Gustau Nerin: Blanco bueno busca negro pobre

  • De esta forma, la cooperación se ha convertido en un icono incuestionable. Los políticos dedicados a temas de cooperación, las instituciones internacionales, las ONG y los «expertos» son intocables, porque se supone que encarnan todas las bondades de Occidente. Ante este papanatismo, es imprescindible decir algunas cosas bien claras: la historia de la cooperación al desarrollo en África es la historia de un fracaso. Nunca tanta gente con tan buenas intenciones había dedicado tantas energías a una causa tan inútil.
  • Eslóganes como «depende de ti». Con esta lógica, se oculta el problema mundial de la dependencia y de las relaciones desiguales, y se sustituye por un simple ejercicio de generosidad individual.
  • cuando las ONG tienen acceso a los medios de comunicación no suelen utilizarlos para sensibilizar a la población del Norte sobre los problemas del Sur, sino para hacerse propaganda mediante una presentación mitificada de sus proyectos.

  • Los periodistas, en la televisión y en la radio, presentan a los cooperantes como eficientes emisarios de un Norte solidario que cada día salva a los negros. La población del Norte traga. En realidad, la mayoría de los ciudadanos no sabe nada de lo que pasa en África, y no lo sabe, básicamente, porque no le importa demasiado. Pero sí conoce, en cambio, que los europeos envían cooperación a los negros y piensa que los africanos se están desarrollando gracias a ellos. Todos los occidentales han sufrido, de alguna forma, el bombardeo de publicidad de los organismos de cooperación gubernamentales y no gubernamentales.
  • No hay nadie que critique los proyectos de cooperación. Nadie se atreve a cuestionar una cosa que se ha hecho con «buena voluntad». Nadie investiga sobre las fuentes averiadas, las vacunas caducadas y los quirófanos por estrenar que se pueden encontrar en cualquier rincón del continente africano.
  • La voracidad de los curas para obtener fondos públicos y privados se mantiene, pero su eficacia se ha reducido: hace ya algún tiempo que la laicización de la sociedad les pasó factura. A lo largo de las primeras décadas del siglo XX la prioridad de los occidentales era salvar las almas en peligro de los africanos; pero hoy en día el discurso se ha modificado, y lo que se considera realmente importante es la salvación de sus cuerpos (tan desamparados, al parecer, como sus almas). Y los nuevos especialistas en exprimir el malestar de Occidente son las ONG, que, en realidad, en algunos casos se derivan de las antiguas organizaciones misionales.
  • La efectividad de la recaudación depende del impacto emocional de la publicidad: son necesarias altas dosis de culpabilización para lograr óptimos niveles de cotización. La culpabilización empieza con una cuidadosa presentación del continente africano basada en el miserabilismo.
  • Las ONG (y los organismos internacionales) se han convertido en los mediadores perfectos entre la cuenta corriente de los ciudadanos del Norte y su tranquilidad de espíritu.
  • La regla básica de cualquier publicidad es que se deben presentar problemas muy simples y ofrecer soluciones también muy sencillas. Los departamentos de marketing del «sector social» lo saben muy bien. Los mensajes de las ONG, como todos los anuncios, son breves, simples, emotivos… Las ONG hacen mucha publicidad de sus proyectos, pero nunca suelen explicar los problemas con que estos se encuentran.
  • los organismos dedicados a la ayuda internacional tratan de convencer a los ciudadanos de una cuestión sobre la cual ellos mismos tienen muchas dudas: que es posible llegar al desarrollo a través de proyectos puntuales
  • «hacer cooperación» es la ilusión de un sinnúmero de jóvenes europeos que no tienen nada que hacer en Europa, pero que, con absoluta prepotencia, están convencidos de que en África servirían para muchas cosas.
  • Desde este punto de vista no importa en absoluto el desarrollo: lo que importa realmente es la cooperación.
  • Las organizaciones de ayuda, en sus análisis más serios, elaborados por especialistas, argumentan que el protagonismo del proceso de desarrollo debe corresponder a las sociedades africanas y que las ONG no deben sustituirlas, sino mantener «una relación y un diálogo enriquecedor» con ellas. Pero su propaganda es radicalmente contraria a este planteamiento: en la mayor parte de los carteles y folletos de las ONG se ve a los africanos sin pegar ni golpe y a los europeos trabajando para ellos. Médicos Sin Fronteras (MSF) emplea de forma sistemática esta propaganda: en la publicidad de esta organización siempre aparecen imágenes de miembros de MSF, con sus vistosos chalecos, curando, alimentando o educando a africanos. Se refuerza así una vieja imagen estereotipada, la de una África pasiva que espera haraganeando la salvación que les llegará del Norte. A través de la propaganda de las ONG se hace difícil pensar en un continente africano que afronta sus problemas, con ayuda occidental o sin ella. Da la impresión que no hay carpinteros, taxistas, oficinistas, empresarios, pastores ni abogados africanos. Con este tipo de mensajes se da una falsa imagen de los africanos y se hace creer al público occidental que los verdaderos protagonistas del desarrollo son el cooperante, que lo hace todo en África, y el donante, que hace posible que el cooperante permanezca sobre el terreno. Las comunidades implicadas son sistemáticamente ninguneadas.
  • En el mundo de la cooperación todavía son muchos los que creen que es necesario cambiar a los africanos para que estos se puedan desarrollar. Evidentemente, si para desarrollar una sociedad se ha de luchar contra ella, el fracaso del experimento está asegurado desde el principio.
  • «pornografía humanitaria».
  • en realidad, la mayor parte de los problemas de la infancia africana (sanitarios, alimentarios…) son comunes a los de todo el resto de la sociedad: si no hay hospitales, no hay para nadie. Y es obvio que la mejor forma de ayudar a los niños es ayudar a sus familias.
  • – Nota en la página 18 | Pos. 269  | Añadida el martes 15 de octubre de 2013 11H31′ GMT+01:00
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  • El mensaje que se transmite es que las sociedades del Sur han fracasado y que los donantes deberían suplantarlas para garantizar el bienestar de los niños desvalidos.
  • La versión lúdica de los apadrinamientos son las acogidas. Diversas asociaciones organizan estancias de niños africanos en Europa. Argumentan que, de esta forma, pasan unas «vacaciones saludables con buena alimentación, diversión, revisiones médicas…». Esta justificación es, evidentemente, insostenible: resultaría mucho más económico facilitar buena alimentación y revisiones médicas a estos niños en su lugar de origen (y a los niños africanos no les faltan diversiones en sus pueblos, aunque no cuenten con Internet ni con videoconsolas). La clave de estas acogidas es que los niños africanos se conviertan en magníficos juguetes para las familias europeas (que, lógicamente, prefieren a un niño africano no problemático a un adolescente local procedente de un reformatorio). Curiosamente, mucha gente está dispuesta a acoger a un niño congoleño o tanzano «para ayudarle», pero nadie quiere meterse en su casa a toda una familia congoleña o a un jubilado tanzano. Eso sí, para que la relación acogedor-acogido funcione, el acogido ha de cumplir bien su papel de juguete de la familia de recepción. En algunos casos las familias de acogida han rechazado a los niños por considerar que no eran lo «suficientemente» simpáticos.
  • En el discurso de muchas organizaciones humanitarias los africanos son presentados como adultos irresponsables, incapaces de cuidar a los pequeños que deberían proteger. Ante esta «realidad», los occidentales se erigen en protectores de los niños africanos.
  • si se dedica un programa televisivo a un proyecto de desarrollo sanitario en África, debe pasar un tiempo prudencial hasta que se dedique otro a temas de cooperación: los pobres cansan.
  • Donde hay una desgracia, hay espectáculo, y allí aparecen los medios de comunicación. Se presentan, básicamente, para hablar de la sociedad que los envía: son constantes las referencias a «nuestros» voluntarios, a «nuestros» bomberos, a «nuestros» aviones, a «nuestras» ONG, a «nuestras» donaciones… Las catástrofes suponen una ocasión excepcional para demostrar las bondades de Occidente, pero, aunque en las fotografías que se publican con frecuencia solo se ve a cooperantes, en realidad en todas las crisis son las poblaciones y los técnicos locales los que atienden a la mayoría de los afectados.
  • El envío de alimentos a veces todavía es más negativo: resulta nocivo para el campesinado de la zona, que ve cómo se reparten gratuitamente miles de toneladas de excedentes europeos mientras ellos se quedan sin mercado para sus productos.
  • La boca que come no habla (proverbio camerunés)
  • No se sabe a quién exactamente se le ocurrió contratar a centenares de personas que cobran más de 10.000 dólares al mes para resolver los problemas de aquellos que viven con menos de un dólar al día. Pero una de las dificultades inherentes a este asunto es que cobrando esos astronómicos salarios es harto improbable que llegues a coincidir con los pobres del país en el que vives y, por tanto, es prácticamente imposible que te identifiques con ellos, más allá de la pura entelequia.
  • A veces el cooperante profesional empieza a dedicarse a la ayuda internacional por buena voluntad, con la esperanza de salvar al continente africano. Pero, poco a poco, va enfrentándose a la vida real y empieza a reclamar más estabilidad, mejor salario, más comodidades… Los que viajaban en camión cuando eran jóvenes, al cabo de unos años exigen todoterrenos con aire acondicionado y vuelos en business class. Este proceso de aburguesamiento generalmente va asociado a un desengaño progresivo. El cooperante ingenuo desea hacerse amigo de todo el mundo, pero paulatinamente se va dando cuenta de que en su posición eso es terriblemente difícil. En su persona se materializa la dura frontera entre el Norte rico y el África pobre. En la comunidad donde trabaja, todos quieren sacarle algo: ropa, alimentos, medicamentos, propinas, un empleo… Y en muchas ocasiones mantiene relaciones muy tensas con sus compañeros de trabajo africanos: el técnico de la ONG del Norte puede cobrar salarios astronómicos, en tanto que sus compañeros del Sur de la misma calificación suelen percibir salarios ridículos (según los estándares de los países desarrollados). Además, a menudo la sede central de la organización envía al cooperante europeo porque se ha constatado que los proyectos dirigidos únicamente por personal local tienden a bloquearse a causa de la inactividad o de la corrupción. Así, aquella persona que se piensa que va a ayudar, en realidad va a vigilar. Más que de técnico, hace de policía.
  • los cooperantes tienden a dar vueltas continuamente de un lado a otro. Son solidarios con todo el mundo, en abstracto, pero no se identifican con nadie. Pasan por todas partes, pero no dejan vínculos en ningún sitio. Afirman participar de una cultura universal que comparten con todos, y viven en su microcosmos de cooperantes, con un gran menosprecio por la realidad concreta del sitio en el que viven. Cuando hace años que dan vueltas por el mundo, la mayoría de estos cooperantes se encuentran bien pillados porque han llegado a un punto de no retorno: no han formado familia en su país de origen, toda su experiencia laboral se centra en el ámbito de la cooperación y no tienen arraigo en ninguna parte. La única huida hacia delante que les queda es continuar cooperando, cooperando y cooperando.
  • A base de asistir a seminarios, congresos y encuentros sobre el marco lógico, las estrategias de género, la transversalidad, la dinamización de la sociedad civil y mil cosas crípticas más, uno acaba por sumergirse en una burbuja absolutamente hermética. Para poder mantenerse en ella solo es necesario permanecer bien desconectado de la realidad. Los funcionarios lo logran: sus cortas estancias sobre el terreno solo les sirven para ver aquello que van a ver y que ya han leído mil veces en informes, expedientes, rapports, análisis de situación y otros documentos sobre la cooperación.
  • La obsesión de muchos burócratas implicados en la cooperación es cambiar a los negros para que dejen de ser como son y se conviertan en gente «razonable», como los occidentales.
  • En algunos de estos cursos, más que clases, parece que se den comuniones…
  • En una ocasión, el Fondo Monetario Internacional (FMI) reclutó a un economista norteamericano, Robert Klitgaard, para que asesorara al gobierno de Guinea Ecuatorial en sus negociaciones con el FMI. Como uno puede imaginar de inmediato, se trataba de un asesoramiento trampa. En realidad, quien paga manda, y el consultor estaba sometido a fuertes presiones de quienes le pagaban, aunque oficialmente estaba allí para defender los intereses del gobierno guineano. Cuando volvió a su país publicó un libro sobre lo que había visto en Guinea y en el mundo de la cooperación: se titulaba Tropical Gangsters.
  • Que un proyecto reciba una valoración muy negativa en una evaluación es un hecho excepcional. Por una parte, porque el consultor suele sentirse obligado moralmente con el cooperante que lleva el proyecto. Cuando aquel visita una iniciativa de replantación de árboles en una zona semidesértica del Sahel o una rústica escuela en la selva ecuatorial, no encuentra ningún hotel. En consecuencia, se ve obligado a hospedarse en casa del cooperante que dirige el proyecto, a alimentarse de la comida que este le ofrece e incluso a beberse su whisky. Es el cooperante quien le muestra el proyecto, quien le presenta a los trabajadores, quien le enseña quiénes son las contrapartes… Aquel que llega del otro extremo del mundo difícilmente puede evaluar un proyecto por sí solo en unos pocos días. Por tanto, lo más sencillo para él es dejarse llevar por su anfitrión, con lo que las conclusiones a las que llega probablemente no serán muy distintas a las opiniones del cooperante, quien habitualmente no se muestra demasiado crítico con su proyecto, pues si lo cerraran se quedaría en el paro…
  • han proliferado las asociaciones «sin fronteras», que consideran que en África falta, justamente, eso a lo que a ellos se dedican (y aquí se combina la buena voluntad con la búsqueda de nuevos mercados).
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  • Con frecuencia, los europeos están más interesados en hacer cooperación que los africanos en redbirla… Y es que muchos occidentales, mientras planean cómo arreglar la vida de los africanos, en realidad están buscando la forma de arreglar la suya.
  • Las ONG son una parte importante del imaginario occidental, y pese a todo solo suponen una pequeña sección de la cooperación al desarrollo. Las ONG, en España, apenas controlan el 10 por ciento del presupuesto dedicado a la ayuda internacional. La parte del león de la cooperación con el Sur, en todo el mundo, va a cargo de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), los proyectos organizados directamente por los gobiernos y las instituciones internacionales. La continua exhibición de los proyectos de las ONG va asociada a la opacidad de las iniciativas institucionales, que con frecuencia pasan inadvertidas para la ciudadanía, aunque acaparan muchos más recursos que las actividades no gubernamentales.
  • algunas ONG, con una cierta altanería, se presentan como las únicas organizaciones del planeta que preservan la moralidad y la solidaridad. Se oponen a los gobiernos y a las multinacionales, a los que califican de expoliadores y de corruptos, y se consideran una especie de contrapoder espiritual. El problema es que las premisas en que se basa esta mitificación de las ONG son absolutamente falsas. Ni son no gubernamentales, ni son baratas, ni representan a los pueblos del Sur, ni son muy eficaces…
  • En la década de 1980, Naciones Unidas descubrió que las políticas oficiales de cooperación resultaban muy caras. Por otra parte, para nadie era un secreto que la ayuda de Estado a Estado resultaba altamente ineficaz, porque el subdesarrollo no parecía retroceder. A partir de ese momento, las instituciones internacionales empezaron a potenciar la participación de la «sociedad civil» en las políticas de cooperación (una «sociedad civil» estrictamente controlada, eso sí). La principal ventaja de las ONG es obvia: resultan muy económicas, porque tratan de reducir sus costes al máximo, y pueden recibir más o menos ayudas según lo decidan los gobiernos (es mucho más fácil recortar las ayudas a las ONG que reducir la plantilla de funcionarios de un departamento de cooperación internacional). Tienen una ventaja adicional: parte de lo que gastan no procede de las instituciones, ya que completan sus ingresos mediante las donaciones de los ciudadanos. Hay otro factor que juega a favor de la cesión de la cooperación internacional a las ONG: estas organizaciones logran una alta rentabilidad propagandística para quien las financia, ya que los ciudadanos tienen muy buen concepto de ellas, y por tanto aprueban que se las subvencione. En realidad, el Estado solo destina una pequeña parte de su presupuesto de cooperación a apoyar a las ONG, pero a este pequeño porcentaje le saca un alto rendimiento publicitario. Se hace mucha más propaganda de las ayudas oficiales a las ONG que de la ayuda canalizada directamente por los Estados y por las organizaciones internacionales, aunque las ONG, en España, se llevan menos del 6 por ciento del presupuesto que las instituciones destinan a la cooperación.
  • El 57 por ciento del presupuesto de las ONG españolas procede de fondos públicos
  • En realidad, buena parte de los proyectos de las ONG son encargos del gobierno. España envía cooperación a los países con los que ha firmado acuerdos comerciales, de la misma forma que Francia la envía a los países en los que tiene bases militares. Estos proyectos de cooperación (sanitarios, educativos, agrícolas…) no siempre son llevados a cabo por la ayuda oficial al desarrollo, sino que a veces los gobiernos los encargan a ONG diversas. De esta forma, estas entidades, que teóricamente son no gubernamentales, acaban actuando, básicamente, como sub- contratistas de la cooperación oficial. Si un gobierno europeo quiere apoyar a los dispensarios o a las escuelas de un país africano, con frecuencia se resiste a enviar a médicos o a maestros contratados por la administración, y prefiere pagar a una ONG para que haga el trabajo en su nombre, siguiendo sus directrices. Medicusmundi tiene muchos proyectos en Mozambique porque se los encargó la cooperación oficial española y no porque los técnicos de la organización creyeran que sus proyectos eran más necesarios en Mozambique que en Botsuana. El ministerio de Asuntos Exteriores español subvenciona estos proyectos porque quiere mantener buenas relaciones con Mozambique para preservar los intereses de la industria pesquera hispana.
