• hay que conseguir que hombres y mujeres estemos en el mismo punto de partida porque si estamos en el mismo punto de partida, las mujeres ya nos defendemos solitas, no necesitamos que nos den ayudas especiales.
  • Qué opina de la discriminación positiva? Yo creo que la excepcionalidad es negativa y siempre se vuelve contra las mujeres. Pero hay que aclarar algunas cosas. Las cuotas, por ejemplo, no son excepcionalidad. Las cuotas no son discriminación positiva, sino la eliminación de la discriminación, son una medida para superar ese tapón que se pone para que las mujeres no pasen aunque sean cinco veces mejores que los hombres. Las medidas de acción positiva, selectivamente, no me parecen mal, pero ¿cuál es la solución? Si se pone una ayuda para la reintegración de las madres que han estado en inactividad durante más de cinco años en el mercado de trabajo y se les da una ayuda — siempre insuficiente— a las empresas para que las contraten, no se llega a la raíz: ¿Por qué esa mujer se ha tenido que ir del mercado de trabajo? La solución es que nadie tenga que salir del mercado de trabajo durante cinco años y que no se necesiten estas acciones positivas que luego nunca compensan. Otro ejemplo son las cotizaciones por hijo a la hora de la jubilación. Y luego está la llamada discriminación positiva, es decir, dar prioridad a las mujeres en un puesto de trabajo o en una subvención aunque tengan peor currículum o menos puntos. Yo estoy completamente en contra de eso porque no tiene ningún sentido y además no lo necesitamos. Lo que necesitamos es que nos dejen pasar cuando seamos mejores, que es lo que no pasa. En este sentido es más efectivo, por ejemplo, que todos los comités de selección sean paritarios.
  • deseo y desgracia van de la mano),
  • tenemos una Ley de Igualdad desde 2007. ¿Qué está fallando? La ley de igualdad tiene dos partes: la paridad (el cambio en la ley electoral, en la función pública, en los sistemas de selección de puestos) y la conciliación (el permiso de paternidad, que no es igualdad pero es una medida orientada a la igualdad). Todo lo demás en esta parte de conciliación es pura desigualdad porque son incentivos para la reducción de jornada, para las excedencias, es decir, todo lo que retira a las mujeres del mercado de trabajo. Si hubiéramos querido igualdad, hubiéramos podido incluir la universalización de la educación infantil y de los sistemas de atención a la dependencia, pero eso no se toca. Es importante saber que esta ofensiva neoliberal de eliminación de los sistemas de protección social es fatal para las mujeres porque no hay posibilidad de que seamos iguales sin unos sistemas de protección social integradores. La lucha feminista no puede existir sin la lucha por la igualdad social

María Pazos: “La ley de Igualdad tiene medidas para que las mujeres no dejen la esfera doméstica” (publico.es)

– Subrayado Pos. 17-18  | Añadido el sábado 1 de febrero de 2014 22H31′ GMT+01:00

 

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