Estupinya, Pere: El ladrón de cerebros

marzo de 2014

  • Hace unos años, en el apartado de suscripciones de The Economist había las siguientes opciones: a) suscripción de un año al economist.com con acceso online a todos los artículos desde 1997: 59 dólares; b) suscripción de un año a la versión impresa de The Economist, 125 dólares, y c) suscripción de un año a la versión impresa de The Economist con acceso online a todos los artículos desde 1997: 125 dólares. ¿Absurdo? Cuando se encuestó a un centenar de voluntarios sobre qué opción contratarían, el 16 por ciento escogieron la primera, el 84 por ciento la tercera, y, evidentemente, ninguno la segunda. Pues bien, cuando se quitó esa segunda alternativa y se pidió a cien nuevos voluntarios que eligieran sólo entre la a) y la c), los porcentajes se invirtieron drásticamente: el 62 por ciento optó por la primera y el 32 por ciento por la tercera. Ciertos productos son una especie de trampa para hacer que nos inclinemos hacia otras opciones.

  • Todos «sabían» que vender no era la opción correcta, pero «saber» quería decir «hacer caso de lo que dicen los que saben más». Esto (que es lo mismo que yo hice) en economía también se llama efecto cascada de la información, y es uno de los varios factores irracionales que contribuyen a la ineficiencia de los mercados y la aparición de burbujas. No pretendo dármelas de más visionario que los asesores del banco, pero tuve una mala intuición (como Ariely con los vendajes). ¿Por qué ellos no? O si la tuvieron, ¿por qué no hicieron caso de ella? Pues por otra trampa de nuestra mente: cuando tomamos una decisión compleja de manera irrevocable, tendemos luego a ver los aspectos que la refuerzan en lugar de los que la contradicen. Y, además, cuanto más experto eres en un asunto determinado, más te cuesta aceptar algo que contradiga los pilares de tus creencias.
  • El problema es que de los cuatro pasos que necesitamos para tomar una decisión (1. percibir la situación; 2. imaginar posibles formas de actuar; 3. calcular cuál es la mejor, y 4. realizar la acción), los economistas clásicos consideran que la tercera —calcular racionalmente— es la más relevante. Sin embargo, los psicólogos que trabajan en economía conductual están demostrando que la primera —la manera en que percibes la situación intuitivamente— tiene un peso descomunal. La idea del Homo economicus (somos seres racionales que usamos nuestra coherencia para tomar decisiones que maximicen los beneficios) está cada vez más en entredicho.
  • el cerebro suele engañarnos en la manera como percibe el mundo. Y lo más interesante, esos engaños no son del todo aleatorios. «Somos irracionales predecibles», diría Ariely: hay una serie de maneras de equivocarnos que se repiten continuamente y de manera sistemática. Y en teoría, si somos conscientes de ellas, deberíamos poder evitarlas. Veamos algunos ejemplos,
  • El efecto ancla
  • habrás visto que cuando te sacan la calculadora para indicarte la cantidad escriben una cifra absurdamente elevada. No esperan que aceptes, claro. A partir de ahí empieza la negociación. Lo que pretenden es anclar tu inconsciente hacia arriba. Y aunque nos creamos muy listos, funciona.
  • Valoraciones desmesuradas
  • Si tras conocer a alguien que te ha gustado te hacen una serie de preguntas sobre él, responderás con gran optimismo incluso a los aspectos de los que no tengas dato alguno. Como ya te has sentido atraída, rellenarás los huecos de información con expectativas bastante elevadas. La conclusión también puede resultarte útil; si algo o alguien ya ha «enamorado», cuanto menos se dé a conocer, casi mejor.
  • Moralidad subliminal
  • Plantear un discurso moral antes de solicitarte hacer una tarea determinada puede condicionar tu decisión, incluso inhibir conductas deshonestas.
  • Económicamente nefastos
  • El «efecto gratis» es algo que tampoco gestionamos de manera demasiado coherente. Se suele preferir comprar un chocolate muy bueno por 50 céntimos que uno horrible por 5. Pero si te dan a escoger entre pagar 45 céntimos por el bueno, o coger gratis el malo, lo más probable es que elijas el gratuito.
  • La expresión «Menos es más» del arquitecto Mies van der Rohe encaja perfectamente en el contexto de las investigaciones sobre la toma de decisiones: tener muchas opciones para elegir no siempre es positivo. Una de las claves está en la sensación de pérdida sobre lo que has rechazado.
  • Otra consecuencia negativa del incremento de opciones es el efecto bloqueo que producen Imagínate que acudes a una cita múltiple donde te presentarán varias parejas potenciales. ¿Prefieres poder «elegir» entre ocho, o entre veinte? Vas al banco decidida a contratar un plan de pensiones. Mejor que te propongan bastantes y así encontrar el que mejor se adapte a tus necesidades, ¿verdad? Tienes un comercio, ¿pondrías la mayor cantidad de chocolatinas posibles para que el cliente encuentre seguro una que le agrade? Si tu profesor propone una serie de temas sobre los que hacer una redacción para subir nota, ¿prefieres que la lista de temas sea larga o corta? Los estudios realizados sobre estos casos concretos demuestran que al final se forman más parejas en las multicitas con menos candidatos; que si en el banco te muestran muchos fondos diferentes tienes más posibilidades de irte sin firmar ninguno; que cuando las tiendas reducían su oferta de snacks vendían más; y que cuanto más largo era el listado de temas propuestos por el profesor, menos alumnos se lanzaban a hacer la redacción. Conclusión: incrementar las opciones disponibles puede no generar libertad, sino parálisis.
  • Fue de lo más interesante comprobar cómo la insatisfacción constante está relacionada con el nivel de educación y la clase social En un experimento reclutaron voluntarios, les mostraron cinco bolígrafos diferentes a cada uno, y les dijeron que podían quedarse con el que quisieran Una vez elegido, a la mitad de ellos les dijeron «Lo siento, es el último que nos queda de este tipo. Toma este otro». A continuación debían rellenar una lista de preguntas referentes al bolígrafo. Entre los participantes con estudios universitarios, los que habían sido obligados a cambiar de boli lo valoraron significativamente peor que aquellos que mantuvieron el bolígrafo escogido. En cambio, entre los de nivel educativo inferior no se apreciaron diferencias. En otro estudio solicitaron clasificar diez CD musicales por orden de preferencia. Luego se dio a escoger como regalo uno que estuviera en el rango medio, y se pidió que volvieran a hacer la lista. Los universitarios solían clasificar entonces el CD elegido en mejor posición, mientras que los no universitarios lo dejaban igual. Otras encuestas concluyeron que los trabajadores de posiciones altas se molestaban cuando un vecino compraba un coche como el suyo porque les quitaba la exclusividad de su elección, mientras que en clases más bajas les parecía perfecto porque confirmaba que su elección era la correcta. Schwartz concluyó: «La sociedad estadounidense ha dado a las élites lo que pedían, junto con un incremento del estrés, la ansiedad y la insatisfacción».
  • A las personas con autoestima alta el pensamiento positivo les refuerza y, efectivamente, sí provoca un efecto favorable. Pero en las que tienen baja autoestima, ocurre lo contrario de lo que aseguran la mayoría de los libros de autoayuda: el pensamiento positivo puede hacer más mal que bien.
  • El experimento que sustenta esta hipótesis fue publicado por unos investigadores canadienses bajo el título: «Positive self-statements: power for some, peril for others».[8] Los psicólogos autores del estudio tomaron un amplio grupo de voluntarios y les pasaron un test llamado Rosenberg, que se utiliza de manera estándar para medir el grado de autoestima de cada individuo. De todos los voluntarios, seleccionaron para el estudio a los que puntuaron dentro del tercio más alto de la escala de autoestima, y a los que estaban en el tercio más bajo. Quedaron 68 personas, entre hombres y mujeres, con autoestima muy alta, o muy baja. A continuación les pidieron que estuvieran varios minutos escribiendo en un papel las reflexiones y sentimientos que se les pasaran por la cabeza. A la mitad de todos ellos —tanto los de autoestima alta como baja— les solicitaron que, cada vez que oyeran una campanilla, se concentraran y repitieran para sí mismos con convicción: «Soy una persona encantadora» Una vez terminada esta parte del experimento, y con el objetivo de medir su estado de ánimo, a todos les hicieron una serie de preguntas del tipo «valora de 1 a 35 cuál es la posibilidad de que alguien de treinta años tenga una relación romántica feliz». Los resultados dan que pensar: dentro del grupo con autoestima alta, aquellos que habían repetido varias veces el mensaje positivo «Soy una persona encantadora» puntuaron de media 31, por 25 los que no habían repetido la frase. Su estado de ánimo mejoró. Sin embargo, en las personas con autoestima baja, los que se veían forzados a autoanimarse puntuaron 10 en el indicador de estado de ánimo, por 17 los que no tuvieron que repetir algo que en el fondo no pensaban La frase tuvo un efecto negativo. La conclusión general es que el pensamiento positivo no tiene por qué resultar positivo para todo el mundo. Si bien a algunos les ayuda, a otros puede crearles cierto tipo de conflicto, de sensación de autoengaño, de resistencia, de comparación odiosa con un ideal que saben que no pueden alcanzar, y reforzar la percepción negativa sobre uno mismo.
  • Los investigadores comprobaron que cuando la incertidumbre y la falta de control nos inquieta, inconscientemente buscamos restablecer cierto orden a nuestro alrededor y estamos más predispuestos a relacionar hechos inconexos, imaginar conspiraciones en nuestro entorno laboral, encontrar siluetas en imágenes borrosas, o dejarnos llevar por rituales y supersticiones.
  • Que las necesidades influyen en nuestra percepción es obvio
  • «Superstición» es una palabra con claras connotaciones negativas; algo a desterrar y ser sustituido por explicaciones más racionales a los hechos. Si resulta tan difícil conseguirlo es porque en el fondo tiene un interesante valor adaptativo. Durante una situación de falta de control la toma de decisiones no es óptima, pero si logramos reducir la ansiedad imaginando vínculos inexistentes en nuestro entorno, quizá entonces ganemos confianza y podamos actuar de manera más cabal
  • El término «amnesia de fuente» se refiere a cómo el cerebro guarda, reprocesa y modifica los recuerdos con el tiempo, y cómo algunos grupos de intereses lo utilizan como estrategia para difundir falsas creencias. Por ejemplo: pocos meses antes de las elecciones estadounidenses, el 10 por ciento de los estadounidenses creían que Obama era musulmán También «lo habían oído» en algún sitio. Ni los responsables de difundir el bulo sabían quién había sido el primero en generar la falsa noticia. Pero eso era lo de menos. Lo relevante era crear incertidumbre. No es un asunto fácil de contrarrestar. ¿Cuál dirías que fue la estrategia de los directores de la campaña de Obama?, ¿esforzarse en desmentir que era musulmán? De ninguna manera. Dicha palabra estaba terminantemente prohibida. La respuesta fue fomentar su cristianismo.
  • cara (spin-up), el otro inmediatamente será cruz (spin-down).
  • una teoría del todo que describa el espacio que nos contiene, y en un solo modelo matemático relacione las cuatro fuerzas fundamentales (interacción fuerte, débil, electromagnetismo y gravedad) con todos los constituyentes de la materia,
  • reconcilia la cuántica con la gravedad.
  • Pubmed es el motor de búsqueda donde puedes encontrar cualquier artículo científico publicado en el ámbito de la medicina.
  • blog «Apuntes científicos desde el MIT» fue el citado por Wayne Jonas durante una conferencia sobre los efectos fisiológicos de la sugestión,
  • Se dividió en tres grupos a 1.162 pacientes cuyo historial médico reflejaba un mínimo de ocho años de dolor de espalda. Al primer grupo se le aplicó dos sesiones de treinta minutos de acupuntura por semana durante un par de meses, siguiendo los principios de la medicina tradicional china. Al segundo se le hizo exactamente lo mismo pero con acupuntura «falseada»: aunque los pacientes creían que recibían un tratamiento normal de acupuntura, los pinchazos se realizaban de manera superficial, y en puntos que los expertos reconocían como inactivos. El tercer grupo siguió una terapia convencional con medicación y tabla de ejercicios. Los resultados me parecieron reveladores: los dos grupos que recibieron acupuntura, tanto la verdadera como la falseada, experimentaron el mismo grado de reducción del dolor de espalda, ¡casi el doble que con la terapia convencional! Las conclusiones son obvias: los pinchazos estratégicos para conectar meridianos y equilibrar el yin y el yang no parece que sean el elemento clave para quitar el dolor de espalda. Sin embargo, sí hay «algo» en la acupuntura (podría ser un efecto placebo más poderoso, pero no se sabe todavía) que en este caso específico hace que funcione.
  • Un estudio realizado por la Harvard Medical School y el Departamento de Bioética de los NIH encuestó a 679 reumatólogos y especialistas en medicina interna estadounidenses.[13] El 62 por ciento de ellos afirmaron que era éticamente aceptable «engañar» a los pacientes con placebo si no se disponía de un remedio mejor que la sugestión para ayudarles. Y, de hecho, la mitad de ellos reconocieron hacerlo de manera habitual.
  • La existencia tanto del efecto placebo como del nocebo (empeoramiento por creer que algo inocuo te va a provocar un daño) está harto demostrada.
  • Los autores del artículo de PLoS en el que se critica el sistema actual de publicación asemejan este hecho a un efecto que en teoría económica se llama winner’s curse, «a maldición del ganador». Este efecto establece que el ganador en una subasta siempre suele terminar pagando un precio muy superior al real
  • Uno de los primeros ejemplos en los que se aplicó este término fue durante la venta de unos campos petrolíferos: las diferentes empresas pujaban en función de sus predicciones individuales sobre la cantidad de petróleo que podían esconder esos campos. Imaginemos que el rango de ofertas iba de los 10 a los 50 millones de dólares, concentrándose la mayoría de los pujantes en torno a los 25-35 millones. Posiblemente entre estas últimas cifras andaría el valor real del campo subastado, pero ¿quién ganaba la puja? El que hubiera ofertado 50, seguramente tras haberse equivocado en las estimaciones del petróleo que iba a conseguir. Algo parecido puede ocurrir en las tan competitivas publicaciones científicas: sobre un mismo tema, de todos los estudios metodológicamente bien hechos que existen, llegan a las grandes revistas científicas los que presentan unos resultados más escorados.
  • el artículo de PLoS avala su hipótesis con un estudio realizado en 2005 por John Ioannidis, que analizó 49 de los estudios clínicos más citados entre 1990 y 2003 y que habían aparecido en las tres revistas médicas de mayor impacto (New England Journal of Medicine, JAMA y Lancet).Science [16] Resulta que un tercio de ellos habían sido rebatidos al poco tiempo por investigaciones posteriores más rigurosas.
  • Vivimos una época de tal avalancha casi absurda de resultados científicos que la rigurosidad metodológica, el tamaño de las muestras, o el diseño de los experimentos debería ser un criterio mucho más importante que los resultados a la hora de publicar.
  • A nadie se le escapa tampoco que con la enorme presión por publicar a la que están sujetos los científicos (su currículo, financiación, prestigio y posibilidades de promoción dependen del índice de impacto que consigan sus artículos), un factor que no debe ser desestimado es la tentación de exagerar ligeramente algunos resultados para desmarcarse del resto de los grupos que están investigando lo mismo que ellos.
  • descartar muestras cuyos valores no encajen del todo con tu hipótesis, a hacer caso omiso de limitaciones metodológicas de tu investigación, a quitar a posteriori algún resultado hasta lograr la mágica expresión «diferencias significativas», ese «fraude de bajo nivel» sí es bastante común. —¿Cuánto de común? —Según un extenso estudio publicado en mayo de 2009 en la revista científica Public Library of Science, el 2 por ciento de los científicos admiten haber falsificado o inventado datos alguna vez, y el 33 por ciento reconocen haber seguido «prácticas de investigación cuestionables» como las q ue te he comentado.[17]
  • En el laboratorio puedes conseguir mucha precisión, pero menos relevancia.
  • con los estudios epidemiológicos con humanos. Y entre ellos, también hay unas metodologías más fiables que otras. Revisemos los principales tipos. ESTUDIOS DESCRIPTIVOS
  • un polémico y demoledor reportaje crítico con la epidemiología publicado en el New York Times bajo el título «¿Sabemos realmente qué nos hace estar saludables?». En él se reconoce el imprescindible papel que ha desempeñado la epidemiología en la comprensión de las enfermedades virales, en la relación entre tabaco y cáncer de pulmón, entre exposición solar y melanoma, pero refleja cómo muchos científicos se quejan abiertamente del exceso de relaciones causa-efecto que se publican en la literatura científica.
  • la carismática astrofísica de ochenta años Vera Rubin sus hallazgos sobre el movimiento de las galaxias y las repercusiones que tuvieron como confirmación de la existencia de la materia oscura en el universo, le pregunté si a lo largo de su carrera había sufrido alguna discriminación por el hecho de ser mujer Se echó a reír, y luego me explicó que cuando de joven iba a observar en el telescopio californiano Monte Wison, tenía que pedir hora en nombre de su marido porque a las mujeres no se les permitía la entrada. La excusa era que el telescopio no disponía de aseos femeninos. Ella cuenta que recortaba en un papel la típica silueta femenina caracterizada por una falda, y la colgaba con descaro en la puerta del servicio. «¿Veis? ¡Ya hay aseos para mujeres!», exclamaba.
  • en la propia Universidad de Harvard en 2005. Su ex director, Larry Summers, intentó justificar la menor presencia de mujeres entre el profesorado recurriendo a estudios que analizaban las diferencias biológicas entre las capacidades mentales de los hombres y las mujeres. Larry Summers dijo que la inteligencia media de los hombres y las mujeres era idéntica, pero que, según varias investigaciones, la distribución en los extremos es ligeramente diferente. En el caso de los hombres hay más representantes tanto en el lado de los más tontos como de los más listos. Y si esto era así, como Harvard era tan prestigiosa y sólo buscaba entre los mejores, resultaba normal que hubiera más hombre que mujeres.
  • Nancy Hopkins no podía callarse; ya llevaba mucho tiempo haciendo una cruzada contra el sexismo en la investigación como para aceptar tal provocación. Quizá su estudio más significativo fue el realizado a finales de la década de 1990, en el que se puso a medir el espacio de los laboratorios y los despachos que tenían asignados los científicos y las científicas de su propia universidad, el MIT. Tras un extenso análisis, demostró que a igualdad de cargo, los hombres siempre disponían de más espacio que las mujeres. Cuando publicó sus datos, el entonces presidente del MIT, Charles Vest, dijo: «Siempre había pensado que la discriminación de género contemporánea dentro de las universidades tenía una parte de realidad y otra de percepción. Ahora estoy convencido de que la realidad representa de lejos la parte mayor de la balanza».[18] Y decidió tomarse el asunto muy en serio. Nancy Hopkins considera que en un período corto de tiempo la situación ha mejorado de manera notable.
  • se quejó de la falta de «activismo» de las investigadoras jóvenes, que no perciben las reminiscencias de un machismo contra el que es muy difícil luchar. Ella lo denominó unconscious and unintentional bias, «sesgo inconsciente e involuntario» Según Hopkins, hay ciertas actitudes machistas de un calado tan profundo que no son identificadas ni por las mujeres que lo sufren, ni por los compañeros y las compañeras que lo ejercen.
  • el test de Draize, en el que aplican dosis altísimas del producto a un ojo de un conejo para compararlo con el
  • estaba siendo víctima de algo parecido al experimento de Stanley Milgram sobre la obediencia a la autoridad, y que me atrevo a sugerir afecta a un gran número de investigadores. El experimento de Milgram fue uno de los más impactantes en la historia de la psicología, al demostrar que personas normales que participaban en un estudio eran capaces de infligir dolor a otras simplemente porque el protocolo lo exigía. Si buscas en internet las grabaciones de este experimento, verás como un investigador recibe a dos voluntarios y les explica que la tarea de uno será contestar un test, y la del otro suministrarle pequeñas descargas eléctricas inofensivas cada vez que se equivoque. Ambos aceptan, y empieza el experimento. Hay un problema: la intensidad de las descargas es un poco mayor a cada error, y al cabo de varios minutos el voluntario que las recibe empieza a quejarse. El voluntario que las suministra consulta varias veces al director del experimento qué hacer, y éste siempre le pide que continúe. Lo hace hasta extremos inverosímiles. Evidentemente, el voluntario que grita de dolor es un actor que no recibe descarga eléctrica alguna, pero el otro esto no lo sabe.
  • no creía de ninguna manera en la figura de un Dios todopoderoso y personal que pudiera saltarse las leyes de la física si alguien se lo solicitaba.
  • en algún momento de la historia fuimos nosotros los que creamos el concepto de Dios y no a la inversa, y siente curiosidad por comprender tanto su origen como los efectos que Dios puede causar en nosotros mediante la imaginación.
  • nuestro cerebro, un órgano no diseñado para buscar la verdad sino para sobrevivir.
  • a veces los científicos pecan de ingenuos: creen que la razón es lo que se impone en un debate. Pero es falso. En los debates públicos la capacidad de oratoria es mucho más importante que las argumentaciones científicas. Y en eso los creacionistas están muy bien entrenados. Otro motivo es que aceptar un debate puede dar la impresión de que existe cierta controversia entre los científicos. No es cierto. Evidentemente, quedan aspectos todavía no resueltos en la teoría de la evolución, pero para la comunidad científica su planteamiento general está totalmente aceptado. Otro problema del que no se libra ningún blog, espacio televisivo, o debate es el siguiente: en cinco minutos o cinco frases un creacionista es capaz de generar una cantidad de desinformación que ningún científico podrá rebatir en una hora. Sin embargo, en cualquier espacio de debate dispondrán de las mismas condiciones.
  • Y todavía me convence menos que el amor esté programado para durar cuatro años porque es el tiempo que el bebé requiere ser cuidado por sus progenitores. Esto último no es ciencia ni es nada. ¿O es que hay algún experimento que pueda ponerlo a prueba? Ésta es una de las claves. Muchas aseveraciones que justifican cualquier acto desde una perspectiva evolutiva son sólo historias que encajan y generan un «Ah, claro» No penséis que es un arrebato. Arrastro la espinita sobre la duración cuatrienal del amor desde la primavera de 2005, cuando siendo todavía editor del programa Redes hicimos un episodio sobre el enamoramiento y no logré convencer a una guionista de que, por mucho que lo hubiera dicho un científico, no dejaba de ser un completo desatino. Insisto: no niego que levemos en nuestras células los mismos genes de nuestros antepasados homínidos y compartamos una predisposición a ser monógamos sucesivos, o a percibir unos cuerpos como más atractivos que otros. Claro que nacemos condicionados. Pero la lógica evolutiva está sobrevalorada como interpretación del comportamiento del ser humano moderno. En nuestra especie, los genes han delegado la responsabilidad de vivir al cerebro, y éste —por suerte— se deja manipular muchísimo por el entorno, la educación y la cultura con que le toca lidiar.
  • Los genetistas están observando que los grandes cambios culturales sufridos por nuestra especie han actuado como una fuerza evolutiva que, de hecho, nos ha hecho evolucionar genéticamente incluso más rápido. La adaptación a la lactosa es quizá el ejemplo más citado, pero se han descubierto centenares de cambios genéticos seleccionados por actividades humanas recientes;
  • La sociobiología y la psicología evolutiva pueden ser útiles para comprender cómo somos e indicarnos qué debemos modificar, pero nunca para justificarnos.
  • Los genes nos condicionan, pero no determinan
  • la manera en que está organizado el sistema de patentes actual conlleva una serie de consecuencias negativas: Enfermedades olvidadas: no hay incentivos económicos suficientes para investigar en enfermedades que afectan desproporcionadamente a países en vías de desarrollo sin capacidad de pagar precios altos por los medicamentos. Ejemplos: herramientas de diagnóstico para la tuberculosis, o tratamientos para la enfermedad de Chagas. Las farmacéuticas gastan mucho más dinero en marketing y promoción que en I+D. En Estados Unidos, hasta el doble según estudios de 2008. Existe mayor interés económico en retocar fórmulas y patentar productos secundarios sin mejora terapéutica importante, en lugar de fármacos que afectan a pocos individuos, o a países pobres, y que requieran elevados costes de innovación Muchos medicamentos se comercializan a precios demasiado altos para ser asequibles a pacientes y gobiernos, incluso del primer mundo. Enfermos de sida en países en vías de desarrollo no pueden acceder a medicamentos más efecti vos de segunda y tercera generación porque las patentes bloquean la producción de genéricos.
  • Tampoco somos ingenuos. El sector privado es de lejos más eficiente que el público. Y si no hay beneficios a la vista, tampoco hay investigación previa. Los incentivos económicos son imprescindibles.
  • La idea es sustituir el monopolio de las patentes por un sistema de premios o recompensa a la I+D que, sin perjudicar la economía de las farmacéuticas, dirija la investigación hacia donde más se necesite y cambie la distribución de presupuestos entre marketing/investigación Por ejemplo: crear fondos dirigidos a innovar en una problemática concreta y premiar a la industria que lo consiga. Luego el conocimiento se hace público, varias empresas producen genéricos, y los precios bajan
  • entender que entre los grandes retos de la medicina del siglo XXI quizá el más importante es hacerla llegar a quienes más la necesitan.
  • Primero debemos asimilar algo muy importante: la información genética no es sólo la secuencia de bases del ADN. Hay una gran cantidad de fenómenos que regulan la expresión de los genes, los activan, o los silencian. Esto forma parte del desarrollo y el funcionamiento normal de las células, pero también de cómo se adaptan a las circunstancias concretas a que su organismo las fuerza a vivir. Estos fenómenos epigenéticos son la manera como el entorno modula tus genes, y puede hacer que ante experiencias determinadas —una hambruna, enfermedades, un tipo de dieta u otra, períodos de mucho ejercicio, estrés— genes específicos estén más activos o menos. Existen varios mecanismos epigenéticos. Uno es la modificación de historias, las proteínas que logran la hazaña de empaquetar un finísimo hilo de ADN de un metro en un espacio de 0,01 milímetros en el interior de cada una de tus células. Otro, quizá el más relevante, es la metilación del ADN. Los grupos metilo son unas pequeñas moléculas químicas que se enganchan en algunas bases nitrogenadas de tu ADN para dejar inactivos a ciertos genes. Es un proceso muy habitual, y existen patrones de metilación muy bien conservados que se transmiten de manera normal de padres a hijos. Pero también hay metilaciones que se producen sólo en función de las experiencias que sufras durante tu vida, para adaptarse a condiciones concretas en que te toque vivir. Y, lo más sorprendente, rompedor y neolamarckiano: los biólogos moleculares han comprobado que algunas de estas metilaciones pueden reflejarse en las células germinales y ser heredadas por la siguiente generación. Las experiencias se reflejan en tus genes, y algunos caracteres adquiridos durante tu vida sí pueden ser transmitidos a tus hijos. Esto representa un cambio de paradigma enorme. Todavía falta establecer el grado en que esto ocurre, y cuán estables son esas modificaciones en el tiempo, pero en los últimos años las evidencias de esta herencia epigenética se han ido acumulando.

 

 

  • Proyecto del Microbioma Humano le llaman el segundo genoma humano.
  • las capas celulares más superficiales de tu epidermis, podrán contar hasta 50.000 bacterias en cada centímetro cuadrado. Y si de la misma área te hacen una pequeña biopsia alcanzando los folículos capilares y las glándulas sebáceas, aparecerán, ¡un millón! Es decir, tu cuerpo está cubierto de bacterias, pero no intentes desprenderte de ellas lavándote a fondo, la inmensa mayoría viven bien adentro de tu piel. ¡Que eso no te dé repelús!, están ahí para servirte. Degradan aceite para humedecerte, controlan el pH de tus zonas íntimas, evitan que otras comunidades patógenas te colonicen, déjalas vivir en paz, y ni se te ocurra considerarlas más prescindibles que tus propias células humanas.
  • «las bacterias que habitan en nuestro cuerpo son parte de tu organismo». Estás formado por tus propias células eucariotas, junto a un número diez veces superior de células bacterianas.
  • la metagenómica será para la microbiología lo que el gran colisionador de hadrones (LHC) para la física de partículas, o los escáneres cerebrales para el conocimiento del cerebro.
  • Para los que os guste divagar, puede implicar incluso un cambio en el concepto de ser independiente. Los científicos están encontrando tanto popurrí bacteriano, tanta transferencia horizontal de genes, tanta flexibilidad, tantas combinaciones posibles, que la idea de organismo individual se está diluyendo, y trasciende a un conglomerado de genes que actúan en conjunto, estén dentro de unas pelotitas lipídicas u otras. Es decir, Julie Segre confiesa que en el fondo no persigue identificar microorganismos, sino genes bacterianos. La metagenómica es en realidad una «caza de genes» con diferentes funciones, y da igual si se agrupan de una manera o de otra. El universo microbiano es mucho más maleable de lo que pensábamos, hasta el punto de que ideas como el árbol de la vida de Darwin llegan a perder sentido.
  • Eugene Koolin fue así de taxativo: «La historia de la vida no puede ser representada como un árbol. En los últimos años esta idea ha perdido todo su sentido. Puedes realizar árboles de primates, o de vertebrados, pero ahora que podemos comparar secuencias genéticas, lo que construimos a nivel unicelular no son ni siquiera arbustos, sino redes. Las especies microbianas son una serie de genes con diferentes historias y trayectorias evolutivas». A lo que se refería Eugene era a la imposibilidad de establecer una jerarquía, un orden evolutivo lógico, entre los organismos procariotas.
  • en la década de 1990, cuando los genetistas microbianos constataron que la transmisión de genes durante la reproducción era algo minoritario comparado con la enorme transferencia horizontal de genes que intercambiaban las bacterias como si nada.
  • Edward Wilson empezó su charla con una idea poderosa: «De la misma manera que los físicos están intentando conciliar la teoría cuántica con la relatividad, en biología debemos empezar a pensar en una unificación de la biología molecular con la ecología»
  • en pleno síndrome stoop, bajo los efectos alucinógenos de la conversación
  • La idea, a lo burdo, es la siguiente: la ingeniería genética tal y como la entendemos coge genes de diversas especies, los mezcla, los altera, los duplica, los silencia, es decir, juega con secuencias genéticas y estructuras que ya existen en el mundo vivo. La biología sintética representa un nuevo escalafón: pretende diseñar estructuras biológicas ex novo. En el fondo, se trata de no estar restringidos por la naturaleza, sino de diseñar constituyentes celulares con funciones absolutamente noveles que ejecuten instrucciones genéticas programadas por nosotros, y que terminen comportándose como hayamos predicho.
  • ahora es ciencia y pronto será tecnología.
  • El Mycoplasma pneumoniae es una de las bacterias de vida libre más simples que existen: una pelotita de 2 micras rellena de una maraña de proteínas y escasos 689 genes flotando por su interior, envueltos por una membrana lipídica que no llega ni a pared celular, sin siquiera orgánulos celulares, y contando sólo con un citoesqueleto muy básico que da forma a una bola central donde se esparce el ADN. Lo único sofisticado que tiene es un apéndice con el que se desplaza por las células de tus pulmones, se engancha a ellas, y les roba aminoácidos, lípidos, y glucosa hasta matarlas.
  • El metaboloma son todas las reacciones químicas del interior celular destinadas a generar energía.
  • En definitiva: «Al haber utilizado en el pasado organismos más complejos para estudiar los mecanismos de regulación celular, quizá no nos dimos cuenta de que a un nivel inferior puede haber mecanismos mucho más básicos que todavía desconocemos», dijo Luis, sugiriendo que entender cómo funciona una célula en detalle iba a ser mucho más difícil de lo que se imaginaban.
  • Yo sabía que la verdad en ciencia no es democrática, y que ni el consenso ni la mayoría son quienes deciden dónde reside la razón.
  • Este dióxido de carbono es justamente uno de los sistemas de retroalimentación que moldea el clima terrestre y, gracias a una reconstrucción mucho más afinada de cómo ha ido cambiando el clima en tiempos recientes, los paleoclimatólogos han podido constatar su estrecha relación con las temperaturas del planeta. Para ello, se han servido de unas pistas preciosas: burbujas de aire que quedaron atrapadas en los hielos de Groenlandia y la Antártida a medida que éstos se iban formando. Mediante la perforación de esas densas capas de hielo, los paleoclimatólogos están rescatando dichas burbujas prehistóricas y midiendo su composición química, detectando la presencia de metano, dióxido de carbono, y llegando incluso a poder evaluar la temperatura de la atmósfera gracias a la relación que ésta guarda con la proporción entre dos isótopos del oxígeno. Entre las conclusiones que han sacado, hay una fuera de cualquier duda: el vínculo entre CO2 y temperatura es estrechísimo.
  • Hablemos del efecto invernadero y del papel que el CO2 juega en el mismo. El Sol nos envía constantemente energía por medio de radiaciones electromagnéticas. La atmósfera intercepta y refleja de vuelta al espacio una pequeña parte de ellas (por ejemplo, gran parte de la radiación ultravioleta gracias al ozono de la estratosfera), pero es transparente a la mayoría de las longitudes de onda que le llegan Cuando la radiación solar incide sobre la superficie de la Tierra, es absorbida y la calienta. Ese calor es posteriormente re-irradiado desde la Tierra hacia el espacio, con longitudes de onda menos energéticas de las que llegaron El problema —o ventaja— es que la atmósfera ya no es transparente a estas ondas menos energéticas, y en lugar de escapar de la Tierra, son absorbidas por ciertos gases y reflejadas de nuevo hacia la superficie. De esta forma, el calor «no puede escapar», quedando atrapado entre la fina capa de gases que compone la atmósfera y la superficie terrestre, como si de un invernadero se tratara, aumentando por consiguiente la temperatura del planeta. El oxígeno y el nitrógeno no intervienen en absoluto en dicho proceso; los principales responsables de este efecto invernadero son el vapor de agua, el CO2 y el metano.
  • Nunca antes la temperatura había aumentado de manera tan rápida sin una causa natural que lo explicara. ¿Sin una causa natural que lo explicara? Aquí es donde aparecen en escena los controvertidos modelos climáticos, monumentales expresiones matemáticas capaces de simular la evolución climática que, al contrario de lo que argumentan algunos de sus críticos, sí pueden ser testados con relativa facilidad. La clave está en utilizar esos registros tan detallados de los últimos 150 años para poner a prueba los modelos e ir ajustándolos hasta que sean capaces de describir la evolución climática de este último siglo y medio. Una vez conseguido esto, se convierten en valiosas herramientas capaces de predecir el clima en el futuro. Nadie les presupone una perfección absoluta, pero el grado de afinamiento que han conseguido los modelos informáticos es realmente alto.
  • Existen decenas de estos modelos y, aunque difieren ligeramente, sí son consistentes en algunas conclusiones. Una de ellas es fundamental: cuando intentan predecir cómo habría evolucionado la temperatura de la Tierra durante el siglo XX eliminando la actividad humana de la ecuación, logran reproducir muy bien los altibajos ocurridos durante las primeras décadas, pero a partir de la de 1950 no prevén ningún aumento constante de la temperatura media. Con subidas y bajadas, pero la tendencia sigue estable. Sin embargo, cuando introducen el aumento de CO2 atmosférico de los últimos sesenta años por la quema de combustibles fósiles, describen a la perfección el aumento de temperaturas que estamos viviendo. Es decir, los modelos ajustan todos los parámetros naturales, y sólo logran explicar el calentamiento reciente del planeta si incluyen el incremento antrópico reciente de CO2. Otro factor importante es que el CO2 producido por la quema de combustibles fósiles generados hace millones de años contiene una menor cantidad de isótopos 13C que el emitido por otras fuentes. Gracias a ello, los científicos han podido analizar la proporción de isótopos 13C/ 12C en el dióxido de carbono atmosférico y concluido con total seguridad que su aumento durante las últimas décadas es de origen antropocéntrico.
  • Todos los modelos climáticos apuntan a un aumento de la temperatura media que conllevará graves disrupciones en el clima. Posiblemente, la realidad se encontrará entre las estimaciones más altas y las más bajas, pero todos los cálculos, sin excepción, apuntan al alza. Desertificación en ciertas zonas, inundaciones en otras, deshielo de los glaciares y los polos, acidificación de los océanos, pérdida de la biodiversidad y sobre todo huracanes más extremos y aumento del nivel del mar parecen consecuencias inevitables de tener un sistema tan sobrecargado energéticamente. La severidad de estos daños, y cómo minimizarlos, es lo que está en discusión dentro de la comunidad científica. Los más optimistas confían en la capacidad de autorregulación de la Tierra para atenuar esta tendencia. Pero otros temen que, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, los efectos se retroalimenten hasta crear saltos repentinos de un punto de equilibrio a otro, con resultados catastróficos. Si bien el calentamiento global y su origen están aceptados por la mayoría de los investigadores, el debate sobre la gravedad de sus consecuencias ha llegado totalmente desvirtuado a la opinión pública.
  • LAS TRES FASES DEL ESCEPTICISMO SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO John Holdren fue tremendamente crítico con el movimiento escéptico, al que acusó de haber estado sembrando dudas y ralentizando enormemente la toma de decisiones políticas. Por eso quiso analizar las tres etapas por las que solían pasar las actitudes escépticas hacia la idea básica de que el cambio climático está causado por la actividad humana: 1ª etapa: «Los científicos pueden estar equivocados». Innegable. Pero este escepticismo sólo tenía sentido diez años atrás, cuando todavía no había pruebas tan concluyentes de que las emisiones antropocéntricas de CO2 eran la causa principal del calentamiento del planeta. Con los datos acumulados en ese momento, la unanimidad científica era prácticamente ab soluta. 2ª etapa: «Los científicos exageran» Este escepticismo era más actual Asumía que los científicos tenían razón en cuanto al origen del problema, pero cuestionaba que los efectos del calentamiento global fueran tan graves como ellos pensaban. La controversia no estaba cerrada, desde luego, pero dicho escepticismo se basaba en apreciaciones individuales y estudios minoritarios. La gran mayoría de las investigaciones aseguraban de forma cada vez más contundente que la situación era realmente preocupante. 3ª etapa: «Ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto». John Holdren se sentía preocupado porque esta postura —más bien pesimista que escéptica— estaba cogiendo fuerza incluso entre algunos expertos. Los que la mantienen reconocen que las predicciones científicas son acertadas, pero opinan que llevamos demasiado tiempo maltratando el planeta como para poder solucionarlo,
  • discutiendo sobre las consecuencias negativas de un catastrofismo desmesurado cuya intención era movilizar a una opinión pública apática, del problema de un periodismo que alimentaba un debate interminable donde en realidad no lo había, o de la costumbre de contraponer siempre los dos lados más radicales de la historia. Y todavía tengo grabado en la memoria el día en que, desde la confidencialidad que prometían nuestros seminarios, uno de los expertos más influyentes en materia de cambio climático nos confesó: «Yo soy de los que en su momento recomendó al presidente de Estados Unidos no respetar Kioto, porque los datos de que disponíamos entonces no eran concluyentes. Ahora son incontestables». Yo
  • Alan Leshner, editor de la revista Science y presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, me respondió a esa inquietud cuando la comentamos meses después durante una entrevista en su despacho de Washington D.C.: «Los únicos que se aferran a los datos experimentales son los científicos. En general, la gente antepone sus propias ideas a lo que diga la ciencia. La tendencia natural es posicionarte desde un principio a un lado de la discusión, por el motivo inicial que sea, y luego atender sólo a los argumentos que lo refuercen, y desoír los que te contradigan
  • Nadie conoce el alcance que puede llegar a tener el calentamiento global, y bien podría ser que las catástrofes que a veces nos anticipan fueran exageradas. Pero lo que no parecía debatible eran los principios básicos a los que se refería el presidente Obama: 1) el CO2 y otros gases de efecto invernadero han aumentado debido a la actividad humana; 2) el efecto de estos gases es un calentamiento del planeta, y 3) las consecuencias de seguir emitiendo CO2 al ritmo que lo hacemos podrían ser graves.
  • Cuando me recomendaron hablar con Walter Vergara, ingeniero líder del Departamento Ambiental del Banco Mundial para Latinoamérica, enseguida le llamé preguntando si podía visitarle y conocer el punto de vista de alguien que debe integrar toda la información científica respecto al calentamiento global, tener en cuenta cuestiones económicas y vaivenes políticos, y terminar tomando decisiones sobre en qué y cómo invertir el dinero de su presupuesto. Fue un auténtico choque con la realidad. Es muy fácil vociferar a favor o en contra de la energía nuclear, exigir la reducción de emisiones de manera inmediata, buscarle inconvenientes a cualquier solución, aludir a teorías conspirativas, solicitar un cambio de sistema, o decir sin remordimientos que tampoco hay para tanto. Pero cuando tienes frente a ti un presupuesto y te toca priorizar proyectos, o asesorar a un país sobre qué política medioambiental debería seguir, necesitas tener un muy buen sentido global de la situación. Un primer mensaje quedó muy claro durante mi visita a la división ktinoamericana del Banco Mundial A excepción de Brasil y México, la mayoría de los países en la región no debían preocuparse en demasía por reducir las emisiones de CO2. Adelante con la eficiencia energética y las fuentes renovables siempre que se pueda, sin duda, pero la mitigación es responsabilidad fundamental de los países más industrializados. Lo que debemos apoyar rápidamente en el resto son las medidas de adaptación para minimizar los impactos del cambio climático. Porque otro mensaje debe ser asumido: la situación no mejorará. Quizá algún día se consiga reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, pero, a efectos prácticos, la temperatura media del planeta va a continuar aumentando progresivamente durante buena parte de este siglo. No hay una sola estimación seria que diga lo contrario.
  • Cuando decimos que la temperatura media del planeta aumenta unas décimas, debemos entender que ese incremento no es uniforme. En tierra firme aumentará más que en los océanos, en los polos más que en las zonas meridionales y en las cimas de algunas montañas más que en sus cotas bajas. En la cordillera de los Andes esas décimas de grado están modificando la vegetación, lo que afecta al régimen de vientos, y en consecuencia el calentamiento de las zonas altas será mucho más rápido.
  • Los corales alojan al 25 por ciento de las especies marinas, y muchas más dependen de su riqueza biológica. Son imprescindibles para el ecosistema y la protección de las costas.
  • EL AMAZONAS CONVERTIDO EN SABANA Es obvio que no ocurrirá de un día para otro, pero el proceso de «sabanización» parece haber comenzado. No hay un consenso científico sobre el ritmo al que puede avanzar, pero las previsiones apuntan a una pérdida de entre el 20 y el 80 por ciento de la selva amazónica durante el siglo XXI.
  • cualquier solución que busquemos al cambio climático debe ser compatible con el progreso económico. No podemos poner en riesgo el sistema con medidas radicales que amenacen nuestro bienestar y empeoren nuestra calidad de vida a costa de tener un planeta un poco más frío. La cura no debe ser peor que la enfermedad.
  • una especie de pequeños invernaderos estancos con los que monitorean el crecimiento de plantas en su interior La peculiaridad era que rellenaban dichos invernaderos con 700 ppm de CO2 en el aire; una concentración el doble de la actual y que se podría alcanzar en unas décadas si continuamos con el ritmo actual de emisiones. Ellos mismos ya habían demostrado que en tales condiciones las plantas aumentaban su eficiencia y crecían más rápido y más anchas. Pero en abril de 2009 presentaron un estudio más sorprendente: los niveles tan elevados de CO2 también estimulaban el crecimiento de las raíces, la actividad biogénica en el subsuelo y la acumulación de materiales.[31] Y esto contribuía a la elevación del suelo de los pantanos. Además de Bert, nos acompañaba el autor principal de esa investigación, Patrick Megonigal, que aseguró que ese efecto podría compensar el futuro aumento del nivel del mar. «¡Sólo en algunas zonas!», se apresuró a matizar ante el grupo de periodistas. Patrick insistió varias veces en su desacuerdo ante el reiterado uso tergiversado de sus resultados y los de Drake por fuentes negacionistas para minimizar la gravedad de los efectos del cambio climático. Ambos reconocieron que sus investigaciones añadían un grado de incertidumbre y mostraban lo compleja que era la tarea de prever la reacción de los ecosistemas al cambio climático, pero no implicaban en absoluto que la subida del nivel del mar no supusiera un gran riesgo para la mayoría de las zonas costeras, ni que el aumento de CO2 atmosférico podía ser compensado por un mayor crecimiento de árboles y plantas. «¡De ninguna manera!», aseguraron con firmeza.
  • Imagínate que vas caminando por la calle, alguien te para junto a otro desconocido, y os dice dirigiéndose a tu nuevo compañero: «Vamos a hacer un juego: te voy a dar 10 euros para que los repartas a tu criterio con tu amigo. Pero sólo os los quedaréis si él acepta la oferta que tú le hagas. En caso contrario, no os entrego nada a ninguno». Piensa qué harías. Si el negociador te ofrece partes iguales, o quedarse él 6 euros y tú 4, seguro que aceptarás el trato y ambos os iréis a casa con unas monedas extra en vuestros bolsillos. Pero si va de listo y te dice: «Como yo soy quien tiene el poder, me quedo 9 euros y a ti te daré 1. Oye, no seas tonto y acepta, porque algo es mejor que nada» ¿Cómo reaccionarás? Posiblemente rehusarás el acuerdo. Aunque la lógica racional te dicte que es mejor ganar un euro que ninguno, una reacción emocional de indignación te impedirá aceptar la injusticia. Pero no es sólo cuestión de vísceras irracionales. Si lo reflexionas bien, la lógica «algo es mejor que nada» no es una buena estrategia a medio plazo. Me explico: experimentos como éste se han repetido en numerosas ocasiones, situaciones y culturas diferentes, y comparado las cantidades mínimas necesarias para llegar a un acuerdo. Por ejemplo, si haces el test con un completo desconocido que sabes que nunca encontrarás de nuevo en tu vida y te ofrece un mísero euro, es más posible que pienses «Qué aprovechado.», pero termines aceptando el «algo es mejor que nada» Sin embargo, si estás con un compañero de trabajo con quien sabes que en el futuro deberás llegar a nuevos acuerdos, probablemente te plantarás y le advertirás: «No me ningunees. Para la próxima, que sepas que conmigo no se juega» Los antropólogos han observado algo parecido en diferentes culturas y países del mundo. Aunque a primera vista parezca ilógico, las sociedades pobres donde en teoría «algo es mucho mejor que nada», pero en las que la confianza dentro de los grupos cooperativos es muy importante, son mucho más reacias a aceptar tratos injustos que en determinados países ricos.
  • Nunca debía haberme apartado de los científicos. Son ellos y no los economistas, los políticos, o los abogados endiablados, los únicos que pueden solucionar el problema y llevarnos a un mundo más sostenible sin mermar nuestra calidad de vida. Démosles tiempo y recursos para mitigar el cambio climático. Y mientras tanto, empecemos a trabajar en adaptación y ayudar a los que van a sufrir las peores consecuencias de un difícilmente evitable empeoramiento de las condiciones climáticas terrestres.
  • los molestos síntomas que sufría e irremediablemente iban a aumentar en breve no los causaba la acción del pobrecito virus; él no pretendía hacerme daño para que pudiera ir por ahí contagiando a otra gente. Los efectos del «resfriado» en verdad los provocaba mi propio sistema inmunológico mientras trataba de vencer al rhinovirus.
  • un estudio reciente en el que se decía que la vitamina C no evitaba los resfriados ni mejoraba su evolución.[32] No era un estudio aislado cualquiera, sino una revisión de todas las investigaciones publicadas hasta el momento con el objetivo de cerrar los sesenta años de controversia sobre si la vitamina C era o no efectiva como tratamiento para resfriados comunes. Las conclusiones del trabajo decían textualmente: «El fracaso de los suplementos de vitamina C a la hora de reducir la incidencia de resfriados en la población normal indica que las rutinarias dosis elevadas que se utilizan como profilaxis no están racionalmente justificadas para el uso generalizado. Podrían tener sentido en personas expuestas a períodos breves de frío o ejercicio físico severo».
  • la fisiología de la resaca y cuál es la mejor manera de minimizarla.[33] ¿Estaría intuyendo que podía ocurrirle tres mañanas después? No creo; seguro que se trataba sólo de curiosidad intelectual. Cóctel de síntomas Además del exasperante dolor de cabeza, cada uno de los síntomas que aparecen a las pocas horas tras dejar de beber, cuando la concentración de alcohol en tu sangre es ya prácticamente nula, tiene diferente explicación y tratamiento. Te sientes fatigado porque el alcohol induce cambios en el metabolismo de tu hígado que desembocan en una bajada de los niveles de azúcar; una ligera hipoglucemia que mejorará si por la mañana ingieres zumos o alimentos con carbohidratos. Quizá no te apetezca comer nada porque tengas el estómago hecho polvo. Especialmente si has tomado licores fuertes sin rebajarlos con ningún otro líquido, el alcohol habrá irritado directamente tu sistema gastrointestinal y estimulado la producción de secreciones pancreáticas y ácidos en el estómago. Si la comida previa a las copas hubiera sido contundente y elevada en grasas, tu estómago e intestinos no se habrían irritado tanto y de paso la absorción de alcohol habría sido más lenta. Bebe agua. Antes, mientras y después, bebe mucha agua. El alcohol es diurético: hace que tu glándula pituitaria segregue menos hormonas antidiuréticas como la vasopresina (cuyo efecto es que los riñones no reabsorban tanto líquido). Como consecuencia aumenta la producción de orina, y tu cuerpo termina eliminando más líquido del que ingiere. Si tomas 50 gramos de alcohol diluidos en un volumen total de 250 mililitros, acabarás perdiendo entre 600 y 1.000 mililitros de agua. Esta deshidratación y pérdida de electrolitos es lo que te provoca la sensación de sequedad, cansancio, sed abundante, y puede (eso se ve que no está tan claro todavía) contribuir al dolor de cabeza por la vasodilatación en el cerebro. No sólo es culpa del etanol En tu estómago e hígado tienes un par de enzimas que se encargan de transformar el etanol en algún otro compuesto que tu cuerpo pueda metabolizar sin problemas. La primera enzima se llama alcohol deshidrogenasa (ADH), y le quita un hidrógeno a la molécula de etanol para convertirlo en acetaldehído. Este compuesto es tóxico, por lo que la segunda enzima, la ALDH, debe actuar rapidísimo quitándole otro hidrógeno y transformándolo en un inocente acetato. Si bebes muy rápido y no permites a la ALDH seguirte el ritmo, o eres una de las personas que tienen una variante genética de la ALDH menos efectiva, tu concentración de acetaldehído en sangre será demasiado alta y sufrirás náuseas, sudores, aceleración del pulso, y malestar generalizado. Pero además del etanol, las bebidas alcohólicas contienen unas sustancias llamadas «congéneres» que se generan durante el proceso de producción del licor, y contribuyen a la severidad de la resaca. Las bebidas de baja calidad suelen tener más congéneres, por eso dicen que el garrafón es mucho peor. Mezclar diferentes licores también resulta contraproducente porque aumenta la diversidad de congéneres y agrava su efecto. Calidades aparte, y a igualdad de etanol final consumido, la lista de bebidas que generan de más a menos resaca es la siguiente: coñac, vino tinto, ron, whisky, vino blanco, ginebra, vodka, cerveza y etanol puro diluido en zumo de naranja; orden que concuerda con mayor a menor cantidad de congéneres. El metanol es el peor congénere de todos. Se trata de una molécula de estructura similar al etanol pero un poco más pequeña, y que se descompone con las mismas ADH y ALDH. El problema es que sus productos intermedios (formaldehído y ácido fórmico) son todavía más tóxicos. Hay científicos que consideran al metanol el factor clave en la resaca. Dicen que las enzimas metabolizan primero el etanol (tienen más afinidad química por él), y cuando terminan siguen con el metanol produciendo formaldehído y ácido fórmico. Esto explicaría que los síntomas de la resaca empiecen cuando la cantidad de alcohol en sangre es prácticamente nula. Y, de hecho, también podría explicar que tomar un poco de alcohol por la mañana disminuya momentáneamente sus síntomas, ya que bloquearía de nuevo las ADH y ALDH. Teoría novedosa En una revisión publicada en 2008 se plantea otro mecanismo que podría influir en el dolor de cabeza y los cambios de ánimo:[34] la intoxicación etílica del cuerpo activaría de golpe las señales de alarma del sistema inmunológico, induciendo el malestar propio de un resfriado o infección. Las citoquinas que utiliza el sistema inmunológico para comunicarse con el cerebro provocan malestar, debilidad, dolores y aplatanamiento para forzarte a que descanses y contribuyas a tu recuperación. No está comprobado, pero algunos expertos creen que este proceso se puede sobreactivar tras una borrachera y contribuir a la pesadez del día siguiente. Resumen de recomendaciones Comer bien antes y dulce después ayuda. Beber agua, aunque sepa peor que la cerveza, es casi imprescindible. Una aspirina o el ibuprofeno por la mañana o antes de ir a dormir disminuirá tu dolor de cabeza. Las vitaminas, especialmente la B6, podrían acortar el tiempo de sufrimiento aunque sea por placebo. El café te despejará, pero su contrapartida es que tiene efecto diurético. Ah, y si por la mañana se te ocurre tomar una cervecita, carajillo, o el mal recomendado bloody mary (a pesar de que el tomate tenga vitamina B6), olvídalo. Es normal sentir un leve síndrome de abstinencia al día siguiente, y quizá sí notarías un alivio momentáneo, pero significaría alargar todavía más el proceso de desintoxicación que debe seguir tu cuerpo.
  • Tu organismo funciona sin tu permiso consciente. El control de la máquina bioquímica que eres viene dirigido por un sistema nervioso autónomo que se encarga de controlar tus órganos internos, regular el ritmo cardíaco, hacerte sudar si tienes calor, digerir los alimentos, y un sinfín de tareas que son realizadas de manera automática por unos nervios que no quieren interferencia alguna por parte de tu corteza cerebral. Con la espina dorsal y la parte primitiva de cerebro que compartes con una mosca, ya se bastan. Este sistema nervioso autónomo tiene dos estados posibles: el simpático y el parasimpático. Durante la mayor parte del día estás en modo parasimpático, que es cuando todo está «normal» y puedes tener los músculos relajados, hacer tranquilamente la digestión, excitarte sexualmente, salivar, hacer tus necesidades sin problemas… Pero ante una situación de estrés repentino que requiera acción inmediata (estás conduciendo y de golpe un camión invade tu carril, o paseas por el bosque y te encuentras un oso), se activa de manera automática el modo simpático y tu cuerpo cambia de dueño:
  • Es un problema físico que la viagra corrige, y de hecho también funciona en mujeres con falta de irrigación en el clítoris. Pero esto interfiere poco en el deseo. El deseo sexual está controlado por dos sistemas cerebrales que regulan la excitación y la inhibición. Y ahí es donde sí se encuentran diferencias notables entre hombres y mujeres: la inhibición es mucho más frecuente en el género femenino. Comprender todos los aspectos relacionados en la salud sexual de manera multidisciplinar es fundamental para atajar esas disfunciones desde un punto de vista médico, integrando las perspectivas de urólogos, endocrinos, terapeutas, psicólogos y científicos de laboratorio en el camino hacia una medicina sexual basada en la evidencia.
  • Sus estudios en mujeres relacionan claramente el estrés con ganar unos kilitos de más. ¿Razones? Por una parte, los cambios de hábitos: cuando estás estresada comes más veces a deshoras, tienes mayor apetencia por los dulces y los alimentos grasos, y disminuye tu capacidad de autocontrol Pero la relación del estrés con la obesidad va mucho más allá de los factores conductuales. El estrés incrementa los niveles de insulina y de una hormona llamada cortisol que —especialmente en mujeres— provoca un aumento de grasa abdominal, aunque no modifiques tu dieta en absoluto.
  • estos 10-100 billones de seres que viven en tus tripas, y muy bien podrían ser considerados parte de tu organismo.

LA HISTORIA DE LA VIDA EN 1.000 PALABRAS

  • faunas como la de Ediacara hace 650 millones de años, formada por animales sésiles que no necesitaban moverse porque vivían en paz sin necesidad de depredarse los unos a los otros.
  • explosión del Cámbrico
  • Las plantas con flor nacieron hace 130 millones de años,
  • —como aseguran algunos paleobiólogos— la llegada de seres pluricelulares fue un evento más inesperado que la formación de las primeras bacterias,
  • «Es mucho mejor vender un árbol 1.000 veces que sólo una»,
  • «¿Sabes cuál es el origen del color azul de sus alas?».Tras mi expresión desencajada, explicó que las flores deben su color a pigmentos, sustancias químicas que producen color. Pero los tonos de las alas de algunos insectos, aves o mariposas son el resultado de estructuras microscópicas que reflejan la luz a diferentes longitudes de onda.
  • La biodiversidad es una fuente de riqueza, no sólo en sentido metafísico.
  • La desaparición acelerada de anfibios es un hecho contrastado en diferentes lugares del mundo. Al tratarse de especies tan vulnerables a pequeños cambios en los ecosistemas, los anfibios son considerados indicadores biológicos, y su pérdida demuestra que algo está ocurriendo en sus hábitats. Averiguar ese algo y comprender el funcionamiento interno de la naturaleza es una tarea harto complicada.
  • se pescan grandes depredadores en declive como el atún rojo o el pez espada porque hay gente dispuesta a pagar mucho dinero por ellos. Pero esto no tiene sentido desde el punto de vista medioambiental Es como comer leones o tigres en lugar de vacas o pollos. Nos gusta alimentarnos de las especies que están en lo alto de la cadena alimentaria, que además de reproducirse menos y crecer más lentamente, tienen un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas. En protección de los océanos, estamos muy atrasados respecto a lo que ocurre en los sistemas terrestres. «Lo que estamos haciendo en los mares es como convertir la selva amazónica en un campo de golf», dice Enric, asegurando que en los últimos cien años en el Mediterráneo han desaparecido el 99 por ciento de los tiburones, y a escala mundial se han colapsado el 30 por ciento de las pesquerías en las últimas cinco décadas.
  • «8 heads regeneration» en YouTube, y os aparecerá el vídeo que colgué el mismo día que me lo cedió en exclusiva el investigador del MIT Peter Reddien.
  • Las planarias son gusanos con una capacidad de regeneración espectacular.
  • si las partes por la mitad, en uno de los trozos crecerá una cabeza y en el otro una cola. Si cortas la cabeza entre los ojos, al poco tiempo tendrás un gusano con dos cabezas completas e independientes. Le quitas un fragmento 300 veces más pequeño que el total del cuerpo, y es capaz de regenerar un individuo entero.
  • Hay un parásito que cuando invade el cerebro de unas hormigas las induce a subir a lo alto de la hierba para permitir que una vaca se las coma. Este parásito sólo puede madurar en el hígado del rumiante, luego viaja a su intestino para reproducirse, y allí libera huevos por las heces. Estos huevos generan larvas que de alguna manera deben regresar al hígado de la vaca. Lo consiguen infectando hormigas, manipulando su comportamiento, y utilizándolas como vector que les permite completar el ciclo.
  • Más curioso todavía: cuando el parásito Sacculina granifera coloniza el cuerpo de un cangrejo macho, secreta unas hormonas feminizantes que le hacen comportarse como si fuera una hembra. El cangrejo se dirige hacia la arena, hace un agujero, y adopta la posición de expulsar larvas; pero salen las del parásito, claro.
  • También hay un crustáceo llamado Gammarus lacustris que se alimenta en las orillas de los ríos, y suele escapar rápidamente si aparece un pato. En cambio, cuando está infectado de una larva que sólo se reproduce en el cuerpo de las aves, hace todo lo contrario: sale del agua y se deja devorar por los patos. El parásito se ha adueñado de su mente y llega a dirigir su comportamiento.
  • En la antigua Grecia los Parasitos (para-: «al lado de»; sitos: «comida») eran las personas encargadas de custodiar las despensas de comida y servirla en los banquetes. Precisamente delgados no estaban y, con el tiempo, el término pasó a aplicarse a cualquier individuo que conseguía alimentarse a costa de otros.
  • En 1953 el químico Stanley Müer diseñó un sistema de tubos y matraces de vidrio, en los que intentó recrear las condiciones de la Tierra hace 4.000 millones de años, para ver si aparecía «algo» cercano a la vida. Mezcló agua con metano, amoníaco e hidrógeno (los gases que supuestamente contenía la atmósfera primigenia), y aplicó descargas eléctricas para simular la gran cantidad de rayos que caían entonces sobre la superficie del planeta. A las pocas horas el matraz ya contenía diferentes tipos de aminoácidos, las moléculas que constituyen las proteínas. El hallazgo fue impactante, porque reflejaba la tremenda facilidad con que se podían formar moléculas orgánicas complejas a partir de otras mucho más sencillas, y daba una gran esperanza a la comprensión científica del origen de la vida en la Tierra. El experimento reforzaba la hipótesis de que todo empezó en una sopa prebiótica; una especie de balsas en las laderas de los volcanes donde poco a poco se iban formando moléculas, recombinándose, y aumentando el grado de complejidad hasta generar algo capaz de metabolizar energía del exterior, mantener una estructura estable y hacer copias de sí mismo.
  • El experimento de Miller continúa siendo un referente para todos los investigadores en el campo de la química prebiótica por su enorme valor conceptual, pero como pista válida para perseguir las primeras etapas del verdadero origen de la vida perdió toda su vigencia.
  • El origen de la previda no parece muy misterioso. El gran reto a solucionar en la comprensión científica del origen de la vida es saber cómo los primeros amino – ácidos, lípidos o ácidos nucleicos llegaron a constituir proteínas que tuvieran capacidad catalítica, o material genético que codificara información, en qué orden, y cómo pudieron llegar a ensamblarse en algo tan complejo como es una célula.
  • ¿Es más importante el metabolismo (un ciclo químico que permita el intercambio de energía) o la información (genes)?
  • del biólogo evolutivo Charles Marshall, cuando nos dijo algo parecido a «la formación de las primeras bacterias no es el paso más insólito de la evolución. A los pocos millones de años ya había seres unicelulares sobre la Tierra, probablemente la vida apareció y desapareció varias veces hasta que cierto tipo prosperó. Y seguro que hay formas de vida simples en otros planetas. En cambio, costó 2.000 millones de años que esos microorganismos se agruparan formando seres pluricelulares. Ése es el paso verdaderamente más relevante, inesperado, y quizá único».
  • estocástica
  • Estarás pensando: «No se puede generalizar». Bueno, generalizar sí se puede, es lo que hace la epidemiología para encontrar relaciones entre factores ambientales y enfermedades. Lo que no se puede es particularizar a partir de la norma.
  • No somos maximizadores racionales de beneficios. Introducir un premio económico puede reducir la satisfacción que sientes por tu entrega, ya que «inconscientemente» compite con los motivos intrínsecos por los que participas como voluntario. De hecho, durante un estudio realizado en Suiza observaron que los voluntarios que colaboraban sin cobrar en un proyecto determinado dedicaron más horas por semana que aquellos a los que se les daba una pequeña cantidad de dinero. El efecto contrario también existe: en una guardería de Israel estaban preocupados porque varios padres solían llegar tarde a recoger a sus hijos, y decidieron poner pequeñas multas simbólicas pensando que eso disminuiría los retrasos. Sorprendentemente, no sólo más padres empezaron a llegar tarde, sino que además se demoraban más tiempo. El dinero compensaba su sentimiento de culpa por tener a sus hijos esperándolos.
  • un fenómeno físico llamado resonancia: todos los objetos tienen una frecuencia de resonancia determinada y, si consigues hacerlos vibrar a esa frecuencia específica, la energía de la vibración se amplifica considerablemente. Es lo que ocurre cuando un grito muy agudo consigue romper una copa, o en las famosas imágenes de puentes oscilando de manera inverosímil
  • El experimento empieza con dos monos en sendas jaulas contiguas. Uno de ellos tiene acceso a una palanca con la que acerca a la vez una galleta para él y otra para su compañero. Hasta aquí todo normal; siempre que el investigador coloca en el dispositivo una galleta para cada mono, el que tiene la palanca la utiliza y ambos consiguen el mismo premio. > (Ya sé, veis plátanos en la foto porque el dibujante Mikel Urmeneta hizo caso de su buen juicio estético para evitar dibujar algo tan aséptico como una galleta, pero el redactor del texto quiso mantener su rigor científico y no modificar la metodología del experimento. ¡Viva el entendimiento ciencia-arte!) A lo que íbamos, y atentos, que ahora llega lo más curioso: si el investigador pone una galleta frente al mono con la palanca, pero tres frente al individuo pasivo, el que tiene el control se enfada y no realiza ninguna acción. Sacrifica su galleta. La situación le parece tan sumamente injusta que prefiere no obtener su premio si eso implica que gracias a su trabajo un aprovechado se quede con el triple sin hacer ningún esfuerzo a cambio.
  • el libro The Age of Empathy del primatólogo Frans de Waal cuya tesis es: «Basta ya de creer que somos egoístas por naturaleza. ¡No lo somos! Las investigaciones en conducta animal llevan años sugiriendo que debemos cambiar este paradigma, y asumir que la evolución ha insertado la empatía y la solidaridad en nuestro comportamiento básico»
  • Robert Sapolsky
  • Sapolsky ha estado tomando muestras de sangre de los babuinos para analizar su estado de salud y las hormonas relacionadas con el estrés en función de la jerarquía social que ocupan. Las conclusiones que publicó en Science son claras: cuanto más bajo estás en el rango, más estresado te encuentras y peor es tu salud.[42] Estos resultados son consistentes con un estudio parecido que Michael Marmot realizó con funcionarios británicos. Contrariamente a lo que se suele pensar, el más estresado no es el jefe, sino los cargos inferiores. La falta de control es un factor directamente relacionado con el aumento de estrés.
  • Según SherryTurkle, el concepto de «realidad» está cambiando muy rápido entre las nuevas generaciones. Se está gestando una crisis de la autenticidad en la que se difuminará la diferencia entre un gato y un robot. La combinación entre aislamiento físico e intimidad cibernética nos podría conducir a unos niveles de superficialidad y promiscuidad tecnológica impensables hace unos pocos años.
  • the difference between nothing and something is everything, «la diferencia entre algo y nada lo es todo»
  • Amy Smith,
  • —¿Es positivo dar libros a los niños de países en vías de desarrollo para mejorar su educación? —¡Sí, claro! —¿Cómo lo sabes? —Hombre, me imagino que. —No imagines nada. ¿Es más efectivo que proporcionarles un profesor adicional, o darles un desayuno gratuito? —No lo sé. Una cosa no quita la otra. —Si tienes un presupuesto ajustado, sí —Pero es mejor tener libros que no tenerlos. Yo creo que.. —No creas nada. Es un tema demasiado serio para abordarlo según lo que «creas». Si tu objetivo es mejorar la educación en un país como Kenia, y dispones de unos recursos limitados, deberías tener muy, pero muy claro, cuál es la forma más eficiente de gastarlos. —¿Y cómo puedo averiguarlo? —Selecciona un buen número de escuelas con características similares en una misma región A unas les das libros, a otras les proporcionas profesores, a otras das comida gratis a los alumnos que acudan a clase, en otras regalas uniformes, en otras desparasitas a los niños regularmente, y en otras no haces nada de momento. Intenta controlar todos los factores que puedas, sigue el desarrollo de los alumnos durante uno o dos años, y al final analiza qué impacto real ha tenido cada medida, y cuánto te ha costado. —Esto me recuerda a los estudios sobre salud. Para ver si el aceite de oliva es bueno para el corazón, y todo eso, ¿no? —¡Exacto! Se llama un randomizedtrial, «estudio randomizado», o ensayo aleatorio controlado, y es una metodología propia de los estudios epidemiológicos. —Me parece un poco exagerado, ¿eso se debe hacer en cada caso? —No. Si quieres solucionar problemas concretos que ya tienes bien identificados, o cuentas con mucha experiencia sobre el terreno, quizá no es necesario. Pero si pretendes abordar una situación nueva, o tienes dudas sobre si ciertos programas ya implantados son efectivos o no, esos estudios pueden resultar de gran ayuda. —De todas formas, ¿no es un proceso un poco lento? —Piensa a medio plazo. —Entonces… ¿cuál es la mejor forma de mejorar la educación en Kenia? Éste es el tipo de preguntas que intentan resolver en el Poverty Action Lab del Departamento de Economía del MIT. Ellos mismos definen su objetivo global como: «luchar contra la pobreza asegurando que las decisiones políticas se basan en evidencias científicas». Para ello trabajan en colaboración con ONG y gobiernos, evaluando mediante estudios randomizados el impacto de sus programas sociales contra la pobreza. El ejemplo citado en el diálogo anterior es real. Una serie de estudios realizados en Kenia y la India concluyeron que los libros que estaba suministrando una ONG causaban un ligero impacto sólo en el 5 por ciento de los niños. El profesor adicional era una medida un poco más efectiva, pero con diferencia la más cara. Regalar uniformes al inicio del curso aumentaba la escolarización en un 15 por ciento. Las escuelas que servían desayunos gratuitos reducían el absentismo en un 30 por ciento. Pero los resultados más notorios los obtuvo el programa de desparasitamiento. Además de ser la acción más barata, los niños sin gusanos intestinales perdían menos días de clase y tenían un rendimiento escolar muchísimo mejor. Claramente, desparasitar a los niños era la medida con mejor relación «coste-efecto», y según el Poverty Action Lab debería convertirse en una de las acciones prioritarias a implementarse a gran escala en las escuelas de los países pobres. Conocí este estudio y al Poverty Action Lab (J-PAL) durante un seminario impartido por su directora, la economista Esther Duflo, en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del MIT. Me impactó. Una de mis obsesiones es que la ciencia impregne cada vez más la toma de decisiones políticas, y ver que la metodología científica podía ser aplicada en la lucha contra la pobreza me resultó tan interesante que posteriormente me reuní con otros miembros del JPAL para pedirles más información sobre sus evaluaciones. Una de ellas me vino al pelo quince meses después.
  • estudios randomizados.
  • El principal blanco de sus críticas son los —según él— grandilocuentes Objetivos del Milenio dirigidos por el utópico Jeffrey Sachs, que está convencido de poder erradicar la pobreza extrema en África con una buena estrategia técnica y mucho más apoyo económico. En la encarnizada —y mediatizada— lucha que mantienen, Easterly viene a decirle: ¿todavía quieres más dinero? ¿Dónde está todo el que ya os habéis gastado en ayuda al desarrollo durante seis décadas? Ha servido para bien poco. ¿Cómo puede ser que después de haber gastado 2,3 billones de dólares todavía haya niños muriendo porque no reciben medicinas que cuestan 12 céntimos? Si fuera tan fácil, ya lo habríais conseguido. ¿Cuándo aceptaréis que vuestro enfoque tradicional de hombre rico que se empeña en hacer grandes planes y decirle al pobre qué es lo que necesita no funciona? La trampa de la pobreza es una leyenda que lleva repitiéndose desde décadas, y los big plans o «grandes planes» utópicos han hecho más mal que bien. Cuando decís «nuestra», pecáis de la arrogancia inconsciente del hombre blanco que trata al pobre como si fuera un ingenuo que no sabe qué necesita. Salir de la pobreza está en sus manos, no en las tuyas. Sácate de encima esta actitud de mesías que va a salvar el mundo. No busques expertos técnicos de fuera, sino a gente dentro del país. Apóyales a que sean ellos mismos quienes se ayuden. No impongas planes ni propongas soluciones en su nombre. Ve y pregúntales qué necesitan. Sé constructivo y trabaja con un enfoque de abajo arriba en lugar de con grandes planes de arriba abajo. La ayuda al desarrollo ha solucionado algún problema específico, pero la pobreza sólo puede atajarse trabajando desde la base y reformando poco a poco las estructuras sociales, económicas y políticas locales. Estimula el mercado de abajo arriba, sáltate a los gobiernos cuando detectes la mínima corrupción, trabaja a escala local, con gente local, y no tengas prisa en eliminar la pobreza de golpe, porque las prisas nunca han funcionado. Y por favor, asegúrate de que el dinero llegue a quien realmente lo necesita. Hay mucha gente y organizaciones trabajando desde esta perspectiva. Dales más recursos a ellos en lugar de gastarlos en burocracia y gobiernos corruptos. Sé un searcher, «buscador», en lugar de un planner, «planificador», diferencia Easterly en su libro. Los planificadores conciben la pobreza como un problema técnico que sus expertos son capaces de solucionar Deciden qué es necesario y lo aplican con una mentalidad occidental Los buscadores averiguan qué necesita la gente, y les ayudan a que ellos lo implanten. Asumen que no hay un plan que pueda eliminar la pobreza, sino que se debe ir construyendo poco a poco.
  • Una de las lecciones que mejor recuerdo en plena etapa de negatividad adolescente fue cuando mi padre me dijo: «Debes buscar soluciones en lugar de problemas».

 

 

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  1. Pere Estupinyà: El ladrón de cerebros
    – 3 | Pos. 32 | Añadido el miércoles 5 de marzo de 2014 17H21′ GMT+01:00
    • mamullo
    • Hay que empatizar, efectivamente, y saber ponerse en el lugar del otro que escucha, pero no se puede olvidar que la reflexión predicadora de lo que viene no puede emitirse demasiado delante de las masas porque —como decía Maurice Thorez, secretario general del Partido Comunista Francés—, se corre el riesgo de encontrarse solo y gesticulando. Hay que estar justito delante, pero pegado a las masas, diría el dirigente francés.
    • el reconocimiento social es el mejor predictor de la salud. No sólo se ha comprobado que el último mono en la jerarquía social tiene muy mala salud, sino que el décimo o undécimo la tiene mucho mejor que el vigésimo.
    • hay muchísimas preguntas que no tienen respuesta y que cuando la gente no tiene más remedio que constatar esta evidencia, busca respuestas que yo llamo conspirativas. Cuando no se sabe de quién es la culpa se atribuye a las multinacionales, a la CIA, a Dios o al Diablo. A cualquiera, menos admitir lisa y llanamente que no lo sabemos todavía. Cuentan que, al comprobar el científico Laplace la teoría del equilibrio permanente de los cuerpos celestes, Napoleón le preguntó si había consultado el teorema con Dios. «Esto en concreto no me hace falta consultarlo —replicó Pierre Simon Laplace—. Esto ya lo he demostrado yo. Cosa distinta es todo el resto.»
    • Cuando dirigí de nuevo la mirada al océano continuaba siendo precioso, pero ya no podía conformarme en observar sólo su superficie.
    • En una conversación cara a cara enseguida percibes cuándo toca cambiar de tema o enfocarlo de manera diferente. En un libro es más difícil. Por eso, si a pesar de mis buenas intenciones algún bloque se te hace pesado, ¡sáltatelo! Sé intelectualmente promiscuo. Ya regresarás a él, pero no permitas que nadie te aburra.
    • Gracias también a la ilusión, porque en momentos importantes es la que decide.
    • El nucleus accumbens es el verdadero centro del placer en el cerebro.
    • la selección natural ha ido condicionando nuestro comportamiento además de nuestros cuerpos, y permite exponer el eterno debate sobre hasta qué punto somos dueños de nuestras acciones.
    • en un futuro cercano iremos mucho más lejos y la neurofarmacología permitirá diseñar sustancias que no sólo corrijan los cerebros maltrechos, sino que aumenten las capacidades de los sanos. El concepto de normalidad está en entredicho.
    • me explicó el siguiente estudio realizado pocas semanas antes en una universidad califormana: metieron a varios voluntarios en un escáner cerebral y les hicieron probar dos vinos diferentes. Ambos eran Cabernet Sauvignon, pero uno costaba 90 dólares la botella y el otro 5 dólares. Los participantes conocían el precio de cada vino antes de probarlo, y cuando les preguntaban cuál les había gustado más, la inmensa mayoría contestaba que el caro. No se trataba sólo de un juicio racional a posteriori, el escáner cerebral confirmaba mayor actividad en la zona del placer cuando los voluntarios tomaban el vino caro. ¿Cuál era la gracia del estudio? Pues que los científicos habían intercambiado las etiquetas de los vinos. Fantástico: conocer el precio del vino no sólo te condiciona de manera subjetiva; la sensación física de satisfacción que experimentas en tu cerebro también es considerablemente mayor.
    • Rebecca Saxe sobre sus estudios con la fMRI me acerqué y le pregunté: «¿Se publican muchos estudios mal hechos?» Su respuesta fue contundente: «¡Y tanto! El 90 por ciento. Ya sea por las pocas muestras, el escaso rigor, las condiciones experimentales erróneas. Incluso en las revistas de referencia»
    • si estás fatigado, el aumento de adenosina en tu cerebro le indica a tus neuronas que convendría bajar el ritmo y empezar a prepararse para dormir.
    • Pronto el concepto normalidad quedará obsoleto y aun estando sanos acudiremos a los ingenieros de la salud para que mejoren de manera radical nuestro cuerpo y capacidades cognitivas.
    • un pequeño aparatito, una especie de pila de 9 voltios que pegaron con cinta aislante en la frente de unos voluntarios mientras se esforzaban en memorizar un listado de palabras. Resultado: aquellos a los que se les estimuló eléctricamente el área dorsolateral de su córtex prefontal lograron recordar significativamente más palabras que sus compañeros del grupo control que no recibieron ayuda externa. Resulta perturbador.
    • para llegar a utilizarlo no nos conformamos con encontrar resultados estadísticamente significativos. Eso ya lo tenemos. Lo que buscamos son resultados clínicamente significativos.»
    • Aquí nos encontramos de nuevo en un salto conceptual enorme. Los ingenieros de prótesis ya no se conforman con copiar e igualar a la naturaleza, ahora pretenden mejorarla.
    • la discapacitada es la tecnología, no los humanos.
    • Chomsky es el octavo personaje más citado de la historia según el Arts and Humanities Citation Index, por detrás de —en este orden— Marx, Lenin, Shakespeare, Aristóteles, la Biblia, Platón y Freud.
    • una de las señales más claras que pueden detectar los escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI) son las alteraciones en los cerebros de los pederastas. Si pasas fotografías comprometidas, en un área de sus cerebros podrás distinguir con muy poco margen de error el diferente grado de deseo que experimentan. ¿Se debería entonces hacer una prueba a los que opten a ser profesores de educación infantil? ¿O empezar una terapia con los que manifiesten cierta susceptibilidad, a pesar de que nunca hayan realizado ningún acto ofensivo contra los niños? Preguntas como éstas, planteadas en la reunión de expertos celebrada en Harvard bajo el pretencioso título «¿Debería ser reconsiderada la ley criminal en vista de los avances de la neurociencia?», esconden la siguiente reflexión: el cerebro humano es un sistema mecánico cuyo funcionamiento podremos comprender y predecir algún día con un alto grado de fiabilidad.
    • Estudiando el cerebro de adictos, los neurocientíficos han comprobado dos cosas: su deseo de consumir una determinada sustancia es extremadamente mayor de lo normal, pero además la parte de su corteza cerebral donde se toman decisiones presenta mucha menos actividad. Es decir, el adicto no sólo tiene más deseo, sino también menos autocontrol, y por tanto su responsabilidad es mucho menor. Una vez enganchado, no debe considerarse como una persona sin fuerza de voluntad y que toma decisiones equivocadas, sino como un enfermo que ha perdido su capacidad de decisión y necesita ayuda.
    • «No. La percepción de la voluntad es una ilusión que crea el cerebro con posterioridad a que otros procesos inconscientes hayan mandado la orden de coger la taza de café a tu córtex prefrontal».
    • Suena extraño, pero un experimento muy parecido hizo en la década de 1980 Benjamin Libet, en lo que representó la primera amenaza testada científicamente al free will o libre albedrío. Libet pidió a varios voluntarios que realizaran una serie de acciones con su brazo mientras registraba la actividad eléctrica de diversas áreas de sus cerebros y el momento exacto en que ellos creían estar tomando la decisión. Los resultados indicaron que ciertas zonas del córtex prefrontal relacionadas con la planificación de las acciones motoras se activaban medio segundo antes de que los individuos fueran conscientes de su elección. Inicialmente, los datos de Libet fueron tomados con escepticismo y aparecieron varias críticas al planteamiento metodológico de su experimento, pero desde entonces y con mejores técnicas han sido replicados en numerosísimas ocasiones. Una de las últimas, en un artículo publicado en 2008 en Nature Neuroscience, que explica el descubrimiento de otras áreas del córtex parietal que se activan hasta varios segundos antes de ser conscientes de la decisión que nuestro subconsciente ya ha tomado por nosotros.[4]
    • Y es que después de tanto ataque neurocientfico al libre albedrío yo sigo convencido de que sí tenemos libertad para hacer lo que queramos, pero… ¿podemos decidir lo que queremos?
    • el catedrático de psicología de Harvard Daniel Schacter presenta en su libro Los siete pecados de la memoria las siete maneras diferentes en que nos fallan El debilitamiento con el tiempo, la distracción, o el bloqueo, son pecados por omisión, mientras que la asignación errónea, la implantación de memorias por sugestión, la alteración que ejerce el presente sobre un evento pasado, o la persistencia de un recuerdo que querríamos olvidar, son pecados por acto.
    • ¡nuestra inclinación natural es a no cambiar! Incluso creyendo que las posibilidades sean idénticas, cuando ya hemos tomado una decisión, nuestra tendencia natural es a reforzarla y quitar valor a lo rechazado. Éste es un efecto que en psicología de toma de decisiones se llama disonancia cognitiva: cuando escoges entre dos opciones, inconscientemente rebajas el valor del objeto desestimado.
    • ==========

    • férvido
    • coriáceo

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