Rosa Isaac: La habitacion oscura

marzo de 2015

  • Nosotros, los de entonces.
  • y en el centro de todo está la habitación oscura, en cuyo interior se congela ese tiempo que afuera ha enloquecido,

  • siguiendo una trama de altibajos pero con promesa de final feliz,
  • ascender en cumplimiento de un principio físico irrefutable que nos haría flotar, subir, conseguir un despacho en la sede central, montar un negocio propio, tomar el control de la empresa familiar, desarrollar una aplicación y venderla a alto precio, hacer de tu pasión un modo de vida, sacar una buena plaza que garantizase un sueldo suficiente y mucho tiempo libre; cada uno tuvo su afán en aquellos años, cada uno dibujó su mapa del tesoro, su cuento de la lechera, porque parecía fácil, porque nos lo habían prometido, porque habíamos nacido para eso;
  • un anonimato que en realidad era otra forma de ser
  • una tarde de otoño que te cogió con ganas de encontrar metáforas en cualquier cosa,
  • Y pese a todo, pese a lo inevitable del camino emprendido, pese a la ligereza con que parecíamos cubrir etapas como transportados en una cinta mecánica, había momentos en que el juego de contrapesos temblaba, el chasquido se volvía zumbido persistente, una pinza cerrada en el pecho, una noche sin dormir y ansiedad y miedo y la vida era esto y el cansancio de lo mucho que todavía había que pedalear y levantarse una y otra vez y no llorar y seguir subiendo y empujar y no caer al ser empujado y los lunes y los hijos y las recompensas efímeras y la fantasía de dejarlo todo y cambiar de vida ahora que estabas a tiempo y marcharte a otra ciudad, a otro país, a otro idioma y renunciar a los frutos rojos, y al viento en la visera y a la cabaña y su insoportable cielo podrido de estrellas.
  • no saber cómo consolar a un hombre que lloraba después de follar,
  • un apartamento que no era más que el espacio que rodeaba una única habitación.
  • le encendían un resentimiento que no se originaba en la envidia, ella no quería ser como ellos, solo quería que ellos no fueran como ellos,
  • No, ya no nos creíamos inmortales. Pero todavía estábamos vivos.
  • Además, llegará un momento en que la habitación oscura tampoco sea suficiente, que ni siquiera ahí dentro estaréis a salvo, se acabará resquebrajando y por las grietas se escapará la oscuridad; pero no lo veis porque todavía no tenéis suficiente miedo, aún confiáis en que esto sea solo un paréntesis, una mala temporada, que al final habrá un día en que os despertaréis y los periódicos titularán que la guerra ha acabado, la crisis ha acabado, y lo celebraremos abrazándonos en las plazas mientras llueve confeti, y entonces volveréis al mismo sitio donde estabais cuando todo empezó, y podréis retomar desde ahí la vida detenida, recuperar lo perdido, todo lo que esperabais y ahora no llega, y por eso os escondéis: no para que no os vean sino para no ver, para no actuar,
  • relato que nos hizo Silvia de aquel tiempo que para ella siempre funcionó como un pasado feliz,
  • a los compañeros en la sala de profesores que solo abrían la boca para repetir las mismas quejas pero nunca secundaban una huelga.
  • La propia intimidad, nos dijo, es hoy un lujo, otra forma de poder adquisitivo, privilegio de unos pocos que pueden mantenerla a salvo mientras la mayoría quedamos expuestos a formas de control cada vez más invasivas por parte de gobiernos y empresas.
  • En el fondo no queréis cambiar nada, vuestra aspiración es que todo vuelva a ser como antes. Aunque uséis grandes palabras y votéis en las asambleas por un cambio de sistema económico, en realidad seguís queriendo lo de siempre: una buena casa, un buen sueldo, un buen coche, unas buenas vacaciones. Protestáis, sí, pero con cuidado de no romper nada. Y esto no va a cambiar con guerras de almohadas. Todavía nos estamos divirtiendo, nos reímos demasiado al protestar: pero ellos se ríen más, qué os pensáis. El miedo tiene que cambiar de bando, repetía su frase talismán.
  • Subrayado en la página 156 | Pos. 2390-93 | Añadido el viernes 20 de marzo de 2015 16H57′ GMT
  • por qué no os coláis en Hacienda para publicar todos los datos fiscales, las declaraciones de la renta de todos los ciudadanos, los ingresos de todo el mundo; por qué no entráis en los bancos y abrís las cuentas bancarias para mostrar sus titulares, saldos, movimientos; por qué no creáis una herramienta que abra de par en par el registro de la propiedad y el registro mercantil, para hacer más accesible toda esa información; eso sí que sería revolucionario, acabar con la invisibilidad del dinero y la propiedad, saber
  • Qué lejos aquellos días en que nos creíamos inmortales, en que paseábamos por la ruina como turistas.
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