Carson McCullers El corazón es un cazador solitario

29 de octubre de 2014 00H46′ GMT+01:00

  • Todos los días eran iguales para ellos, porque estaban tan solos que nada les estorbaba.
  • Soy sordomudo pero puedo leer en los labios y entiendo lo que me dicen. Por favor, no grite. La sorpresa hizo sentir a Jake vacío y alelado. Él y John Singer se limitaron a mirarse mutuamente. —No sé cuánto tiempo me hubiera llevado averiguarlo —dijo.
  • Nadie puede vivir sin prestar su aceptación pasiva a la mezquindad.

  • arenga sin descanso.
  • y lo había elegido tratando de hacerle un regalo de todo lo que llevaba en su interior. ¿Por qué? Porque forma parte de la naturaleza de ciertos hombres entregar en un momento dado todo lo que es personal, antes de que fermente y envenene…, arrojárselo a un ser humano o a alguna idea humana. Tienen que hacerlo. Está en su naturaleza…
  • —¿Yo? ¿Qué me parezco a él? —No me refiero a la cara o a nada del aspecto. Hablaba de la forma y el color de vuestra alma.
  • Se encabritaban estáticamente,
  • —No hacen falta palabras para pelear —repuso Portia—. Me parece como si siempre estuviéramos discutiendo aunque estemos tranquilamente sentados como ahora. Esto es lo que siento. Te digo la verdad…
  • Hay una diferencia entre ellos y tú. —Sí —dijo el doctor Copeland. —Hamilton o Buddy o Willie o yo…, ninguno de nosotros se preocupa por hablar como tú. Hablamos como nuestra madre y su gente, y los que estuvieron antes que ellos. Tú lo piensas todo en tu cerebro. Mientras que nosotros hablamos de cosas que tenemos en el corazón, y que llevan allí mucho tiempo. Es una de las diferencias.
  • —Es así, Singer. Volverse loco no sirve de nada. Nada de lo que podamos hacer sirve de nada. Así es como me parece a mí. Todo lo que podemos hacer es ir por ahí diciendo la verdad. Y en cuanto haya bastantes ignorantes que hayan aprendido la verdad entonces ya no tendrá sentido pelear. Lo único que podemos hacer es dejar que sepan. Es todo lo que hace falta. ¿Pero cómo? ¿Eh?
  • Los que estamos aquí en esta habitación no tenemos propiedades privadas. Quizá uno o dos de nosotros sea propietario de la casa en que vive, o haya podido ahorrar un par de dólares…, pero no poseemos nada que no contribuya directamente a mantenernos vivos. Todo lo que poseemos es nuestro cuerpo. Y vendemos nuestro cuerpo cada día. Lo vendemos cuando vamos por la mañana a trabajar y cuando trabajamos todo el día. Nos vemos obligados a venderlo a cualquier precio, en cualquier momento, para cualquier fin. Nos vemos obligados a vender nuestro cuerpo para poder comer y vivir. Y el precio que nos pagan es sólo suficiente para permitirnos conservar la fuerza y así trabajar más tiempo en beneficio de ellos. Hoy no nos ponen en las plataformas y nos venden en la plaza del palacio de justicia. Pero nos vemos obligados a vender nuestra fuerza, nuestro tiempo, nuestra alma durante cada hora de nuestra vida. Nos hemos liberado de una clase de esclavitud sólo para caer en otra. ¿Es esto libertad? ¿Somos ya hombres libres?
  • La injusticia de la necesidad debe juntarnos y no separarnos.
  • La gente soñaba y se peleaba y dormía igual que siempre. Y por costumbre procuraban no pensar para no quedar atrapados en la amenazante oscuridad del mañana.
  • Nosotros los negros queremos al fin una oportunidad de ser libres. Y libertad es solamente el derecho de contribuir.
  • Nosotros los que sabemos debemos ser cautos. La palabra nos hace sentir bien… de hecho, la palabra es un gran ideal. Pero es con este ideal que las arañas tejen para nosotros sus telas más peligrosas.
  • Pero todo esto sucedía en el cuarto exterior. Nada tenía que ver con la música y los países extranjeros y los planes que ella hacía.
  • —¿Te han comido la lengua? —Iba a contártelo. Vas a oírlo. Tan pronto como pueda hablar, voy a contártelo.
  • Las palabras estaban esparcidas por su mente, pero él no trató de reunirlas.
  • Todos los blancos les resultaban iguales a los negros, pero éstos se preocupaban de diferenciarlos. Por otra parte, los negros les parecían todos iguales a los blancos, pero éstos no se molestaban generalmente en fijar el rostro de los negros en su mente.
  • —Dos maneras. Y sólo dos. Hubo una época en que este país se estaba expandiendo. Todos los hombres creían tener una oportunidad. ¡Uh! Pero ese período pasó…, y pasó definitivamente. Menos de un centenar de compañías se han tragado lo que quedaba. Estas industrias han chupado ya la sangre y han ablandado los huesos de la gente. Los viejos días de la expansión han desaparecido. El sistema entero de la democracia capitalista está… podrido y corrupto. Sólo nos quedan dos caminos: el fascismo es uno de ellos. El otro: una reforma, del tipo más revolucionario y permanente.
  • —¿De modo que ésta es la clase de idea que cobija bajo sus rimbombantes discursos sobre la justicia?
  • —El sueño no era nada. Hay que estar dormido para comprender por qué era una pesadilla así.
  • Mick frunció el ceño y se frotó la frente con los puños. Las cosas eran así. Era como si estuviera enfadada continuamente. No como se enfadan los niños, de modo que pronto se les pasa…, sino de manera diferente. Sólo que no había motivo para el enfado. Excepto por la tienda. Pero ellos no le habían pedido que tomara el empleo. Así que no había razón de enfadarse con ellos. Era como si la hubieran engañado. Sólo que nadie la había engañado. Así que no podía echarle las culpas a nadie. Sin embargo, no podía quietarse de encima esta impresión. Engañada.
Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: