Educación afectiva y sexual en los centros de Secundaria: Consentimiento y coeducación (Amalia González Suárez)

Desvelar el currículo oculto de la sexualidad.

Las mismas fuentes nos informan de una correlación positiva entre coerción y creencias en torno a los estereotipos de género como que el deseo de los varones es un impulso incontenible o que una negativa de una chica es una aceptación aplazada.

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Un elemento crucial de una educación afectivo sexual coeducativa es el consentimiento.

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que el consentimiento sea otorgado desde la libertad y, por tanto, válido moralmente.

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Hemos de pensar el contexto del consentimiento en las relaciones sexuales entre iguales,

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un sexismo difícil de detectar, a no ser ya en casos extremos como pueda ser la violencia física, pues, por un lado, se disfraza de amor o de pasión y, por el otro, se da en un terreno especialmente sensible a expectativas de satisfacción y autoestima,

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Cuando hablamos de autonomía, nos referimos a que el consentimiento sea otorgado a los actos de la relación sexual por desearlos en sí mismos y considerar que se está en condiciones de satisfacerlos, sin atender a otras razones que a veces se remiten a la presión del grupo de iguales, como puede ser “qué dirá o dirán”, que es el caso de muchas chicas, o “qué diré o contaré” que es el caso de muchos chicos.

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a la vez que existe una mayor permisividad que en épocas precedentes en lo que a la sexualidad se refiere, ésta sigue sujeta a los estereotipos de una sexualidad tradicional en la que las relaciones sexuales siempre son heterosexuales y centradas en el coito, vistas fundamentalmente desde el placer de los chicos heterosexuales, obviando cualquier otro tipo de relación heterosexual, así como las relaciones homosexuales.

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relaciones consentidas (en el sentido de que en éstas no hay negativa clara o que esa negativa no se interpreta como tal, pero en todo caso no son plenamente deseadas; las que no se tipifican como violación, pero en las que el consentimiento puede ser puesto en cuestión debido al contexto).

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la habitual creencia que establece la dicotomía entre relación sexual consentida –buena- y violación –mala-, teniendo que objetivarse ésta en evidencias de forcejeo (como pueden ser desgarros de ropa, o incluso lesiones) como muestra del no consentimiento. Pero esas evidencias dejarían en la oscuridad aquellas relaciones en las que no se puede hablar de un consentimiento pleno por haber algún tipo de condicionante coercitivo.

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En España disponemos de dos estadísticas, una de la Comunidad de Madrid del año 2000 y otra de la Universidad de Salamanca del 2004 (realizado por Ramos, Fuertes y De La Orden). En ambas, aunque ya suponíamos la existencia del fenómeno, no dejan de sorprendernos los altos porcentajes que resultan de la situación de las chicas que han mantenido relaciones sexuales bajo coerción. En el primer estudio, un 37% de mujeres afirma haber estado 7 implicadas en alguna situación de relación sexual coercitiva por parte de un varón conocido. En el segundo caso, realizado entre estudiantes universitarias y de secundaria, con una media de edad de 19,7, arroja la cifra alarmante de un 42,7 % de mujeres que ha padecido coerción por parte de algún conocido y, de éstas, un 67,64 en más de una ocasión. La coacción padecida por las chicas va desde la continua insistencia y presión verbal, la incitación al consumo de alcohol y drogas y la violencia física, cuya cifra, teniendo en cuenta la gravedad del asunto, tampoco es despreciable: 6,7%.

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El resultado es que hay una correlación positiva entre quienes habían padecido relaciones sexuales bajo algún tipo de coerción y quienes tenían unas creencias estereotipadas tradicionales sobre los comportamientos de varones y mujeres, que en el estudio que comentamos se denomina “ideología extrema de género”.

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al hecho de ser víctima de las propias creencias

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Las explicaciones psicológicas que dan los autores del presente estudio respecto al hecho de ser víctima de las propias creencias son, por un lado, que las mujeres tradicionales se sienten atraídas por el prototipo de varón masculino machista y, por otro lado, el que consideran prioritario para su desarrollo personal el establecer relaciones de pareja. Factores que disminuyen la percepción del riesgo e incluso, podemos añadir, dificultan la calificación de la situación como coercitiva.

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Las mismas jóvenes y adolescentes del estudio que se han visto implicadas en casos de coerción consideran que las mujeres pierden derecho a decir no una vez que se han 8 superado ciertos límites en una relación, es decir que la relación una vez iniciada ha de completarse, y que lo que se entiende por una relación sexual completa es el coito.

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el alto grado de presión que padecen las chicas para tener relaciones sexuales no implica que no quieran tenerlas, sino que no quieren tener esas relaciones o con esa persona o en ese momento.

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podemos imaginar que una adolescente o joven, ante la pregunta de si ha sido forzada a alguna relación sexual, responda lo que aquella señora que, ante la pregunta del juez de si su marido le pegaba, respondió que le pegaba “lo normal” iii. Nuestra hipotética chica respondería “me fuerza lo normal”.

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revistas dirigidas expresamente a las chicas en las que los temas estrella son: moda, sexo, amor e imageniv. Los chicos en España no disponen de publicaciones paralelas, pues las dirigidas a ellos son de videojuegos y motor.

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En estas revistas para chicas observamos la combinación de libertad y desenfado sexual con la reproducción de estereotipos tradicionales. Bien es verdad que tienen como aspecto positivo abordar temas sexuales de una forma directa y abierta, pero la manera de tratarlos adolece de un fuerte sexismo.

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insta a mantener una postura activa,

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insta a mantener una postura activa, pero con mucho cuidado de no molestarlos,

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la propia ausencia de revistas para chicos con consejos sobre temas afectivos y sexuales,

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liberación sexual y liberación de las mujeres no eran coextensivos. Tal liberación se tradujo en la manifestación de la opresión que las estructuras familiares representaban para los varones. Necesitaban más espacio emocional y sexual. Sin negar los beneficios que también trajo para las mujeres, como la posibilidad de acceso al control de la natalidad y la sexualidad fuera del matrimonio, esta sexualidad seguía el modelo heterosexual patriarcal. “La naturalización de la sexualidad equiparándola en algunos casos a la alimentación, silenciaba las diferencias sustanciales entre la ausencia de alimentos y la ausencia de coitos. En primer lugar, la gente en ausencia de alimentos muere, cosa que no ocurre en ausencia de coitos. Por otra parte, la sexualidad tiene otras formas de satisfacerse al margen del coito”

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Así, tenemos que, por un lado, son ellas las únicas que disponen de una bibliografía específica de información sexual en la que se muestra fundamentalmente lo que ellos quieren, con lo que podríamos decir que son revistas de chicos para chicas.

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La transversalidad nos lleva al riesgo de la disolución-desaparición de tal tipo de formación por quedarse en una declaración de buenas intenciones,

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Abogar por una edad mínima para las relaciones significa proteger, sobremanera a las jóvenes, de abusos de poder. Lo indeseable no es el sexo, sino las relaciones sociales que lo rodean, donde puede haber un abuso de poder y una interpretación de la sexualidad de los jóvenes desde el ángulo de los adultos o, para el caso de las chicas, de su sexualidad desde el punto de vista de varones adultos.

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Interpretación heredada del modelo de sexualidad dominante en el que el chico se sirve de cualquier indicio para ajustarlo a su deseo y en algunos casos para calificarlo de provocación. Estos errores de traducción aparecen en algunos casos en sentencias de tribunales en los que el consentimiento se deduce de alguna conducta anterior a las relaciones sexuales como el haberse sentado en la parte trasera de un coche entre dos chicos a altas horas de la madrugada, lo que el juez entendió como una invitación a la relación sexual cuando tuvo que emitir sentencia en el juicio celebrado por la denuncia hecha por la chica en la que acusaba a sus compañeros de coche de violación. Aunque el término provocación ya ha sido eliminado de la jurisprudencia, sin embargo no ha sido desterrado de las percepciones sociales a la hora de evaluar el consentimiento. En el estudio de la Universidad de Salamanca referido más arriba también aparece una correlación positiva entre quienes han padecido algún tipo de coerción y quienes creen la provocación de la chica justifica en alguna medida la coerción del chico. La idea de provocación entraña culpabilidad, sentimiento que no se da en otro tipo de actos reprobables: nadie dice de un joyero que con el escaparate provocó al ladrón.

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tenemos que hablar de actos sexuales y no de acto sexual para dar a entender que consentir un aspecto de la intimidad no significa consentir en otros, aunque se haya consentido en anteriores situaciones. Esta negociación permanente parece eliminar el elemento pasional del amor, pues los únicos casos en los que se pactan los detalles de la relación sería en la prostitución y en el sado-masoquismo (Archard, 1998: 22). Sin embargo, considerar que en una relación sexual la negociación forma parte de todo el proceso, y que en cualquier momento puede ser interrumpida por no sentirse cómoda alguna de las partes implicadas, implica una verdadera formación en las relaciones sexuales y tener siempre en cuenta a la otra/o y no dar por sentado que necesariamente tiene que ocurrir más de lo que está ocurriendo.

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Charo Altable (2000: 329 y ss.) que propone variadas actividades para aprender a defender el propio espacio y a respetar el de las otras/otros y las de Félix López (2002: 182 y ss.) que prepara para responder a las frases de presión.

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la eliminación de los estereotipos sexistas, entre los que se encuentran el modelo coital identificado como relación sexual plena, considerando el placer de los chicos heterosexuales antes que el de las chicas, y el deseo sexual de los chicos como irrefrenable, de modo que una vez que se despierta tiene que satisfacerse.

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Educación afectiva y sexual en los centros de Secundaria: Consentimiento y coeducación (Amalia González Suárez)

– Subrayado en la página 1 | Pos. 8-10  | Añadido el miércoles 13 de noviembre de 2013 18H23′ GMT+01:00

 

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