Terry Pratchett: Pirómides. Mundodisco 07

agosto de 2014 13H07′ GMT+01:00

La gente necesitaba creer en dioses aunque sólo fuese por lo difícil que resultaba creer en las personas.

«Soy un forastero en una tierra familiar», pensó Teppic mientras le miraba fijamente.

  • albedo
  • cuyos ojos poseen albedo propio.
  • —En este sitio la gente nunca aprende nada —solía decir—. Se limitan a recordar cosas.
  • Teppic no había sido educado. La educación se había limitado a irse posando sobre él como si fuera una capa de caspa.
  • * Hay quienes afirman que en Ankh-Morpork una vida no vale nada. No pueden estar más equivocados, naturalmente, ya que el precio de una vida no para de subir. Morir, en cambio, no te costará ni una moneda.
  • La gente necesitaba creer en dioses aunque sólo fuese por lo difícil que resultaba creer en las personas.
  • Todas las cosas están definidas por sus nombres. Cambia el nombre y cambiarás la cosa.
  • «Soy un forastero en una tierra familiar», pensó Teppic mientras le miraba fijamente.
  • «Así que el tiempo fluye implacablemente y no se detiene nunca, ¿eh? —pensó—. Puede que se comporte así, en el resto del Disco, pero no aquí. Aquí se limita a irse amontonando como si fuese nieve. Es como si las pirámides nos frenaran y nos impidieran movernos del sitio, igual que esas cosas que utilizaban en la embarcación, esas como-se-llamen… ah, sí, las anclas marinas. Aquí todos los días son iguales. Mañana será las sobras de hoy recalentadas y puestas en un plato.»
  • * Los asesinos jóvenes —que normalmente son muy pobres—, tienen ideas muy claras sobre la inmoralidad básica de la riqueza y las conservan hasta que se convienen en asesinos maduros —quienes normalmente son muy ricos—, momento en el que empiezan a adoptar la opinión de que la injusticia también tiene su lado bueno y que no hay por qué ser tan estrictos.
  • «No cabe duda de que poseemos un auténtico talento natural para esta clase de cosas —pensó Teppic—. Unos simples animales jamás podrían comportarse de esta manera. Ser realmente estúpido es algo que sólo está al alcance de un ser humano.»
  • —No te preocupes. Al final todo se compensa —dijo otro IIa—. Todo el mundo recibe lo que se merece. —Sí. Es justamente lo que me temía —dijo Ptaclusp.
  • En lo alto de la duna había un cartel. ESTACIÓN COMPROBADORA DE AXIOMAS, decía en varios idiomas. Y debajo, en letras un poquito más pequeñas, se leía: PRECAUCIÓN — POSTULADOS SIN RESOLVER.
  • La fe es una fuerza. Comparada con la gravedad es una fuerza débil, por supuesto, y cuando se trata de mover montañas la gravedad siempre acaba ganando; pero aun así existe.
  • se había cerrado sobre sí mismo y había quedado separado del resto del universo para flotar a la deriva alejándose del consenso general de opinión que suele ser dignificado llamándolo realidad,
  • —Son nuestros dioses —siseó Dios—. Pero nosotros no somos su pueblo, ¿entendido? ¡Son mis dioses, y aprenderán a obedecer las instrucciones que se les den!
  • «Ya lo has perdido casi todo, así que no pierdas la calma —pensó—. Ja, ja.»
  • —Te estaban persiguiendo —dijo Teppic—. Por eso huiste al desierto, ¿no? —Oh, sí, claro. Tienes toda la razón. Estaba siendo perseguido a causa de mis creencias. —Eso es terrible —dijo Teppic. Khuft escupió una semilla de higo. —Desde luego que sí. Creí que nadie se daría cuenta de que los camellos que les había vendido tenían los dientes de yeso hasta que estuviera muy lejos del pueblo.
  • —Se volvió hacia Gern y le hundió el codo en las costillas—. ¿Tú también estás muerto, jovencito? —No, señora —dijo Gern usando el tono de bravura temblorosa que puede esperarse en alguien que está haciendo equilibrios sobre una cuerda con los abismos de la locura bostezando debajo de sus pies. —No vale la pena, créeme. —Sí, señora.
  • Los sacerdotes estaban empezando a comportarse de una forma francamente irracional. No se trataba de que los dioses les estuvieran desobedeciendo. Lo grave era que los dioses les estaban ignorando. Claro que los dioses siempre les habían ignorado. Hacía falta una considerable pericia para convencer a un dios de Djelibeibi de que te obedeciera, y los sacerdotes habían tenido que aguzar el ingenio y dar grandes muestras de inventiva. Por ejemplo, si empujabas una piedra hasta hacerla caer por el borde de un acantilado y elevabas una rápida petición a los dioses rogándoles que hicieran caer la piedra podías estar seguro de que tu petición sería atendida. Los dioses también se aseguraban de que el sol saliera por la mañana y las estrellas hicieran lo mismo por la noche. Cualquier petición dirigida a los dioses rogándoles que hicieran crecer las palmeras con las raíces en el suelo y las hojas en la parte superior era aceptada y satisfecha. En conjunto cualquier sacerdote que se tomara la molestia de adoptar las precauciones básicas podía asegurarse un porcentaje de éxito muy elevado.
  • Hay que parcelar esa altura imposible en secciones que puedan ser manejadas. Igual que hacemos con el tiempo… Así es como sobrevivimos a lo infinito. Lo matamos dividiéndolo en pedacitos muy pequeños.»
  • Todo lo mágico no era más que una forma de describir el mundo en las palabras de un lenguaje que éste no podía ignorar.
  • Que el destino os haya reunido no quiere decir que haya acertado al reuniros.
  • llevaba miles de años despojándose lentamente de sus futuros para envejecerse.
  • —Lo importante es seguir adelante, ¿sabes? No permitas que la hierba crezca bajo tus pies
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