  • El caso más brutal de connivencia entre ONG e intereses turbios de los Estados occidentales fue el de Ruanda. El ejecutivo francés colaboró estrechamente con el gobierno hutu que organizó el genocidio tutsi (en realidad, en 1990 una operación militar franco-belga evitó que este gobierno cayera ante una ofensiva de la guerrilla del Frente Patriótico Ruandés, FPR). Francia incluso entrenó a los militares y paramilitares fieles al gobierno radical hutu. Los «asesores militares» franceses se fueron del país cuando sus «alumnos» empezaron a afilar los machetes. Pero mientras los soldados y los civiles radicales hutus se lanzaban a matar a sus vecinos tutsis, la guerrilla tutsi del FPR impulsó una ofensiva desde Uganda que conllevó la rápida conquista del país. Francia, entonces, se vio obligada a defender a sus aliados genocidas antes de que cayeran en manos del FPR. Las ONG francesas empezaron a pedir la intervención internacional para «proteger» a «los ruandeses» del «conflicto étnico». Francia respondió a esta petición «humanitaria». Envió a sus tropas a Ruanda y ayudó a los genocidas a huir a Zaire (la actual República Democrática del Congo). Los criminales hutus consiguieron el control de los campos de refugiados y provocaron una fuerte inestabilidad en la región que todavía se mantiene.
  • Evidentemente, la «industria del desarrollo» mueve mucho dinero, y donde se mueve mucho dinero, hay muchos intereses creados.
  • Desde hace ya bastantes años, la prioridad de las grandes ONG no es generar desarrollo sostenible, sino crecer: tener más proyectos, más subvenciones, más donaciones, más voluntarios… Y como su prioridad es crecer, muchas ONG temen enfrentarse a las instituciones que las subvencionan, y por eso renuncian a las actividades de denuncia, especialmente si afectan a sus financiadores.
  • En el «mercado de la solidaridad», como en tantos y tantos sectores del capitalismo, hay cierta dinámica monopolística. Las grandes ONG tienden a cubrir un porcentaje cada vez mayor del sector, y cada vez controlan más recursos estratégicos: dinero, propaganda, voluntarios, prestigio…
  • Para mantener una ONG, hoy en día, es casi inevitable adoptar un funcionamiento empresarial: contar con unos gestores bien remunerados, dejar las decisiones estratégicas en manos de la cúpula, trabajar con un departamento de imagen potente, ahorrar al máximo en personal, buscar fuentes de ingresos complementarias a las donaciones de los socios… Todo esto conduce a una progresiva profesionalización de los «técnicos» del sector. En el seno de las ONG empiezan a darse los problemas propios de las empresas privadas: jerarquización, falta de democracia, explotación laboral… Las líneas estratégicas de las ONG las deciden un grupo de personas cada vez más reducido;
  • cuando piden socios, lo único que buscan son contribuyentes: en los folletos no explican qué pueden hacer, solo se les pide que paguen. Y es que, en realidad, lo único que hacen los socios en la mayor parte de organizaciones de ayuda es pagar.
  • Los socios acaban por convertirse en meros consumidores de solidaridad. Las ONG solo les convocan a una especie de terapias de grupo: cenas, tómbolas, subastas, conferencias, fiestas, manifestaciones… Los locales de la organización se convierten en un coto reservado a los «técnicos» contratados;
  • muchas ONG pretenden erigirse en portavoces de un Sur que tiene dificultades para hacerse escuchar en el Norte, de modo que los intelectuales y los líderes sociales africanos suelen ocupar un puesto marginal en los materiales de las ONG. Son los cooperantes los que los sustituyen como «representantes» de las sociedades en las que trabajan. Pero los cooperantes pertenecen a un universo cultural completamente diferente al de los «beneficiarios». Por eso, al hablar en su nombre, no hacen más que suplantarlos en nombre de una «ciudadanía global» que no existe más que en su mente.
  • Las ONG del Norte pretenden representar al Sur. Los africanos, por lo general, no tienen ninguna duda de que las ONG, en realidad, representan al Norte.
  • es evidente que las ONG no pueden sustituir a los Estados, porque no son capaces de suministrar servicios básicos a la población
  • Los costos de las ONG tienden a incrementarse con el tiempo. Para que una funcione se necesita mucho personal administrativo para preparar las propuestas de proyectos y garantizar su seguimiento (ya que comportan mucho trabajo burocrático). Además, es necesario un departamento de comunicación fuerte, que gaste mucho en publicidad, para recibir donaciones y ayudas públicas. Y también personal para atender a los socios. Y una oficina de coordinación en cada país en que actúa…
  • las ONG no salen tan baratas como se esperaba. El presupuesto de las diez primeras del mundo, conjuntamente, es superior al PIB de sesenta y cinco países del planeta.
  • Aquello realmente importante no es que los niños del Norte aprendan que viven en un mundo injusto. Para ganarse el cielo, a las tiernas criaturas de Europa les basta con tirar las cosas en el sitio adecuado: las botellas en el contenedor verde, los cartones en el contenedor azul y los trastos inservibles a las cajas para los negritos, que «necesitan de todo».
  • una hipótesis ampliamente difundida por Occidente: a los europeos nos sobran cosas que a los africanos les faltan (y de esta proposición se suele deducir otra todavía más perniciosa: lo que sobra a los europeos es lo que falta a los africanos). De esta forma, África se ve reducida a la función de inmenso vertedero donde van a parar los restos del continente europeo. Tras estas lógicas se oculta un viejo prejuicio: los negros son felices con poco. No necesitan las mismas cosas que los occidentales; con las que tiran estos, les basta para ser inmensamente felices. Ya se sabe que los africanos son risueños, sencillos y buena gente…
  • Al donante prototípico le da lo mismo hacer colectas para los ugandeses, para los senegaleses o para los indonesios, porque, para él, el Tercer Mundo es una masa informe de gente. En la práctica, identificarse con todos es una forma fácil de no identificarse con nadie y de no comprometerse con nada.
  • Si pudieran, algunas ONG dejarían de preocuparse por los negros, que solo piden, y se preocuparían exclusivamente por los blancos, que solo dan.
  • La «participación» de la población europea en los actos lúdicos de las ONG es interpretada como un triunfo de la causa desarrollista, aunque en realidad estas actividades forman parte, sencillamente de la oferta de tiempo libre en la sociedad del ocio. Se va a un acto de una ONG como se va al teatro o al cine. Eso sí, estos encuentros tienen el «valor añadido» de vehicular discursos políticamente correctos,
  • La verdad es que, aparte de sus obvias cualidades desde el punto de vista escenográfico, las caravanas solidarias nunca han demostrado ser de utilidad alguna para el desarrollo de África. Por algo será que todos los comerciantes que llevan mercancías de Europa a África Negra lo hacen en barco; resulta la forma más cómoda, rápida y económica de enviar cualquier cosa. En las caravanas, cada vez que un vehículo se estropea, todos paran; por eso su eficacia es nula. Y, a fin de cuentas, el transporte sale a un precio astronómico. Paradójicamente, lo que se mete en la caja de los camiones no parece importar demasiado: en las caravanas se habla, globalmente, de los kilos de carga que se transportan, pero no se aclara qué es exactamente, ni para qué va a servir. Una caravana se definía como «15 vehículos, 24 voluntarios y voluntarias, 105,000 kg. de material y muchas toneladas de ilusión». En realidad, lo que realmente importa de las caravanas es su «visibilidad»:
  • Caravanas de desvergüenza En noviembre de 2009, en el desierto mauritano, la organización terrorista Al Qaeda del Magreb Islámico secuestró a tres catalanes que participaban en una caravana organizada por Barcelona Solidaria, una ONG estrechamente vinculada al Ayuntamiento de Barcelona y al Partido Socialista. Fueron liberados unos meses más tarde, tras largas negociaciones del gobierno español con el grupo armado. Cuando volvieron a Cataluña algunos medios de comunicación les recibieron como héroes y dieron amplia cobertura a su «gesta». Pero en este caso el mundo de las ONG les dio la espalda. Algunos ciudadanos se preguntaron qué hacían el director de una de las grandes infraestructuras viarias catalanas, la mujer del alcalde de Barcelona y un montón de altos cargos de la función pública jugando a hacer de camioneros en medio del desierto. Otros trataron de averiguar cuánto había costado toda la operación a los bolsillos de los contribuyentes (hay tanta confusión sobre el coste de la caravana oficialista no gubernamental como sobre el importe del rescate de los secuestrados). Y muchos africanos se mostraron preocupados porque los europeos estaban financiando, con sus rescates, a los integristas de Al Qaeda. Además, algunos habitantes de África Occidental estaban indignados porque el gobierno español, con sus presiones, consiguió que el ejecutivo mauritano liberara a un peligroso terrorista a cambio de los pseudocooperantes. Se preguntaban si el gobierno español habría liberado a algún preso etarra si ETA hubiera secuestrado a un mauritano en el desierto de Los Monegros.
  • la ONU ha propiciado que se destinaran cantidades ingentes de dinero público a las empresas occidentales, con el objetivo de facilitarles la penetración en África. Paradóricamente, el modelo neoliberal se introduce en este continente mediante inyecciones de dinero público.
  • Bancaja es uno de los bancos que cuenta con su propia «tarjeta solidaria»: la anunciaba con un eslogan no exento de cinismo: «El Tercer Mundo necesita tu ayuda. Vuelve a gastarte cien euros en una crema facial».
  • La situación de los famosos es simétrica a la de las ONG. Los famosos necesitan una buena causa para triunfar, y las ONG se supone que las respaldan, pero necesitan un anzuelo para que los donantes les entreguen el dinero a ellas y no a cualquier otra organización humanitaria.
  • La falta de fiscalización sobre los resultados ha convertido a las ONG
  • En África, los envíos de los emigrantes no alcanzan el volumen económico de la cooperación, pero probablemente tienen un impacto sobre el nivel de vida de la población más positivo que esta.
  • La ayuda oficial al desarrollo (AOD) supone el grueso de la cooperación. En España, el 90 por ciento de lo que se gasta en este concepto es a través de vías oficiales.
  • Más de dos tercios del dinero destinado a la ayuda oficial al desarrollo lo aportan cinco países: Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña.
  • Los Estados no dan porque sí. No cooperan para resolver el problema de la pobreza en el mundo: lo hacen para evitarse problemas como el terrorismo o las migraciones, para satisfacer al electorado y, sobre todo, para encontrar nuevos mercados para su producción. El Plan África del gobierno español habla de un «enfoque integral» de la cooperación: se trata de un eufemismo para indicar que la AOD se otorgará en función de las relaciones comerciales, los pactos de política exterior y los acuerdos migratorios. En pocas palabras: que la ayuda no se destinará a los territorios con más pobreza, sino a aquellos en que haya más intereses.
  • Cuando una ONG solicita a la Agencia Española de Cooperación una ayuda para algún proyecto, es necesario que detalle el impacto que puede tener sobre la economía española.
  • El «buen gobierno» ya no se interpreta como el gobierno representativo, el gobierno del pueblo, sino solamente como un gobierno eficaz.
  • las administraciones de algunos países africanos son muy dinámicas y tremendamente eficientes para su objetivo principal: preservar el poder de los autócratas.
  • La cooperación busca el beneficio del país donante. Y, pese a todo, representa la cara más amable de las relaciones internacionales: pretende mejorar la situación de los más débiles, aunque refuerza el bienestar de los más fuertes. Pero la política exterior es uno de los ámbitos más despiadados de la política: los gobiernos del Norte, mientras preparan campañas de imagen enviando cooperación a África, no dudan en aprovecharse de su hegemonía para explotar a los países africanos.
  • Abdoulaye Bio-Tchané, un economista beninés que fue director de la sección africana del Fondo Monetario Internacional y presidente del Banco de Desarrollo del África Occidental, aseguraba que solo el 46 por ciento del dinero destinado a la AOD llega realmente a sus beneficiarios.
  • El economista Bio-Tchané calcula que solo un 20 por ciento de las acciones de cooperación están coordinadas.
  • Los economistas han constatado que en aquellos países en que llega ayuda en grandes cantidades y la cooperación supone un alto porcentaje del PIB, los precios de las mercancías aumentan de forma incontrolable. Pero los ingresos de la cooperación no benefician a toda la población, porque la ayuda tiende a concentrarse en determinados sectores de la sociedad.
  • – Nota en la página 129 | Pos. 1975  | Añadida el domingo 20 de octubre de 2013 15H46′ GMT+01:00

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  • – Nota en la página 131 | Pos. 2003  | Añadida el domingo 20 de octubre de 2013 15H51′ GMT+01:00

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  • Los «expertos» de la ONU tienen una influencia increíble: se reúnen en sesiones a puerta cerrada y establecen los criterios de actuación de todos los países miembros en materia de desarrollo. Tienen mucho poder de decisión, pero no han de rendir cuentas a nadie.
  • La comunidad internacional, que apadrina las políticas de desarrollo, no es en absoluto democrática, sino que está sometida al poder hegemónico de Occidente. En los organismos financieros internacionales y en las agencias de Naciones Unidas, la primacía occidental es completa: los Estados que realizan mayores aportaciones económicas tienen mayor capacidad de decisión, y los técnicos están sometidos a las directrices de los donantes más importantes.
  • una de las bases del desarrollo, según los teóricos del tema, es la «participación» de las poblaciones. Pero esta nunca pasa por la toma de decisiones: se «participa» en aquello que han decidido los otros.
  • intervenir militarmente en el Sur en beneficio propio, pero con pretextos humanitarios.
  • En realidad, la moda humanitaria se inició en el año 1992. Por aquel entonces, George Bush padre, que acababa de perder las elecciones, quiso sellar su retirada política con un golpe de efecto publicitario, y consiguió que la ONU aprobara el envío de una misión militar norteamericana a la conflictiva Somalia (los medios de comunicación y algunas ONG le dieron un apoyo decisivo al exigir insistentemente que se organizara una operación militar de pacificación). Era la primera vez que el Consejo de Seguridad autorizaba una intervención en los asuntos internos de un país sin la aceptación previa de sus autoridades. Las organizaciones humanitarias aplaudieron a los marines cuando estos, armados hasta los dientes, desembarcaron en la playa de Mogadiscio, llena de niños juguetones y de decenas de periodistas con aparatosas cámaras de televisión. Pero la intervención norteamericana, que había empezado con tan buenos augurios, acabó en un estrepitoso fracaso. Diecinueve años después de la operación Restaurar la Esperanza, Somalia seguía sumida en un duro y complejo conflicto (y Estados Unidos hacía mucho tiempo que se había retirado de la zona).
  • Ultimamente, los ejércitos europeos emplean las operaciones «humanitarias» como herramienta propagandística en sus campañas de reclutamiento: cuando ves los anuncios no sabes si buscan soldados, si anuncian una ONG o si presentan unas colonias de verano.
  • Las sociedades africanas y la cooperación. Entre la ayudadicción y el especticismo
  • pretenden resolver un problema político, como es el desarrollo, sin modificar el marco político).
  • Cuando en un país se presentan las llamadas «multinacionales de la solidaridad», enseguida se suelen crear muchas ONG locales para trabajar con ellas (es lo que pasó, por ejemplo, en Mozambique tras el fin de la guerra civil). En algunos pueblos se han dado cuenta de que las ONG femeninas tienen muchas más posibilidades de recaudación, y por ello los maridos, de forma profundamente patriarcal, obligan a sus mujeres a integrarse en las asociaciones femeninas… Casi todas estas asociaciones se han creado expresamente para recibir apoyo del Norte y por eso se acoplan a la perfección a aquello que esperan los donantes: al fin y al cabo existen para satisfacerlos. Harán el tipo de proyectos que los donantes quieran exactamente como ellos deseen: les da lo mismo repartir preservativos en las escuelas para prevenir el sida o difundir las virtudes de los abonos naturales. La cooperación, en muchos casos, ha pervertido la vida asociativa africana, al transformar a los grupos preexistentes en títeres de los organismos de ayuda del Norte.
  • En el Norte son los progres los que llevan carpetas con adhesivos de los organismos de cooperación; en el Sur los que llevan estas carpetas habitualmente son ejecutivos.
  • los proyectos suelen instalarse en los lugares donde hay más facilidades para establecerlos, y no en los lugares donde más se necesitan. Además, un proyecto siempre tiene un efecto llamada sobre los demás. Quien quiera instalar una red de agua potable tendrá tendencia a hacerlo en un poblado donde ya haya en funcionamiento algún proyecto sanitario o educativo, porque allí habrá ONG locales, habrá una vivienda para el cooperante, las autoridades sabrán como gestionar el tema….
  • En Europa la ayuda internacional parte del sentimiento de que nada que suceda a cualquier ser humano es ajeno a cualquier otra persona, un principio que anima tanto a la caridad como a la solidaridad. En África, el sentido de solidaridad se orienta más bien hacia la redistribución dentro del grupo: tienes que ayudar a los tuyos, porque son ellos los que, a su vez, te ayudarán cuando lo necesites. Por eso a veces no se entiende la existencia de ayuda desinteresada.
  • Lluvia de dinero Hay un verbo que se utiliza en francés de Camerún y de otros puntos de África, faroter, que no tiene ningún equivalente en el francés de Francia, y tampoco dispone de traducción al español. En realidad, no creo que a ningún francés ni a ningún español se le haya ocurrido nunca faroter. El faroteo (por llamarlo de alguna manera) es una forma de diversión que consiste en repartir grandes cantidades de dinero. Uno puede ir al pueblo de su mujer, sacar un gran fajo de billetes e irlos distribuyendo, a tontas y a locas, entre suegros y cuñados. O entrar en una discoteca y ofrecer barra libre a todos los presentes… Un futbolista africano que juega en el extranjero puede volver de vacaciones a su barrio y empezar a repartir dinero a todos sus conocidos, y también a los desconocidos… No hay límite ni lógica en el arte de faroter: el que da, no da para recibir nada a cambio, sino para ver reconocida su superioridad. Quien se dedica a faroter no lo hace porque los otros tengan «necesidades», sino para exhibir su riqueza. En muchos casos la ayuda internacional, en África, es interpretada como una forma de faroteo, más que como una muestra de solidaridad. Muchos ven en los proyectos de cooperación una demostración de opulencia, y no una forma de garantizar el bienestar de los africanos.
