¿Qué es lo que más le interesa del proceso de lanzamiento de una estrella como Lady Gaga?

La aparición de Lady Gaga en la escena mundial hizo que muchos historiadores del arte se echaran las manos a la cabeza. Las imágenes que ella y su equipo (Haus of Gaga) fabrican siempre se conectan con imágenes que han sido muy potentes y muy activistas en su origen: los vestidos de carne de Jana Sterbak, las Drag Kings de Sarah Lucas, las transformaciones de Orlan, la violencia de Valie Export o la ambigüedad del cine de Kenneth Anger. Sin embargo, todas estas imágenes aparecen de algún modo desactivadas al ser usadas por Lady Gaga, que lima todos los aspectos de sorpresa y activismo con las que fueron concebidas. Sus apariciones no sorprenden del todo porque de ella se espera precisamente eso, ser sorprendente: está en un contexto donde la rareza o la diferencia son aceptadas (una performance musical en unos premios, por ejemplo), en un lugar donde esta performatividad es habitual, no desafiante. En este sentido es curioso comprobar cómo ningún vídeo suyo ha sido catalogado para mayores de 18 años (al menos hasta la fecha).

¿Cómo se configura la dimensión política del fan? ¿Qué importancia tienen los fanzines, los flyers, los pósters…?

A través de medios de comunicación especializados con lemas del tipo ‘hazlo tú mismo’ [o DIY, Do It Yourself], se propone la posibilidad de una microeconomía anticorporativa basada en la convicción de que los medios de comunicación habituales son alienantes, demasiado lentos, faltos de imaginación e insuficientes para dotar de representación colectiva a sensibilidades e intereses especializados. Elementos como los fanzines, campañas de comunicación virales y acciones como el samizdat o el agit prop forman parte de estas prácticas, convirtiéndose en temas privilegiados en la trayectoria de los artistas contemporáneos.

Como cuenta Jeff Chang en su libro Can’t Stop Won’t Stop: A History of the Hip-Hop, y recoge Alex Ross en Escucha esto, el género surgió en guetos empobrecidos de altos bloques de viviendas en los que las familias no podían permitirse comprar instrumentos para sus hijos e incluso la forma más rudimentaria de ejecución musical parecía estar fuera de su alcance. Así, el fonógrafo pasó a ser un instrumento. En el South Bronx de los años setenta, DJs como Kool Herc, Afrika Bambaataa y Grandmaster Flash utilizaron los tocadiscos para crear un collage vertiginoso a través de loops, breaks, beats y scratches. Elementos que después fueron imitados a través de tecnologías que reproducían lo que en principio era una carencia, elaborando un sofisticado medio de comunicación y una prosodia muy particular.

Ser fan no significa ser idiota, sino tratar de crear unas narrativas que se ajusten a lo que deseas de ti mismo, muchas veces de manera inconsciente o incluso restrictiva, pero siempre relevante. Dice más de lo que en un principio parece.

vía Los fans como fuerza política – EL ASOMBRARIO & Co. : EL ASOMBRARIO & Co..

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