Terry Pratchett: Brujerías Mundodisco 06. Nv13

  • A Yaya Ceravieja no le gustaba mirar hacia el futuro, pero ahora notaba que el futuro la estaba mirando a ella. Y no le gustaba lo más mínimo su expresión.
  • —Señora, el duque desea talar los bosques, ¿no es así? —Los árboles se pasan el día murmurando sobre mí —susurró Lord Felmet—. Los oigo susurrar cuando salgo a caballo. ¡Dicen mentiras acerca de mi persona! La duquesa y el bufón intercambiaron miradas. —Pero —siguió el bufón—, ese plan ha tropezado con una oposición fanática. —¿Qué? —A la gente no le gusta. La duquesa estalló. —¿Y eso qué importa? —rugió—. ¡Somos los reyes! ¡Harán lo que digamos, o serán ejecutados sin piedad! El bufón hizo una cabriola y una reverencia conciliadora. —Pero, mi amor, nos quedaremos sin súbditos —señaló el duque. —¡No es necesario, no es necesario! —intervino el bufón a la desesperada—. ¡No hace falta! Lo que tenéis que hacer es… —Se interrumpió un instante, moviendo los labios—, iniciar un ambicioso plan intensivo para mejorar la industria agrícola, proporcionando empleo a largo plazo, abriendo nuevas tierras para el desarrollo y dificultando las huidas de los salteadores. El duque se quedó boquiabierto. —¿Cómo haremos todo eso? —Talando los bosques. —Pero si has dicho… —Cállate, Felmet —ordenó la duquesa. Dedicó al bufón otra larga mirada pensativa. —¿Cómo se hace para derribar las casa de la gente que no nos gusta? —preguntó al final. —Reestructuración urbana —respondió el bufón. —Yo había pensado en quemarlas. —Reestructuración urbana dentro del plan de desinfección —puntualizó rápidamente el bufón.
  • Para comprender toda religión es imprescindible saber que a los dioses les divierte ver a las niñas saltando a la comba con alambres de púas.
  • Yaya Ceravieja era la más respetada de las líderes que no tenían.
  • —Más respeto, que soy un rey —dijo. ERAS, MAJESTAD. —¿Qué? —rugió Verence. HE DICHO QUE ERAS. SE LLAMA PRETÉRITO IMPERFECTO. YA TE ACOSTUMBRARÁS.
  • TRANQUILO —dijo—, NO SERÁ ETERNO. —Bien. AUNQUE PUEDE QUE TE PAREZCA ETERNO.
  • Nada de caza, ni de bebida, ni de juergas, ni de borracheras, ni de perros…, empezaba a comprender que los placeres de la carne eran más bien escasos cuando se carecía de carne. De repente, la vida no valía la pena. El hecho de no estar vivo no lo animaba en absoluto.
  • el problema con las coronas no es ponérselas, es quitárselas.
  • —Esto es estúpido —se dijo—. Pero ¿será suficientemente estúpido?
  • La gente se despertaba sobresaltada en medio de la noche, pero luego se limitaba a murmurar «Rayos, otro jodido portento», y volvía a dormirse.
  • No hace falta nada de todo eso. Sólo se necesita cabezología.
  • Se acomodó en la silla, agradecida por la tradición que no permitía que los Sabios y los Inteligentes reinaran. Recordaba lo que le había hecho sentir la corona, incluso aunque fuera durante unos pocos segundos. No, los objetos como las coronas surtían un efecto muy desagradable en la gente inteligente. Era mejor dejar las cosas del gobierno a personas cuyas cejas se juntaban cuando intentaban pensar. Por raro que pareciera, se les daba mucho mejor.
  • aquel gato no tenía más dueño que él mismo. Es la impresión que dan todos los gatos, claro, pero en vez del egoísmo ciego que le hace parecer sabios, Mandón irradiaba genuina inteligencia.
  • Pero la libido del bufón era lo suficientemente inteligente como para conocer la diferencia entre lo imposible y lo probable, y puso en marcha rápidamente algunos circuitos de filtración.
  • —El alcalde de Lancre y unos cuantos peces gordos de la ciudad. No están nada contentos con el rey. Quieren un rey en el que puedan confiar. —Yo no confiaría en un rey en el que confiase un pez gordo —señaló Yaya.
  • Daba vueltas al problema mentalmente. Era una bruja. Últimamente, se decía a menudo que las brujas eran perjudiciales para la salud. Le habían dicho que no dejara pasar a ninguna bruja, pero nadie le habló de vendedoras de manzanas. Las vendedoras de manzanas podían pasar. Ella decía que era una vendedora de manzanas, y el guardia no era quién para dudar de la palabra de una bruja.
  • Se decía que era una ciudad muy saludable. Pocos gérmenes sobrevivían.
  • Sólo en los sueños somos libres. El resto del tiempo dependemos del presupuesto. *
  • Allí había algo que casi pertenecía a los dioses, pensó. Los humanos habían construido un mundo dentro del mundo, que lo reflejaba igual que una gota de agua refleja el paisaje. Y aún así… Dentro de este pequeño mundo, se habían molestado en meter todas las cosas de las que uno habría pensado que querían escapar: odio, miedo, tiranía… La Muerte estaba intrigada. Los humanos querían estar por encima de ellos mismos, pero sus sueños los arrastraban hacia el interior de su propio ser. La Muerte estaba fascinada.
  • —Eso no importa. Un rey no es lo que hace, es lo que es.
  • Magrat sabía que había perdido. Contra Yaya Ceravieja siempre se perdía, lo único interesante consistía en ver cómo.
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