y corrientes.
  • Esto era más o menos lo que le hubiera gustado decir. Pero así son las cosas: siempre vamos con cinco minutos de retraso con respecto a nuestras conversaciones sentimentales.
  • y se abrazaron, la mejor manera del mundo de crear silencio.
  • Tenía como un desfase horario con respecto al momento presente.
  • ¿Para qué agobiarse cuando todo es absurdo?,
  • La vida puede ser hermosa cuando se conoce el inconveniente de haber nacido.
  • ¿Para qué agobiarse cuando todo es absurdo?, se decía a veces, sin duda por haber leído demasiado a Cioran.
  • El diccionario Larousse termina ahí donde empieza el corazón.
  • El señor Bonivent lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja. Markus pensó enseguida: esa sonrisa es un crimen. Lo esencial en un director de recursos humanos es que parezca que se implica en la carrera de un empleado como si se tratara de su propia vida.
  • Esa manera de correr, esa manera de vivir el minuto siguiente antes que el presente.
  • un mundo de amnesia afectiva
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