  • Los líderes africanos han sabido explotar hábilmente el sentimiento de culpa de los blancos. Cincuenta años después de las independencias, todavía hay muchos dictadores que, a pesar de llevar décadas en el poder, justifican la falta de infraestructuras de sus países alegando que los europeos no las construyeron durante la época colonial. Estas salidas de tono son posibles porque determinadas corrientes progresistas nos han querido hacer creer que los negros son inocentes por naturaleza, y que fueron los blancos los que llevaron a África la guerra, el odio y la injusticia (aunque el hombre apareció en África, y no salió de este continente durante buena parte de su sanguinaria historia).
  • Según algunos teóricos, el continente africano recibe anualmente 25.000 millones de dólares en ayuda, pero se escapan de él 148.000 millones en fugas de capital.
  • Algunos Estados, que están prácticamente en quiebra, han cedido las competencias de todos los servicios a las regiones (es el caso, por ejemplo, de Senegal). Se trata de una descentralización un tanto etérea, en cuanto el poder político permanece en manos del gobernador, designado desde la capital. «Evidentemente» no se cede a las regiones ni fondos, ni capacidad de recaudar impuestos. Para sobrevivir, las administraciones regionales deben espabilarse y buscar donantes en el exterior. Si no encuentran financiadores, los habitantes de la zona se quedan sin hospital, sin escuela, sin campo de deportes… Para el gobierno central se trata de una solución perfecta. También para los donantes: en Senegal las distintas cooperaciones extranjeras se han dividido el país y se lo han repartido: cada donante «ayuda» (o controla) una agencia de desarrollo regional.
  • Todo el mundo trata de instrumentalizar la cooperación a su favor, porque al fin y al cabo es una parte esencial de la política de prestigio.
  • no tienen ningún problema en comprometerse a hacer todo tipo de reformas, especialmente si no se establece ningún mecanismo para controlarlas.
  • Los funcionarios africanos, instruidos por sus gobiernos, se han habituado a la estrategia de la resistencia pasiva. Nunca se oponen abiertamente a los «expertos»; por el contrario, se muestran muy interesados en todo aquello que les proponen los organismos de cooperación. No obstante, les regatean la información, obstaculizan con pretextos sus inspecciones, les suministran
  • En 1942 el Comité Internacional de la Cruz Roja se enteró de la existencia de los campos de exterminio nazis, pero no hizo pública esa información por temor a que los alemanes no dejaran trabajar a esta institución en los territorios que ocupaban. Al final de la guerra, cuando se supo cómo había actuado la Cruz Roja, muchos lo consideraron una opción desafortunada. Medio siglo más tarde, en 1994, Ruanda era uno de los países del mundo con más ONG por kilómetro cuadrado. Prácticamente ninguna de ellas denunció los preparativos del genocidio.
  • A muchos cooperantes les encanta África, pero se pasan el día tratando de cambiar a los africanos.
  • La lógica de los proyectos de cooperación es, por definición, elitista. Se considera que alguien, que está en la cúspide del sistema, sabe hacer algo que los «beneficiarios» no saben hacer. Es frecuente que los cooperantes expliquen con satisfacción que «esta gente ya ha entendido que…» o que se muestren indignados porque «esta gente no quiere entender que…». El discurso sobre la superioridad de los valores occidentales ya no está de moda, pero está implícito en muchos proyectos (aunque no se explícita para ser «políticamente correctos»).
  • hasta ahora los proyectos de cooperación han tenido mucho más éxito como distribuidores de caridad que como fundamento para futuras estructuras socioeconómicas.
  • la ayuda solo puede ser eficaz cuando representa un pequeño porcentaje del producto interior bruto (PIB) del país receptor. A partir de un cierto punto, que algunos sitúan en el 30 por ciento del PIB, los efectos sobre la economía nacional son tremendamente nocivos
  • Los proyectos de cooperación resultan muy cómodos para todos: no afectan a los intereses creados y permiten que los que ya se han enriquecido mantengan sus privilegios.
  •   El mundo de la cooperación es un mundo feliz, en el que todos son buenos (por eso los poderes fácticos siguen apoyando estas iniciativas, a pesar de que es obvio que son ineficaces).
  •  Las ONG han tenido un papel clave, muy positivo, como grupos de presión, y han conseguido situar en la agenda internacional determinados temas importantes, como la fabricación de minas antipersona, la convención contra la tortura, el fomento de la lactancia materna, la lucha contra el trabajo infantil o la necesidad de la existencia de un Tribunal Penal Internacional.
  • Las presiones de los donantes sobre las ONG han provocado una tendencia a la denuncia light. Muchas ONG denuncian las políticas de las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, pero no se posicionan en contra de las empresas y de las instituciones de su propio país, que les podrían recortar el financiación o provocarles problemas con los medios de comunicación (y eso les resultaría muy perjudicial para su promoción y, en consecuencia, para su caja). Así pues, critican con gran virulencia «el sistema internacional», «el capitalismo», «las grandes potencias» o «las dinámicas neocoloniales», pero se niegan a hacer campañas contra empresas influyentes, como Telefónica, Repsol o el Banco Santander Central Hispano, ya que saben que esto podría conllevarles muchísimas complicaciones, incluso legales.
  • Las campañas de comercio justo pueden haber servido como denuncia de la injusticia de las relaciones internacionales, pero su impacto práctico sobre las relaciones económicas internacionales es irrelevante.
  • afrocomunista Agostinho Neto, que llevó el leninismo a Angola, o Julius Nyerere, que impulsó el peculiar socialismo ujamaa en Tanzania.
  • Hay algunos Estados, como Guinea Bissau, en los que los funcionarios se han pasado hasta once meses sin cobrar. En Occidente una situación de este tipo habría implicado una catástrofe sin precedentes, pero en África parece ser que las poblaciones han logrado capear la situación bastante bien. Pese a todo, la comunidad internacional está muy preocupada por la existencia de Estados «fallidos», en que la estructura burocrática corre el peligro de colapsarse y desaparecer (hay varios, como Somalia, Congo Kinshasa o República Centroafricana). Muchos Estados ni siquiera detentan el monopolio de la violencia: pueden aplicar castigos, también, los líderes étnicos, los jefes religiosos o los dirigentes de instituciones locales, a veces más representativos y menos agresivos que los representantes del Estado. Y es que en África, hasta tiempos muy recientes, buena parte de la población ha vivido al margen del Estado: se organizaba en clanes, o aceptaba solo el liderazgo de jefes locales… Las estructuras estatales africanas no están tan consolidadas como las europeas. Pero los países y las empresas del Norte necesitan que en África existan Estados como los suyos, para negociar convenios, firmar tratados, hacer inversiones… Justamente por esto, los donantes dedican ingentes esfuerzos a intentar salvar a los llamados «Estados fallidos» o «casi Estados». En algunos territorios, como Somalia, son los donantes los que pagan los sueldos a los funcionarios para garantizar que sobreviva la precaria estructura estatal. Así, algunos territorios no mantienen relaciones exteriores porque son Estados, sino que lo son porque mantienen relaciones exteriores. Son simples marionetas de la comunidad internacional. Los donantes no los ayudan para liberar a sus habitantes, sino con un objetivo absolutamente opuesto: tener la garantía de que su población se mantenga bajo control.
  • La cooperación tiende a consolidar el individualismo y a erosionar las redes sociales africanas.
  • los proyectos de micro- créditos, que actualmente están muy de moda: se trata de dar préstamos de pequeña cuantía a gente que habitualmente no tendría acceso a un préstamo bancario a causa de su pobreza, con la esperanza de que se conviertan en empresarios (o en lumpenempresarios) y salgan de su marginalidad. De esta forma las ONG tratan de implantar el capitalismo en lugares del mundo donde incluso los bancos habían renunciado a ello.
  • Los partidos políticos y los movimientos sociales radicales africanos pretenden obtener beneficios para el conjunto de la sociedad mediante cambios en el sistema político, en tanto que las ONG procuran que la gente se agrupe para obtener beneficios particulares sin alterar el marco sociopolítico. A los poderes fácticos las ONG africanas les resultan muy cómodas y las potencian, porque saben que, cuanta más fuerza tengan las ONG, menos tendrán los movimientos sociales. Y como las ONG dependen de subvenciones, son mucho más controlables.
  • en otras partes, como en Gabón o en el sur de Camerún, casi no hay mendigos. Solo piden limosna los locos, que circulan desnudos por la calle. En realidad, la lengua fang emplea un mismo término, nku- kuannem (enfermo del corazón) para designar a un mendigo y a un loco. Los vecinos, de vez en cuando, dan a los locos del barrio un plato de comida, un trago de cerveza o algunos cigarrillos. Los que no están locos no mendigan, porque por pobres que sean siempre tienen a algún pariente que los acoge y les ofrece cama y comida. Pero nadie ha valorado nunca como una muestra de desarrollo que en estas sociedades no haya «sin techo».
  •  El problema terminológico no solo afecta a los conceptos «desarrollo» y «necesidad», sino también a los conceptos «países subdesarrollados», «Tercer Mundo», «Sur»… Si no está nada claro lo que es el desarrollo, es imposible establecer qué país está desarrollado y cuál no. Como alternativa, durante algún tiempo se habló de países del «Tercer Mundo», un termino impreciso que designaba a los países pobres que en principio no eran del bloque del Este ni del Oeste. Pero el concepto perdió fuerza a partir de la disolución de la Unión Soviética, cuando desapareció el mundo bipolar. Algunos teóricos pasaron a hablar del «Sur», aunque hay algunos países del hemisferio sur que han logrado altas cuotas de crecimiento económico y que difícilmente se podrían comparar con los países africanos más depauperados. Menos adecuada todavía resulta la expresión «países en vías de desarrollo», que parece indicar que todos estos territorios progresan, cuando en realidad muchos de ellos están cada vez más alejados de los países ricos, tanto por lo que respecta a su producto interior bruto como en lo referente al nivel de vida de su población.
  • Con frecuencia hay un malentendido entre las mujeres africanas y las defensoras occidentales de sus derechos. En tanto que las feministas occidentales abogan por la igualdad, las africanas apuestan por un modelo de separación de funciones entre hombres y mujeres. Es muy frecuente, en algunos países africanos, que las mujeres casadas pudientes que tienen trabajos asalariados no destinen sus ingresos a los gastos de su hogar: el alquiler, la electricidad, la comida, el agua y la escolarización de los niños van a cargo del marido, como responsabilidad exclusiva suya. Y es muy habitual que una mujer africana que presuma de moderna y feminista exija dinero a los hombres que mantienen relaciones sexuales con ella, porque considera que estos actos deben ser retribuidos.
  • La cooperación a menudo no alivia los problemas de África, sino que los agrava, al incrementar la dependencia y permitir que la influencia del Norte llegue a determinados sectores sociales a los que no llegan ni la empresa privada ni los gobiernos occidentales.

índice

Advertencia 7

Introducción 9

Capítulo I. Un mundo fantástico. La cooperación con África en los medios de comunicación

Capítulo II. Los cooperantes. Glorias y miserias de los héroes modernos

Capítulo III. Las ONG del norte. T-ONG-O

Capítulo IV. Del dolce jar niente a la estafa

Capítulo V. La ayuda oficial al desarrollo, o como pasar de la ayuda a la autoayuda

Capítulo VI. El diseño de las políticas de cooperación. Todo para África pero sin África

Capítulo VII. Las sociedades africanas y la cooperación. Entre la ayudadicción y el escepticismo

Capítulo VIII. Los gobiernos del sur y la cooperación. Auténticas sanguijuelas

Capítulo IX. Los proyectos de cooperación. ¿Fracaso puntual o misión imposible?

Capítulo X. Los desarrollados, los subdesarrollados y el fin de la historia

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