CONTRA EL SISTEMA, EL SENTIDO COMÚN. Enrique Martínez Reguera

de CONTRA EL SISTEMA, EL SENTIDO COMÚN. Enrique Martínez Reguera

No faltan quienes me reprochen estar poniendo parches de humanidad al Sistema; insignificantes parches además, para tan despiadado sistema. Y en eso, bien a mi pesar, estoy totalmente de acuerdo. Aunque no me preocupe demasiado: no creo que esté prestando grandes servicios al Sistema: si como ayuda soy insignificante, como parche también.Además, me alivia el que tales reproches jamás me los hacen los que viven a la intemperie, sino personas que disfrutan de techo e ideología; lástima que las ideologías no acierten a compartir la intemperie hasta convertirla en mutua necesidad transformadora.

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CONTRA EL SISTEMA, EL SENTIDO COMÚN.

 Lunes, 13 de Junio de 2011 14:39 Enrique Martínez Reguera

        Estos días he hablado con un amigo, ha cumplido treinta años, está casado y tiene dos hijos. Se trata de un hombre muy laborioso. Cuando pintaban oros le convencieron de que si se esforzaba hasta el heroísmo, con su salario de peón de albañil podría alquilar un piso a treinta kilómetros de la capital, con derecho a compra; y se embarcó en una hipoteca de por vida. Los timadores de las hipotecas saben que nada es duradero de por vida. Pero la buena gente piensa que la gente es buena.

          Como ahora pintan bastos, se quedo sin trabajo, les echan de su vivienda, pierde todo el dinero que invirtió, están pasando hambre y habrán de regresar a la casa de su anciana madre. Tienen suerte de tener madre y casa, en donde compartir el hambre.

 

          Estos días he hablado con otro amigo. Se trata de un hombre también muy laborioso. Tiene cuarenta y cinco años. Para eludir la emergencia a la que le arrastró la crisis, aceptó irse a vivir a un piso de acogida de una ONG. Pero por dignidad decidió marcharse; porque los custodios de aquella ONG destilaban desprecio no exento de sadismo. Le habían retirado su caja de herramientas por considerarla peligrosa y hasta les molestaba que reclamara sus alicates o su destornillador para realizar reparaciones en la casa. Se fue con lo puesto, pero recuperó su caja de herramientas.

          Encontró un terreno arcilloso y ya ha fabricado 180 adobes pensando en construirse una chavola. Pasó las nevadas de este invierno bajo unas lonas al amparo de dos árboles. Peor que la nieve es el viento, me explicó.

 

          También he conocido estos días a un chaval, que aún no ha tenido edad ni oportunidad para ser un hombre muy laborioso.

          Resulta que estaba yo desayunando en un cafetín de mi barrio cuando se me acercó una empleada y me dijo que conocía a un joven rumano que estaba pasando mucha hambre. A continuación me lo presentó. Duerme a la intemperie desde antes del invierno.

          De entre los que vivimos sin excesiva penuria he creado con algunos amigos una bolsa de socorro urgente. De momento ya evitamos que siga pasando hambre y me encantaría encontrarle habitación. Con la Cruz Roja e infinidad de ONGs no podemos contar; dicen que están desbordados y me lo creo, sobre todo porque necesitan conservar su propio empleo. Con los Organismos Oficiales aún podemos contar menos, dicen que tienen “otras prioridades”.

 

          No faltan quienes me reprochen estar poniendo parches de humanidad al Sistema; insignificantes parches además, para tan despiadado sistema. Y en eso, bien a mi pesar, estoy totalmente de acuerdo. Aunque no me preocupe demasiado: no creo que esté prestando grandes servicios al Sistema: si como ayuda soy insignificante, como parche también.

          Además, me alivia el que tales reproches jamás me los hacen los que viven a la intemperie, sino personas que disfrutan de techo e ideología; lástima que las ideologías no acierten a compartir la intemperie hasta convertirla en mutua necesidad transformadora. Envidio la distancia óptima que logran poner las ideologías frente a los fríos del invierno. Le encuentro parecido con la distancia tan profesional que ponen los de las ONGs y no digamos los políticos de las “otras prioridades”.

 

          Hay quienes piensan que urge primero cambiar el Sistema para que sean posibles los cambios en miniatura. Y en teoría también estoy de acuerdo, sería lo más lógico. Pero la historia nos enseña que los Sistemas siempre han cambiado, o desde el Poder o desde la insurrección; y cuando han cambiado desde el Poder, después de horribles sufrimientos, concluyen en lo mismo cuando no en peor. Y la insurrección jamás fue posible sin compartir la intemperie.

          Ayudar en vivo y en directo es lo que tiene, que si te descuidas, te arrastra a la intemperie. Pero ayuda a comprenderla, implica en ella, descubres en propia carne lo amenazante del sistema; descubres que en la esencia del Sistema está lo asocial, lo psicópata, las “otras prioridades”. Los síntomas de la psicopatía son esos: la distancia óptima entre víctima y verdugo, su discurso racional frío y calculador, su incapacidad de conmoverse del frío que siente el otro…

 

          En este momento las cosas se han tornado más difíciles que nunca, porque el Sistema ha entendido y decidido que la confrontación entre el autoritarismo y la rebeldía ya no se libre con las armas ni la política, sino con técnica e ingeniería social. Y que se libre en nuestro interior, por eso ha decidido vaciarnos de interioridad; y para eso procura que nazcamos y crezcamos sin pertenencia: padres desconfiando de sus hijos y viceversa; alumnos desconfiando de sus profesores y viceversa; hembras desconfiando de los varones y viceversa, los vecinos desconfiando de sus vecinos; la pedagogía reducida a derecho penal, la legitimidad reducida a legalidad. El poder de las armas y del dinero, Estado y Capital, en este momento se nos aplica por entero mediante el Cuarto Poder, convertido en lavado de cerebro, sin necesidad de censura, por saturación.

 

          Mi bolsa de socorro urgente no es más que un parche, ya lo sé; pero no me sirve de escudo ideológico, sino al contrario de palpitante implicación en la realidad, es mi modo de recuperarme a mí mismo y recuperar el sentido común, el sentir por cuenta propia y ponerlo en común con lo que sienten los otros.

 

                                                                          Enrique Martínez Reguera                

                                                                              Madrid, octubre 2010

 

 

 

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