SCHLEICHERT, HUBERT: Como discutir con un fundamentalista sin perder la razón

sábado 15 de noviembre de 2014 17H41′ GMT

  • existe una afirmación, exhortación, opinión, norma, acusación, en suma, una tesis, y se pregunta: ¿por qué? Las respuestas a esa pregunta reciben el nombre de argumentaciones. A veces se aceptan, a veces se rechazan. Toda argumentación persigue algo, tiene un objetivo; si no, no es (como los discursos presidenciales de Año Nuevo) una argumentación.

  • El caso en el que la tesis no se sigue en absoluto de los argumentos se trata en los manuales de lógica en una especie de apéndice; se habla allí de las falacias.
  • El concepto de entimema se refiere a dos cosas: 1) En la práctica totalidad de las argumentaciones cotidianas no se mencionan expresamente todas las premisas realmente necesarias, pues esto sería redundante,
    Sócrates es mortal, puesto que es un hombre. Añadiendo explícitamente el argumento que únicamente se ha formulado mentalmente (en thymo), pero que no se ha explicitado, todos los hombres son mortales,
  • Recurriendo a la teoría del status pueden, por ejemplo analizarse bien las diversas «soluciones» al problema de la teodicea. El problema consiste en la pregunta por la relación entre un dios omnisciente, todopoderoso e infinitamente bondadoso y los múltiples males y dolores en el mundo creado y preconcebido por ese dios. Ese dios, por tanto, es acusado del mal en el mundo. El problema, para las religiones altamente evolucionadas, como el cristianismo, es muy acuciante, pero se formuló ya en época precristiana. En el filósofo Epicuro (341-270 antes de nuestra época) podemos leer: O dios quiere suprimir el mal del mundo, pero no puede. (En cuyo caso es débil, y por tanto no es dios). O puede pero no quiere hacerlo. (En cuyo caso es malévolo, y por tanto no es dios). O ni puede ni quiere hacerlo. O bien puede y quiere hacerlo (como únicamente corresponde a un dios): ¿de dónde proviene entonces el mal en el mundo?9 En
  • infirmar
  • Podrían entonces intentarse los siguientes argumentos para rechazar la acusación: 1. Status coniecturalis: ¿proceden efectivamente los males del mundo de dios, o son atribuibles a algún otro poder, a los poderes de las tinieblas, como enseñaban los maniqueos? (Esto, no obstante, contradiría la omnipotencia divina). 2. Status definitivus: indiscutiblemente, en el mundo hay muchas cosas nos parecen desagradables; ¿pero se trata realmente de ma les que se le pueden reprochar a dios? Podrían, por ejemplo, ser castigos por nuestros pecados. (Sin embargo, esto está en contradicción con la bondad infinita de dios y su omnipotencia. La inmensa can tidad de males en el mundo sin duda es exagerada como castigo por nuestros pecados; y ¿por qué, por ejemplo, tendrían que sufrir tanto incluso los niños pequeños, antes de que puedan pecar? Además, un dios bondadoso y todopoderoso también hubiera podido emplear métodos más suaves para conducir a los hombres por su camino. Si el mal se interpreta como castigo, se tropieza además con el conflicto entre la omnisciencia divina y la capacidad para el pecado del hombre ante dios: si dios previera que el hombre, creado por él, iba a pecar, entonces no es justo castigar posteriormente a ese hombre). 3. Status qualitatis: ¿no podría ser que los supuestos males fueran irremediables por razón de la armonía del universo en su conjunto? El mundo quizá no fuera tan perfecto si estuviera totalmente desprovisto de mal. (No obstante, nadie ha podido mostrar en qué medida el mal y el sufrimiento son necesarios para la belleza del mundo. ¿En qué contribuye a la perfección de la creación que sea necesario amputarle una pierna a alguien? Decir que la plétora de miserias del mundo es irrenunciable por mor de la superior perfección del mundo es extremadamente cínico y contradice la omnipotencia y bondad divinas). 4. Status translationis: ¿compete al hombre juzgar a dios? El argumento de la inescrutabilidad divina, tan caro a los teólogos desde tiempos de Job, afirma que los pensamientos y atributos de dios son incomprensibles para nosotros. Nuestro limitado entendimiento no puede juzgar sobre la divinidad. (Remitir a la incompetencia de la razón humana no sólo supone el fin de cualquier discusión racional sobre el problema de la teodicea, sino también el de cualquier teología).
  • 3Sin embargo, para Perelman (1980), la retórica y la argumentación prácticamente se solapan. En su opinión, el objetivo de la argumentación no es demostrar una tesis a partir de los argumentos, sino producir el asentimiento del público a las tesis (op. cit., p. 18). Para él, la diferencia entre persuadir y convencer estriba únicamente en la orientación a un público universal o a un público particular. Denomina por tanto su teoría «nueva retórica». Pero como es deseable distinguir entre la corrección de una argumentación, por una parte, y su eficacia o elegancia, por otra, seguiremos distinguiendo como hasta ahora entre retórica y argumentación.
  • En los casos en los que no haya fallos lógicos, el ataque a una argumentación debe poner en cuestión la verdad o la probabilidad de al menos uno de los argu- mentos. A este fin, el crítico puede poner en tela de juicio la verdad del principio de argumentación
  • EL PRINCIPIO DE GENERALIZACIÓN Y EL ARGUMENTO DE EXCEPCIÓN
  • por ejemplo, la tesis puedo robar y engañar tanto como quiera siempre que no me descubran.
  • Quien argumenta así utiliza como principio general una versión cualquiera de la famosa «regla de oro»: lo que no quieras que te hagan a ti.. ., por ejemplo, la siguiente: las acciones o modelos de conducta que serían intolerables si fueran adoptadas por todo el mundo son moral- mente malas y hay que prohibirlas. Sin duda, el principio de argumentación se aplica con sentido en muchos casos. Pero no es, ciertamente, un principio absolutamente evidente por sí solo y puede rechazarse por diversos motivos. Por ejemplo, podría limitarse la aplicabilidad del principio: si fuera seguro que la mayoría de las personas no actuara como yo lo hago, no tengo ningún motivo para romperme la cabeza con qué ocurriría en el caso de que, etc. Un ladrón puede admitir que la vida sería molesta si todos robaran continuamente, pero añadirá que ni mucho menos todos los hombres roban continuamente. Debemos orientar nuestra vida a la realidad y no a construcciones hipotéticas, añadiría. Es frecuente que el principio de generalización se deje sin efecto añadiendo una cláusula de excepción. La universalización se limitará mediante el argumento de que una persona o postura determinada posee un estatuto especial de tipo tal que no se le podrá aplicar el principio de generalización. Lo que es aplicable al común de los hombres no tiene por qué regir para los dioses u hombres semejantes a dioses: quod licetJovi non licet bovi.
  • La interacción de principios generales y cláusulas especiales de excepción es lo que, por otro lado, posibilita una teoría moral realista. Los judíos piadosos tienen que atenerse a cientos de mandamientos y prohibiciones; pero cuando se trata de salvar una vida humana, todos los mandamientos se pueden quebrantar.
  • PRINCIPIOS DE JUSTICIA O IGUALDAD Aquí se argumenta con el siguiente principio general: los seres, acontecimientos o hechos de la misma categoría deben tratarse del mismo modo. Este principio apenas se discute como tal, porque es muy abstracto; lo que es discutible son sus aplicaciones concretas. Es fácil caer en la tentación de utilizar el principio como núcleo de una argumentación en favor de la democracia. Todos los hombres son por naturaleza iguales es un argumento que cuesta contradecir;
  • Sin embargo, los hombres no son iguales, porque de lo contrario ni siquiera se les podría distinguir con nombres. Como mucho, son iguales en ciertos aspectos, o, mejor dicho: si se reflexiona lo suficiente, se encuentran igualdades de algún tipo. Los ataques a una argumentación en pro de la igualdad no tienen por tanto que dirigirse contra el principio abstracto de igualdad, y tampoco contra la afirmación de que todos los hombres son iguales en ciertos aspectos, pues esta última es trivial. Hobbes abre su filosofía política con la siguiente argumentación: La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades de cuerpo y alma que, aunque puede que a veces se encuentr e un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido de mente que otro, cuando todo se considera conjuntamente, la diferencia entre un hombre y otro no es tan grande que uno de ellos pueda reclamar para sí cualquier beneficio que cualquier otro no pueda pretender con tanta razón como él. Pues en lo que se refiere a la fortaleza del cuerpo, el más débil tiene fuerza suficiente para matar al más fuerte, sea por maquinación secreta o aliándose con otros… 4 La misma vulnerabilidad corporal de todos los hombres sobre la que trabaja Hobbes no puede utilizarse en una argumentación en favor de la democracia (cosa que no hace Hobbes); más bien, el hecho de que todos los hombres sean igualmente vulnerables podría aportar un argumento para defender que están igualmente necesitados de protección y, en el curso de su desarrollo, quizá proporcione un argumento en pro de que el estado deba ofrecer a todos los ciudadanos idéntica protección. En general, la igualdad en cierto respecto se puede utilizar, en el mejor de los casos, como argumento en favor de una igualdad de trato en cierto respecto; en todo caso, es preciso especificar y restringir drásticamente el principio de igualdad.
  • EL DILEMA FRENTE A LA DISTINCIÓN ENTRE CASOS Esta figura consiste en dos argumentos, a saber: (1) que a excepción de la tesis T no existe más que un número finito de posibilidades pertinentes alternativas (en el caso del dilema, que en total sólo existen dos posibilidades, es decir, otra tesis aparte de la tesis T); (2) que ninguna de las demás posibilidades es el caso o es pertinente. De esto se sigue de forma lógicamente necesaria la verdad de la tesis T. Como principio se utiliza aquí una proposición lógicamente verdadera5. Por consiguiente, la argumentación sólo puede atacarse demostrando que (1) la enumeración de posibilidades no es completa o que, (2) en modo alguno es descartable el resto de las posibilidades a excepción de T. Por ejemplo: en muchos países del Tercer Mundo las dictaduras son deseables, dado que estos países sólo pueden elegir entre la libertad y el hambre y lo más importante es satisfacer el hambre.
  • Los fanáticos de toda laya sienten predilección por un principio que tiene la forma de un dilema: el que no está conmigo, está contra mi 6. Esta proposición silencia a conciencia que al menos existe una tercera posibilidad, la indiferencia o desinterés respecto a la doctrina en cuestión.
  • RELATIVIZACIÓN Partamos de un principio lógico: cuando sobre una cuestión existen varias tesis rivales, no todas pueden ser simultáneamente verdaderas, si bien todas pueden ser simultáneamente falsas. La relativización es una figura argumentativa predominantemente destructiva.
