Carne cruda: Matar a un ruiseñor. Revoluciones árabes

Matar a un ruiseñor

 Se cumple un año de la primera vez que el ruiseñor sirio empezó a cantar en la plaza. Era 27 de junio de 2011. En la plaza Al-Assi, en Hama, un cantante, empezó a entonar unos versos que un poeta local había escrito contra el dictador de Siria, Bashar Al Assad, y su gobierno:

Bashar, no eres de los nuestros / llévate a tu hermano Maher, conspirador de los americanos y lárgate / tu legitimidad ha caído / la libertad está a las puertas / que te jodan Bashar, a ti y a todos los que te apoyan / tus errores no tienen perdón / Siria quierer libertad.

La masa congregada a su alrededor se unía a él en el estribillo, cantando con voz encendida la frase por la que sería conocida la canción: Venga, vete ya Bashar. Centenares de teléfonos móviles grabaron el momento y lo subieron a la red. Aquel canto se convirtió en el grito de guerra y de libertad del pueblo sirio y  su autor fue apodado “el ruiseñor de la revolución”. Su nombre: Ibrahim Qashoush, un bombero de 42 años y tres hijos.

Ibrahim escribía poesía como pasatiempo. Antes del levantamiento popular, sus versos hablaban de amor pero también de la pobreza, la precariedad, la escasez. Era normal que recitase algún poema en las reuniones de amigos, según cuenta uno de ellos. Cuando empezó el levantamiento en Hama, su poesía se volvió contestataria. Y cada vez más furiosa y valiente. La muerte de más de 60 personas a principios de junio en los enfrentamientos con las fuerzas del régimen que tuvieron lugar en su ciudad, le hicieron estallar en aquellos versos indignados que pronto correrían de boca en boca. Él ya no estaba dispuesto a callar la suya.

La voz airada de aquel bombero prendió la llama. Su falta de miedo para decir lo que muchos pensaban se contagió a muchos. Otras canciones suyas de burla al régimen sonaron en las calles en los siguientes días y animaron las protestas. El 1 de julio, Ibrahim encabezaba una nueva manifestación en Hama. Miles de manifestantes repetían su demanda: Venga, lárgate Bashar. El canto del ruiseñor volaba. Dos días más tarde, el 3 de junio de 2011, Ibrahim caminaba como cada día hacia su trabajo, en la central de bomberos de Siria. Según unos testigos, un coche blanco se detuvo a su altura. Unos hombres saltaron fuera, le agarraron con fuerza y le metieron dentro del vehículo que desapareció en unos segundos. Sus amigos y familiares estaban convencidos de que fueron agentes de seguridad del gobierno. El canto del ruiseñor había llegado muy lejos. Demasiado para algunos. Al día siguiente, hace hoy un mes y un año, un cuerpo apareció flotando en el río Orontes. Era Ibrahim Qashush.

Hay unas imágenes terribles que muestran su cadáver después de sacarlo del agua. Una manta le cubre el cuerpo pero deja al descubierto la cabeza. Su rostro cae hacia un lado y muestra cómo ha sido asesinado. Tiene la garganta seccionada y un coágulo de sangre oscura le atraviesa el cuello. Le habían arrancado las cuerdas vocales. Como a Víctor Jara le cortaron las manos con las que tocaba la guitarra contra la represión, a Ibrahim le habían cortado las cuerdas con las que gritó como un ruiseñor.

Las fuerzas del régimen dijeron que le habían matado unos desconocidos para avivar las críticas contra el gobierno. Un año después ni las protestas ni las muertes se han detenido. Un año después, el dictador sirio ha vuelto a culpar de las muertes de manifestantes este fin de semana a elementos ajenos a su gobierno. Un año después, Bashar Al Assad no ha escuchado el canto del ruiseñor que le pedía que se fuera. Un año después, y a pesar de todo, aún hay sirios que repiten la melodía del pájaro abatido. Le rajaron la garganta pero no le quitaron la voz.

“Es pecado matar a un ruiseñor”, escribió la escritora Harper Lee en 1960. Los ruiseñores “sólo hacen una cosa y es cantar con todo su corazón para nuestro deleite” decía en la novela “Matar a un ruiseñor”, un alegato a favor de los negros del sur del Estados Unidos.

Mientras recuerdo la garganta seccionada de Ibrahim Qashush en ese horrible vídeo, leo esta frase del protagonista de la novela, el mítico Atticus Finch, explicándole a su hijo por qué luchaba: El hecho de que hayamos perdido cien años antes de empezar la lucha no es motivo para que no intentemos vencer.

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: