AMOR DEL BUENO

La mujer de vuelta de todo es tan atractiva, tan encantadora, que el hombre seguro de sí mismo sabe con certeza que jamás podrá ser para él, que está por completo fuera de sus posibilidades. Por eso una tarde en el parque, mientras la muejer de vuelta de todo lee una revista sentada frente a los columpios, el hombre seguro de sí mismo se sienta a su lado, y sin ninguna vacilación le dice que la ama. Total, no pierde nada.

A la mujer de vuelta de todo le gusta que le digan que la ama. No se lo dicen nunca. Los hombres, de un modo u otro, sólo buscan acostarse con ella, llevársela a la cama. Los hombres le parecen a menudo orgullosos, cobardes, incapaces de mostrar cariño. Enseguida le cuentan lo de qué ojos más bonitos tienes, lo de qué labios tan sensuales, y luego se la llevan a la cama. Algunas veces son más disimulados y la invitan a cenar y le preguntan por su trabajo, pero ella sabe que detrás de ese falso interés, de esos gestos tan educados, los hombres sólo tienen una idea fija: llevársela a la cama. Ella sabe de eso. Enseguida los ve venir. Pero esta vez el hombre seguro de sí mismo le ha parecido distinto. No le ha contado esas historias tan aburridas, tan manidas. Sólo le ha dicho que la ama, sin dobleces. Al día siguiente del encuentro del parque, el hombre seguro de sí mismo y la mujer de vuelta de todo quedan para ir a cenar. Lo pasan estupendamente. Ella le cuenta su evolución en la empresa, y también su criterio sobre algunos temas que, según ella, deben quedar claros desde un principio. El hombr no deja de escuchar y mirarla ¡Son tan parecidos en muchas cosas! Una semana más tarde, cuando terminan una partida de bolos (los dos son muy aficionados a los bolos), el hombre seguro de sí mismo le propone tomar una copa en su casa. Ella acepta. Nada más cerrar por dentro la puerta del apartamento,se besan, se desnudan, van dejando la ropa en el suelo, cada metro o metro y medio, por el pasillo, y acaban en la cama haciendo el amor. En una unión perfecta, ella se entrega con sus posturas más difíciles y él le susurra en el oído que la ama. Maravilloso. El hombre seguro de sí mismo está fascinado por el cuerpo de la mujer, y sólo se le ocurre decirle que la ama. La sabe con tanta experiencia, es tan atractiva y tan encantadora, que le parece mentira tenerla recostada sobre su pecho desnudo, satisfecha.

Te amo, le dice mientras ella duerme.

Pero el hombre no se duerme. No pega ojo en toda la noche. El hombre seguro de sí mismo está preocupado porque siente que va a perderla. Él sabe que las mujeres, en especial las mujeres atractivas y encantadoras como ella, se agobian enseguida del amor incondicional, se cansan de las cosas que están ahí siempre, como las madres o los árboles, y se acaban aburriendo. A las mujeres les gustan los hombres misteriosos, lo hombres que no hacen por entender, los que hacen regalos estrafalarios y las sorprenden. Las mujeres, él lo sabe bien, necesitan ese puntito de intranquilidad, esa pequeña tensión que incita a los celos.

Por eso a la mañana siguiente, el hombre seguro de sí mismo se levanta el primero, y en calzoncillos, a los pies de la cama, le pregunta a la mujer de vuelta de todo qué planes tiene, porque él esta mañana va a dedicarle tiempo al proyecto tan importante que le han confiado en la Compañía. Lleva días sin tocarlo. A la mujer de vuelta de todo le basta mirarle un instante para reconocer la escena. Se levanta y se viste. Por una vez el hombre seguro de sí mismo le había parecido distinto, pero es igual que todos. Tan tierno anoche, y ahora, después de llevársela a la cama, orgulloso y falso como los demás. Por eso la mujer de vuelta de todo le dice que a ella le sobran los hombres que le digan que la aman. Y se despide con un portazo.

El hombre seguro de sí mismo sabe que la ha perdido. Lo sabía ya de antes, pero ahora lo sabe del todo. Le dijo demasiadas veces que la amaba y la ha perdido. Pero no importa, porque el hombre seguro de sí mismo sabe que esta mujer no era para él, y que la próxima vez, con una pareja más asequible a sus posibilidades, llevará la lección bien aprendida.

Por eso unos días más tarde, cuando el hombre seguro de sí mismo se encuentra de nuevo en el parque a la mujer de vuelta de todo, se sienta a su lado y le pide disculpas por lo mal que se portó en la casa. Estuve muy torpe, le dice. Perdona. Fui un tonto. Y como está seguro de que la ha perdido definitivamente, como no tiene nada que perder, la mira fijo a los ojos y le dice que la ama.

Ella queda confundida un instante. Se acuerda de la escena a la pies de la cama, en calzoncillos. Pero también se acuerda de algunos momentos buenos. Y como la mujer de vuelta de todo le gusta que le digan que la aman, decide, por una vez, dejar de lado toda su experiencia, y darle otra oportunidad. Le da un beso.

El hombre no cabe en sí de gozo. Está feliz, no se lo cree. La ha vuelto a conquistar. A partir de ahora, piensa, deberá estar bien atento. A la menor señal de cariño la perderá otra vez para siempre.

AMOR DEL BUENOVICTOR GARCIA ANTON.

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: