El lío de Podemos y los tres elitismos

En un momento en el que podemos equivocarnos -porque podemos intervenir- y en el que una equivocación puede costar tan cara (pues incluso acertar en condiciones tan adversas puede tener efectos colaterales negativos) debemos estar muy atentos para ceñirnos lo más posible a la realidad en nuestras deliberaciones y en nuestras decisiones colectivas.

los peligros que amenazan a Podemos desde dentro en vísperas de su Asamblea Ciudadana y pocos meses antes de los comicios de marzo. No se trata, por supuesto, del populismo que le reprochan los que incumplen sus promesas electorales y cambian sufrimiento, paro y desahucios por fútbol y bodas reales. Al contrario, yo veo más bien la sombra de un triple potencial elitismo: elitismo político, elitismo mediático y elitismo democrático.

quedará siempre un residuo o un margen abierto a la negociación, la disensión y el consenso, extramuros de los círculos y las asambleas. La segunda que habrá siempre también un espacio para las decisiones puramente ejecutivas, más acá asimismo de los irrenunciables círculos y asambleas.

se trata es de impedir que la “política” en su sentido renacentista se convierta en “casta”

En cuanto al elitismo mediático, desde el mismo momento en que se aceptaron ciertos marcos y formatos

hubo que asumir los límites semánticos y las formas carismáticas que se desprenden de ellos.

También sería injusto no reconocer el alud democrático que, a partir del 15-M, converge en Podemos. Pero si tengo que confesar lo que pienso, diría que este impulso a veces se presenta, en efecto, como un elitismo democrático

El elitismo democrático, contra la vieja izquierda pero en la misma dinámica, acaba queriendo convertir a todos los ciudadanos en activistas permanentes y privilegiando la minoritaria militancia como fuente de decisiones soberanas. “Democracia” no significa que todos estemos siendo demócratas todo el rato sino armar un proyecto que lo sea sin nosotros y que permita incluir también a los que -mayoría social- sólo pueden serlo a ratos.

Todo el poder para nadie o, mejor dicho, sólo para esa cantidad vaga que llamamos “gente”, que está en los círculos, en la red, en los barrios y en los bares, en todas y en ninguna parte, y que no es otra cosa -por eso mismo- que no-yo. La gente es lo otro de mí. Todo el poder, pues, para los otros, y para mí sólo en la medida en que soy, además de yo mismo, otro cualquiera:

Esta “gente” -en la que me incluyo como el otro de mí- no quiere delegar ni en una persona ni en una imagen ni en una multitud. Quiere delegar en una polea o en un juego de poleas que garantice que nadie podrá apropiarse de ellas otra vez -como

¿Qué se hace con el poder para que no se lo apropie una persona, una imagen o una multitud? Se reparte, se divide.

Lo confieso: yo quiero delegar. Tengo que trabajar, cuidar hijos y hasta escribir poemas. Quiero delegar. Quiero delegar no en un representante ni en un órgano de dirección ni en una asamblea horizontal. Quiero delegar en una articulación de poderes bien definidos (que incluyan su propia revisión y la revocación de los cargos) en los que la “gente” esté dentro y fuera al mismo tiempo;

El lío de Podemos y los tres elitismos (cuartopoder.es)

– Subrayado Pos. 33-36  | Añadido el sábado 23 de mayo de 2015 13H10′ GMT

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