El discurso como barrera y no como trampolín.

 

En cualquier práctica política, no solo la nuestra, el lenguaje (tanto el discursivo como el práctico) es la carta de presentación de aquellos que lo construyen.

Una parte del movimiento libertario actual ha quedado preso de una dialéctica, de un lenguaje totalmente ajeno a la realidad que le rodea. Una verborrea para iniciados que cumple a la perfección las funciones que se le presuponen: la de identificación de los miembros del gueto entre sí, incluyendo muchas veces la familia de pertenencia de cada cual, el mantenimiento de la distancia de seguridad que todo gueto requiere y la garantía de incomunicación con el resto de la sociedad. Con la “otra” sociedad.

Lo peor es que una vez dentro del bosque da la sensación de que los árboles nos impiden verlo y aunque una parte importante de la militancia libertaria parece querer de forma sincera romper la dinámica sociedad-gueto, sigue esclava no solo de las palabras, sino de una estética y unas prácticas relacionales que hace tiempo que dejaron de ser rompedoras para convertirse en una opción de consumo más y en una eficiente forma de señalamiento y automarginación.

vía La autocrítica como punto de partida para avanzar | Periódico Diagonal.

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