  • Uno de los afirma lo siguiente: ( P 1 ) Cuando diversos observadores llegan a diversas conclusiones respecto a la adscripción de un concepto K, es preciso relativizar el concepto K. Es decir: cuando dos observadores, B1 y B2, emiten juicios mutamente contradictorios sobre el mismo estado de cosas, no se trata de una contradicción, puesto lo que B1 puede considerar K (por ejemplo, bello), B2 puede considerarlo no-K (por ejemplo, feo). Por consiguiente, es preciso rechazar por inoperante el concepto «absoluto» original K. No se puede hablar en términos absolutos de un espacio ideal para vivir o de belleza. Es preciso sustituir el concepto bello por conceptos como bello para
  • La relativización se hace claramente más inquietante cuando se trata de cuestiones morales.
  • Todavía más crucial es que el concepto verdadero sea sustituido por conceptos relativizados como verdadero para mí, verdadero para ti. Se pierde así un concepto al que difícilmente podemos renunciar, el concepto de verdad. Tropezamos aquí con una dificultad típica de todas las argumentaciones que tienen como fin la tolerancia, es decir, la aceptación de diversas opiniones, credos, e ideologías mutuamente contradictorias.
  • en el siglo XVI el humanista de Basilea Castellion defendía la tolerancia con las siguientes palabras: Después de haber indagado mucho sobre qué es un hereje, no he encontrado sino esto: damos el nombre de hereje a todos que no están de acuerdo con nuestra opinión. Eso se muestra en que apenas hay una secta (y hoy son incontables) que no considere herética al resto. Esto llega hasta el punto de que uno, considerado ortodoxo en una ciudad, en la siguiente será un hereje. Por tanto, quien hoy quiera vivir en paz tendrá que tener tantas religiones como ciudades o sectas haya10.
  • lo mejor que puede hacer el abogado de la tolerancia es defender el siguiente principio: (P2) Cuando sobre una cuestión hay varías opiniones divergentes entre las que no se puede decidir, uno debe ser tolerante respecto a todas ellas. Fatalmente, todo partidario convencido de una religión o de una ideología discutirá que entre la creencia verdadera y la falsa, entre la ortodoxia y la herejía no pueda decidirse de forma objetiva y definitiva.
  • PRINCIPIO DE LA SLIPPERY-SLOPE Se argumenta en favor de una tesis respecto al caso en disputa aludiendo a otro caso que, según la opinión general, es indiscutible y espantoso, y se afirma que el caso en cuestión no es más que el preludio del caso espantoso. ¡Cuidado con cómo se empieza!
  • El principio de la argumentación de la slippery-slope podría formularse así: supongamos que entre X e Y no hay diferencias o límites tajantes, sino una transición paulatina y gradual. Si se hace o se permite X, también se podrá, antes o después, hacer o permitir Y. Según se acepte o no un principio de este tipo el principio de la argumentación de la slippery-slope será aceptable o no. Es evidente que todo depende de qué se ponga en lugar de X o Y.
  • ARGUMENTO A MAJORE (MINORE)
  • Se establece un continuo en uno de cuyos puntos está un caso valorado positiva (o negativamente) y ese caso se extrapola al que está en discusión: si no se puede matar a un adulto, que al fin y al cabo puede defenderse, cuánto menos podrá matarse a un embrión, que está indefenso.
  • Si alguien prueba un poco de amargo y dice que es amargo, pero dice que una gran cantidad de amargo es dulce, no sabe distinguir entre dulce y amargo. Si alguien reconoce una injusticia pequeña como tal, pero no reconoce como tal una gran injusticia, como el ataque a un país, sino que incluso llega a decir que eso es una conducta recta… ¿puede decirse que sabe distinguir entre la justicia y la in justicia? Aquí se aprecia lo poco que saben discernir los príncipes entre justicia e injusticia 12 .
  • filósofo chino Mo Di (siglos V/IV antes de nuestra era),
  • LA RAZÓN OCULTA DEL CASO PARTICULAR. LA INTERPRETACIÓN PARANOICA
  • algo así no es en absoluto casual, algo así se deriva necesariamente de esta ideología. Algo así no es más que la punta del iceberg. El argumento de que tras determinados sucesos hay algo más que una (desafortunada) casualidad puede ser falso.
  • EL ARGUMENTO DEL ABUSO La inversión del principio que acabamos de exponer es la siguiente: un suceso desafortunado es más fácil de soportar cuando se trata de una casualidad o un desliz ocasional que cuando le subyace planificación, intención, regularidad, sistema. Este nuevo principio sirve para valorar con mayor lenidad, o para disculpar, anomalías o malas evoluciones.
  • No es que la idea sea falsa, sino que determinadas personas son culpables.
  • Prácticamente no hay nada de lo que no pueda abusarse, por lo que es problemático condenar algo por el abuso que se hace de ello.
  • Podría formularse el siguiente principio: a una doctrina sólo se le puede culpar de aquellas cosas que se derivan directamente de ella.
  • ANALOGÍAS Y COMPARACIONES Formular una comparación supone presentar un caso particular concreto relevante Kl para, partiendo de él, argumentar en favor de una tesis que se refiere a un caso particular distinto (eventualmente, completamente distinto) K2. Desde un punto de vista puramente lógico, nunca se puede pasar de un caso particular al otro, como tampoco deducir una tesis general.
  • de una comparación no se sigue nada, sin más. Desde el punto de vista lógico, las comparaciones no son más que imágenes que representan una proposición general (un principio).
  • EL ARGUMENTO DE DIFERENCIACIÓN Sirve para rechazar un ejemplo o comparación. Se muestra que dos casos aparentemente análogos de hecho se diferencian de forma tajante, y se concluye que no pueden valorarse del mismo modo.
  • FREAK CASES Con esta expresión se designan ejemplos insólitos, aparentemente aberrantes o lunáticos. Se utilizan como contraejemplos de una tesis general. En el fondo hay un principio lógico inobjetable: es falsa una tesis (general) frente a la que puede ofrecerse aunque sólo sea un contraejemplo. Puede que una tesis parezca al principio evidente, pero el freak case ofrece un contraejemplo. Incluso un contraejemplo excéntrico es un contraejemplo.
  • Una vez que hablaba con Confucio, el duque de Shè le dijo: «En nuestra comunidad hay gentes de conducta tan recta que, si un padre hubiera robado un cordero, su propio hijo actuaría de testigo contra él». Confucio dijo: «En la mía la rectitud de la gente es distinta: el padre oculta lo que el hijo hace de malo y el hijo esconde lo malo que hace su padre. En eso es en lo que reside la rectitud»18.
  • En la filosofía clásica china desempeña cierto papel el caso del señor Gong, moralmente intachable17, en el que se trata del mandamiento moral de respetar y apoyar incondicionalmente al padre. Sin embargo, el padre de Gong era un ladrón.
  • EL ARGUMENTO AD TEMPERANTIAM (ATENERSE A LA MODERACIÓN) Esta es una figura argumentativa tan popular como problemática. Se plantea la posición que se desea defender como moderada, como punto medio entre extremos.
  • como el concepto de extremo dista mucho de estar claro, se corre el peligro de la arbitrariedad total,
  • «¡las cosas aún podrían irte peor, mucho peor!». En este mundo nuestro ese argumento siempre es cierto, pero el principio que requiere la argumentación no es tan evidente: no te quejes, que podría irte mucho peor.
  • EL ARGUMENTO HISTÓRICO-GENÉTICO
  • desde un punto de vista puramente lógico, la verdad o falsedad de una tesis no tiene nada que ver con la formación y formulación de esa tesis en el transcurso de la historia. Se puede escribir una historia de las religiones o del racismo, pero con ello no se ha dicho teóricamente nada sobre la verdad o falsedad de las religiones o del racismo.
  • EL ARGUMENTO DE LAS FUENTES, ARGUMENTO AD HOMINEM
  • En apoyo de la verdad de una tesis se aduce como argumento de quién procede, de qué fuente, de qué autoridad procede la tesis.
  • No se denigra la tesis, sino su fuente.
  • los sucesos maravillosos sólo suceden allí donde la gente ya espera que sucedan. Según el relato del Nuevo Testamento, Jesús apenas obró milagros en su ciudad natal, Nazaret, donde se le conocía y se le consideraba con escepticismo: Jesús llegó a su ciudad natal y enseñó en la sinagoga. Pero las gentes se escandalizaron y preguntaron de dónde había sacado semejante sabiduría y semejantes obras: ¿No era acaso el hijo del carpintero? […] Pero Jesús les dijo: nadie es profeta ni en su tierra ni en su casa. Y no hizo allí muchos signos a causa de su poca fe28. El principio de que nadie es profeta en su tierra tiene claramente un doble sentido. Puede interpretarse como una queja sobre la dureza e incredulidad de los hombres contra el prójimo al que conocen bien; pero también como la sobria constatación de que la fe en los milagros es tanto mayor cuanto menos conocido, más extraño y menos controlable sea el taumaturgo o el testimonio sobre él.
  • Desde un punto de vista lógico, la discusión directa de una tesis es sin duda preferible a la crítica de las fuentes, aunque hay casos en los que la discusión directa de una tesis no merece la pena; piénsese en la creencia en las brujas y en el diablo.
  • ARGUMENTOS QUE RECURREN AL TIEMPO, LA EXPERIENCIA O EL NÚMERO
  • en cuya base está el principio: lo que se ha impuesto durante mucho tiempo y entre muchos es verdadero/bueno/correcto. El principio apela implícitamente a la experiencia colectiva de la humanidad o de un grupo relevante de personas. En una variante extrema parece ser la base de la democracia: la mayoría siempre tiene razón. Ese principio es insostenible. En lo que respecta a la verdad de una proposición, es irrelevante si son pocos o muchos los hombres que la consideren verdadera.
  • EL ARGUMENTO AD MISERICORDIAM
  • Se basa en que la compasión (misericordia) o la empatía suscitan confianza. ¿Quién se atrevería a analizar críticamente las opiniones de alguien que ha tenido que vivir cosas terribles? Pero no hay razón alguna para semejante con- tención respetuosa. Mientras que pocas veces cabe objetar algo a una conducta compasiva, la verdad de las tesis debería juzgarse serenamente y al margen del sentimiento.
  • Una variante inocua es el «argumento del carbonero»: apelar a un hombre especialmente sencillo e inculto, sin corromper por la moda y la civilización. Puede adoptar la siguiente forma, por ejemplo: lo mejor que he oído sobre esto me lo dijo una sencilla y pobre campesina… Aquí se presupone el principio de que las campesinas sencillas y pobres son garantes particularmente fidedignas de la verdad.
  • EL ARGUMENTO TU-QUOQUE
  • Este argumento sirve para repeler ataques morales. Se reprocha al adversario que nos critica a causa del hecho X que él ha hecho lo mismo: ¿Cómo pueden los estadounidenses reprochar a los nazis el genocidio de los judíos cuando ellos han exterminado a los indios?
  • De la carencia de la justificación moral para plantear un reproche no se sigue su falsedad. Un profesor que fuma moralmente no tiene derecho a denostar a sus alumnos fumadores, por más que sea cierto lo que diga sobre lo perjudicial que es el tabaco. Pero sus propios reproches se vuelven contra él. Lo que dice es hipócrita, y sin embargo cierto.
  • EL ARGUMENTO AD NAUSEAM
  • «¡ya hemos dedicado demasiado tiempo a esta historia! ¡Habría que poner punto final de una vez a esta discusión!».
  • nuestro tiempo de vida es limitado, no todo puede discutirse durante un tiempo ilimitado, es preciso establecer prioridades en la vida. Todos admitirán un principio de este tipo; lo que es cuestionable es su aplicación concreta.
  • Ji Lu preguntó si se debía servir a los espíritus y Confucio le respondió: «Si no podemos servir a los hombres, ¿cómo vamos a servir a los espíritus?». Ji Lu dijo entonces: «¿Qué me diréis, pues, de la muerte?». Confucio le contestó: «Si no conocemos la vida, ¿qué vamos a saber de la muerte?»30.
  • EL ARGUMENTO AD LAPIDEM
  • EL ARGUMENTO AD LAPIDEM Esta es una figura argumentativa cuya corrección suele prestarse a discusión. Explicaremos con un ejemplo la curiosa denominación de esta figura. El célebre obispo Berkeley intentó, mediante sutiles i abonamientos filosóficos, mostrar la irrealidad del mundo. En su opinión, sólo son reales nuestras experiencias, nuestra vida anímica, mientras que el denominado mundo externo no es más que una errónea construcción nuestra. La materia no existe de ningún modo independientemente de nuestro espíritu; existir no significa más que ser percibido. Un adversario de esta filosofía «idealista» limitó su contraargumento a dar una patada a una piedra, lo que puede valorarse de formas muy diferentes. Quien tropieza con una piedra ( ad lapidem), argumenta una de las partes, experimentará con toda claridad la realidad de la piedra; una teoría que niegue la realidad de la piedra no puede ser correcta, simplemente, y no merece la pena investigar todas sus sutilezas: tropieza con la piedra y verás de inmediato cuán ridículo es el idealismo. El idealista, sin embargo, interpreta el argumento ad lapidem como una malinterpretación total del problema, como incapacidad para entablar una discusión filosófica seria sobre el idealismo. (El idealista tampoco discute que duela tropezar con una piedra; lo que a él le interesa es la interpretación filosófica de las experiencias). En el argumento ad lapidem se expone un hecho trivial y tangible que supuestamente refuta una sutil argumentación teórica sin entrar en sus razonamientos, eventualmente sutiles. El encanto de esta figura estriba en que no puede decidirse sin más si será o no convincente.
  • Un ejemplo célebre en la historia de la cultura es la novela filosófica de Voltaire Cándido, que en forma satírica ataca la tesis de Leibniz según la cual este mundo nuestro, con toda su miseria, es el mejor de todos los mundos posibles. Leibniz había resuelto el problema de la teodicea —ya nos hemos encontrado con ella— demostrando filosóficamente que no es en absoluto posible un mundo mejor que este, el nuestro. En vez de adentrarse en la profunda argumentación de Leibniz, Voltaire describe en Cándido una vida humana concreta que, literalmente, cae de una desgracia en otra. En la descripción de todos los dolores y desgracias de esta vida se mezclan ocasionalmente comentarios al estilo de la filosofía leibniziana. Voltaire se ahorra una discusión sustantiva de esta filosofía; simplemente la confronta con la realidad, si bien de forma drástica. La valoración de la argumentación volteriana siempre ha sido diversa. Para los metafísicos alemanes, Voltaire pasa por alto los argumentos de Leibniz sin comprender su profundidad. Voltaire, afirman sus críticos, es superficial, Leibniz profundo31. Por su lado, los partidarios de Voltaire sostienen que la novela Cándido mostró de una vez por todas lo ridículo de la «teo-filosofía» leibniziana, que lo único que tiene de profundo es su absurdo.
  • TRAMPAS Un argumento puede ser verdadero y una argumentación correcta sin que, no obstante, lleven al objetivo deseado. Las causas pueden ser diversas. Mencionaremos brevemente algunas: no se alcanza el objetivo de la argumentación cuando la atención pública se distrae demasiado del auténtico tema; tampoco se alcanza el objetivo cuando se demuestra algo distinto a lo que se debería demostrar según el estado de la discusión.
  • RED HERRING Un ejemplo o un contraejemplo pueden elegirse de forma correcta y sin embargo producir un efecto de extravío. La discusión posterior, por ejemplo, puede concentrarse completamente en el ejemplo mientras se olvida la tesis propiamente dicha.
  • Se habla por tanto de una pista falsa o red herring [arenque rojo]. La expresión proviene de la caza. Se deja para los perros un rastro muy marcado arrastrando un arenque con un olor particularmente intenso, pista que desviará de su auténtico objetivo a los perros sin experiencia.
  • LA IGNORATIO ELENCHI Y EL ESPANTAPÁJAROS Se denomina ignoratio elenchi al error sobre el objeto a demostrar. Se expone una argumentación correcta, pero no para la tesis que se afirma, sino para otra. En vez de la posición que realmente defiende el adversario se ataca —de forma intencionada o por error— a un espantapájaros, es decir, una exposición distorsionada y malinterpretada de la postura contraria.
  • Un político sometido a fuego cruzado por una cuestión determinada se defiende alegando, con el mayor énfasis, que no ha hecho otra cosa distinta, que nadie le reprocha.
  • Una de las formas predilectas de atacar a un contrario es atribuirle una tesis que no defiende en absoluto; luego, atacar a este «espantapájaros» es pan comido.
  • UNA DIFICULTAD LÓGICA O SEMPER ALIQUID HAERET Al que le salpican de porquería le resulta difícil limpiarse. Demostrar que uno no ha hecho algo o que algo no ha tenido lugar es difícil, siquiera sea por razones lógicas. A los primeros cristianos se les acusaba de devorar bebés; algo semejante reprochaban a su vez los cristianos a los judíos. ¿Cómo puede uno demostrar que no ha comido niños y no ha profanado hostias? Cuanto más se niega más se habla de ello. La gente acaba pensando que algo podría haber: aliquid semper haeret.
  • EL EJEMPLO BRILLANTE Para refutar una tesis general basta con aportar un sólo contraejemplo.
  • Aportar contraejemplos es una argumentación lógicamente concluyente en contra de una tesis. Sin embargo, el adversario consigue imponer su forma de argumentación, lo que resulta desfavorable, ya que en algunos ámbitos es imposible señalar ejemplos más allá de cualquier duda; uno también corre el peligro de ponerse en ridículo si se rebaja al nivel del adversario.
  • También los ilustrados están con frecuencia atados por las ideas de la ideología a la que atacan.
  • MUJER Y SUPERMUJER Sobre cada agrupación de personas, sobre cada nación, clase, raza, género y minoría circulan en todo momento juicios y prejuicios.
  • Pero tampoco es recomendable idealizar el grupo atacado.
  • Uno debe ser honrado, y no oponer a la intolerancia ficciones románticas. Las personas no tienen derecho a un trato humano por razón de algún tipo de mérito especial; ese es el sentido de las palabras derechos humanos. También el hombre vulgar y mezquino debe recibir un trato decente. No es preciso defender el ideal de humanidad argumentando la desmedida bondad y gentileza de los hombres, sobre todo teniendo en cuenta que nadie aceptaría semejantes argumentos. Más bien se podría aludir a la bajeza de los perseguidores.
  • Podemos establecer como principio que […] la creencia en una religión no determina ni regula el modo de actuar de una persona, salvo que, como mucho, incline a despertar en su corazón cólera contra quienes piensan […] de forma distinta. Este principio permite constatar con toda claridad hasta qué punto se engaña uno cuando supone que incluso los idólatras poseyeron necesariamente más virtud que los ateos10. La religión no tiene una gran influencia en el comportamiento ético de las personas, y mucho menos en el político; esa es la contratesis de Bayle. Es una tesis realista, la historia ofrece cuantos ejemplos se desee de su corrección.
  • ¿CUESTIONES DE HECHO O DE DEFINICIÓN? No tiene sentido argumentar a favor o en contra de una tesis cuando no está claro el «estatuto lógico» de la tesis o (lo que está relacionado con esto) el significado de las palabras utilizadas. Considérese la tesis los hombres son superiores a las mujeres; ¿qué significa aquí la expresión «superiores»? Son concebibles definiciones que validarían la tesis; por ejemplo, si «superiores» quisiera decir «mayores y más fuertes corporalmente»; y son concebibles definiciones en las que difícilmente se podrían aportar argumentos a favor de la superioridad de los hombres
  • en todo caso, una discusión carece de sentido cuando los interlocutores no están de acuerdo sobre el significado de los conceptos centrales. En ocasiones se ocultan conflictos reales tras cuestiones de definición. La cuestión en discusión es sencillamente si el estado A está dispuesto a conceder o no un estado propio a un grupo B; tan sólo se trata de eso. Los defensores de la independencia estatal de B definirán el concepto de nación de forma distinta a los adversarios de ese estado independiente. De este modo, ambas partes construyen una argumentación favorable a su tesis.
  • LA TRANSICIÓN DEL SER AL DEBER SER Y LA FALACIA NATURALISTA
  • En la teoría moral, la pregunta por la fundamentación de las normas desempeña un papel central. No matarás, no robarás, no mentirás… ¿Pero por qué no? Se exige aquí una argumentación. Una argumentación de este tipo tiene la limitación que en ocasiones se denomina principio de Hume. Se trata de un principio puramente lógico, a sa- ber: no se argumenta de forma válida en defensa de las proposiciones de deber ser cuando en los argumentos no hay a su vez principios que hagan referencia al deber ser12. Quedan así excluidas las argumentaciones en las que los argumentos se limitan a la constatación de hechos. Lo contrario sería una transición lógicamente inadmisi- ble del ser al deber ser. Por ejemplo: no matarás, porque en todos los pueblos de la Tierra el homicidio está duramente sancionado. No torturarás, porque infliges graves daños a las víctimas.
  • IDEOLOGÍA, FANATISMO Y ARGUMENTACIÓN LA ARGUMENTACIÓN EN CUESTIONES IDEOLÓGICAS
  • cómo podría tener lugar una confrontación (verbal, se entiende) con quien no compartimos ninguna base común de argumentación, es decir, con quien considera verdaderos principios, valores y dogmas fundamentales que nosotros tenemos por falsos. Discutir y negar sin más las tesis de una persona así no es una argumentación, sino limitarnos a sustituir un sistema dogmático por otro.
  • ¿Cómo podrían demostrar argumentativamente dos ideologías o religiones distintas, la una a la otra, la verdad de los propios dogmas y la falsedad de los del otro? No pueden. Argumentar presupone una base de argumentación, y la discusión trata precisamente de esa base.
  • Según sea la constelación real de poder, ideologías y religiones caen unas sobre otras a sangre y fuego, o coexisten sin intentos sostenidos de convencer al adversario. Por lo demás, es un hecho conocido que las ideologías en competencia se condenan entre sí dogmáticamente, mientras sus representantes supremos intercambian amables visitas y hablan en ellas de temas menos espinosos. Este hecho no es sólo comprensible desde el punto de vista de la Realpolitik, sino también desde el de la situación argumentativa: sobre la dogmática no cabe argumentación de ningún tipo, por lo que se ignoran los contrastes.
  • un ficticio diálogo sobre religión de Juan Bodino2. Los participantes en la disputa son un luterano, un calvinista, un católico, un mahometano, un judío, un representante de la religión racional y un partidario de una especie de religión natural. Todos intentan convencer a los demás de lo acertado de la propia religión, y ninguno lo consigue. Los diálogos se desarrollan en un es- píritu de máxima tolerancia y respeto mutuo, pero al mismo tiempo evidencian el fracaso de la discusión sobre los contenidos. Ninguno puede convencer a los demás. El escrito acaba con las palabras: A partir de entonces vivieron entre sí en una paz maravillosa […] Pero nunca volvió a hablarse de religión, y todos permanecieron firmes en la suya.
  • Naturalmente, se intenta reiteradamente reconducir la discusión con un fanático a la forma estándar de argumentación, es decir, encontrar una base común para la argumentación, por ejemplo apelando a los derechos humanos, sentimientos elementales o la responsabilidad por el futuro de la humanidad. Semejante proceder es optimista y se basa en la suposición de que el fanático extrae conclusiones falsas de principios que compartimos con él. Pero uno debe ser cuidadoso con semejantes suposiciones. No debe considerarse al fanático como inconsecuente o intelectualmente limitado, esto es, como si él y nosotros compartiéramos los mismos principios supremos aunque él no sea lo suficientemente inteligente para aplicarlos correctamente. Debe afrontarse el hecho de que puede discutirse sobre los principios mismos y que al hacerlo no es posible recurrir a otros principios superiores.
  • principios y figuras más habituales de la argumentación fanática;
  • El principio básico del fanatismo es una proposición difícilmente discutible: la verdad merece un estatuto especial frente a todas las doctrinas falsas. Una de sus variantes predilectas es la siguiente proposición: hay que obedecer a dios antes que a los hombres. Si se une a semejante principio la opinión yo tengo la verdad o yo sé lo que dios quiere de mí, ya están sentados los principales requisitos para que irrumpa el fanatismo.
  • El fanatismo es lo contrario de la tolerancia, pero no debe explicarse a partir de cualesquiera rasgos negativos del carácter del fanático, sino por motivos superiores, como el amor a la verdad, o el honrar a dios, al partido, al proletariado, a la nación, o a la raza, etc.
  • Las cumbres de la ciencia y de la técnica jamás fueron una garantía contra el fanatismo. Por eso, tampoco nosotros, centroeuropeos, debemos sentirnos seguros.
  • Se trata de acciones planificadas de forma racional, que debían servir a un objetivo bien definido, un objetivo que de ninguna manera era defendido sólo por los asesinos. Lo que ocurrió, simplemente, es que los asesinos fueron particularmente consecuentes en la persecución del objetivo. Y es justo eso lo que caracteriza al fanatismo.
  • EL PRINCIPIO IDEOLÓGICO FUNDAMENTAL Y UNA DOCENA DE ARGUMENTOS EN FAVOR DE LA INTOLERANCIA
  • En la Defensa de la fe verdadera de Calvino pueden leerse las siguientes frases que expresan con toda la claridad deseable el principio del fanatismo religioso: Cualquiera que defienda la opinión de que se comete injusticia con heréticos y blasfemos al castigarlos se convierte conscientemente en culpable v cómplice del mismo crimen. Que no me vengan con autoridades terrenas: es dios quien habla aquí, y se ve claramente qué es lo que quiere salvaguardar en su iglesia hasta el fin del mundo. No sin razón, El sofoca todos los sentimientos humanos que usualmente ablandan el corazón; no sin razón, Él reprime el amor d el padre a sus hijos y toda amistad entre hermanos y nuestros prójimos; [no sin razón] El sustrae a los maridos de las zalamerías de sus mujeres, que quizá suavicen el ánimo de estos; en una palabra: [no sin razón] Él priva prácticamente a los hombres de su naturaleza. [Y la razón es:] Para que nada pueda enfriar su celo.
  • ¿Por qué demanda Él esa extrema dureza e inflexibilidad, si no es para mostrar que no se le demuestra la honra debida cuando no se toma Su servicio más en serio que toda consideración humana, y no se repara ni el parentesco, ni en la sangre ni en ninguna otra cosa; y que se debe olvidar cualquier humanidad cuando se trata de combatir por Su gloria?9
  • una pequeña lista de los argumentos cristianos en favor de la intolerancia.
  • (1)10 La especial peligrosidad del hereje
  • Todas la ortodoxias están de acuerdo en ver en los discrepantes, desviacionistas o herejes el peligro de los peligros. Históricamente, eso se evidencia en que en todas las épocas la lucha contra las herejías se ha llevado a cabo con más encono que la lucha contra el «enemigo externo». Es probable que la razón efectiva haya sido siempre que el enemigo externo era demasiado poderoso, por lo que, ya que una «guerra santa» no tenía ninguna perspectiva de éxito, se considera preferible llegar a un acuerdo político con él, desarrollar un comercio ventajoso, en suma, coexistir de forma tolerante. Pero quizá sea posible acabar con los herejes en el propio ámbito de poder, con los competidores peligrosos.
  • En contraste con los pueblos lejanos y exóticos, el hereje y el apóstata tienen la máxima facilidad de acceso a la auténtica doctrina de la ortodoxia, tienen esta verdad inmediatamente ante sus ojos… y a pesar de eso no creen en ella. Este es un desafío de un tipo especial, porque toda ortodoxia cree que su verdad se impondrá (incluso sin pruebas, que no pueden existir) por sí misma, por su propia eficacia, toda vez que alguien la haya tenido ante los ojos con la máxima claridad. Por eso la aparición de herejes y apóstatas debe explicarse de otro modo: son sujetos intencionadamente maliciosos y protervos que actúan mal a sabiendas.
  • (2) El argumento del pastor Quien anuncia una doctrina verdadera ve las cosas correctamente; ¿no es su obligación, en caso de necesidad y si otros métodos más suaves no logran su objetivo, obligar a ser felices a los menos perspicaces, a los tontos y a la gente de mala voluntad?
  • Si alguien viera que su enemigo, enloquecido por una fiebre peligrosa, corriera hacia el abismo, ¿no retribuiría el mal con mal si le dejara correr en vez de detenerle y atarle?
  • La humanidad que estiman quienes piden perdón para los herejes es más que cruel: pues para salvar a los lobos, exponen como presa a los pobres corderos 17.
  • (3) A pesar del terror, no se obliga a creer
  • (4) No todo terror es igual
  • «Los golpes de los amigos son mejores que los besos de los enemigos» (Proverbios, 27, 6)25. […] Cuando el bien y el mal hacen lo mismo y padecen lo mismo, la diferencia entre ellos no se manifiesta en lo que hacen y padecen, sino en las causas por las que ambos ocurren26. Comprenderás, escribe Agustín
  • (5) Bienaventurados los que padecen persecución…
  • es preciso distinguir entre los perseguidos buenos y malos. Para los buenos rige el precepto bíblico de bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia 29. Sobre los malos, es decir, sobre los perseguidos no católicos, escribe Agustín: Que en el futuro sólo encontrarán el merecido castigo de los impíos cuando hayan soportado con estéril y vana paciencia las penalidades de este tiempo, no po r causa de la justicia, sino por el error y la soberbia humanos 30 .
  • Los malos siempre han perseguido a los buenos, y los buenos a los malos; aquellos causándoles daños con injusticia; estos, empujándoles al bien con saludable disciplina
  • (6) Un argumento tu quoque
  • (7) Tu quoque a la inversa
  • Los paganos casi siempre fueron tolerantes en materia de religión, cosa de la que se benefició el cristianismo temprano. ¿No debería el cristianismo, a su vez, ser igualmente tolerante? Calvino lo niega sin titubear. Los paganos todavía no conocían la verdad, por lo que lo razonable para ellos era la tolerancia. Los cristianos, por el contrario, conocen la verdad.
  • Gamaliel dijo a los judíos, encolerizados por los apóstoles: «Os digo, pues, ahora: desentendeos de estos hombres y dejadlos. Porque si esta idea o esta obra es de los hombres, se destruirá; pero si es de dios, no conseguiréis destruirles. No sea que os encontréis luchando contra dios». Y aceptaron su parecer37.
  • (8) El argumento de la criminalización
  • El fanático nunca describe a su oponente como una persona reflexiva que busca la verdad; siempre se trata de criminales, monstruos, dementes.
  • Así ocurre siempre: el disidente es un enemigo de clase, el adversario teológico es un blasfemo. El derecho penal prevé las correspondientes sanciones. Visto así, no se trata de tolerancia y humanidad, sino de la persecución y enjuiciamiento de criminales.
  • El truco consiste en hablar de delito común a pesar de que sólo se trata de desviaciones de la dogmática ortodoxa42. Está claro que un fanático no contempla la separación entre el estado y la ideología propia. Para él, la ideología es lo más importante; y lo más importante no puede desplazarse del centro de la sociedad y del estado.
  • (9) Escarnio de las víctimas No sólo se liquida a los disidentes; también deben ser aniquilados moralmente. No se asesina al hereje como mártir, sino como canalla.
  • (10) Prohibición de opinar, prohibición de dudar
  • Quien tiene una opinión distinta al poder intolerante es él mismo un criminal, pues está de parte de los criminales, de parte del mal, es un enemigo del estado.
  • Calvino concluye su obra con una maldición: malditas sean vuestras bestiales sutilezas 45,
  • (11) El argumento del distanciamiento
  • El «distanciamiento de los excesos»
  • El trabajo sucio siempre lo llevan a cabo el vulgo, los «idiotas útiles», el «brazo secular», mientras que los ideólogos no se manchan de sangre las manos. Si las quejas por el terror suben demasiado de tono, la ideología se distancia de los «excesos» y los «desaprueba».
  • Sin embargo, no se hace nada por evitar esos «excesos».
  • (12) El fanático sólo cumple con su deber
  • Todo lo que ocurre, ocurre siempre sólo a mayor gloria de dios, del partido, del pueblo, de la pureza de la raza o de cualquier autoridad suprema que se quiera.
  • analectas
  • Deorum offensae diis curae: que los dioses se ocupen de las ofensas a los dioses.
  • Con la coacción puede lograrse cualquier cosa; ¿qué tiene que ver eso con la verdad? ¿No es absurdo buscar la verdad cuando todas las emociones están excitadas en su grado máximo?
  • Castellion apela finalmente a Cristo: Oh, Cristo, […] ¿ves todo esto? […] ¿Acudirías a esta terrible matanza si te invitaran a ella? ¿Comes tú carne humana? Si tú, oh Cristo, haces o les ordenas hacer tales cosas, ¿qué dejas por hacer al diablo? ¿Haces tú lo mismo que Satán?20 Este es el argumento de Moloch. Afirma que el fanatismo ha convertido en su opuesto a la doctrina santa. La religión del amor se ha convertido en la del terror.
  • El dios bíblico es indudablemente un cruel dios de venganza y la quema de herejes no es necesariamente una perversión de los textos bíblicos. Muy posiblemente, es el defensor de la tolerancia quien se aparta de la sagrada escritura.
  • se nos dirá, ¡aquella secta comete día tras día actos impíos y sacrílegos! Sí, replico, siempre que se definan las cosas como vosotros lo hacéis. Pero no cuando se definen como lo hace aquella secta. Pues esta afirma que sois vosotros los impíos y sacrílegos y que su culto es el único bueno y verdadero31.
  • EL ARGUMENTO ESCÉPTICO Todo fanatismo se basa en el principio de que se puede y se debe imponer la verdad —si es preciso mediante la violencia— y que los propios partidarios están en posesión de la verdad.
  • Si un edificio doctrinal dogmático no puede delimitar con claridad frente a otras opiniones (es decir, herejías), sus pretensiones y su intolerancia devienen incomprensibles.
  • Una fe que no tiene dogmas claros es un absurdo. Por tanto, la refutación del argumento escéptico contiene de forma necesaria la pretensión ortodoxa de poseer la verdad clara;
  • UN ARGUMENTO DE GENERALIZACIÓN ¿Cómo sería el mundo, pregunta el ilustrado al fanático, si todos se comportaran como tú? Afirmas que tienes la verdad y por tanto tienes que matar a los que piensan de otro modo. Por tanto, utilizas este axioma: quien tiene la verdad debe imponerla, aunque sea violentamente. ¿Qué ocurriría si los demás tomaran de ti ese axioma?
  • Pero esto no le inmuta al fanático, puesto que es él, no los otros, quien tiene la verdad.
  • El crítico ni siquiera tiene que discutir que quizá haya realmente una religión verdadera a la que, lógicamente, le corresponde un status especial. Se limita a argumentar la indiscernibilidad fáctica de la pregunta de quién posee esa religión verdadera, y señala que, de hecho, simplemente se impondrá el poderoso.
  • EL ARGUMENTO DEL ASUNTO PRINCIPAL El argumento escéptico también suele plantearse en otra variante, la exhortación a concentrarse en lo esencial, en el asunto principal, dejando a un lado los bizantinismos. Es un argumento ad nauseam. ¿Por qué hombres que se esfuerzan por llevar una vida digna se persiguen únicamente porque sostienen opiniones teológicas divergentes? ¿No es el amor al prójimo y, en general, el esforzarse por llevar una vida digna lo más importante de la religión cristiana? No obstante, ningún dogmático puede aceptar semejante argumento,
  • CRÍTICA INTERNA CRÍTICA INTERNA: GENERAL Una simple negación de los principios del adversario no es una argumentación. ¿Pero qué se puede hacer contra los argumentos en favor de la intolerancia y la inhumanidad sin tocar el principio básico, por ejemplo: debe obedecerse a dios más que a los hombres? Si lo que recoge la Sagrada Escritura obliga a los creyentes, y si en la Escritura se afirma que debe darse muerte a los incrédulos y blasfemos, el creyente está obligado a hacerlo. Eso es una argumentación correcta. Puede que algún inquisidor fuera como individuo una persona sensible y compasiva, que nunca hubiera hecho daño a nadie si la doctrina sagrada no le hubiera exigido crueldad e inhumanidad. No puede objetarse nada desde un punto de vista lógico. Sin embargo, al crítico le queda la posibilidad de leer la Biblia de forma distinta, de interpretarla.
  • En una crítica «interna», el crítico se sitúa en el mismo terreno que su adversario, es decir, acepta, en la medida de lo posible, los mismos principios, en especial los mismos textos sagrados. (Dejaremos de momento a un lado la cuestión de hasta qué punto sea esto factible en el caso concreto). Únicamente discute que efectivamente se sigan de los textos sagrados ciertos dogmas especiales o mandamientos.
  • De ahí se derivan dos grandes peligros para la crítica interna: el primero es que siempre es posible discutir con acierto sobre las interpretaciones de la escritura; el segundo, que la crítica interna conduce casi irremediablemente a sutilezas que no son comprensibles para un público más amplio.
  • recónditas disputas exegéticas que ni pueden dirimirse de forma objetiva ni tienen interés para un público amplio.
  • Esta es la paradoja: cuando es posible decir en voz alta y sin cortapisas que no existen ni el diablo ni las brujas, en realidad ya no es necesario decirlo.
  • En la época de auténtico combate no hay un sólo crítico de la persecución de las brujas que diga claramente lo que en realidad era necesario decir: que no existen ni el diablo ni las brujas y que la Biblia es irrelevante cuando se trata de quemar personas. Así argumentaríamos hoy, en especial cuando se trata de la caza de brujas en culturas ajenas. Pero eso es crítica externa.
  • desde un punto de vista lógico la cosa está clara: o bien se trata en última instancia de los valores que considero esenciales, en cuyo caso no necesito recurrir a ningún texto sagrado a partir del cual selecciono o extraigo por interpreta- ción esos valores, o bien me someto a la autoridad de los textos sagrados, en cuyo caso no puedo elegirlos a mi antojo.
  • La eficacia de una selección adecuada de sentencias de los textos santificados se basa en que los partidarios de una ideología se tomen en serio esos textos en su conjunto.
  • El que un texto contenga contradicciones es, desde un punto de vista lógico, la objeción más grave. Para el lógico (pero no sólo para él) ese texto está liquidado; pero a quien considera sacrosanto un texto no le perturba durante mucho tiempo alguna que otra contradicción. En primer lugar, difícilmente se podrá demostrar con seguridad definitiva que un texto sagrado contiene contradicciones lógicas. Una demostración semejante presupone sistemas formalizados, y las ideologías se sustraen a la formalización. Siempre habrá matices de significado y circunstancias que permitan eliminar, se entiende que de forma más o menos plausible, una contradicción aparente.
  • Voltaire se indigna expresamente contra una interpretación excesivamente metafórica de la Biblia: no, es preciso tomarse en serio los textos sagrados. Con ocasión de uno de los muchos baños de sangre que llevaron a cabo los santos varones del Antiguo Testamento, Voltaire comenta: Los estudiosos niegan por completo todo el suceso [del baño de sangre de Sichem]. ¿Pero cómo se puede negar lo que ha inspirado el Espíritu Santo? ¿Se puede aceptar unas partes del Antiguo Testamento y rechazar otras? […] ¡Uno debe creer esta historia o rechazar toda la Biblia! 27
  • Pero si se toma el texto como un mero cuento edificante, se le despoja también de su aura sagrada. Si se le da una interpretación distinta a la literal, esta es arbitraria, cosa que también saben los lectores u oyentes. Sin embargo, si el texto se entiende de forma literal, se corre el peligro de que haya que tomarse muy en serio lo que enseña la historia: Los fanáticos que leen el texto se dicen: dios ha matado, así que tengo que asesinar; Abraham ha mentido, Jacob ha engañado, Rahel ha robado, así que tengo que robar, mentir y engañar. ¡Pero infeliz! Tú no eres ni Rahel, ni Jacob, ni Abraham, ni dios: tú eres un loco furioso, y los papas que prohibieron leer la Biblia eran muy sabios33. Voltaire se ahorra con intención sutiles argumentaciones teóricas. ¿Qué pretende conseguir en realidad? ¿Una «refutación» de la Sagrada Escritura? No, únicamente muestra a sus lectores qué hay en esa escritura, les enseña a leer reflexivamente. La mejor forma de describir el efecto de una obra así sería utilizando una palabra que a partir de ahora aparecerá cada vez con mayor frecuencia: es subversiva.
  • es necesario plantear la pregunta de en qué se puede reconocer qué principios son los correctos,
  • La Biblia relata que cuando el rey Ahab de Israel planeaba una guerra de conquista hizo llamar a 400 profetas para que estos le profetizaran el éxito, cosa que hicieron de buen grado. Solo el profeta Micha profetizó lo contrario, es decir, un desastre. Además, Micha le dio al rey una explicación de las profecías divergentes de sus competido- res: el Señor ha puesto un falso espíritu en la boca de todos estos profetas tuyos35. En cualquier caso, esa explicación carecía de valor para el rey, porque sólo postergaba la cuestión. Sin embargo, el verdadero profeta, Micha, tuvo razón, la campaña fracasó y el rey murió a consecuencia de sus heridas en la batalla.
  • Parece que hemos encontrado de este modo un criterio de demarcación: el acierto en los pronósticos.
  • Por lo general, los profetas no suelen ofrecer profecías falsables, sino que prefieren las órdenes, los dogmas y cosas semejantes.
  • El hecho de que haya falsos profetas no es ninguna prueba en contra de la existencia, o al menos la posibilidad de los verdaderos. Pero lo que sí se puede demostrar es la impotencia de una religión o una ideología cuando se trata de delimitar la propia profecía, la auténtica, de las ajenas y falsas. Pues la cita de la Biblia que ofrece Hob- bes se reduce a la siguiente afirmación: mi revelación es la única válida, mi dios el único real, mi ideología la única verdadera. Sin embargo, eso es lo que hacen todos los competidores.
  • uno se ve de nuevo reducido a la praxis: verdaderas son las revelaciones canonizadas por la ortodoxia, visionarias, es decir, falsas, todas las demás.
  • Pero esa es una crítica externa, una negación de los principios.
  • Las conversiones no son lógicamente reconstruibles, si bien suceden raras veces. En general, las misiones que carecen del respaldo de un poder terrenal son un fracaso.
  • Las armas que resultan eficaces para la ilustración no son los resultados (siempre cuestionables) de la crítica interna, ni las prédicas de una contraideología (que no demuestran nada), sino el traer a colación los principios inatacables, en cuanto verdaderos, de la ideología atacada. El ilustrado no necesita, ni puede permitirse, diseminar invenciones maliciosas sobre su adversario. El ilustrado no puede tampoco trabajar con trucos lógicos y pretender que está en condiciones de «refutar» la ideología adversaria. Las ideologías no se pueden refutar. El ilustrado tiene que atenerse a la verdad, a los hechos, sobre todo a los que son embarazosos para su adversario.
  • Voltaire ataca refiriendo hechos; deja que el lector saque las consecuencias.
  • El ilustrado no afirma en la argumentación subversiva que va a demostrar o refutar algo. Con toda modestia, sólo quiere informar, demostrar ad oculos, presentar otras posibilidades de pensamiento.
  • Nunca se afirma de un crítico subversivo que haya refutado o que pueda refutar el edificio conceptual del adversario. El procedimiento subversivo relaja tensiones y fijaciones psíquicas. Sugiere que las cosas quizá sean distintas o que pueden verse de forma distinta, supera la limitación de la mirada. Ayuda a contemplar con mayor agudeza las consecuencias de una ideología, enseña a considerar las ideologías desde el exterior,
  • La argumentación subversiva no tiene la forma de una crítica externa del tipo lo que crees es falso; más bien tiene la forma te voy a mostrar qué es lo que crees realmente
  • El hecho de que no sea posible impresionar al verdadero fanático mediante argumentos de ningún tipo es una de sus características esenciales. En realidad, no cabe sino abandonarle a sí mismo, aunque se intentará reducir el peligro que se deriva de él. Quien argumenta en contra de un fanatismo parece dirigirse a los fanáticos para convencerles de las ventajas de la causa mejor, más humana. En realidad, se dirige a los que aún no han sido víctimas del fanatismo, o lo han sido en grado menor. El objetivo del ilustrado no debería ser una «refutación» del fanático, sino evitar que las ardientes efusiones del fanático despierten interés inmunizando a la opinión pública contra ellas.
  • Las ideologías no son refutadas ni vencidas, sino que acaban siendo obsoletas, ignoradas, aburridas, olvidadas.
  • Quiero perseguir a mis enemigos y apresarlos / y no retornaré hasta que los haya matado. Quiero aniquilarles hasta convertirles en polvo al viento / los arrojo de mí como basura a la calle. ¡Loado sea el Señor! ¡Alabada sea mi roca! Loado sea el dios de mi salvación, el dios que me procura venganza / y que somete a mí los pueblos
  • Allí donde la Biblia sea oficialmente una escritura sagrada debemos contar con que la gente tratará de cumplir al pie de la letra esa escritura. No hay argumentos contra semejante consecuencia en el pensar y el actuar, ningún ilustrado puede refutar nada aquí. Es necesario actuar de forma indirecta y cauta si se quiere conseguir algo en contra de las ideologías. Es necesario poner de manifiesto ante la opinión pública de forma detallada y clara el contenido de la ideología para que perciba su peligrosidad mientras todavía hay tiempo.
  • Ese es todo el secreto de la subversividad de la razón: se basa sencillamente en exponer la doctrina a socavar para que esta se destruya a sí misma. La subversividad de la razón se basa en que se toma en serio al adversario, extremadamente en serio, más en serio que la masa de sus simpatizantes y partidarios de buena fe. Tomar en serio al adversario quiere decir ante todo tomar en serio sus lemas y programas más intolerantes, malvados y extremistas y no decir nunca: «las cosas nunca llegarán a ponerse así de mal».
  • El hecho de que una cosmovisión exhiba en sus banderas una guerra santa cualquiera contra el resto de la humanidad, aunque en realidad coexista pacíficamente con el resto del mundo, no es ni mucho menos una rareza. Esa circunstancia no permite de ninguna manera concluir con seguridad que esa cosmovisión se haya hecho inofen- siva y haya dejado de ser un peligro. El fenómeno del fundamentalismo nos enseña algo distinto. Si bien uno puede darse plenamente por satisfecho con el hecho de que un refresco (sea cual sea el nombre que tenga) ya no contiene drogas, en el ámbito ideológico-religioso las cosas no son tan inofensivas. Sin duda, una iglesia que se presenta como «moderna», es decir, inofensiva, es menos desagradable que una que practique la Inquisición; pero cuando la dogmática con la que se justificaba la Inquisición no se ha transformado radicalmente, es necesario no bajar la guardia. De momento, el refresco se fabrica según una fórmula más moderna, pero la antigua todavía está en el recetario. El ilustrado puede y debe volver a abrir ese libro y leerlo en voz alta.
  • EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS Fuera de la iglesia no hay salvación, reza un antiguo principio de la iglesia católica3,
  • Sería más sencillo renunciar a la fórmula extra ecclesiam nulla salus; pero de ese modo, toda iglesia renunciaría a sí misma. De modo que se empieza a distinguir entre teoría y praxis.
  • Pero uno no puede ir «teóricamente» al infierno: uno se asa o es bienaventurado. Aquí se origina una mezcla de radicalismo verbal dogmático y comentario paliativo… En la práctica esto significa que los dogmáticos rigurosos afilan el cuchillo, mientras que el clero se presenta como pacífico, conciliador, tolerante y comprensivo, en todo caso allí donde las relaciones de poder no permiten mucho más.
  • Los documentos doctrinarios oficiales se dirigen entonces contra las interpretaciones «rigoristas» (es decir, histórica y sistemáticamente correctas) del principio extra ecclesiam nulla salus, pero al mismo tiempo subrayan la necesidad de la iglesia para la salvación, sin la cual carecería de sentido toda la actividad misional9. Esa «inconsecuencia consecuente» no es fácil de comprender teóricamente.
  • Cuando que humeen o no las hogueras depende más de la sensatez de la jerarquía bien establecida que de la doctrina como tal, el ilustrado no debería bajar la guardia.
  • INFIERNO Y CONDENACIÓN
  • La cuestión de la condenación eterna de los no cristianos o no católicos
  • Si sólo hay un camino hacia la bienaventuranza eterna, a saber, el de la única iglesia verdadera, los paganos, musulmanes o ateos no la pueden alcanzar. ¿Qué pasa entonces con ellos?
  • esa honrada consecuencia. El teólogo actual tiene reparos en mandar al diablo sin más a sus conciudadanos; ¿pero tenían o no razón los teólogos del pasado con su pathos fundamental?
  • FUNDAMENTALISMO
  • El fundamentalismo no puede rechazarse como una perversión o falsificación de una ideología o religión en sí misma mansa, absolutamente bondadosa. El fundamentalista simplemente es más consecuente que otros partidarios de la misma doctrina
  • DIBUJAR EL IDEAL
  • Dibujar el ideal quiere decir tomar literalmente una doctrina, adoptar como caballo de batalla todas y cada una de sus palabras, proposiciones y dogmas, sacar a la luz implacable los absurdos y brutalidades de sus dogmas y mostrar despiadadamente sus consecuencias últimas. Se obliga a los ideólogos principales, pero sobre todo a sus inocentes partidarios, a adoptar de una vez por todas una postura clara frente a los elementos de su dogmática, que de otro modo suelen ocultar a su espalda de forma vergonzante.
  • Consideremos, por ejemplo, el siguiente mandamiento de la Sagrada Escritura: Quien levanta su mano contra su padre debe morir. Quien maldiga a su padre o a su madre, será condenado a muerte 14. ¿Quién se toma esto en serio? ¿Cómo se compadece eso con una educación más moderna y comprensiva, menos «represiva»? ¿Qué niño no ha maldecido alguna vez a sus padres? ¿Cuántos niños habría que matar para cumplir el mandamiento bíblico? Naturalmente, el creyente en la Biblia se atrincherará detrás de las respuestas habituales: el mandamiento citado se ha sacado de contexto y se ha deformado su sentido, está sólo en el Antiguo Testamento, no en el Nuevo, no puede leerse literal-jurídicamente en el sentido del código penal, en realidad no se ha matado ni a un solo niño por las razones mencionadas. En general, el ilustrado busca con ánimo hostil los pocos pasajes, quizá oscuros, pero que en todo caso pueden aclararse históricamente, y los saca de su contexto; sin embargo, ignora maliciosamente el mensaje de amor. Sencillamente, no quiere escuchar. Sin embargo, el ilustrado pregunta sin inmutarse a los piadosos: ¿de verdad queréis que los mandamientos de vuestra Sagrada Escritura se lleven a la práctica?
  • En su intención subversiva, «dibujar el ideal» quiere decir manifestar implacable y consecuentemente los principios del adversario. Se puntualiza la postura del adversario, se explícita qué principios sigue.
  • una entrevista que el escritor israelita Amos Oz hizo a un defensor de la política dura de violencia de Israel contra sus habitantes y vecinos árabes. Lo importante aquí es que el periodista no se inventa nada, no retuerce caprichosamente nada, sino que se limita a desarrollar de forma plástica las posturas en discusión. El halcón afirma, entre otras cosas: «Me da igual, puedes llamarme lo que quieras. Llámame monstruo. Llámame asesino… Quizá ahora acabe de una vez por todas la cháchara sobre la excepcionalidad de la moral judía. Sobre las enseñanzas morales del holocausto y las persecuciones, sobre los judíos que supuestamente salieron purificados de las cámaras de gas. Se acabó. Ya hemos acabado con esa basura. La pequeña devastación de Tiro y Sidón, la destrucción de Ein-Hilwe, el bombardeo de Beirut y la minúscula masacre —¡quinientos árabes, vaya una masacre!— de aquellos campos… todas estas buenas acciones acabaron de una vez por todas con la palabrería sobre el «pueblo elegido» y sobre la «luz de los pueblos». Alabado sea el Señor, que nos ha librado de eso… A todos los vecinos que nos pongan la mano encima se les debe arrancar la mitad de su cuerpo con violencia para siempre y pegar fu ego al resto. También el petróleo. También con armas nucleares… ¿Sabes qué es lo que saldrá al final de este proceso?… Una paz auténtica, estable y que se pueda vivir. En cuanto culmine este capítulo de agresividad, adelante, ahí estáis vosotros para leernos vuestro texto. Creadnos aquí cultura, valores morales y humanismos. Cread entendimiento entre los pueblos. Luz de los pueblos. Cread un estado humanista al que reciba en triunfo todo el mundo, y vosotros mismos podréis moriros de autosatisfacción y placer… Quizá llegue entonces el tiempo del profeta Isaías, con el lobo y el cordero y el leopardo y el cabrito y todo ese zoo tan bonito. Con una condición: que también al final de los tiempos nosotros seamos el lobo y todos los Gojim del vecindario sean los corderitos. Estoy dispuesto a cumplir voluntariamente el trabajo sucio para el pueblo de Israel, a matar a los árabes que haga falta, a expulsarlos, perseguirlos, quemarlos, hacernos odiosos… Hoy ya podríamos tener todo esto detrás de nosotros, podríamos ser un pueblo normal con valores vegetarianos… y con un pasado levemente criminal: como todos. Como los ingleses y los franceses y los alemanes y los estadounidenses, que ya han olvidado lo que hicieron a los indios, y los australianos, que han aniquilado a casi todos los aborígenes, ¿y quién no? ¿Qué tiene de malo ser un pueblo civilizado, respetable, con un pasado ligeramente criminal? Eso ocurre hasta en las mejores familias» 15.
  • Desde el punto de vista del nacionalismo judío, David era un héroe relumbrante; el punto de vista de los filisteos o amonitas no se contempla en la Biblia.
  • DEL REY DAVID O LA DOBLE CONTABILIDAD MORAL
  • El argumento de las costumbres de la época, que son las que tienen la culpa de todo, es el que siempre se encuentra uno cuando se intenta limpiar una ideología de sus hechos vergonzosos.
  • Todo ser humano tiene algún tipo de principios básicos de pensamiento y actuación, principios que no pueden deducirse de otros anteriores y que, desde un punto de vista lógico, son «ideológicos»: esto es normal, y la confrontación con ellos no es necesariamente explosiva.
  • nuestra sensibilidad moral debe abdicar cuando en la escritura hay un juicio decididamente moral, con independencia de que vaya muy en contra de nuestra propia conciencia. Sin embargo, este siempre ha sido uno de los principios de la interpretación cristiana de la Biblia y es, naturalmente, intolerable. Por tanto es subversivo insistir en él. ¿Quién puede indignarse por la «guerra santa» islámica y alabar a la vez al rey David? O se despoja a la historia de David (y en última instancia a la Biblia entera) de su carácter sacrosanto y se la lee como un texto antiguo corriente, o debe contarse con que un fundamentalista cualquiera se la tome en serio algún día y vuelva a llamar al asesinato y el homicidio en el nombre de dios.
  • El fundamentalismo es posible siempre que existan textos sagrados.
  • Las iglesias (la católica, y pronto también las reformadas) no eran prisioneras de una superstición medieval, sino sus productoras más diligentes.
  • Otra forma de tratar el desagradable pasado es el principio de que «es necesario ver las cosas en su contexto histórico». Precisamente el ilustrado, que quiere conservar el sentido de la distancia, cae con facilidad en esta trampa. El principio metodológico utilizado aquí es simple. Reza así: las acciones que eran frecuentes en su época no pueden atribuirse a los protagonistas, sino a las circunstancias históricas. Y, en particular, no son admisibles la indignación o la condena moral. En ocasiones, el principio tiene una cierta plausibilidad. Si se quiere comprender un acontecimiento, si se quiere entender «cómo se pudo llegar a esto», hay que considerar las condiciones históricas en las que tuvo lugar, en qué época y cultura se produjo, qué circunstancias especiales se daban. Si esa consideración tiene éxito, quizá se puedan explicar cosas ante las que uno de entrada se queda atónito. Pero este entendimiento no puede convertirse en disculpa o aprobación de la atrocidad, en la que los autores aparecen como meras víctimas de las circunstancias históricas.
  • ¿Qué es lo mucho que tiene que hacer aquí el ilustrado? Debe conservar viva la historia, volver una y otra vez a poner el dedo en la llaga de los rituales de maquillaje.
  • Samuel, 12,31. Las últimas traducciones se han hecho más inocuas: los mandó como siervos a serrar… y los obligó a trabajar en el horno de ladrillos. A efectos de nuestro discurso, poco importa qué interpretación sea en último término filológicamente correcta; el hecho es que durante la inmensa mayoría del tiempo, el texto se leyó como sigue: Pero David sacó al pueblo de las ciudades y los colocó bajo sierras y hachas de hierro y cuñas de hierro, y los quemó en hornos de ladrillos. Así obró en todas las ciudades de los hijos de Amón.
  • RISA SUBVERSIVA
  • TOLERANCIA CLÁSICA La tolerancia1 es una virtud que no se basa en la inclinación; más bien consiste en dominar una repulsión intensa. Tolerar consiste en soportar, transigir, aguantar a alguien a pesar de que nos resulta insufrible, a pesar de que nos perturba, desafía, irrita. La tolerancia es antinatural;
  • La idea clásica de la tolerancia propugna una coexistencia pacífica de posturas contradictorias entre sí; pero no ataca el principio fundamental de que existe una doctrina verdadera sobre la cuestión disputada. Quien está del lado de la verdad no puede reconocer como iguales opiniones que divergen de ella, por más que las tolere. La verdad debe conservar su estatuto especial frente a las opiniones falsas.
  • La ortodoxia de toda ideología teme con razón que, en último extremo, la idea de tolerancia conlleve algo más que la mera tolerancia de opiniones falsas. Por consiguiente, el argumento estándar contra la tolerancia afirma que conduce al relativismo, a la indiferencia y a la renuncia a la verdad.
  • TOLERANCIA SUBVERSIVA Si se considera que las objeciones de los adversarios de la tolerancia no pueden refutarse mediante una argumentación vinculante para ambas partes, está claro que sólo cabe una argumentación subversiva. Subversiva porque debe atacar el principio fundamental de la intolerancia, a saber, que hay una sola verdad pura a la que corresponde un estatuto especial.
  • Voltaire: Hubo una época en la que se creía necesario adoptar disposiciones judiciales contra aquellos cuyas doctrinas se oponían a las categorías de Aristóteles, el horror al vacío, las quididades3 y el universal. En Europa tenemos más de cien tomos jurídicos sobre la brujería y sobre qué indicios permiten distinguir a la s brujas falsas de las verdaderas. La excomunión de las langostas y otras plagas ha sido muy común y se conserva en varios rituales. Ya no es habitual. Y a Aristóteles se le deja en paz. Los ejemplos de estas estupideces serias, en su época tan importantes, son innumerables. De vez en cuando surgen otras; pero cuando han obrado su efecto y uno se cansa de ellas, vuelven a desaparecer. ¿Quién tendría hoy la ocurrencia de convertirse en carpocraciano, eutiquiano, monotelita, monofisita, nestoriano, maniqueo, etc.? ¿Qué pasaría entonces? Se reirían de uno…4
  • Gracias a Voltaire, el lector sabe, por ejemplo, que uno de los principios del Imperium Romanum era: Deorum offensae diis curae 5: que los dioses se ocupen de las ofensas a los dioses.
  • Este pequeño planeta, que no es sino un punto minúsculo, rueda a través del espacio como muchos otros cuerpos celestes. Estamos perdidos en esta inmensidad. El hombre, con su altura de unos cinco pies, sin duda no es más que una pequeñez para la creación. Uno de estos seres, prácticamente inapreciables, dijo a uno cualquiera de sus vecinos en Arabia o en el país de los cafres: escúchame, porque a mí me ha iluminado el creador de todos estos mundos. Hay novecientos millones de pequeñas hormigas como nosotros en la Tierra; pero dios sólo ama a mi hormiguero; todos los demás son para él, desde toda la eternidad, una abominación. Sólo los míos serán felices, todos los demás eternamente infelices. Aquí alguien me interrumpirá de inmediato y me preguntará qué clase de loco dice estas cosas demenciales. Tendré entonces que responder: vosotros mismos 8 .
  • La paz religiosa de la que disfrutamos hoy es fruto de la Ilustración. Es estable porque es una paz irreligiosa. Esta situación estable no ha resultado de un aumento de la virtud, sino de la eliminación del objeto del conflicto. Los hombres no se han hecho más tolerantes; simplemente han perdido el interés por la religión. En ese aspecto, las disputas religiosas son un caso especial. Al principio, su solución parecía un caso desesperado, tan difíciles eran las cuestiones en disputa y tanto lo que dependía de la respuesta que se les diera… se trataba nada menos que de la bienaventuranza eterna. Pero una vez que la gente se vuelve escéptica, las antiguas cuestiones en disputa pierden todo su atractivo. ¿Quién querría seguir discutiendo sobre ellas? Debería quedar clara la lección para otros ámbitos de intolerancia «más modernos». Los llamamientos a la tolerancia están muy bien, pero en muchos casos son bastante ineficaces. Los conflictos que se basan en problemas reales sólo pueden solucionarse resolviendo los problemas reales.
  • RELATIVIZACIÓN SUBVERSIVA Relativizar una tesis, ideología o postura quiere decir representarla como un caso entre muchos otros muchos casos equiparables. Se muestra, por ejemplo, cuántas religiones y dioses ha habido y hay
  • en el año 380 un autor contemporáneo enumere 146 sectas cristianas
  • acerbamente serio, sañudo,
  • Fideísmo quiere decir creer sin más las doctrinas y dogmas de una religión renunciando a todos los esfuerzos de la razón.
  • El ilustrado no debería, sin embargo, dejar de remover demasiado pronto las antiguas historias. La gente debe escuchar qué cosas forman parte de su religión.
  • Por lo general, los partidarios de una ideología conservan íntegramente su entendimiento crítico, simplemente abdican de él tan pronto como pisan su terreno sagrado. Mediante el trabajo del ilustrado deben aprender a contemplar su ideología desde fuera, con los ojos de un espectador que no ha sido educado en ella.
  • puede permitirse incluso un pequeño codazo en passant: La fe no consiste en creer lo que le parece correcto a la inteligencia, sino en creer lo que parece falso.
  • Voltaire también hace que un furibundo detractor del cristianismo dirija el siguiente discurso a un cura: ¿Cómo os atrevéis a negar vuestra idolatría, vosotros, que en mil iglesias dais culto a la leche de la Virgen, al prepucio y al ombligo de su hijo? ¿Vosotros, que adoráis bajo la forma de un culto idólatra un trozo de pasta que tenéis que guardar en una cajita por miedo a los ratones? Vuestros católicos romanos han llevado su católica extravagancia al punto de afirmar que transforman en dios ese pedazo de pasta… ¿No tiene uno que haberse convertido en un animal para imaginarse que un panecillo blanco y un vino tinto se transforman en dios? 29 Y el orador sigue mostrando su asombro por el hecho de que el sacerdote, después de inclinarse y hacer reverencias a izquierda y a derecha, hacia atrás y hacia delante, se coma y se beba a su dios. Si leyéramos únicamente la última frase, tendríamos la simple negación de un milagro, es decir, una crítica totalmente externa. El pasaje obtiene su carácter subversivo gracias a las alusiones preparatorias a cultos idólatras paganos (y por tanto ridículos) y a reliquias que en la época de Voltaire ya resultaban muy embarazosas (Voltaire no inventó esas reliquias; con toda seguridad hoy todavía se conservan en algún relicario). Desde un punto de vista externo, parece que no hay ninguna diferencia entre los fetiches paganos y las reliquias cristianas… esto, pero nada más que esto, es lo que expone Voltaire. Por lo demás, deja al lector sus propias reflexiones.
  • Nietzsche construye analogías terrenales con los asuntos divinos. Así humaniza, por ejemplo, la doctrina de la utilidad de la fe. ¿Qué le puede importar a dios que se crea en él? ¿Por qué atribuye tanto valor a que se le crea todo sin pruebas? A propósito de esto, Nietzsche hace replicar a un viejo vigilante nocturno (que «despierta cosas antiguas, dormidas desde hace largo tiempo»): ¿Demostrar? ¡Como si él hubiera demostrado algo jamás! Le resulta difícil demostrar; da gran importancia a que se le crea. ¡Sí! ¡Sí! La fe le hace feliz, la fe en él. ¡Así son los viejos! ¡Y así nos va a nosotros! 32
  • Podría considerarse la trivialización una variante de la crítica interna. No se rechaza ni se analiza la cuestión en discusión, simplemente se deja a un lado. Pero en un sistema lógico cerrado todas las proposiciones son igualmente importantes: si una no es verdadera, ninguna lo es. Tendencialmente, la trivialización es subversiva; cuando se empieza a considerar que determinados dogmas de fe no son tan importantes, ¿dónde está el límite de lo vinculante? Las categorías «esencial» o «secundario» no son de naturaleza lógica, sino valoraciones subjetivas. Cuando declaramos que una controversia es trivial, eso no significa nada para quienes participan en ella. Pero los observadores quizá se digan: parece que hay mucha gente a la que esta discusión enconada y sutil no le interesa en absoluto; ¿por qué nos debería interesar a nosotros?
  • Nietzsche: La forma más pérfida de perjudicar a una causa es defenderla intencionadamente con razones equivocadas 38. «Razones equivocadas» son argumentos que el oyente percibe como inadmisibles o inadecuados,
  • Desde un punto de vista lógico, no hay limitaciones ni fronteras para la argu- mentación tan pronto como se admiten como elementos de la argumentación lo intangible, lo incomprensible, lo contradictorio o, sencillamente, la fe, cuando uno se desvincula de la experiencia, cuando los textos pueden interpretarse, según convenga, alegórica o literalmente, simbólicamente o de cualquier otra forma, etc.
  • La compilación de los argumentos anticristianos o antirreligiosos
  • — Los análisis críticos de los argumentos («pruebas») de la existencia de dios o de los dioses deberían, supuestamente, demostrar la insostenibilidad de la religión. Estos análisis tendrán éxito en todos los casos, es decir, demostrarán la insostenibilidad de las supuestas pruebas de la existencia de dios; pero eso es todo. Tanto más meritoria, afirmará el teólogo, es la fe. Después de todo, afirman los teólogos, tiene que haber sobre la cúpula celeste un creador y sostenedor de los mundos.
  • — Toda religión puede confrontarse con la pregunta por la procedencia del abundante mal en el mundo y cuál es su relación con la omnipotencia, omnisciencia y bondad absoluta de la divinidad.
  • — Desde una perspectiva lógica, el argumento más incómodo contra las religiones es la pregunta por el sentido de sus términos centrales («dios», «demonio», «pecado», etc.): ¿entiende alguien qué quieren decir estas expresiones, qué significan realmente los dogmas? Uno sólo puede creer en algo cuyo sentido entiende: ¿de verdad puede alguien creer algo incomprensible?
  • El que alguien no entienda la verdad no es un argumento en contra de la verdad, sino que prueba la limitación de las capacidades intelectuales.
  • Demuéstrame que la palabra «dios» tiene sentido, objeta el crítico; demuéstrame tú que no lo tiene, replica el teólogo, etc.
  • — Las reflexiones histórico-genéticas deben refutar la religión: ¿cómo y a partir de qué necesidades surgió la fe en los dioses, para qué sirvió, quién se beneficiaba de ella, qué explica, qué oculta? En la práctica, sólo es posible contestar las preguntas de este tipo de forma sumamente hipotética, pero incluso aunque fueran posibles respuestas precisas, lógicamente serían irrelevantes; la pregunta por la verdad, por la validez de una religión no depende lógicamente de las circunstancias de su génesis.
  • — El antropomorfismo de las religiones; vuestro dios o vuestros dioses no son más que seres humanos superlativos, con pasiones, preferencias y debilidades humanas, y por todo ello ridículos.
  • Pero el concepto de un dios ni siquiera garantiza la existencia de ese dios, afirmará el crítico. No la garantiza, pero muestra el anhelo del ser humano por él, contesta el teólogo. No lo muestra, objeta el crítico. Sí que lo muestra, replica el teólogo, etc.
  • — La perspectiva histórica: los grandes imperios tienen una historia típica: surgen, tienen un momento de auge, se desintegran y desaparecen; la experiencia muestra que lo mismo ocurre con las religiones.
  • — La religión debe quedar refutada por la demostración de sus consecuencias prácticas indeseadas y negativas: el temor a los dioses, el miedo a las penas del infierno, la represión sexual, la demonización de la mujer, la explotación de los creyentes por parte de la iglesia, la persecución de quienes piensan de otro modo y el apoyo a la opresión política. Los teólogos empezarán por debilitar cuanto sea posible estas acusaciones, pero no depende nada de ellas desde el punto de vista lógico. El hecho de que la verdad no siempre nos venga bien no altera en nada su validez.
  • — Se acusa a la religión de no poder lograr lo que promete: no mejora al ser humano, no atenúa el sufrimiento, sino que, por el contrario, atrae mucho sufrimiento adicional sobre la humanidad por culpa de su intolerancia.
  • Se reprocha a la religión su hostilidad a la ciencia.
  • Lamentablemente, siempre ha habido malentendidos, pero no existe ninguna competencia entre teología y ciencia. ¿Y no pueden equivocarse también las ciencias, no son los científicos monstruosamente arrogantes frente a la religión? ¿No dudan siempre de sus propios métodos «rigurosos»?
  • — La religión, dicen sus críticos, es enteramente prescindible para el espíritu, la moral, el estado o la explicación de la naturaleza. Una moral sin religión, un estado compuesto íntegramente de ateos, una explicación de la naturaleza sin teleología ni fe en la creación no sólo son posibles, sino que son reales desde hace tiempo.
  • — En su época, la crítica de la fe en los milagros formaba parte del repertorio estándar de los ilustrados. Todos los incontables milagros eran estafas, en el mejor de los casos malentendidos, pero frecuentemente fraudes descarados. La respuesta es lógicamente sencilla: la demostración de que se han producido fraudes ocasionales (cosa que no niega ningún teólogo) no autoriza lógicamente ningún tipo de afirmación sobre los auténticos milagros. En caso de necesidad se puede añadir que, en realidad, el milagro es bastante periférico para la religión; las verdades de la religión son igualmente válidas incluso cuando no se producen milagros,
  • — Hay además otras muchas sutilezas dogmáticas especiales contra las que podría cargar la crítica. ¿Para qué todo el drama cósmico de que un dios cree a un hijo (¿o el hijo a él?), lo envíe a la tierra y lo haga matar, sólo para que El, el Todopoderoso, se reconcilie con su propia criatura? ¿No podrían haberse hecho las cosas de un modo más sencillo?
  • — Cuando falla todo lo demás, queda la técnica del abrazo. Se declara que los críticos de la religión, y precisamente los más furibundos, no son sino almas que buscan, impulsadas en realidad por el anhelo de dios.
  • Este es un fenómeno que carece de explicación lógica. Las ideologías parecen argumentativamente inatacables; pueden rechazar cualquier objeción, cualquier acusación, cualquier crítica, pero a pesar de todo acaban hundiéndose. ¿Será quizá que los ataques, el gigantesco dispendio de espíritu crítico, no fueron tan ineficaces? Si bien es imposible individualizar y ponderar las causas, es sin duda seguro que el trabajo ilustrado ha tenido su efecto: lenta, pero perseverantemente, ha socavado las murallas de las fortalezas ideológicas. Esto es lo que queremos expre- sar con el concepto de razón subversiva.
  • un pensador como Nietzsche que resume de forma clarividente la situación: ahora es nuestro gusto, no ya nuestras razones, lo que decide contra el cristianismo 3.
  • El creyente interpretará esto como un horrendo testimonio de arrogancia; para el crítico, es la expresión de la estructura lógica de las controversias ideológicas.
  • Lo que combate el ilustrado no son fenómenos que requerirían una sutil discusión de lo que es racional y lo que no. Para el ilustrado, «razón» quiere decir ante todo: nadie debe, en nombre de ninguna clase de religión, ideología o ideal, intimidar, atemorizar, escarnecer, perjudicar materialmente, privar de libertad, torturar o asesinar. Este principio es común a todas las grandes culturas de la humanidad; no merece la pena hablar con quien no lo suscriba sin reservas.
  • MESLIER, J. (1678-1733): Fue un ignoto párroco rural francés, profundísimamente anticlerical y ateo. Dejó constancia por escrito y en secreto de su repugnancia hacia la religión, la iglesia y el estado, aunque no publicó nada al respecto. En 1762, Voltaire publicó Extraits des Sentiments de Jean Meslier.
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