MURAKAMI, Haruki: Al sur de la frontera, al oeste del Sol

Tusquets, Barc 2010. En 13
  • Necesitábamos una acumulación no sólo de palabras y promesas, sino de pequeños hechos concretos que, superponiéndose cuidadosamente los unos sobre los otros, nos hicieran avanzar paso a paso. 44
  • A ti te gusta ir dándole vueltas a las cosas tú solo. Seguro. Y no soportas que los demás sepan lo que tienes en la cabeza. Tal vez sea porque eres hijo único. Estás acostumbrado a pensar las cosas por tu cuenta y a decidir por ti mismo. Con que yo me entienda, ya basta ¿no? […] Y eso a mí me produce una terrible inseguridad. Me siento abandonada. 50
  • Desde el principio le estaba negada la posibilidad de cosas como el amor, el sentimiento de culpa o el futuro. 58
  • No sé cuánto tiempo se habría prolongado la situación. Pero siempre he pensado que unos años después la separación habría sobrevenido de modo natural. 59
  • ¿Por qué me miras tan fijamente? -.Porque eres bonita -.Eres la primera persona que me lo dice. – Es que soy el único que lo sabe. 86
  • Nadie se sumerge en ninguna aventura esperando resultados mediocres. La gente, pese a tener un chhasco nueve de cada diez veces, desea tener al menos una experiencia suprema, aunque sea una vez. Y eso es lo que mueve el mundo. Eso es el arte, supongo. 134
  • Nosotros nos limitábamos a representar el papel que nos había sido asignado. Pensaba que si, pese a haberse perdido algo vital, podíamos continuar actuando un día tras otro sin cometer errores graves era sólo gracias a la técnica. 246
  • “Hay muchas maneras de vivir. Hay muchas maneras de morir. Pero eso no tiene ninguna importancia, al final sólo queda el desierto” 248 Pero no tiene importancia en el cómputo final, en los parciales, que son de los que somos conscientes, mucha.
  • Y a mí no me apetecía escuchar una vez tras otra una hermosa melodía que era, en sí misma, un cadáver. 257 ¿”desde que te perdí”?
  • Descubriste en ella algo que fuera más allá de la enunciación del hecho 70 o 76
  • La histeria siberiana

“¿No has oído hablar de la histeria siberiana? Era una enfermedad que sufrían los campesinos de Siberia. Imagínatelo: eres un campesino y vives solo en los páramos de Siberia. Trabajas la tierra un día tras otro. A tu alrededor, hasta donde alcanza la vista, no hay nada. El horizonte al norte; el horizonte al este; el horizonte al sur; el horizonte al oeste. Nada más. Todos los días, cuando el sol sube por el este, vas al campo a trabajar. Cuando alcanza el cénit, descansas y comes. Cuando se oculta tras el horizonte, al oeste, vuelves a casa y duermes.

Y eso, día tras día, año tras año. Y entonces, un día, algo muere dentro de ti. A fuerza de mirar, día tras día, cómo el sol se eleva por el este, cruza el cielo y se hunde por el oeste, algo, dentro de ti, se quiebra y muere. Y tú arrojas el arado al suelo y, con la mente en blanco, emprendes el camino hacia el oeste. Hacia el oeste del sol. Y sigues andando como un poseso, día tras día, sin comer ni beber, hasta que te derrumbas y mueres. Esto es lo que se llama histeria siberiana.”

  • ¿Por qué ella? ¿Qué sé yo yo, en realidad, de esta chica?  […] a ese algo voy a llamarlo magnetismo 32
  • “¿Qué hay al oeste del sol? No lo sé, tal vez no haya nada. O tal vez sí. En todo caso, es un lugar distinto al que está al sur de la frontera”
Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: