Miquel Mir: Diario De Un Pistolero Anarquista

8 de septiembre de 2014 03H06′ GMT+01:00

  • abía que ganar antes la revolución que la guerra, ya que si se dejaba pasar el tiempo, las ideas revolucionarias se estancaban y degeneraban.

  • Andreu Nin, que había estado viviendo unos años en la Rusia soviética, fue nombrado conseller de Justicia y reorganizó el departamento, disolviendo por decreto la Oficina Jurídica y acusando a sus jefes, José Asens y Eduardo Barriobero, de haber inspirado más violencia que justicia en nombre de la revolución y de hacer la justicia a medida.
  • La persecución de todos los que se oponían a la política estalinista del gobierno republicano hizo que José perdiera parte de su idealismo y que la fiebre revolucionaria se le fuera diluyendo. Ya no eran tiempos para soñar.
  • Churchill, el primer ministro inglés, que durante la guerra civil española siempre quiso ser neutral desde el punto de vista del gobierno de Gran Bretaña, aunque añadía que si fuera español lucharía al lado de Franco,
  • nos ocupaba toda la semana de sol a serena,
  • Recuerdo que uno de estos detenidos, antes de morir, nos dijo que no sabía por qué le matábamos. Pero le hicimos callar porque nuestro trabajo era matar y el suyo, morir.
  • aprender una lección que deben rumiar todos los anarquistas del mundo: NUESTRAS IDEAS NO PUEDEN SER PROCLAMADAS Y PRACTICADAS EN SENTIDO TOTALITARIO, SIN RECURRIR A LA IMPOSICIÓN, POR TANTO, A LA DICTADURA. Y si no queremos recurrir a la dictadura no tendremos más remedio, por lo menos hasta tanto no se cree la conciencia libertaria en las multitudes y no se consiga eliminar a la autoridad, como realidad y como principio ético y político, que tender a la realización por etapas, influenciando en todos los órdenes de la vida y siendo fuerzas determinantes en todos los momentos de la historia. Y fuerzas determinantes son solamente aquellos movimientos cohesionados y organizados, que centran todas sus energías y todas sus actividades, todas sus potencias expansivas, toda la mística y toda la ética del ideal, a la consecución del fin propuesto, sin desperdigar fuerzas, sin fraccionarse, manteniendo la unidad, la homogeneidad de un movimiento de masas y de individuos unidos por comunes necesidades y por anhelos colectivos.
  • EL ANARQUISMO EN ESPAÑA Informe del Comité peninsular de la Federación Anarquista Ibérica al Movimiento Libertario Internacional
  • Durruti fue el primero que comprendió esto y el primero que dijo: Hay que organizar un ejército. La guerra la hacen los soldados, no los anarquistas.
  • suspecta,
  • un nimbo de terror misterioso que nos enajenaba muchas simpatías populares.
  • Quedamos fuera del gobierno, en Valencia por solidarizarnos con Largo Caballero y la U.G.T.; en Barcelona porque se estimó mejor no colaborar en un gobierno al que quería darse un carácter nacionalista que estimábamos peligroso y contrario a los intereses de la guerra y de la revolución.
  • divergencias de retaguardia,
  • Hay que reconstruir la amplia confianza que salvó a Madrid y hay que restablecer el bloque antifascista que la dirigió. Posición siempre observada y que se basa sobre tres premisas, presentadas por igual a la consideración de los demás antifascistas, más o menos tibios: Hay que ganar la guerra, porque ganar la guerra es vencer al fascismo, abrir una hora de libertad para España y para el mundo, asegurar las posibilidades socialistas de la revolución y salvar nuestras propias existencias en peligro. Para ganar la guerra, hemos de luchar todos unidos contra el fascismo. Hemos de aceptar todos, por lo tanto, una plataforma de coincidencias, que nos garantice la colaboración, el trabajo común y la eficacia de esta acción. Para conseguir esto sólo hay un medio: Un gobierno -garantía internacional de existencia dentro del Derecho, de legitimidad constitucional, frente a la facción sublevada contra la República — en el que todos colaboremos, en el que todos nos sintamos representados y que interprete todas las ansias revolucionarias del pueblo, encauzando la revolución y dando a los hombres que mueren en los frentes la seguridad de que no caen inútilmente, de que una nueva España, federal, socialista y libertaria, se va gestando, por etapas y con las transiciones que supone todo pacto entre iguales que opinan de diferente forma. Y a esa norma hemos ajustado, ajustamos y ajustaremos nuestra conducta. No hemos negado ninguno de los credos que informan nuestro ideario. Pero hemos creído, creemos y seguiremos creyendo que lo principal, lo que garantizará nuestra vida mañana, como organizaciones, como movimiento, lo que permitirá la expansión de nuestras ideas, lo que abrirá posibilidades internacionales incontables al anarquismo, es vencer al fascismo en España y llegar, sin dictadura alguna, a la realización de una democracia socialista, federalista y libertaria, que se levante sobre los intereses y la autonomía del individuo, del municipio y de la región, formando, por medio de la Federación, un todo armónico y homogéneo. Creemos que, con ese plan, con ese ensayo triunfante, habremos hecho más obra anarquista, con gobierno o sin él, de acuerdo con Bakunin o por encima de lo que hayan dicho todos los teóricos, que no se hallaron ante una guerra y una revolución como las que vivimos en España, que no manteniéndonos en una torre de marfil de ideas inamovibles, estériles como fósiles, valores negativos,
  • —Cuando se tiene que soportar la existencia de un gobierno, porque las circunstancias prohiben exterminarlo, es preferible participar en el órgano de poder, que soportar el peso del mismo sobre las costillas. — Esto supone la necesidad de participar en el gobierno.
  • Valencia, 6 de junio de 1937. El Comité Nacional de la C.N.T.»
  • La disolución del Consejo de Aragón
  • Fraternalmente vuestros, y siempre de la Anarquía.
  • FEDERACIÓN ANARQUISTA IBÉRICA. COMITÉ PENINSULAR BARCELONA
  • Sin más de momento, quedamos vuestros y de Acracia. Por el Comité peninsular, El Secretario Barcelona, 25 de octubre 1936
  • Alexander, R., The Anarchists in the Spanish Civil War, Londres, 1998.
  • Fraser, R., Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española, Barcelona, 1979.

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