Emile Ajar La vida ante si

12 de septiembre de 2014 03H24′ GMT+01:00

  • Gary cuenta en primera persona la historia del perro Batka al que recogió en Los Ángeles: luego se daría cuenta de que era uno de esos perros -«perros blancos»- adiestrados para atacar a las gentes de raza negra. Gary pretende reeducarlo y lo lleva a un amaestrador negro, quien le inculcará el instinto de atacar a los blancos. Gary prevé la pregunta del lector: «De todos modos, señor, tanto drama por un chucho. ¿Y Biafra?». Gary da una respuesta impetuosa: «¿Se burla usted de mí? ¿Biafra? En resumen, ¿no hacer nada por Biafra le permite no hacer nada por un perro? Existe hoy una nueva casuística que -a causa de Biafra, a causa del Vietnam, a causa de la miseria del tercer mundo, a causa de todo- les dispensa de ayudar a un ciego a cruzar la calle».
  • Durante mucho tiempo, no supe que era árabe porque nadie me había insultado todavía. No me enteré hasta que fui a la escuela.

  • Yo la seguí porque ella tenía tanto miedo que yo no me atrevía a quedarme solo.
  • Nos dormimos uno al lado del otro con el sueño de los justos. Lo he pensado bien y me parece que el señor Hamil se equivoca cuando dice eso. Creo que los que mejor duermen son los injustos porque todo les importa un bledo, mientras que los justos no pueden pegar ojo y por cualquier cosa se dan mala sangre. Si no, no serían justos.
  • Hemos de suponer que tu padre murió durante la guerra de Argelia, que es algo hermoso y grande, y que es un héroe de la independencia. –Señor Hamil, yo hubiera preferido tener un padre que tener un héroe.
  • no importaba y decía que cuanto menos se tiene, más se quiere creer.
  • Yo creo que los judíos son personas como las demás, pero no hay que tomárselo a mal.
  • –Es donde me escondo cuando tengo miedo. –¿Miedo de qué, señora Rosa? –Para tener miedo no hacen falta motivos, Momo. Nunca se me ha olvidado. Es la verdad más grande que he oído en mi vida.
  • La señora Rosa decía que un niño estaba pasmado cuando tenía pasmo, como el nombre indica. Quiere decir que no quería saber nada de la vida y se ponía raro. Es lo peor que puede pasarle a un crío, dejando aparte todo lo demás.
  • A mí me parece que se tiene que empezar a vivir muy joven, pues luego uno se desvaloriza y nadie le da nada.
  • ya se sabe que a los viejos lo que más les queda es su juventud.
  • Yo me cago en la heroína. Los chavales que se inyectan se convierten en adictos a la felicidad y eso no perdona, ya que a la felicidad se la conoce por sus estados de carencia. Para inyectarse hace falta tener ganas de ser feliz y esto sólo puede ocurrírsele a un gilipollas como una casa.
  • Y es que a mí la felicidad no me tira. Yo sigo prefiriendo la vida.
  • La ley está para proteger a las personas que tienen algo que proteger de los demás.
  • Tengo un amigo que se ocupa de los niños. –Un psiquiatra -dije. Esto la dejó pasmada. –¿Por qué dices eso? Los que se ocupan de los niños son los pediatras. –Sólo cuando son muy pequeños. Después son los psiquiatras.
  • –No hay que llorar, hijo. Es natural que los viejos mueran. Tú tienes toda la vida por delante. ¿Quería meterme miedo, el muy cerdo, o qué? Siempre he observado que los viejos dicen: «Eres joven, tienes toda la vida por delante» con una sonrisa, como regodeándose.
  • Al principio, creí que aquella judía tenía miedo a Dios y esperaba que si la enterraban sin religión iba a pasar inadvertida. Pero no era eso. Ella no tenía miedo de Dios, pero decía que ya era tarde, que lo hecho hecho está y que Él no tenía por qué ir ahora a pedirle perdón. A mí me parece que cuando tenía la cabeza en su sitio, la señora Rosa quería morirse del todo y no como si todavía quedara camino para andar después.
  • –Ayer u hoy, señor Hamil, no importa, todo es solamente tiempo que pasa.
  • y salí corriendo. No para huir, eso no es posible, sino sólo para no estar allí.
  • El señor Waloumba dice que los jóvenes necesitan tener tribus porque sin tribus son como gotas de agua en el mar y se vuelven majaretas.
  • El señor Hamil, lleva siempre un libro del señor Victor Hugo y cuando yo sea mayor también voy a escribir los miserables, que es lo que siempre se escribe cuando tiene uno algo que decir.
  • Tú no sabes lo que es eso, eres demasiado joven. –Nunca fui demasiado joven para nada, señora Rosa.
  • Ella decía mensch que en judío vale lo mismo para hombre que para mujer.
  • mittornischt zorgen. Por si no saben judío, esto quiere decir: No hay de qué quejarse.
  • –Momo… –Tranquila. No voy a dejar que llegue a campeón del mundo de las hortalizas en un hospital…
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