Corinne Hoffman – Volviendo de África

febrero 2015

 lo normal es que la primera hija pertenezca a la madre del marido, por así decirlo como un «subsidio de vejez». Conforme la niña va creciendo, se ocupa de buscar leña para el fuego de la abuela, de guardar sus cabras y de traer agua del río. En contrapartida la abuela la alimenta. Cuando la niña alcanza la edad núbil entre los trece y los dieciséis años, se la casa y la abuela obtiene el precio que se paga por la novia, un precio que se compone de varias cabras, vacas, azúcar y otros productos.

  • Lketinga, que hasta hace poco ostentaba el estatus de guerrero, no sabe leer ni escribir y se ha criado en la selva con los antiguos ritos y costumbres. James, en cambio, es el más joven y el único de la familia que, desde sus siete años de edad, va al colegio que es financiado por la Misión. Cuando tenían discrepancias, oí frecuentemente decir a Lketinga: —Esos no son hombres de verdad, no estuvieron jamás en la selva sino que se pasan el tiempo sentados en el colegio. They don’t know about life! Y oía decir a James y los otros chicos que iban a la escuela: —¿Sabes? Son cosas que no puedes comentar con esta gente. No te entienden, porque no saben nada del mundo. Solo conocen la selva y la manera de sobrevivir con sus animales. No saben lo que ocurre fuera en el mundo.
  • En Kenia es raro que un niño llore y mucho menos que lloriquee para conseguir su voluntad, algo que me ha llamado mucho la atención aquí.
  • Incluso a estas alturas me quedo un buen rato contemplando la nevera antes de sacar algo de comida. No es por nada, es como un homenaje y un gesto de respeto, nada más.
  • También a todos los masai les faltan los dos incisivos centrales inferiores. Cuando tienen entre siete y nueve años, ellos mismos suelen arrancárselos. Para ello utilizan un cuchillo puntiagudo o un clavo, lo introducen entre la encía y el diente y luego le van dando golpes con una piedra hasta que el incisivo cae, manchado de sangre.
  • Tonterías, ahora o nunca,
  • y ahora cargan con mesas y sillas para mí, la «blanca» que paga, y me sirven. Sé perfectamente que de este modo muchos tienen durante un breve periodo de tiempo un empleo, pero, aun sabiéndolo, me cuesta acostumbrarme.
  • preciosas lobelias y especies de senecio.
  • las ericáceas
  • Por ejemplo, de ninguna manera Lketinga y su familia habrían entendido que nosotros, los europeos, subamos a una alta montaña sometiéndonos a esfuerzos increíbles y que, encima, paguemos por hacerlo. Él me habría preguntado entre risas: «Corinne, ¿por qué lo haces? Eso no te da comida ni agua, solo te trae problemas. ¡Es de locos!» Y en cierto modo hubiera tenido razón. A la gente que necesita toda su fuerza y energía para poder sobrevivir, jamás se le pasaría por la cabeza meterse en semejante aventura, sin obtener un beneficio aparente.
  • Subrayado en la página 6 | Pos. 86-88 | Añadido el miércoles 18 de febrero de 2015 07H08′ GMT
  • pienso que hay dos tipos de viaje: el que se emprende sin olvidar el regreso al hogar, por mucho tiempo que se emplee en el camino, y aquel que no busca otro fin que seguir y seguir más allá.
  • Ninguno pronunció una sola palabra referida al regreso.
  • El viaje literario tiene algo de viaje hacia la eternidad, una búsqueda incansable del tiempo detenido. Por eso, aunque en Alejandría ponga, dentro de unos días, fin a este vagabundeo, guardo la sensación de que mi viaje seguirá, y de que lo hará a lomos de la palabra escrita.
  • Italo Calvino —lo recojo también de García Gual— escribía que «un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir»;
  • Quienes consideran los libros sólo como una fuente de placer, sencillamente una forma de entretenimiento o de evasión frente a la realidad de la perra vida, nunca entenderán cabalmente a los griegos, nunca entenderán del todo a los clásicos. La literatura, la filosofía y la ciencia fueron para los griegos un vínculo espiritual que determinó su manera de ser y que diseñó su forma de vivir y de organizarse, en rebelión permanente contra lo incomprensible. Esquivaron la cólera de los dioses y sobrevivieron a la fuerza ciega de la Naturaleza. Y por eso nos hablan hoy todavía, porque siempre que los hombres se rebelan en nombre del espíritu deben remitirse a Grecia.
