La utilidad ideológica de las víctimas: víctimas dignas y víctimas indignas.

La utilidad ideológica de las víctimas: “nuestro principal cometido aquí no es el de establecer los hechos en relación con la Indochina de postguerra, sino más bien el de investigar la refracción sufrida por esos hechos al pasar por el prisma de la ideología occidental, un cometido muy distinto”

…”Las víctimas dignas son aquellas cuyo destino puede atribuirse a algún enemigo oficial; las indignas son las víctimas de nuestro propio estado y de los crímenes de éste”.

Un trabajo mío de los 70, coescrito con Edward Herman (Political Economy of Human Rights [Economía política de los derechos humanos]), así como a Manufacturing Consent [La producción de consenso], en donde, una década después, repasábamos hechos y respondíamos al tipo de objeciones y críticas que aparentemente tiene en mente Žižek. En PEHR habíamos elaborado con muchas ilustraciones la distinción de Herman entre víctimas dignas e indignas. Las víctimas dignas son aquellas cuyo destino puede atribuirse a algún enemigo oficial; las indignas son las víctimas de nuestro propio estado y de los crímenes de éste. Los dos primeros ejemplos en los que nos centrábamos eran la Camboya bajo los Jmeres Rojos y la invasión indonesia del Timor oriental por la misma época. Se dedicaba un largo capítulo a cada caso. Son ejemplos muy elocuentes: atrocidades comparables, en la misma región, en el mismo momento. Las víctimas de los Jmeres Rojos son “víctimas dignas”, cuyo destino ha de atribuirse a un enemigo. Los timoreses son “víctimas indignas”, porque nosotros somos los responsables de su destino: la invasión indonesia fue aprobada por Washington y plenamente apoyada luego, hasta en sus peores atrocidades, las cuales, aunque calificadas luego por una investigación posterior de NNUU como “genocidas”, estaban ya ampliamente documentadas en ese momento. Nosotros mostrábamos que subyacía en ambos casos una mentira de tan extraordinaria escala, que habría impresionado al mismísimo Stalin. Pero de direcciones opuestas: en el caso de los JR, una enorme falsificación de supuestos crímenes, incluyendo la reconfiguración de las acusaciones tras demostrarse falsas, y la intencionada ignorancia de las pruebas más creíbles, etc. En el caso del TO, en cambio, silencio, por lo general, o negación de la evidencia.

Los dos casos son distintos, huelga decirlo. El caso del TO es incomparablemente más significativo, porque podría haberse puesto fácilmente fin a las atrocidades, como se hizo finalmente en septiembre de 1999, simplemente con una indicación de Washington de que el juego había terminado. En cambio, nadie tenía una propuesta sobre lo que podía hacerse para poner fin a las atrocidades de los JR. Y cuando una invasión vietnamita terminó con ellas en 1979, los vietnamitas fueron duramente condenados por nuestro gobierno y nuestros medios de comunicación. Y castigados por ello: los EEUU empezaron de inmediato a apoyar diplomática y militarmente a los JR. Llegados a ese punto, cesaron prácticamente los comentarios: los camboyanos se habían convertido en víctimas indignas, atacadas por sus torturadores JR sostenidos por Washington. Análogamente, habían sido víctimas indignas antes de la toma del poder por los JR en 1975, porque padecieron el asalto de los EEUU en el bombardeo más intenso de la historia –equivalente a todo el bombardeo aliado en el teatro bélico del Pacífico durante la II Guerra Mundial— dirigido contra una indefensa sociedad rural siguiendo órdenes transmitidas por Henry Kissinger: “a todo lo que vuele, a todo lo que se mueva”. Consiguientemente, poco se dijo sobre su miserable destino entonces, y hasta el día de hoy.

Los especialistas en Camboya sostienen que ha habido más investigación del período entre abril de 1975 y 1978 que del resto de toda su historia. Nada sorprendente, dada la utilidad ideológica del sufrimiento de las víctimas dignas, otro de los asuntos sobre los que reflexionábamos.

En esos libros y en otros logramos reunir una amplia documentación que mostraba como bastante normal la pauta seguida: la Camboya bajo los JR (pero –repárese bien en ese hecho crucial— antes, no luego) y el TO resultaban casos paradigmáticos y particularmente espectaculares. Mostrábamos también que esa pauta resulta imperceptible: dábamos muchos ejemplos y ofrecíamos la obvia explicación.

Lo que escribimos sobre el caso, harto más importante, del TO, entonces y desde entonces, ha sido prácticamente ignorado. Lo mismo puede decirse de lo que nosotros y otros hemos escrito sobre Camboya en los momentos en que eran víctimas indignas, sometidas a ataque estadounidense. En cambio, se ha creado toda una industria, rebosante de histeria, empeñada en descubrir errores en nuestro repaso de los hechos desarrollados en la Camboya bajo los JR y en nuestro tratamiento de esos hechos. Hay que decir que, hasta la fecha, sin éxito. Estoy seguro de que hablo también en nombre de Ed Herman si digo que estamos orgullosos de la recientísima reedición de ese viejo texto, junto con el trabajo, mucho más importante, sobre las víctimas indignas, del mismo modo que nos sentimos felices de revisar los hechos y de responder a la tormenta de críticas una década después.

“…habían sido víctimas indignas antes de la toma del poder por los JR en 1975, porque padecieron el asalto de los EEUU en el bombardeo más intenso de la historia –equivalente a todo el bombardeo aliado en el teatro bélico del Pacífico durante la II Guerra Mundial— dirigido contra una indefensa sociedad rural siguiendo órdenes transmitidas por Henry Kissinger: “a todo lo que vuele, a todo lo que se mueva”.

“…Porque hicimos poco más que pasar revista a lo que estaba publicado, dejando muy claro –conforme a la cita de uno de los comentaristas sobre Žižek– que “nuestro principal cometido aquí no es el de establecer los hechos en relación con la Indochina de postguerra, sino más bien el de investigar la refracción sufrida por esos hechos al pasar por el prisma de la ideología occidental, un cometido muy distinto”

“Queda la cuestión de por qué este tipo de hueras escenificaciones se toman en serio. Pero la dejaré también de lado”.

vía Fantasías. Respuesta al post de Žižek. Noam Chomsky · · · · ·.

Sobre “La utilidad ideológica de las víctimas”: supongo que siempre está ahí, es inevitable y por supuesto no necesariamente mala. Lo importante sería el origen e intencionalidad de ese uso, quién está intentando sacar provecho de esa condicionalidad de vídctimas y para qué. Si este proviene de las víctimas sería legítimo interés, si no, hipocresía. Supongo.

Otra cosa es hasta que grado la condición de víctima te convierte en un interlocutor especial y que derechos te otorga. En lo político, claro.

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