  • ¡Y la luz! Era la misma luz que ha deslumhrado a tantos viajeros, la luz del principio de las cosas, la energía primera que originó la vida. Era esa misma inmensidad luminosa que conmovió a Henry Miller cuando recorrió las costas y las llanuras griegas. «En Grecia», escribía el autor de El coloso de Marusi, «uno siente el deseo de bañarse en el cielo, librarse de la ropa, correr y, de un salto, sumergirse en el azul. Uno desea flotar en el aire como un ángel».
  • Nadie es el dueño original de la tierra, por muy pequeño que sea el pedazo que uno escoge como patria. Cualquier nación ha nacido de una invasión y una conquista.
  • Nadie es el dueño original de la tierra, por muy pequeño que sea el pedazo que uno escoge como patria. Cualquier nación ha nacido de una invasión y una conquista. La fiebre de nacionalismos que nos acomete en este comienzo de milenio pierde su principal razón de ser cuando se pasan hacia atrás las páginas de la Historia.
  • Aristóteles señalaba: «Quien se sienta impregnado de la propia estimación preferirá vivir brevemente en el más alto goce que una larga existencia en indolente reposo; preferirá vivir un año sólo por un fin noble que una larga vida por nada; preferirá cumplir una sola acción grande y magnífica más que una serie de pequeñeces
  • Aristóteles señalaba: «Quien se sienta impregnado de la propia estimación preferirá vivir brevemente en el más alto goce que una larga existencia en indolente reposo; preferirá vivir un año sólo por un fin noble que una larga vida por nada; preferirá cumplir una sola acción grande y magnífica más que una serie de pequeñeces insignificantes».
  • Nauplia es la ciudad más hermosa de Grecia
  • No hubiera salido de Nauplia en todo el día, pero Micenas esperaba tan sólo unos pocos kilómetros al norte. Y el deber es el deber cuando uno viaja.
  • Uno siempre aspira a visitar en soledad lugares como Micenas, pero es algo imposible en nuestro tiempo. Y, además, tampoco es justo. Supongo que la mayoría de los turistas que había allí aquella mañana sentían lo mismo que yo: que tenían el derecho de estar solos.
  • Dice Werner Jaeger en su Paideia que «la historia de la formación griega empieza en el mundo aristocrático de la Grecia primitiva con el nacimiento de un ideal definido de hombre superior». Esto es, comienza con los aqueos. Antes de ellos, ninguna tribu o pueblo había pensado en nada semejante.
  • Los dorios, y sus descendientes espartanos, hicieron bien la guerra, pero no aportaron a la historia de la literatura y el pensamiento griegos ni un gramo de sustancia. Fueron otros, los jonios emigrados hacia el Asia Menor, al litoral mediterráneo de la actual Turquía, quienes prolongaron con su civilización los ideales aqueos (se dice que Homero pudo nacer en las costas jonias) y quienes lo devolvieron al continente a través de Atenas. Entre los siglos VII y VI a.C, tras los «tiempos oscuros» que siguieron a la caída de Micenas, el espíritu aqueo avivó su fuego en el alma jonia, y fue así el preámbulo de aquel imponente fulgor del pensamiento y las artes en la Atenas del siglo v a.C, «el siglo de Pericles». De la mano de Alejandro Magno, el nuevo Aquiles, la llama se extendió luego por el mundo y, más tarde, incendió el alma romana.
  • Werner Jaeger ha definido mejor que nadie los ideales de la cultura griega. Su libro Paideia apareció en 1933 y, en mi opinión, no ha sido superado por ningún otro. Su magnífico estudio del espíritu griego establece en el concepto areté, tan empleado por Homero y de cuyo plural nace el término «aristocracia», el íntimo ideal de los aqueos que acabaría por transformarse, con más amplios contenidos, en el ideal de la cultura clásica. Areté podría significar «virtud», pero en un sentido desprovisto de matices morales de índole religiosa. La areté sería una virtud meramente laica, que incluía el heroísmo en el combate y también una conducta cortesana. El ideal caballeresco de los aqueos era patrimonio de los nobles guerreros, pero tras la invasión doria el pueblo lo hizo suyo y siguió transmitiéndolo a las siguientes generaciones de griegos. La areté suponía fuerza y vigor físicos, modos de comportamiento, educación en los mitos de la Antigüedad y, desde luego, retórica. Con el paso del tiempo, también llegó a significar prudencia y astucia.
  • En la Antigüedad clásica, del último que podías fiarte era de un dios.
  • «Apropiarse de la belleza» era la norma aristotélica.
  • La Antigüedad, sin embargo, era mínima, casi raquítica y poco populosa. Viendo la pequeñez de los lugares descritos en la Ilíada y la Odisea, uno se da cuenta del valor de la palabra, de la audacia de la literatura, de cómo la fábula a punto está de hacerse realidad.
  • Y al alfabeto fenicio importado de Siria, de origen lingüístico semita, los griegos le incorporaron las vocales, lo que supuso el salto definitivo en la técnica de la escritura. Las leyendas afirman que fue el rey Cadmo quien llevó este tesoro a la ciudad de Tebas, en Beocia.
  • porque América era la tierra del futuro, bueno, en realidad llevaba siendo la tierra del futuro desde que se fundó, porque el futuro no termina nunca en América mientras que Europa es todo pasado, porque aquí el alma de la gente está cansada y ha habido demasiadas guerras y todos los proyectos de futuro han fracasado y a la gente le ha dado por no creer en nada, y hacen bien, ya que los políticos siempre te engañan, sean del partido que sean, pues un político es político antes que nada,
  • Pues la culpa, siguió, la tenían dos hombres, un griego y un judío, un griego que se llamó Pericles y que inventó la democracia, y un judío que se llamó Marx e inventó el comunismo. ¿Cómo puede ocurrírsele a nadie que todos somos iguales y que tenemos la misma inteligencia para votar lo que es mejor? Si sucede todo lo contrario, si la mayoría de la gente es necia, y en consecuencia la ley de las mayorías sólo puede llevarnos a que se impongan las ideas de los necios. Y en cuanto a Marx, mucha igualdad, sí, mucha justicia social, sí, pero se olvidó de los sentimientos de los hombres, se olvidó que aman y que sufren; solamente los veía como fuerza de trabajo, o sea, como animales de tiro. En cambio en América esas ideas no han penetrado. Porque allí dicen que son demócratas, pero lo son sólo en la forma y para nada en el fondo; América es un estado policial, mandan la policía y los servicios secretos, y aunque eso pueda parecer malo es todavía peor la democracia, y el marxismo allí no ha tenido nunca nada que hacer, cuando ha salido un obrero con ideas revolucionarias le han dado un tiro y arreglado, que se lo digan si no a Sacco y Vanzetti,
  • El gran atractivo de la diosa del amor no es su hermoso cuerpo desnudo, que también, sino esa leve sonrisa, pícara e irresistible, que siempre adorna sus labios, esa dulce mueca que enamora y excita a un mismo tiempo, que nos revela su concepción de la vida como un juego en el que el sexo no está prohibido, sino aceptado en cualquiera de sus manifestaciones y siempre disfrutado. Más que una golfa impenitente, es la eterna coqueta abierta a la aventura de la sensualidad. Hembra antes que madre, amante divertida antes que esposa rutinaria, Afrodita sigue encandilándonos.
  • En todo caso, ¡cuán relajante resulta una religión en la que los dioses son también pecadores!
  • Teseo, en la euforia del regreso al hogar, olvidó cambiar las velas negras por las blancas, y su padre el rey Egeo, que esperaba en el puerto, pensando que su hijo había muerto al distinguir el velamen negro de la nave, se arrojó al mar y se ahogó. Desde aquel día, el mar griego quedó bautizado con el nombre del infeliz monarca.
  • Los que viajamos a menudo quisiéramos ser el turista único, cosa a todas luces injusta e imposible, y no conozco a casi nadie que acepte, cuando viaja, ser llamado turista. El turismo es un fenómeno imparable de nuestros días y, en su demérito, hay que decir que avanza como un bulldozer volviendo el mundo uniforme. Pero al mismo tiempo, los turistas rompen las fronteras del mundo, muestran allá donde van que no hay tanta diferencia entre las almas por el hecho de haber nacido en otro lugar y hablar una lengua distinta. Y ellos mismos aprenden, además, a ver que el hombre es uno y que las diferencias de piel, de credo o de idioma no nos hacen mejores o peores. En ese sentido, el turismo es un hecho liberador. Una de las cosas buenas del turismo es que regala a quien lo practica una honda sensación de libertad por unos cuantos días. Por ejemplo, te permite ataviarte como te da la gana, sin miedo al vestuario,
  • Es mejor llevar libros de escritores viajeros que cargar en la mochila con un exceso de guías turísticas. Se ve más hondamente lo que visitas si lees un libro de un buen escritor que guiándote por un catálogo de datos que, por lo general, están bastante mal redactados.
  • No obstante, Grecia también le debe a Creta su Dios principal, el poderoso y temible Zeus. Y no es una herencia baladí, pues su relación con los dioses, lo mismo que su concepción del papel esencial de la poesía, fue pilar sustancial en la idea griega del mundo. Un dios, en la Antigüedad clásica, nunca era un protector ni un amigo, ni alguien a quien debiera imitarse, ya que casi todos ellos carecían por completo de ética y nobles aspiraciones. El dios griego era un depravado ser todopoderoso al que los hombres temían y trataban de calmar con costosos sacrificios y levantando en su honor ricos templos. Los hombres griegos vivían solos, abandonados a su propia suerte, sin esperanza en ningún paraíso que los acogiera tras la muerte. Tuvieron que inventarse un universo de valores meramente humanos para explicarse el mundo y hacerlo más habitable. La más grande, quizá, de todas las culturas alumbradas por los hombres era una cultura de escéptica supervivencia. Ésa es la hazaña griega, una hazaña en la que, una y otra vez, la humanidad no tiene más remedio que mirarse cuando se enfrenta a un presente atroz y lleno de perplejidades.
  • No eran los hijos de los dioses, sino sus víctimas.
  • En sus creencias, además, no existía el paraíso redentor, sino tan sólo esa oscuridad del fondo de la tierra, el Hades, donde las almas quedaban condenadas a vagar en la nada por los siglos de los siglos. Buenos o malos, todos iban, al fin, a parar al mismo sitio.
  • Sin esperar un lugar en el Edén como premio a su buen comportamiento, sin tener que responder ante un dios benigno por ninguna clase de pecado original, los griegos debieron de contentarse con comprender el mundo y explicárselo, con intentar ganar su lugar en la tierra y entregar su buen nombre, como un ejemplo estético, a los hombres de los siglos venideros. Era una rebelión del espíritu que construyeron, en esencia, echando mano de la poesía y de la filosofía.
  • Siempre estaba fuera de casa. En realidad, los hijos de los marinos somos medio huérfanos.
  • A mí me parece, por el contrario, que los libros se escriben con el trasero, es decir: echando horas en la silla y delante del teclado del ordenador,
  • Porque todo arte supremo, toda civilización que se precie de sí misma, debe ser, antes que nada, excesiva y audaz.
  • Y piensas entonces que la sensación de eternidad se halla más próxima del movimiento que de la inmovilidad, del viaje que del hogar,
  • Hablaba un inglés cadencioso y más que correcto, aprendido, según me dijo, durante un año de estancia en Dublín, donde trabajó como cocinero. «Me gustan los irlandeses», decía, «mucho más que los ingleses. Los irlandeses son mediterráneos, aunque ellos no se lo crean. Son vitales, les vuelve locos cantar, quizá beben en exceso…, pero, claro, el frío es insufrible por allí arriba, algo tienen que hacer.»
  • Silencio y azul en el rincón soberano de la Nada en el Egeo.
  • La hermosura de muchos pequeños pueblos del Mediterráneo, como Kastellorizon, no está en su paisaje, ni en sus playas, ni en la bondad de su clima. Su belleza más honda reside en la capacidad de integrar a todas sus gentes en un suave círculo de convivencia, un blando colchón de vida en común. Los locos, los bobos, los incapaces, los ancianos…, todos tienen su lugar, incluso hay sitio para los gatos sin dueño y los perros vagabundos. El tonto y el demente mueven a la risa y tal vez son, en ocasiones, objeto de bromas de poco gusto, pero tienen siempre protección y encuentran con frecuencia cariño. Es probable que la esperanza de un mundo mejor haya que buscarla en esos pequeños lugares perdidos, cálidos y amables, y no en las pavorosas y gigantescas ciudades donde los hombres han renunciado a conocerse entre ellos, mientras se temen los unos a los otros.
  • —Volveremos a vernos —sonreía bajo su bella mirada entristecida—. En los viajes es bonito enamorarse alguna vez, aunque sólo sea un poquito, ¿no le parece?
  • A este pedazo de Turquía arrimado al Egeo se le conoció desde antiguo como Asia Menor.
  • filosofía. Pues fueron estas tierras el lugar en donde nació el pensamiento racional de Occidente, donde se alumbraron las primeras reflexiones del hombre huido de las celdas de la magia y de la divinidad. Aquí brotó la idea sobre la que los hombres seguimos nuestra navegación sin fin, dejando atrás los siglos y en busca de otros nuevos. Fue una idea que ahora palpita incorporada a nuestra vida cotidiana y que nos parece tan sencilla como fuera de toda duda: que el hombre puede explicarse el mundo usando de su desnuda inteligencia, a espaldas de Dios.
  • Mileto y Éfeso, las dos ciudades que tuvieron a gala ser patria, la una de la filosofía natural y la otra de uno de los más grandes metafísicos de la Antigüedad. Son como dos pequeños vaticanos, sin altares ni sacerdotes, de los pequeños hombres libres.
  • La riqueza produce ocio y de la panza sale la danza.
  • entre el siglo IX a.C. y el IV de la misma era, aquellos «jonios», como la historia posterior los ha llamado, aquellos emigrantes que se sentían los legítimos herederos de la cultura aquea,
  • en Mileto nació la filosofía.
  • y la pregunta esencial de aquellos hombres que fundaron la «escuela milesia» era: «¿De qué materias está hecho el universo?». No se preguntaron sobre el hombre, eso vendría más tarde, sino por el cosmos. Y a través de sus hipótesis, abrieron el camino de otras ciencias, como la matemática y la geografía.
  • Es cierto que, en Egipto y Babilonia, existían ya explicaciones más o menos científicas sobre la formación del universo y una ciencia de la astronomía bastante avanzada para su tiempo. También es cierto que Hesiodo, en sus obras sobre los dioses y la agricultura, había ofrecido una visión teocosmogónica del mundo. Pero egipcios y babilonios recurrieron siempre, en los puntos esenciales de sus investigaciones, a una explicación mágica o milagrosa, con un trasfondo de dioses. Y lo mismo hizo Hesiodo. En Mileto no fue así. En Mileto, frente a lo fantástico, lo mágico, lo inexplicable y lo informe, los primeros sabios opusieron la voluntad de entender, el gusto por lo concreto, la pasión por lo mesurable y el anhelo de unidad. La idea esencial era ésta: existe una unidad profunda en el origen de la realidad que puede ser comprendida y explicada. Desde entonces hasta ahora, la ciencia no ha hecho más que seguir ese camino:
  • Tales aprovechó que Mileto era una potencia comercial y viajó por Egipto y Persia. Se cuenta que midió la altura de las pirámides, haciendo el cálculo sobre la sombra que proyectaban en el suelo, y que trabajó con ingenieros egipcios para establecer el nivel de las crecidas del Nilo. Pero la gran hazaña que dejó pasmado al mundo antiguo fue su predicción de un eclipse de sol, exactamente el 28 de mayo del 585 antes de Cristo. Era la primera vez que un hombre adivinaba la fecha de un fenómeno que, hasta entonces, parecía cosa de los dioses. Tales lo realizó a partir de sus estudios sobre las órbitas de la luna y el sol, señalando que, cuando ambas coincidían verticalmente, se producía un eclipse.
  • Anaximandro dio un grandioso salto en la historia del pensamiento al considerar que hay una ley natural que lo gobierna todo y a la que no podemos resistirnos las criaturas de la Tierra. Buscó una ley original para la materia, con sus normas y sus ritmos, oculta detrás de la apariencia, lo que suponía abrir el camino a la abstracción y a lo conceptual. El único fragmento completo que conservamos de su libro dice así: «Donde lo que es tuvo su origen, allí es preciso que vuelva en su caída, de acuerdo con lo que determina el destino. Las cosas deben pagar unas a otras castigo y pena, de acuerdo con la sentencia del tiempo».
  • En su libro Del Café Gijón a Ítaca escribe Manuel Vicent: «No comprendo cómo pudo haber en este lugar tantos filósofos por metro cuadrado, si aquí todo está hecho para no pensar en nada. El cielo de Anatolia reproduce el fulgor de la harina que convierte cualquier cerebro en miga de pan».
  • Platón los situó en sus escritos como adversarios en el pensamiento, siendo Parménides, en su opinión, el filósofo del ser inmutable, en tanto que Heráclito lo era del devenir infinito.
  • En dos principios estaban ambos filósofos de acuerdo: en su negación de la capacidad cognoscitiva de los sentidos y en la afirmación de que al conocimiento se llega tan sólo a través de la mente. Aunque eran hijos de su pensamiento, rechazaron la filosofía natural de los maestros de Mileto, basada en la percepción sensorial, y arrojaron la razón humana a bucear en los hondos territorios de la abstracción. Y preguntándose sobre el logos, la verdad del mundo, crearon la metafísica, u ontología: la especulación sobre el Ser.
  • Dice uno de sus fragmentos: «Todos los efesios adultos deberían ahorcarse y dejar el gobierno de la ciudad a los jóvenes, pues aquéllos enviaron al exilio a Hermodoro, el mejor de sus hombres, diciendo: No habrá nadie que sea el mejor entre nosotros; si tal existe, que esté en cualquier otra parte y entre otras personas». En su vejez, según la leyenda, Heráclito
  • «Incluso los que se bañan en los mismos ríos se bañan en diferentes aguas. También las almas se evaporan de las aguas». El mundo, para Heráclito,
  • «Por mucho que andes, y aunque paso a paso recorras todos los caminos, no hallarás los límites del alma».
  • El fragor, la tremolina, el guirigay, la traca y el delirio:
  • Pérgamo, cuyo papel en la historia alcanzó su apogeo entre los siglos III y II antes de Cristo, presumió siempre, más que de sus riquezas y de sus obras artísticas, de su biblioteca. Y hasta tal punto despertó envidias entre las otras ciudades de su tiempo que poseían grandes bibliotecas, que los primeros reyes griegos de Alejandría, los Ptolomeos, principales exportadores del papiro, prohibieron su venta a Pérgamo.
  • Pérgamo, cuyo papel en la historia alcanzó su apogeo entre los siglos III y II antes de Cristo, presumió siempre, más que de sus riquezas y de sus obras artísticas, de su biblioteca. Y hasta tal punto despertó envidias entre las otras ciudades de su tiempo que poseían grandes bibliotecas, que los primeros reyes griegos de Alejandría, los Ptolomeos, principales exportadores del papiro, prohibieron su venta a Pérgamo. En aquellos días, los libros se confeccionaban en rollos de papiro, fabricados con los hilos de una planta ciperácea muy abundante en Egipto, cuyo resultado eran hojas donde solamente se podía escribir por una cara. En Pérgamo suplieron la falta de papiro ideando otra forma de material para sostener la escritura, un tejido hecho con pieles de animales, al que llamaron charta pergamena, y que hoy conocemos como pergamino. Como no podía enrollarse con la misma facilidad que el papiro, cortaron los pergaminos en trozos cuadrados que se cosían uno tras otro, con la ventaja añadida de que podía escribirse en ellos por ambas caras. Allí, en Pérgamo, nacieron los libros en forma muy parecida a como hoy los conocemos.
  • a comienzos de siglo, la fortuna le hizo un favor a la literatura: en unas excavaciones realizadas en Egipto, los arqueólogos encontraron un cementerio lleno de momias enterradas entre los siglos I a.C. y X d.C. La mayoría habían sido embalsamadas en papiros e, incluso, los animales disecados que acompañaban a los muertos se habían rellenado con papiros. ¡Milagro!: muchos de aquellos papiros contenían textos de Safo.
  • La tradición de la poesía épica creada por Homero y Hesíodo la había roto un poeta de Paros, Arquíloco, en el siglo VII a.C, que construyó su obra recurriendo ya a sus emociones y a sus experiencias. Era un soldado de fortuna, un tipo de cuidado que murió en combate. De esta forma se describe a sí mismo: «De la lanza depende mi pan. De la lanza depende mi vino de Ismaro. Y bebo apoyado en mi lanza». ¡Qué distinto al verso heroico de las epopeyas! Arquíloco introdujo, además, elementos de ironía y cinismo en sus versos, cosa impensable en la poesía de Homero y de Hesíodo, y se le considera, en cierta forma, el creador de la poesía popular. Durante un combate perdió el escudo y en un poema se burla del hecho, algo que ningún héroe griego hubiera considerado digno en un guerrero: «… Mi escudo, arma sin tacha, que abandoné a mi pesar tras un matorral. Pero yo me salvé. ¿Qué me importa ese escudo? ¡Que se vaya al diablo! Ya me compraré otro que no sea peor».
  • Si eso es estar loco, me gusta estar loco. —Tal vez encuentres un paraíso perdido donde quedarte, como le pasó a Stevenson. —Lo malo es que hay muchos paraísos perdidos —concluyó Étienne—, mucho donde escoger. Mi paraíso, por ahora, es el camino.
  • ineluctable,
  • Los grandes poetas son, en el fondo, inventores de hombres.
  • la gazuza
  • barcas se mecen al pairo
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